lunes, 15 de diciembre de 2008

En teoría.



En teoría, 
todo era un continuo de arco iris.

Las gotas se vaciaban en caída libre
y acababan destrozadas entre la línea que separaba
la libertad de la agonía.
Cuando vas a mucha velocidad, 
el agua parece cristal y te agujerea. 
No hace falta moverse para sentir esto.
El cerebro tiene la posibilidad de darte vértigo 
teniendo los pies bien pegados al suelo
y elevarte cuando de pronto suena una campana y se marcha el tranvía.
Mis ojos querían seguir viéndola.

Brota algo rojo de mis labios. 
Es sangre y es frío.

En teoría, 
los cristales sudan porque en cada baño de esa biblioteca
había, como mínimo, dos corazones
expulsando gemidos por los poros.
Yo los oía mientras miles de letras
se amontonaban en la punta de mi lengua a punto de saltar.

Es la imaginación. 
Una diarrea verbal que impregna todos los huecos de mi mente.
Horror vacui.

He resbalado por todos los suelos de esta ciudad
sin encontrar el tropiezo de suerte
en el que de una caída tonta encuentre el amor de mi miércoles,
aunque hoy sea lunes
y además,
de noche.
Estoy amarrada a vivir del cuento toda la vida
y construir tejado de iguales y paréntesis.
El infinito se acabó por un tiempo. 
A continuación, 
respiro.

Hay hielo en mis pulmones. 

Ha llegado diciembre y por muchos espantapájaros de viernes que ponga
no van a dejar de picarme los ojos.
Hay todavía muchas semillas ante mis pies,
en mis pies,
por mis pies.
Prefiero que me devores tú a tener que hacerlo yo.

En teoría, 
si estiro el brazo, 
mi mano comienza a congelarse. 

Pena que no pueda sacarme el alma de un suspiro para que se tome un respiro.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Termitas.

Ya no quiero ni terminar de conocerte.
Es difícil
reconstruir
lo que las termitas han carcomido.

martes, 25 de noviembre de 2008

Atragantatiempos.

Voy a tragarme el tiempo.
Traficaré con horas muertas
y haré con ellas drogas de última moda.
Voy a matar el tiempo
para que se calle
y envenenaré los segundos antes
para que los nervios se calmen.

Cogeré todas mis metáforas
y las meteré dentro de una maleta de viaje
con destino:
quien las quiera leer.
No tengo suerte
ni destino
y además
últimamente tengo muchas ganas
de llorar, gritar…

Desapareceré con todo el botín
de besos que nunca me atreví a robar
y me meteré el respeto
donde no pueda conmigo.
Haré lo que sueño
y soñaré.
Soñaré.

Secuestraré las lejanías
y las distancias
y las carreteras secundarias
me sonreirán.
Despacio y con calma
se llega a buen puerto
o al menos,
se llega.

Voy a atracar esa botella vacía
con mi barco de papel
y si me caigo al agua da igual,
soy la pirata con el corazón de madera
más duro del mundo.
Nadie podrá conmigo
en este charco
que sin querer se ha formado,
esta tarde,
mientras te recordaba.

Tejeré a mi sombra la tuya
y te dejaré en cualquier esquina.
Serás la prostituta de cualquier boca
que quieras besar
y yo a cambio
te venderé
porque no puedo contigo.

Me escaparé de la cárcel de tus labios
todas las veces
que no estés delante
y escribiré blues
que no rimen.
Me tatuaré cosas horribles
en la piel
y luego
querré arrepentirme
solo de uno de ellos.

Tu nombre.

Calmaré la sed con alcohol,
los nervios con cigarros,
la soledad
con otros tantos labios
o
quizás no.

Quizás solo me coma el tiempo
para que entre tictac y pumpum
se me olvide
todo lo que un día me imaginé.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Cuentos y otras historias.

Es tarde.
Ya me voy, pero antes...
Voy a reivindicar que te fuiste
y ni siquiera me dio tiempo a respirar.
¿Dónde coño estaba yo que no me di cuenta?
No. No es culpa mía que te sepas esconder tan bien.
Es tarde pero no tanto
y parece como si los años se me volvieran atrás
con las piernas hechas flan
mientras tu sonríes y me pides tiempo.
El tiempo está de más
y eso lo sabemos de sobra.
Tú con tus cosas
yo con las mías
y el viento que se lleva las hojas,
todas las hojas.

Mi literatura se traduce,
se lee
y si puedes
también se siente
y si quieres, con calma
te la explico,
pero hazme la cama.
No me gusta soñar arrugada.
¿Entiendes?
Yo empecé con diez años y desde entonces,
carrerilla y a saltar.
Yo soñaba con mi maestra de primero
de primaria,
y muchas veces la salvaba.
Ven tú,
sácame de aquí y vuélveme
a caricias la vida loca,
que rimen hasta los chicles en el suelo,
que no se entere ni Dios
que me la sudan sus promesas,
sus apuestas.

Te voy a cantar en Ron menor
que hace tiempo que me pasé
a la ginebra con limón.
Que descubrí otra canción que rimaba con amor
y que casi me caigo
por estar mirando culos ajenos.
Ajenos a mis manos.
Malditos sean.

Es esta mierda de sistema.
Que sin comas no soy nada
y me como el aire a bocanadas de ti.
Lo siento,
hoy volví a pensar en dejar de pensarte.
De mañana no pasa,
lo NO-prometo.

Me he quitado la nariz de payaso
y me he saltado tu turno.
Ya no quiero que aparezcas ni en sueños
pero dame un beso
y todo eso…
Ya sabes,
ronroneo con tu voz
si me acojonas
y me vuelvo salvaje
si te dejas convencer.

No entiendo muy bien
esta última sutileza,
lo siento,
ando muy ocupada olvidándote.

¿Y ahora qué?
Ahora nada.

Con arrugas,
con maestras y princesas,
con recuerdos dentro de borracheras
que llegan a las orillas de
vete tú a saber que piernas.
No.

Yo hace mucho tiempo que aprendí
a sentirme orgullosa
de la mierda de soledad
que comparto sola.
No me expliques todos los besos
que nos daríamos
porque eso solo pasará
en esos otros tantos sueños
que no cuento
por si acaso.

¿Entiendes?
Que no te quiero,
pero estaría bien.


viernes, 21 de noviembre de 2008

In this moment, dear Alice... in this moment...



Contigo el universo se me haría pequeño. Muy pequeño.

¿En qué momento dejaste de ser tan diminuta?
Ya no cabes en mis manos. Mis ojos te tienen que ver por partes, eres imposible de resumir en tan solo una página y además…
Llenas mi cabeza, cada día, con palabras y escenas casi imaginadas y no cabes.
El infinito se te queda corto y camino pensando en tropezarme con un trocito de ti. Ese, el que tú me quieras dar.

He cambiado teclas por sellos y seriedad por bromas. He leído y releído en busca de mensajes secretos, he ido al mar a ver si llega esa botella mensajera, he bajado y he subido y aun así sigues estando lejos y enorme. No llego a alcanzarte, no me cabes en los brazos.
Soplas y soplas.
Mi corazón se ha ido volando.

Te estiras y yo me encojo y aun así tú sabes esconderte mejor que yo.
Te he echado de menos el tiempo en el que no me cabías en la maleta.
Ahora la has roto intentado meter la cabeza.
En el País de las Maravillas hay demasiados alucinógenos, demasiadas drogas y anabolizantes.
Escupe esas pastillas ya, vamos, quiero que me persigas, que oigas el tictac.
Envenénate con mi té y córtame la cabeza, pero toma de esa otra seta.
Ahógate en el mar y llórame luego. Quiero que en la botella llegues tú y no palabras.

Pero no me rompas la casa. No quiero ver tus piernas en mis ventanas, rugiendo libertad. No quiero sonrisas enormes ni que duermas para olvidar.
Canta si quieres, vuélvete la flor más bonita del jardín de nunca jamás.
Despiértate y mira cuánto has crecido.

Ella también se tiró al precipicio, y soñó.

Ella antes era igual de diminuta que tú.

Y ahora, ¿En qué momento dejaste de ser tan pequeña, de romperme la casa, de tener tanto miedo, de no querer perseguir ese tictac?
¿En que momento me has matado a recuerdos?
¿Eh?

martes, 18 de noviembre de 2008

Efímero se llama al juego...


Hago el idiota y luego
solo oigo silencio.
Soy demasiado mayor
para pensar tan poco
y deberías marcharte.

¿Ves esas maletas?
Son para que no vuelvas.
Ahora deja de mancharme
con sonrisas.
No dispares más besos
sin apuntar.
Eres un peligro...
Tendré que adormilarte
con dardos tranquilizantes.
Ya no seré más tu diana
y el mundo se volverá
blanco y negro
porque nos queda mejor al recuerdo.

Desaparecerás
por mucho que yo no quiera
y entraré en quiebra
una vez
cada mes.

Ven.
Ahora ven
y desquíciame el alma.
Muerde cada esquina
de mi vida
y después de la guerra
quema todas esas cartas.
No tuvieron sentido
ni siquiera al principio.

Sin querida y sin fecha.
A mi no me hace falta protocolo
ni orden
ni tiempo
ni espacio.
Voy a lo que voy.
Pienso la mitad del día en el cómo
y la otra mitad
en el cuándo.
Luego tú me dirás que no puedes,
que se te hace tarde,
que no entiendes lo que sucede.

Que me pica el cuerpo
y se me desbordan lágrimas
en un asalto a llanto armado.
Que no sé como convencerte
de que no quiero convencerte
de nada.
Que las despedida
pueden más a las distancias
del después
y hay canciones que querría
y no sé.

¿Sabes?
Antes de dormir
siempre intento recordarte
en algún momento
de los buenos
y a veces
Morfeo me premia
con tenerte cerca
al menos en diez horas de noche.
Que no es poco,
pero tampoco lo es todo.

Y no te vayas a creer,
no nos vayamos a engañar.

Que sé vivir de mentiras
dos o tres días,
pero una eternidad es muy difícil
de compaginar
con quererte tanto
y tan raro.
Todo el rato
o tiempo
o como queramos llamarlo.

Pero lo cierto es que quería
escribirlo todo
y otra vez
sigo sin saber que decir.

Me has callado a silencios
y ya no recuerdo
ni si quiera
cuándo te quise por última vez.
Debió ser ayer…
mientras pensaba en soñar contigo.

Y maldita seas.

¿Ves esas maletas?
Son para que te quedes.
Para que te quedes de verdad.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Anoche soñé contigo.

Anoche soñé contigo. Por fin.
Era una calle empinada de piedra y todas las casas eran blancas.
Dentro de alguna estabas tú y también le susurrábamos al mar con caricias inventadas.
Yo no podía dejar de mirarte. Estabas a mi lado al menos en un sueño y no me iba a despertar por mucho ruido que hicieran.
Déjame besarte antes de despertar, te hubiera dicho, pero te adelantaste.
Del suelo crecían algunas hierbas y olía a salitre. Hablábamos al borde de un acantilado, apoyadas en una valla de madera.
Intentaba convencerte de que si tú saltabas yo iba detrás, y que de todas las letras del abecedario yo me olvidaba si aparecías.
Te contaba en silencio la de veces que había soñado contigo.
La de amores que hubiera cocinado por ti y la de precipicios que se hacen infinitos si bebo y no estás.
Anoche a parte de soñar contigo también bebí.
Grité tu nombre en medio de la borrachera y jamás apareciste.
¿Pero qué es esto?
No la puedo olvidar tan fácil, dije y pedí otra cerveza.
Pero al llegar a casa, soñé contigo.
Eso es más que suficiente para seguir haciendo el ridículo y cansarme a veces.
Escucha el mar. No digas ni una sola palabra. No quiero morirme por tus huesos y tener que venderme, así que cierra el pico. Vamos tan solo a mirarnos un poco. Solo si quieres… Este sueño también es tuyo, puedes irte cuando te de la gana.
Te ibas. Como siempre te marchabas y yo te agarré por el brazo.
No recuerdo muy bien lo que te dije pero debió ser verdad, seguro.

-¿No ves que estoy a kilómetros de mi casa, que en este sueño vivo en subida, que huele a mar y para llegar a conocerte hay que recorrer todo un desierto de sal? ¿No ves que en el mundo no hay más personas que tú y que yo, que no hay mundos paralelos, que me dejas sin respiración con cada pestañear y yo que tengo asma...? ¿No ves que me gustas?

Me di la vuelta y me dispuse a caminar pero algo me sujetó. Me di la vuelta y extendiste tu mano.

-Me voy a arriesgar, arriésgate tú conmigo. Si me caigo me cogerás, si me pierdo me encontrarás, si te beso me besarás. No quiero cobardes a mi lado.
¿Trato hecho?

Estreché mi mano con la tuya. Con fuerza.
Y de pronto, aquellas casas blancas, mi vida en subida, las mareas del viento, el salitre de tus labios, las hierbas de entre las piedras del camino, los muros grises, los acantilados y precipicios, desaparecieron en un beso.
Me desperté con un beso tuyo y juro que aun te tengo en mi saliva.
Juro que mi vida sigue estando en subida y en sueños se estiran los segundos hasta alcanzar el infinito.

Luego comencé a subir, pero esta vez, amarrada a tu cintura.
A la altura justa y necesaria para ser todo lo valiente que fuera necesario.
Y por fin… anoche soñé contigo.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Eternidad.es

Eternidad.
(Del lat. aeternĭtas, -ātis).
1. f. Perpetuidad sin principio, sucesión ni fin.
2. f. Duración dilatada de siglos y edades.
3. f. coloq. Duración excesivamente prolongada. Esto dura una eternidad.
4. f. Rel. Posesión simultánea y perfecta de una vida interminable, considerada atributo de Dios.
5. f. Rel. Vida perdurable de la persona después de la muerte.

Eternidad.es mudas
que se estrechan entre dedos.
El humo que me recuerda al primero
y a la pérdida de la cuenta
por tu culpa.

Me gusta esa chica y tú lo sabes
mejor que nadie
y aun así
te digo todo lo que te quiero
y lo genial que sería tenerte aquí,
conmigo.

Eternidad es lo que tarda una carta
en decirte con mi letra que te quiero
por lo menos cien veces
en menos de un centímetro cuadrado.

Y sabes que me moriría por un abrazo
tuyo ahora mismo.
Por quererte y rogarte entre cosquillitas
en la espalda
que estires el tiempo.
Que te quedes durante una eternidad,
conmigo.

Eternidad.es como los silencios
que te guardo casi siempre,
cuando veo todos esos versos
gritando verde
y tú tan lejos.

Eso es la eternidad.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Magiamagia y sonrisas azucaradas*

Y ahora…

Siempre se me caen los años al suelo
cuando bebo
y acabo arrancándome
cada sonrisa
para regalárselas
a quien las necesite.
Me he enfadado con el mundo
en lo que va de día
un millón de veces
y sigo de pie,
y he querido estar contigo
todas esas veces
elevadas al infinito
y por eso
te escribo.

Por si me lees,
estar en tus pupilas,
por si me memorizas,
estar en tu mente,
por si me escuchas,
estar en tus oídos,
por si me quieres,
quererte yo también.

He mentido no sé ni cuantas veces
para que no me pillen las verdades
y he querido caerme
y tirarlo todo al suelo
para recogerme luego.

Miro el teléfono casi siempre
por si acaso te asomas
y vivo pendiente
de verte
al menos un minuto al día.
Daría partes
y mitades
por pasar una tarde
y otra
y
otra.
Daría mil razones
por las que yo me lancé
al ridículo
sin miedo,
aunque luego piense
que si tú te marchas
el vacío se me hará muy grande
y así,
empapada de versos
lo mojaría todo
por ti.

No quieras despedirte tan pronto,
la función acaba de empezar
y tengo el arte y la magia
en cada palabra
que no se lee…
Se siente.

Por eso cuando te abrazo
me da por estrujarte
y guardarme un poco de tu aroma
para por la noche,
cuando todo se haya apagado.
Por eso te pienso melodía
y por eso…

Cada dos por tres pregunto
y quisiera que todo el mundo supiera de ti
menos ese sector minúsculo
al que te guardo con celos.
Por eso siempre acabas derrumbándome
con una sola frase.

Y quisiera mirarte a los ojos,
que no supiéramos de futuros
y mucho menos
de pasados.

Quisiera hablar con el alma,
callar con la boca
y en sonrisas…
Hacerte magia.


domingo, 9 de noviembre de 2008

En el bolsillo

-No la voy a saludar- pensé- Estoy demasiado borracha…
Aquella noche no la saludé porque estaba demasiado borracha, aunque no lo suficiente… Debería haber bebido más cerveza y menos vodka y así la hubiera podido saludar hasta de una manera cómica, pero no, anoche me metí la valentía de la embriaguez en el bolsillo del pantalón.
Seguro que ella ni me vio, claro, yo iba muy borracha pero por fin aprendí a pasar desapercibida. Miles de niños vestidos de negro, con los ojos y las uñas pintadas de negro abarrotaban aquella calle. Yo me acostumbré a esas vacías figuras hasta el punto de solo verla a ella, mientras pensaba que no la saludaría hoy.
Debí hacerlo ya que la veía poco entre semana, por no decir nada. Nada es una palabra muy fea cuando se empieza a hablar de una chica.
Ella hablaba con sus amigos y reía. No iba de negro, será por eso que no me costó mucho encontrarla y olvidarme del resto. Le daba la mano a otro chico y…
Ya no sé distinguir cuando una mujer ha bebido. Llevo mucho tiempo creyendo en eso que dicen de, cree el ladrón que todos son de su condición.
Supongo que habría bebido algo. Ella besó a aquel chico y se la veía feliz. Feliz o borracha y yo… Yo también estaba borracha pero menos, y con un bolsillo lleno de ganas.
Se besaron durante dos minutos sin despegar sus jóvenes labios. Parecían comerse la vida por muy negro que dijeran que lo veían todo. Vida tenían hasta para regalar y a mi se me había caído al suelo, por muy verde que fuera mi camisa.
También y no sé muy bien si fue una botella que se rompió o qué, pero juro que pensé en mi corazón. Incluso hice un amago de recoger los trozos del suelo. No tenía mucha voz pero si la hubiera tenido, habría gritado que no se movieran, que se estuvieran quietos… se me había caído el corazón al suelo.
Eran adolescentes, un nivel diferente… aunque yo a su edad aun soñaba con las chicas de la televisión y besaba almohadas practicando para el gran día. Ni bebía, ni fumaba, ni me drogaba. Será por eso que ahora lo hago todo de golpe. El caso es que la edad no importa… si… ya…
¿Y a quién le contaría yo que una niña de dieciséis años me había roto el corazón?
Qué vergüenza, que horror… Que mierda.
Hace tiempo que me cansé de eufemismos y palabras bonitas. También me invento las historias que me da la gana porque mañana es domingo y yo… Yo no la saludé.
Tampoco me despedí de ella… o sí…
El caso es que se marchó y yo también.
Y mientras se iba yo pensaba en derrumbarme por fuera para que todo el mundo supiera como estaba por dentro y no.
Caminé unos quince metros hasta llegar a un muro y me senté. La gente pensaría que estaba muy borracha, con ganas de vomitar. Aquella noche lo único que vomité fue mi alma. Estaba sangrando mucho y fumaba. Uno tras otro los cigarrillos se consumían y mi paciencia…
Cogí una guagua. Hoy no quería conocer a nadie más.
Cuando llegué a casa me puse a escribir aunque seguía borracha y con hambre y apestaba a tabaco. Escribí una bazofia porque es lo que tengo en mente últimamente y luego me cansé de esperar algo que jamás llegaría y me metí en la cama pero antes…
Al quitarme los pantalones algo se cayó de un bolsillo.
Ya ni me acordaba.
Se me había olvidado que tenía un puñado de ganas esperando a que se me pasara el pedo para poder ir a saludarla.
A la mañana siguiente…
Las ganas quisieron ser arrepentimiento solo por ser domingo, pero esta vez no las dejé… Anoche no la saludé solo para que las ganas no se me disfrazaran de domingo, de arrepentimiento, de soledad y de recuerdos.

-¡Hola!, no te iba a saludar pero… es que me acabo de acordar que no he bebido nada…

lunes, 3 de noviembre de 2008

Closer.


Aun no sé caer sin hacerme daño. No me ha dado tiempo para aprender que las cosas que hay dentro de mi cabeza, no salen a fuera para hacerme la vida mejor.
No he podido inventarme un buen final porque los finales siempre son los malos de las películas y tampoco se me ha dado bien acertar con los principios y si tú quieres yo me dejo. Me cambio de nombre, me voy del país, escucho tu música y me pongo a dieta.
Los principios están para los buenos perdedores no para los perdedores por costumbre. Perdedores como forma de vida.
No me sale olvidar porque no me he puesto a intentarlo. Sé que todo es cuestión de ponerse, de callarse cuando hay tantas cosas que decir, de estarse quieta para que una vez más la historia la escriban otros.
Aunque no me importe que fueran tus labios los que empezaron a leerme las intenciones.
No tendrás ni idea de la mitad de las cosas que se me pasan por la cabeza, no querrás saber nada hasta dentro de la próxima vez, que darás por zanjada la conversación y de camino a casa me acabaré atragantando con mil ideas mientras las masticaba pensando en ti. Sonriendo.
Es cuestión de guardar silencio de verdad y mirarnos a los ojos, luego a los labios y vuelta a los ojos para más tarde guardarme la valentía en los bolsillos para y solo para que me dejen de temblar las rodillas.
Tú debes morirte de sueño y yo que siempre tengo esas extrañas ganas de besarte. Lo cierto es que podría hacerlo e incluso podría solo tener ganas de besar pero es ese no sé qué irresistible de que me recuerdes a más de una canción, de que me calmes unos nervios para alterarme otros.
Es que querría cuidarte aunque no te des cuenta.
Quiero aparecer en todos los acentos con los que hablas cuando estás contenta y ser cada lágrima cuando llores por dentro. Las niñas grande solo lloran viendo películas de amor. Solo ahí, cuando piensas en lo genial que sería decir ciertas cosas sin miedo a caerse, a perder, a llorar.
Ya no queda mucho que perder. Estaba bien antes de que aparecieras y no creo que me destroces la vida ahora. Ahora no, tú no.
Pero yo sí.

Y no tengo miedo a nada por mucho que me tiemblen las rodillas, por mucho que intente no tocar el suelo cuando pienso en ti, por mucho que luego busque explicación a todo lo que me sucede por tu culpa.
Por tu culpa yo no paro de pensar en todas las cosas que querría decirte y que en una de estas se me van a escapar, ¿y quién sabe si serás tú quien las escuche?
Serás tú, sí. Yo misma me encargaré de que te vayas corriendo, de que no quieras verme jamás, de que no quieras ni mirarme…
Yo tampoco querría mirarte después de todo eso.
Siempre me gustó besar con los ojos cerrados.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Levitar.

Ahora que me he tranquilizado…
Me recordó todo tanto a ti que parecía que podías estar a mi lado para siempre y yo me lo creí o al menos, me lo quise creer.
Tenías una capucha puesta, aunque no lloviera y me sonreías. Me sonreías el alma.
A mi las chicas con chaleco siempre me gustaron más que el resto y si además estaban sobrias, mucho mejor.
La primera vez que me cogiste la mano, la noche dejó de tener sentido y ni mis amigos, ni el dinero para volver a casa, ni el concierto, me importaban ya.
Las chicas sobrias y con chalecos me gustan, pero aun más si tienen ese fleco a un lado y un lunar encima de unos labios espectacularmente bellos, y bueno, ya ni sé…
Perdí la cuenta de todas las cosas que me encantan de ti anoche.

Las gotas golpeaban el cristal del coche hoy y pasamos por delante de recuerdos con nombres propios y muchas faltas de respeto de mentiritas. Pasamos por delante del tranvía, eso es todo.
Y anoche, de vuelta a casa, tuve que caminar muchísimos metros pero no los noté y eso que me dolía el cuerpo de sentir. Mis pies se dieron cuenta de todo esta mañana y aun no me han perdonado. Tampoco es que me importe mucho. Sigo en el mismo estado en el que me dormí anoche.
Empezaba a chispear cuando ya estaba llegando, ¿sabes?, y no me importó. No me importó que el frío me congelara los dientes. No podía evitar sonreír todo el rato, a todas horas y repetir cada palabra continuamente en mi mente.
Todo ayer estuvo a mi favor. Justo cuando entré en casa empezó a llover de manera torrencial y yo, por suerte, ya estaba dentro.
Mi retina, aunque estuvieras lejos, no dejaba de verte.
Las calles mojadas saben mejor si te pones a pensar. Si eres feliz y te da por bailar un rato mientras miles de gotas mueren en tu piel, al borde de los portales donde la gente se arropa para no mojarse, donde la gente hace el amor y folla, en el asfalto antideslizante de amor y locura, entre los huecos de la ropa. Ahora siento un poco más de frío, pero da igual.
Las gotas no tienen recuerdos, ni futuros ni presentes. Caer no es ningún tiempo verbal, más bien, es una estupidez inevitable.
Y ahí estaba yo ayer. Cayendo como una estúpida a la que no se le da bien empezar con buen pie.
Menos mal que empezaste tú.

Y por eso, si me dejas sola un rato, si me dejas sola y tranquila, con música, con ruido o con silencio, si me dejas un par de segundo, si no me hablas, si no me llamas, si no me miras ni me sonríes, si me dejas, yo me acordaré de ti. De lo guapa que ibas ayer con ese chaleco y de esos labios. Me acordaré de cómo besas y de todo lo que al verte se me olvida.

Me acordaré de que hay veces que los pies no me llegan al suelo.

lunes, 27 de octubre de 2008

Tropiezos y despedidas


Yo si sé lo que es una despedida.
Lo que es una despedida sin querer, una sin avisar, otra demasiado avisada.
Sé lo que es el último supuesto beso y lo que es decir no para siempre. Supuestamente.
Sé lo que es olvidarse de un adiós y también me pasa que no me saco algunos hasta luego de la mente.
Nos volveremos a ver y luego… estaba sola cuando empecé a llorar. Estuve sola toda la tarde y toda la mañana y no quería que nadie que no fuera ella, viniera.
Yo sí sé lo que es una despedida y lo que es el frío de estar sola, luego y lo que es alejarse para no ver más lágrimas.
Sé lo que es ser cobarde y lo que es ser valiente. Lo que es mirarle a los ojos queriéndole decir no te vayas por favor.

Caminaba sola antes. Caminaba sola y con ganas de llorar, porque los diecinueve años me los dejé olvidados en la cama, esta mañana.
Me daban envidia los que iban en coche y pensé en chillarles que hoy era mi cumpleaños y no el suyo, que llovía pero me daba igual, aunque fuera mentira.
Es mentira que me pongo a ver sus fotos de vez en cuando, sin querer, cuando me caigo y sigue siendo mentira que estoy bien así. Dejando que se haga de noche no tan despacio como antes.
Si tú fueras un precipicio o el peligro o el río… Si fueras, yo me lanzaría, pero cuesta mucho saber qué es lo que está pasando y cada vez más.

Yo sí sé lo que es verte, alejándote y luego yo. Sé lo que es que te llueva y haga tanto frío que no sepas si caminas o levitas. Sé lo que es echarte de menos, por mucho que yo no lo quiera.
Espero, por mi bien, que no sea demasiado tarde. No quiero verme, otra vez sola, mientras llueve y se hace tarde demasiado rápido.
No quiero verme como me estoy viendo.

Ahora vuelvo, me voy a fumar todos los minutos que quedan para verte. Voy a morirme asfixiada, voy a envejecer mientras me armo de valor.
Y ya no me pregunto qué es lo que se supone que debo hacer ahora. Ya no creo que importe si llegas, me haces sonreír y luego… Aprendo a echarte de menos, porque ya me había olvidado lo que es morirse de ganas, lo que es mirar a los labios y luego…
Luego decirte adiós.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Lunas estrenadas.

Sujetaba unos libros de diferentes tamaños con su mano derecha. En la otra, un cigarro se consumía lentamente.
Lucky strike era su marca de cigarrillos favorita. Había probado muchas antes, pero esa marca era especial, le gustaba y además las cajetillas eran bastante bonitas, a pesar de anunciarle que moriría como el resto de la humanidad.
Sonaba una canción en su mente y lejos, en las guitarras de algunos, también. Era aun de día. Un día soleado y húmedo.

Las noches se hartan a llorar.

Hubo luna nueva y las estrellas, las nubes y ella misma, se sentían solas, a oscuras. Tenían el miedo siempre. Miedo a que no volviera.

Colocó los libros en un banco después de comprobar que éste estuviera seco.
Se terminó el cigarrillo y se sentó después de apagarlo con el pie.
Le gustaba expulsar el humo lentamente. Le gustaba el humo y todas esas figuras entre sus dedos, cubriendo los huecos que le había dejado el frío de la noche anterior.

La noche más oscura del mes.

Aspiraba poco humo, sorbos pequeños y pasos inseguros. Esa era ella, la única.
Abrió la mochila y sacó una libreta negra, luego un bolígrafo y comenzó a ojearla. Al terminar de ver aquellos recuerdos en forma de tinta, en forma de borrones, destapó el bolígrafo y empezó a escribir en una nueva hoja.
Primero, en la esquina superior derecha escribió la fecha:

Veintiuno de enero de dos mil nueve

Y prosiguió debajo, dejando un pequeño margen a la izquierda:

Ayer lloré. Quería que lo supieras- tomó aire, dio una profunda calada al segundo cigarrillo mientras el humo recorría sus labios, su lengua.- Fumé por lo menos diez cigarrillos en tan solo media hora, di vueltas por toda la ciudad. Hacía frío, un frío desolador. Hacía tiempo que no sentía tanto frío y aun así, me senté en aquel muro húmedo y congelado.- Se sacó otro cigarrillo, lo encendió y prosiguió con la misiva- No te he echado de menos. Creo que por eso lloré. Me sentí sola y no me dio por pensar en ti y a pesar de todo, aun procuro hacer mi letra como la tuya y muevo un pie cuando me quiero dejar dormir, como lo hacías tú.
También hago todas las cosas que no te gustaba que hiciera y sigo teniendo los mismos amigos. Mi música siempre será mía por mucho que no te gustase y mis bromas hacen reír al resto de la gente. La gente que no eres tú.
Pero dio la casualidad de que ayer hubo luna nueva y todo estaba oscuro.

Respiró fuerte, levantó la mirada del papel y observó a la gente, el verde del césped, el aire. Pasados unos segundos, siguió escribiendo:

¿Te puedes creer que no pensé en ti ni un solo momento del día? Ni un solo instante me vino a la mente tu recuerdo. Tampoco quise preguntarme qué día sería… Estando en enero todos los lunes serían lunes y todas las horas pasarían igual de lentas. Igual de muertas.
Me gustó verte en aquella fiesta de fin de año. Que pena que me diera por beber. No estabas tan guapa como pensé que lo estarías y tampoco me sorprendió en absoluto que fueras con ella.
Perdona que no te felicitara… Pero es que ayer lloré y fumé y pasé mucho frío porque sabía que cuando cayera la noche seguiría igual de sola.
La Luna se estaba cambiando por otra y por eso hoy hay Luna estrenada.


Hay una chica que besa muy bien rondándome los labios y tengo ganas. Ganas de ella, ganas de más, de febreros y primaveras.- Se sacó otro cigarrillo. El último, se prometió a sí misma- Sé que estás bien. Procuro no estar al margen de tu vida. No quería ser tan poca cosa, por mucho que tú te encargues de recordármelo.

Ahora me iré. Me voy y eres la única que lo sabrá.
A otra ciudad. A una ciudad a la que se llega por avión, con ganas de cambiar los malos humos por los nuevos aires.
Espero volver a verte, quizás en otra vida, no importa, tengo bastante paciencia.
Un beso enorme, Ana.


Firmó y cerró la libreta. Aquellas páginas estaban marcadas con un billete de ida.
Ana no volvió a sentarse en aquel banco. No volvió a fumar a escondidas en su baño.

Ana no volvió.

lunes, 20 de octubre de 2008

Autumn

Era otoño.
Había vivido muchos otoños, pero ninguno había sido tan largo y marrón como aquel.
El naranja caía desde el cielo formando charcos en el asfalto. La gente, a menudo resbalaba y acababa llenándolo todo de color atardecer.
Era un otoño húmedo en el alma y constipado. Su voz casi siempre parecía estar enferma. El marrón parecía estar enfermo.
De todos los octubres que pudo vivir, ese fue el más seco y deshumanizado y por culpa del verano sus ojos no podían cerrarse hasta muy entrada la madrugada.

La gente, marrón, las paredes, marrones y el calendario de la cocina de su abuela marcando días donde el marrón no era tan oscuro, más bien, verde libertad. Verde pensamiento.
Las noches caían del cielo demasiado pronto como para darse cuenta y todos huían como hormigas. Si hubiera sido gigante, los habría aplastado.
Un gigante con un complejo de inferioridad enorme, vestido de marrón y con un rubio brillante en la sonrisa.
Las carreteras resbalaban y sus pies se deslizaban por aceras de abrazos, besos y escupitajos. Todo en otoño era antagónico.
Por eso ella había nacido en el marrón de un mes.
El cielo no se ponía de acuerdo y el azul no quería mezclarse con el gris tristeza de las nubes, pero le gustaba porque comenzaba a llover y todo se iba volviendo verde.
Fue en aquel otoño.
Conoció a una sonrisa que le hacía sentirse bien, por mucho alcohol que hubiera tomado. Antes o después, dormiría y ya tendrían tiempo los arrepentimientos de volver a aburrirle.
A veces las tardes se vestían de un gris oscuro y se sentía mal. Eran las siete de la tarde y una oscuridad silenciosa inundaba las paredes de su casa.
Era la enfermedad del otoño.
Incluso el marrón era mejor que aquello. Incluso el naranja de los charcos, era mejor que aquello.
Nunca se acostumbró a cambiar la hora del reloj, ni a escuchar música muerta en cada estrofa de poesía.
Al fin y al cabo no la habían abandonado tantas veces como para acostumbrar la piel al dolor y al frío de las ausencias.

Los otoños se iban como se fue ella y aun así las primaveras seguían teniendo rayones marrones en los márgenes. El verano se oscurecía de fuegos artificiales marrones.
El otoño acabó siendo el marido amargado de un invierno naranja, con olor a navidad, a regresos y a abrazos.
En noviembre mudaba la piel a un próximo diciembre y vestía cada fin de semana con gemidos bastante solitarios.
No es de extrañar… estábamos en otoño.
Las clases universitarias se llenaban de mocosos de preescolar y se sentía una extraña más, por muy bien que ella se conociera.

Volvía a ser marrón y todo era otoño.
Sus ojos eran otoño todo el año. Su pelo era un otoño al que se le abrían las puntas. Su abrigo era un otoño congelado de adioses y aun así nunca supo como despedirse.

Sonaba aquella canción.
Sí, volvía a ser otoño. Otro fin del mundo se aproximaba y ella sonreía.
Volvía a ser otoño.

jueves, 16 de octubre de 2008

Sonrisas de colores

Se me caen los colores
y a veces,
incluso,
me convierto en verde.
Ruedo por encima de las mesas
y goteo.
He asesinado al tiempo
y todo se ha vuelto rojo.

Cada vez que miro el espejo
veo océanos inmensos
recorriéndome las pupilas
y cuando caen,
caen de verdad.

El negro no siempre
entristece.
Hay bolas de pelo negras
con unos ojos verdes
que me hacen sonreír siempre.
Para llorar está el gris
y luego
respirar blanco.

Me he dejado dormir
porque llevar tanto mar dentro
cansa demasiado
y si estás lejos,
a quien le voy a contar
lo feliz que me siento.


A mi me gustan las navidades
y los chicles
y me gustan los ojos
que parecen normales
y luego descubres
que entre los suyos
todo queda mejor.
Mucho más bonito.

Dónde irá a parar
el verde todo.
No paro de dibujar
que mi nombre son tres letras
llenas de tanta vida
como colores
dibujas.

O
es
que
.
.
.

¿No ves mi sonrisa?


lunes, 13 de octubre de 2008

Diecinueve primeros inviernos

Cuando yo llegué, el mundo ya estaba lleno de letras y de historias. La Historia estaba terminándose y luego descubrí que cuando fuera una ancianita llena de canas y arrugada, lo que viví tan efímeramente, lo que pude ver en los medios de comunicación, las manifestaciones (pocas) en las que participé, era un to be continue por cable.
Estamos atados al pasado y por eso jamás habrá nada nuevo bajo el sol. Por mucho que haya días que el olvido se nos haya olvidado, por muchas que sean las ganas de dejarse atrás los recuerdos.
El otoño solo es el anticipo del invierno. Solo es un tentempié antes de que el frío, y la nieve, y las lluvias se vistan de gris. De gris de verdad.
El amor, ese que se cuela con el frío entre los dedos de los pies, las sonrisas y las primeras veces, nunca fueron primeras.
Muchos besos hubo antes del primero y no habrá nunca una primera vez, nunca un primer amor.
Es solo un reflejo. Un reinvento de lo común. Darle particularidades a lo que ya sucedió muchísimo antes de haber nacido. Es un caerse.
Y caen las hojas, yo cumpliré diecinueve años dentro de dos lunes y dentro de un año estaré en el mismo sitio, pero con 365 días más en mi piel, a lo largo de mis recuerdos, escribiendo el trozo de historia que me corresponde.

Por eso, cuando yo llegué, todo estaba hecho, el mundo ya giraba sin mí y además muchas personas ya habían tenido su no primera vez. Mucha gente se había fumado su no primer cigarro y yo lloraba. Lloraba por primera vez en toda mi vida.
No veía nada bien, tampoco veo la diferencia ahora. Sigo siendo igual de rubia con 19 años que con 19 semanas y también mis ojos son azules. Muy azules.
Tan azules…
Di los mismos pasos que dieron otros, me caí en los mismos lugares donde otros ya se habían raspado las rodillas, me dieron ganas de llorar por las mismas cosas que hicieron llorar a otros antes que a mí.
Todo es tan igual que no me canso. No me aburre el escribir las mismas letras que Cervantes, ni de saltar los mismos precipicios mentales que otros tantos poetas. No me canso de menospreciar las palabras que otros crearon y yo aquí, después de tantos cambios, de tantas evoluciones del lenguaje, me pongo a chapurrear en prosa que lo mío son los versos, porque es lo que pasa con las nuevas generaciones.
Que lo que unos hacen, otros rompen y crean, creyendo.
Nada es nuevo bajo el sol, pero la primera vez que besé con lengua no sabía y tuve que aprender, y la primera vez que metí mano a una chica, seguro que lo hice fatal, y la primera vez que vi un invierno, por muchos inviernos que hubo antes, aquel fue mi primer invierno.
Y los demás… Los demás también.

jueves, 9 de octubre de 2008

Cuestión de tiempo*


Cada cinco minutos cambio de opinión.
Te muevo de mis cinco sentidos
para acabar llorándote en el sexto
y ya no estás. Lo juro.

Te fuiste en otoño porque
te daba miedo el invierno.
Yo te prometí bufandas
de besos pero
jamás quisiste volver
y luego te descubrí en tu mejor
versión.

Sabes destrozar corazones
porque no tienes piedad con el tuyo.
No sabes lo que es doler
porque se te olvidó.
Las cosas que pasan
y suceden por tu culpa,
suelen olvidarse más banalmente
pero se valiente.
Descúbrete,
yo ya te conozco y lo sabes.

Cae como la primavera,
marchítate como el verano,
vuela con el viento en otoño
y congélate en invierno.
Pero mírate,
consigue todo lo que quieras
porque realmente lo quieres.
No necesites de nadie
que no seas tú misma.
Ámate
y así podrás entender lo que es el amor.
No dejes nada para nadie
hasta que no sepas lo que significa
el significado de todo.

Vamos, salta y llora y chilla.
Acaba ahogándote
porque has llorado demasiado.
Yo te estoy mirando mientras.
Te estoy viendo caer.
Ahora eres tú quien se ha tropezado
y no me gusta verte mal.
Pero la única verdad
es que me alegra ser yo
quien te haya hecho tropezar
con todo tu interior.

Todo el rato cambio de opinión,
porque nací entre tus mareas.
Todo el rato quiero ser el otoño
en el que aun eras mías
y al mismo tiempo,
pensándolo mejor,
no.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Paralelismos*

Hay tantos nombres que me rondan
casi todas las noches
las ganas de comerme el mundo
que no tengo rumbo más que el mío.
Y soledades aparte
te escribo para no llorarte,
para no acordarme de tener que olvidarte.
Poco a poco el tiempo se encarga
de mudar sentimientos
a meros espasmos del subconsciente.

Pero yo quiero, o al menos quise
no sentirme tan encima de todo.
Quise respirarte como parte de mí
para siempre
y por eso no hay más destino
que el que quiera venirse.

Te reto a callarme con la mirada,
a saberme desde el principio,
a pillarme las mentiras
antes de empezar a decirlas.
Te reto a que me sorprendas,
a que no seas tan estúpidamente predecible,
por mucho que a mi me guste
saberte las jugadas.

Deberíamos reinventarnos
en otro mundo
para que en paralelo
podamos vivir sin tener que tentarnos
los placeres.
Y como ves yo te buscaría
sin conocerte
para volverme loca.
Pondría carteles en las calles
de se busca media mitad
y llamarían todas las pieles
que existan
y solo sabré que eres tú,
tú de nuevo
cuando oiga tu voz.

Aunque a veces me rompas,
da igual,
eso era de esperar.
Eres el precipicio más enfermizamente
peligroso
y a mi, hay veces
en las que el miedo me hace saltar.
Y no debería.
No es sano encapricharme a efímeros
recuerdos
con sus correspondientes besos.
Sé que hay miles de sonrisas
esperando a ser encontradas
y que yo y mi superficialidad
las destruyo a todas.

Pero así empezó todo.
A mi no me gustaba nada de nada,
y ahora es a lo que más me aferro.

Hasta que me canse,
pero para eso hacen falta mujeres,
sexo (buen sexo),
conversaciones (buenas conversaciones)
y tiempo.

O quizás borrarme de la memoria
los buenos recuerdos
y empezar desde cero
en un planeta
que ni siquiera sea paralelo.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Arde Madrid: estamos en guerra

Arde Madrid porque no estás y desde que llegaste, la sal me sabe amarga en el paladar.
Arde Madrid por lo poco que estuve escupiendo versos en su piel y a muchos kilómetros de los problemas. Alejarse siempre será el mejor camino para no vernos las caras, pero en cada esquina tu olor me persigue.
No me vendo por cualquiera y tampoco soy tan barata. Por eso Madrid y tú están ardiendo de envidia.
Tantos años atrás para comprender que no sé nada de la vida, y mil escalones que subo pidiendo al menos una tarde cerca. Para conocer. Ya sabes… saber de esos movimientos.
No soy de esas, ni me gusta besar sin pedir permiso antes, pero quizás contigo me arriesgue. Al fin y al cabo, tus labios ya los he probado. Fueron los mejores de la noche, aunque no hubo muchos más.
No recuerdos muchos más latidos cerca de mi mano aquel día.

Y no te dejaré beber. No merece la pena que me vendas los besos a tan bajo precio. No quiero que seas fácil, me basta con que seas. Que al final de todo, seas de verdad.
Y arde Madrid cuando quiero perderme, cuando me quiero olvidar del resto. Ni siquiera tú que acabas de aparecer, harías mella en mí.
Soy una calle demasiado grande para ti y aun así me estoy encaprichando a tus curvas. Solo te he visto una vez en mi vida. Solo una noche nada loca.
Mucho tabaco y una abismal ausencia de alcohol.
Y de regreso a casa, pensé en ti mientras intentaba no dejarme dormir. Pensaba en ti queriendo no hacerlo. Amor propio y vergüenza.

Arde Madrid en cada vena de mi cuerpo. Se subleva la gente, aquellos recuerdos se renuevan y no me acordaba de lo bien que nos quedaban los besos en la piel. Es secreto y no pienso mucho en ello. Lo hemos superado y tú siempre querrás lo que yo quiero.
Nací cobarde y por eso no he perdido tanto como debiera.
Si no se conoce lo perdido, nada importa, nada se pierde.
Por eso tú sí que te fuiste lejos, pero yo más… Porque Madrid empezó a arder y aquí donde yo vivo, se está mejor.

Ahora te olvido. Eres niebla, la más dulce de las melodías. Lo bueno es que ya no me acuerdo de tu letra. Tu piel ya no era mía y di gracias al cielo. Tanta responsabilidad sobre mi no la hubiera soportado.
A estas alturas, después de tantas supuestas princesas, lo menos que querría sería rescatar a nadie.

Arde Madrid, de repente, sin pausa. Es el sexo loco de una ciudad absorbida de versos, de poetas borrachos y locos y yo me siento. Estoy en tú barra de labios, en el rojo corazón, pidiendo el último baile, aunque no sepa bailar.
Me gustaría pisarte los talones, ser casi tu sombra, deslizar mi mano por cada sonrisa que estés dispuesta a dedicarme.
Impresionantemente enorme. Eso soy casi, casi, dentro de poco, pero tú…
Eres inmensamente proporcional a las ganas que tengo de verte… ya sabes, memorizarte.
No sé… no pienses que me pasa muy a menudo, que me he encaprichado a ti por olvidarme la soledad en casa. Aun no eres mucho más que un nudo diminuto de alegría e incertidumbre en mi estómago. Y estás lejos, cerca del mar, lo sé. Aquí, o allá, según se mire, arde Madrid y tú estás inaccesiblemente apetecible.
Qué le vamos a hacer, las palabras me corroen y muero por la boca casi siempre. Por eso de ciertos besos, o de algunas promesas…
Quien sabe lo que pasará dentro de lo que diga el tiempo, quien sabe si me muero, o si quizás empieza a arder Madrid y yo aquí, con lo puesto.

Arde Madrid, pequeña.

Vamos a convertirnos en lluvia, a mojarnos los inviernos, a secarnos en los suelos. Es otoño y ahora es cuando mejor se ve el mundo. Desde la distancia, entre los vanos recuerdos de tus embriagados labios. Imagina dormir a su lado…
No.
Ardería yo y a la mierda Madrid y las cuestiones existenciales de la vida. Ya lo hice la primera vez que la vi. Y le daba vergüenza que la viera en aquel estado, porque sabía la sobriedad con la que mis pupilas la juzgaban. Luego volví a ser una mortal más. Caí como una necia en las reces del placer, de lo carnal. Caí sin querer. Yo no lo necesitaba, solo era para dejar pasar los minutos.
Minutos que ahora y sin querer, consumo pensando en qué podría pasar.
Pero es absurdo ver futuros siendo ciegos.
Vamos a quedar, de verdad, cerca, casi tanto que pueda oler todo lo que piensas. Sé que no soy tu tipo, ni el tipo de nadie, ni siquiera una tipa cualquiera. Me considero todo lo peculiar que se podría ser. Que aun no te has decidido por qué amar en la vida.
Yo amo a las persona pero mejor con olor a mujer.

Y ahora que me he dado cuenta…

Recoge tus cosas, arde Madrid y no quiero que te quemes.
No quiero quemarme.

Quizás eso seas tú… Una capital llena de callejones, adicta a las prisas, bella, pero no… hueles a salitre, a mar, a vida. Hueles demasiado cerca pero de mentira.

Arde Madrid y aun no nos hemos dado cuenta, pero, ven… vamos a quedar, a pisarnos las sombras que te dije antes, a crecer, a escalar montañas para luego caernos o no.
Déjame acariciarte las sonrisas y verte dormir mientras me escuchas… Demasiado pronto para romper la tregua, pequeña…
Por eso arde Madrid.

Estamos en guerra.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Prostitutas Universales.


No está bien arrepentirse de las cosas que uno hace, pero hay momentos en la vida en las que te replanteas mucho más que a ésta. Te replanteas a ti misma y decides actuar, pero mañana, cuando salga el sol.
Quiero decir, que es muy fácil llevarse las manos a la cabeza y decir “Oh Dios mío que horror” y seguir caminando, mientras el viento se lleva los problemas, para devolvértelos en la próxima esquina que dobles.
Por eso me arrepiento. De las cosas que he hecho, de las que no hice y de no hacer nada por remediar este pensamiento. Pero, ¿Cómo borrar ciertas etapas de mi vida?
Al fin y al cabo, fue y es mi vida. Cada paso que di forma ahora los pasos del hoy.
La única realidad es que me crié viendo películas americanas, y no hablo ya de Disney.
Hablo de enamorarse en una playa, de ser náufragos y encontrarnos para salvarnos la vida. Hablo de no vivir en esta ciudad plagada de recuerdos con mil nombres. Hablo de querer borrar esos nombres que sobran, esos que no me hacen sonreír.
Y en la cama, sin poder dormir, pienso ¿Cómo pude hacerlo?
¿Cómo me pude fijar en esas cosas, en esos meros nombres? ¿En qué cosas, en qué nombres?
Lo cierto es que ya no queda nada de eso. Es un pasado bastante pasado, viejo, podrido y por lo tanto, enterrado. Pero es inevitable que al pasar por cierta calle se me venga a la cabeza recuerdos y después, piense en cómo fui tan estúpida.
Hay cosas que no están hechas para mi por mucho que yo las busque, y si lo que quería era dejar de escribir dolor para escribir amor, qué más darían los actos.
El mundo, sin ir más lejos, actúa así.
Somos putas.
O al menos eso pienso yo de todas las pieles que me regalaron versos, entre las idas y venidas del tiempo.
La gente suele buscar el placer en otros cuerpos, en otras mentes y yo me quedo con todo eso, más con los recuerdos aunque a veces se me pongan en contra. Me da placer lo que sé hacer, lo que sé hacer de verdad y bien, por eso, ellas, esas cosas, esos entes, esos nombres, me dan lo que busco, ¿Qué más dará si ellas reciben lo que están buscando?
No, tampoco soy tan macabra. Yo también me preocupo porque sonrían, se extasíen, tengan en su boca mi boca y sientan. Yo también me preocupo por que sientan o al menos lo hacía.
Creo que llegó un momento en el que solo me importaba lo que yo sintiese, porque amaba más lo que sabía hacer bien y de verdad, que a esos nombres.
O quizás no fuera nada de eso.
Quizás estuviera ciega y de repente pude verlo todo con más claridad.
No hay peor ciego que el que no quiere ver, y no hay peor venda que el enamorarse.
Enamorarse es un arma de doble filo. Te corta la cabeza, te la esconde y te anima a tener que vivir de la intuición, de los sentimientos. Pero un día tropiezas con algo…
Algo redondo y con protuberancias y orificios, algo con pelo y con partes viscosas y te das cuenta de que es tu cabeza. Por fin la has encontrado y al ponértela sobre los hombros descubres quien era la musa que decoraba de gemidos tus noches. Descubres que no hay nada más, que se ha acabado.
Y sí… Con el paso del tiempo, para perdonarte a ti misma ese tropiezo, ese despiste, sacudes la cabeza cuando alguna imagen te interrumpe el vivir y piensas que deberías demostrarle lo fácil que es caminar sin sus promesas.
Y piensas mal, fatal. Quieres seguir rasgándole el corazón, borrar su nombre que resuena y retumba en tu mente cada vez con más fuerza.
Porque tú no volverás a tatuarte bajo la piel de nadie, y ella verá su felicidad tarde o temprano.
Yo estaba demasiado ocupada en que todo el mundo viese lo genial que era mi sonrisa, demasiado ocupada en demostrarle al resto lo fácil que era vivir sin tropezarse.
Por eso me he caído.
Porque según mi abuela, Dios no castiga ni con palos ni con piedras, y aunque soy media atea, mi otra mitad, la que cree en abuela y en todo lo que ella dice, sabe bien por qué pasan las cosas que pasan.

Que yo también sé tropezarme y claro que no me gustan que me vean en el suelo con las rodillas sangrando. Claro que no me gusta andar cabizbaja, sintiéndome parte del suelo al que mis zapatos pisan.
Por eso me arrepiento.
Me arrepiento de hacer las cosas mal a veces, cuando no hay nadie que me enseñe a hacer las cosas bien, o cuando no he querido aprender.
Y me arrepentiré de todo siempre, porque no hay nada que sea totalmente perfecto para mí, hasta hoy.
Ahora me sé arrepentir y sé equivocarme a tiempo. Sé tenerme miedo cuando nombro más de la cuenta uno de esos nombres. El único en realidad.
Sé decir basta, aunque no me sea suficiente y le sé quitar la cara a unos buenos labios.
Yo no quiero ser puta de nadie y no quiero que nadie sea mi puta y si he de estar siglos sin escribir un bonito verso, lo estaré.
Quizás me emborrache más de la cuenta o quizás empiece a hacer las cosas bien de una vez pero no voy a vencerme a mi misma, no me voy a doblegar mi mente por circunstancias que, al fin y al cabo, se van, dejándome aquí o allí, con la boca abierta o con algunas heridas antiguas sangrando.

Yo me arrepiento de haberme fijado en ciertas cosas, de haber tropezado en ciertas piedras dos y tres y cuatro veces, de no haber cogido ciertos aviones, de no haber preguntado ciertas cosas…
Me arrepiento de ser tan insegura y replantearme si sería buena idea volver a empezar de nuevo.
Pero esta vez me he cosido con hilos de hierro la cabeza al cuello, para estarme quietecita un tiempo. Para tomarme un tiempo. Para vivir mí tiempo.

Y me alegro que estés lejos, que la soledad se haya ido contigo, que mis conversaciones sean mucho mejores que las tuyas. Me alegro de saber sobrellevar mis equivocaciones.
Y no te voy a pedir que me devuelvas el tiempo, mi tiempo.
No merece la pena reclamar algo que fue de las dos, algo que verdaderamente me hizo ser feliz o desgraciada. No vale la pena arrepentirse se los hechos pero si de los actos.

Y ahora me da igual estar sola, no tener a quien besar, no tener con quien compartir mi vida, porque eso ya lo hago, sin necesidad de nadie, y me reparto en abrazos que si son de verdad, en palabras y horas hablando de verdad.
No me hace falta amar a nadie, ni escribirlo, para saber qué es cierto o qué no lo es.

Y como decía la canción… ¡Estoy muy bien!
Estoy realmente bien, por eso déjame y no vuelvas.

sábado, 30 de agosto de 2008

Lugares*


Y descubrió cual era su verdadero lugar...
A L L Í
En el aire. Entre el aire. Por el aire.

sábado, 23 de agosto de 2008

La casa por la ventana y yo aun dentro.


Fumo en mi habitación por cuarta vez en mi vida.
He leído algo maravilloso hace ahora un par de minutos y pienso al mismo tiempo que cómo mi madre se entere de que estoy fumando de nuevo… pero he cerrado la puerta con llave. Como cuando hago algo y no quiero que nadie me vea.
O como cuando quiero que se enteren y no al mismo tiempo.
Para mí, una persona maniática donde las haya, cerrar las puertas es imprescindible.
Lo malo de esto es que no sólo cierro las puertas de madera, las que se tocan, las que son de verdad, sino que tengo la genial manía de cerrarme yo misma, y conmigo, todas mis puertas.
A día de hoy solo existe una persona que posea la llave universal de mis puertas. Ella entra y sale como y cuando le da la gana. Porque, y aunque ya no sea la de antes, yo se lo permití una vez. Y esa vez sirvió para toda la vida.
A lo mejor, y no me las quiero dar de creída, yo también tenga su llave universal.
Y el secreto para duplicar esa llave es simplemente el tiempo y la paciencia. Entenderme no es fácil y más teniendo en cuenta que yo no sé expresarme muy bien.
Hacen falta días, enfados y alegrías.
No sé si puedes comprender porque digo lo que digo, que tú no me conoces del todo porque yo no te dejo abrir según que puertas porque no debe ser de ese modo. Una no debe pretender entrar en casa por la ventana, porque aunque mi casa no tiene rejas, están muy altas.
Las cosas se hacen poquito a poco, y hay habitaciones a las que solo se entra de una manera, en un momento donde te quedarás para siempre. Y yo necesito también alquilarte una habitación, porque si tú entras, yo me quedo fuera.
Así es el amor.
Y me estoy viendo con lo puesto, en la puerta de mi casa, esperando a que se abra y salgas o quizás y lo que es más probable que esté esperando, es que tú me des al menos una habitación en la tuya. Me da igual que no haya vistas impresionantes porque soy una chica de interiores si tú me lo pides, y ordenada si es preciso.
El amor es cambiar de hábitat, cambiar costumbres, modos de colocar la ropa en los cajones, el champú, que no es de la misma marca, pero huele a ti.
Es, para que te hagas una idea, como vivir en un hotel maravilloso, y según pase el tiempo, yo me voy convirtiendo en cliente, empleado, alfombra de baño o lo que tú me pidas, pero las estrellas te las pongo yo. Eso debe quedar clarísimo.

Tú estás dentro, lo que no quiere decir, que puedas abrir todas mis puertas. Recuerda que no tienes esa llave universal. No dio tiempo. Ni se me ocurrió.
Lo primordial siempre debe ser la confianza. Una confianza infinita. Como cuando te veo y también veo cada uno de tus pensamientos. Pero no los veo. No dio tiempo.
Ahora estás atrapada, o te tengo atrapada o estoy atrapada en ti. No lo tengo muy claro aun. Lo único que tengo claro es que no quiero escapar, no quiero tomarme una seta que me haga diminuta como a Alicia en el País de las Maravillas, ni quiero hacerme inmensa y destrozarte el decorado.
Por cierto, me encanta el color de tu casa.
Te felicito porque lo has hecho muy bien, cada cosa en su sitio pero aun temo que sean hologramas.
Me temo porque me gusta mi casa, estar en ella, fumar en ella, bañarme en ella, y cuando no pertenezco a un lugar me descoloco. Me gusta como te sienta a ti tu gel de ducha, tu ropa, pero no es mi casa hasta que tú no me digas que es mi casa. Así es como me siento. Fuera de lugar, inmigrante por vocación. Porque es el amor y no otra cosa.
Para mí ya no hay más cosas.
Una vez me haga el tejado, los cimientos se me olvidan. No los veo y tampoco los quiero ver.
Me gusta caerme escaleras abajo porque has tocado el timbre y quiero verte ya, de inmediato, ni antes ni después. Ya.

Pero las llaves las tienes tú y no te puedo abrir hasta que tú no me abras.

Y te quiero y quiero que tengas esa llave universal, pero el problema es que no siempre vas a estar. No creo que quieras tenerla. No de esa manera.
Y yo me muero por oler tu champú, por ser las sábanas que te arropan cuando hace frío, quiero ser cada baldosa que pisas. Quiero ser el principio sin final pero empezamos al revés.

Y ahora es cuando tiramos la casa por la ventana porque ni tú sabes donde has puesto las llaves, ni yo sé como se abre el agua caliente en la tuya.

Te quiero.
Del revés, del derecho, desnuda, con mil capas de ropa, en mi casa y en todas mis habitaciones, para siempre y como nunca.
*

miércoles, 20 de agosto de 2008

Medias vidas y tintas enteras


Yo no sé escribir
borracha,
no sé beber mientras
camino,
no se caminar a
oscuras.
Solo sé ver con los ojos
cerrados.
Verte de verdad, como
siempre.

Yo siempre
sueño
con castillos en el
cielo
y siempre quiero
volar
para poder desaparecer
a veces
cuando quiero estar más
cerca
y lo estoy.

Pero no de esa manera.

Escribo
porque es como único me
entiendo
y a veces ni eso
pero
sonríes y juro que nada tiene
sentido.

Para qué quiero saberme si solo
respiro,
si mi simpleza me hace vivir
bien,
que no del todo genial.

Y se me olvidó contártelo
todo
desde el principio y por eso
termino
diciendo que no pienso en nada.

En ti.

En el resto.

Yo me muero por morirme
sonriendo,
vivo por rozar
oportunidades
con los dedos.

Necesito como droga
amor
y música
y cerveza.
Necesito que entiendas
que no hay más maneras,
pero si mil formas
y yo en este instante
solo puedo verte
del color del mejor amanecer
y a tu lado si puede ser.

Pero como no puedo,
aquí estoy,
escribiendo
porque no estoy borracha,
ni camino bebiendo.

Me da miedo
que termines por terminarte.
Que el borde más intenso,
sea ese en el que explico
que lo eres todo.
Ahora mismo,
digo.

Pero me callo,
porque las palabras se me atragantan
y comprende
que me asfixie,
que quiera correr
porque soy aun muy pequeña
como para entender
ecuaciones
y niveles
en los que tu juegas
hace ya bastante tiempo.

Yo amo por naturaleza
y muchas veces me equivoco,
me engaño,
me tapo bajo caparazones de mentiras,
pero ahora estoy desnuda,
en frente de todos mis sin sentidos
y por mucho miedo que me de
yo misma,
me da igual.

Pensaré hasta que se me rompa la cabeza
y quizás así aprenda a desaparecer
cuando me haga falta,
cuando no pueda estar,
ser,
ni sentir
tu ausencia.

Yo quiero una vida entera
para aprender
a vivirla.
Quiero no pensar
en que no sé pensar,
porque a veces,
y solo a veces
se vive mejor
no teniendo idea de nada.

martes, 19 de agosto de 2008

Tambaleos*


Me tambaleo
en todas las cuerdas
que me he dejado atar
a la piel.
Estoy suspendida en el cielo
y soy consciente de ello
casi siempre.
Cuando una cuerda se rompe
yo me rompo,
o al menos me rompe el miedo
al vacío.
Pero quizás el vacío esté donde yo
o quizás solo sea aire.

El aire pesa, ¿sabes?
El aire me separa de ti
pero no tanto como
todos los pensamientos,
que duelen,
molestan,
anudan y desanudan
a su antojo.
Tengo un camino hecho
lleno de baches.
Tengo muchas cosas
que desaparecen con frecuencia
y facilidad.

Yo quiero ser mejor
porque tú eres lo mejor,
y quiero aprender
de lo que me enseñas
cuando no sonríes.

Hablar en metáforas
siempre me salva
para cuando me piden explicaciones.
Mi mente se escribe en dibujos
y por eso me cuesta tanto
traducir
un pensamiento.

Siempre tengo miedo a todo
pero salto a las piscinas
sin pensármelo
y si me caigo
o si me destrozo
siempre será
problema mío y de nadie más.

Yo me pasaría toda la vida
siendo parte y mitad de ti.
Me dejaría por completo
porque soy idiota
y todo eso.

De todas las maneras que puede haber
para querer a alguien
yo las elegí todas.
Por eso lloro aun sabiendo que sigues ahí,
porque me dueles.
Me estiras el sentimiento
hasta límites insospechados.
Me alargas todas mis camisas de once varas
y por eso el dolor no es tan insoportable,
porque siempre estarás tú dentro.

Yo me tambaleo porque quiero
y porque no sé hacerlo de otra manera,
pero si me das un minuto…
Sólo un minuto,
yo prometo
dejar de ser un reto para mi misma.

Y mientras caminaba a tu lado
me di cuenta
de que me da lo mismo cómo sea,
pero yo quiero estar a tu lado siempre.
Porque de todas las cuerdas en las que me tambaleo
tú eres la de acero,
la de amor,
la de todo.

Y te quiero,
por todo eso
y por lo que me dibujo una y otra vez
y no te traduzco.

domingo, 17 de agosto de 2008

Ecce homo y derivados*

Lo único que nos pasa a los humanos es que necesitamos aferrarnos a algo para poder vivir.
Unos eligen a Dios y otras cosas, como por ejemplo, a personas; otros prefieren creer en la humanidad, por ese afán de mártir con el que se nace y hace.
Y finalmente están los que eligen los sentimientos, los recuerdos; las personas no, sino lo que generan esos seres.
Lo que nos remueve por dentro, porque necesitamos saber que aun podemos y además sabemos llorar cuando alguien se va para siempre o cuando simplemente ese alguien deja de pertenecer al mismo concepto de alguien para uno mismo.
La conclusión sería creer en Dios. Ese ente infinito al que, aunque no tenga voz, nosotros se la ponemos vestida con un traje blanco como su barba.
El caso es que los creyentes, sea cual sea su Dios, son felices porque saben, conocen de ese algo que jamás se irá, al menos, hasta que ellos se vayan.
Sin embargo, los ateos que creen en la humanidad y los que creemos en lo que ésta produce, tienden y tendemos siempre a llenar las consultas de los psicólogos, a saltar de puentes, a llorar cuando ya no hay nada ni nadie, literalmente.
Somos amantes de lo físico y por eso no sabemos abrazar a las ideas.
Dan miedo los huecos y el silencio del aire que los ocupan, por eso caminan. Otros como yo corren para que con el movimiento todo se caiga, todo se quede atrás.
De las opciones que me dieron al crecer, yo escogí la más dolorosa y dependiente.
Me arriesgo siempre a dejar de pertenecer a mi misma para pertenecer a alguien y luego, como en una película de acción sin fin, vuelvo a arriesgarme a dejar de pertenecer a ese alguien que se ha convertido tanto en mi vida que ya hasta pertenece enteramente a mí, a que ya no haya recuerdos que sonreír, sino que llorar. Así que todo es una sucesión sin final; un movimiento circular.

Pendemos, las personas como yo, de los hilos que otras personas quieran coser a nuestra piel. Unos dan la vida por Dios, lo que ahora debe de ser lo más lógico. Dios jamás cortaría esos hilos, quizás porque no existe o quizás porque nos imaginamos que él jamás lo haría. Es infinito.
Los humanos, en cambio, tienden a acabarse, en vida y al final de todo, con arrugas o no, también.
Somos seres finitos y predispuestos a sufrir.
Buscamos completar el significado de las palabras. Yo creo en el valor de éstas cuando se que lo hay y las temo (a ellas y a mí) cuando dudo de que lo haya. Luego lloro al darme cuenta de que no existe ningún valor.

Los que decidimos decidir cosas para arreglárselas cuando algo cambia, nos abrumamos. Hay veces, muchísimas, en las que es muy complicado saber que es lo que hay que hacer y es entonces cuando todo te viene de golpe y se te atragantan las ideas entre la garganta y el alma. Así que acabas estando llena de todo y en blanco. Suspendida en el espacio y el tiempo por todas las ideas. Levitas y te limitas a respirar.
A dejar que todo fluya hasta que por fin y al final de todo se te ocurre decidir que quieres ser mejor, feliz, más flaca, más morena… cualquier cosas. Todo vale.
Yo me corto el pelo porque es como quitarse un peso de encima, todas esas ideas que te crecen. Cortarlas y tirarlas a la basura.

Por lo general estoy acostumbrada a mí, me comparto pero no me comprendo (como diría mi madre en otro tipo de conversación).
Si yo pudiera verme desde fuera, lejos, un poco más lejos, sería una montaña rusa por la que solo el viento corre. Una atracción donde se suelta muchísima adrenalina, pero estropeada. Aun así el viento, el aire, aunque nadie lo vea, sube y baja, arriba y abajo por todas las curvas y las piruetas de la atracción.
Yo soy eso. Nadie puede ver como subo o bajo, no se sabe muy bien si estoy el la cima de la ruleta rusa o si estoy arrancando desde el suelo. Dispuesta (casi) siempre a despegar.
Son muchas fases y estados por los que circulo continuamente y por lo general la gente lo desconoce y con esto no me quiero sentir única, es más, pienso que eso le debe ocurrir a todo ser humano.

Descubrirme, es pues, algo que me fascina. Hay veces en las que me da pánico saber cuales son mis límites y por eso los ignoro; y otras, los acepto y por fin… decido.
Otras me parece no tener límites, ser infinita y otras desearía no tenerlos.
El caso es tener obstáculos y querer, saber y poder saltarlos.

Y es por eso por lo que yo no creo ni en Dios, ni en las personas, ni en mí. Creo, sólo y únicamente, en todo lo que ello genera, en el producto que sale de estos seres.
Por eso cuando dejan de producir sensaciones, las cosas que al fin y al cabo me hacen vivir, o me hacen sentir viva, en lo que creo, me siento al borde de un precipicio.
Y sé que ahora, en este instante, me toca decidir si lo bajo escalando, con mucho cuidado y paciencia para no tropezarme, si lo salto a ver que pasa y que es lo que me encuentro abajo, si me quedo arriba para siempre o si empiezo a creer en Dios.

Y de todas las opciones, te elegiría a ti. Sea como sea.
Sea donde sea.

viernes, 15 de agosto de 2008

Salitres*

Hay que dejar que el salitre te empape de tranquilidad. Sentarse en una piedra e intentar sentir todo lo que se pueda sentir.
Cierra los ojos, piensa en lo que viste antes de cerrarlos. Escucha como rompen las olas en tu mente. Oye bien como gritan los niños a lo lejos, como el agua fluye por cada roca. Como la sal lo impregna todo. Toca el aire. Casi se puede ver. Vuela en cada partícula. Siente cada respiración como si fuera la última, la primera.
Olvídate de todo, solo procura recordar como la espuma se destroza en cada ola. Como el azul marino se convierte en azul turquesa.
Somos parte de las nubes. Lo abarcamos todo, me oyes, me estas oyendo hablar pero todos tus pensamientos taponan poco a poco tus oído. Ahora solo oyes pensamientos.
Siente como el aire recorre tu cuerpo, como el sol traspasa tus párpados, como las alturas no nos dan miedo.
Olvida lo pasado. El mar nos cura, nos lava.
No sabes explicar lo que pasa. Las palabras se están ahogando y ahora con más razones que ganas.
Imagina que el agua nos moja, nos está rozando los tobillos. Nos estamos manchando de limpieza. El silencio nos corroe pero sonreímos porque estamos tranquilas.
No nos molesta. Sabes que los nudos que se nos hacen en el estómago se desanudan. Tarde o temprano todo tiene solución. Y aunque nos duela horrores, mira el paisaje, respira. Hace calor pero el aire corre entre tu piel. Te despeinas, el sol te regaña.

Somos muy bonitas así de esta manera. Destrozadas por dentro y por fuera. Quedándonos en blanco o al menos, intentándolo.
Ya no hay poesías, no hay llamadas, no hay gente. Solo el horizonte un poco nublado y unas ganas terribles de tirarse al agua. De mojarnos, de sentir el frío y el calor.
No te arranques el corazón todavía, aun nos quedan muchas batallas que perder. Muchas que ganar.
Vamos, agárrate fuerte. Vámonos a donde queramos, a donde nos lleve el viento. Somos libres. Hoy sí, ahora sí.
Deja los nervios a un lado. No tiembles, no llores.
El mundo se nos está atragantando en uno de esos golpes del destino. Piensa ahora que las cosas siempre pasan por un motivo. Crea luego un nuevo lema para tu nueva vida.

Sé la de sentimientos que estamos reteniendo en cada mirada. Que solo habría ganas de morirnos. Ganas de llorar. Pero sin embargo, estamos riéndonos.
Quizás de lo absurdo.
Quizás.
Tenemos un miedo infinito al miedo, pero sigues con los ojos cerrados. Estás respirando y sientes como el aire se vuelve agua y te baña de oxígeno.
Puedes ver como la brisa mueve tus cabellos. Tranquila, sé que es algo incómodo. Que no estamos espléndidas, pero lo somos.
Estira los brazos y siente como entre tus dedos bailan las vibraciones. Es el aire. Es la vida que nos está echando una carrera.
No te levantes. Ella siempre perderá.
Nosotros también.

Ya tú sabes. Lo sabemos todo.
Aunque parezca que no, aunque parezca mentira.
Una broma pesada y además, pasada.

Pertenecemos a la tierra. La tierra somos nosotras.
Nuestras piernas se entierran el las piedras, pisas cristales de sal, respiras sal.
Formamos parte de lo ilógico del vivir sobreviviendo.
Nos conformamos con que todo vaya bien. Un poco mejor.
Nos conformamos y por eso estamos aquí.
Lejos.
Donde solo el salitre puede pegarse a tu piel. Donde el mar nos besa en la boca sin dar explicaciones, ni promesas, ni perdones.

Atrás queda el futuro. Piénsalo. Ahora no tiene sentido preocuparse por el que pasará mañana.
Estamos sentadas, teniendo una conversación muy importante con cada parte de nuestro cuerpo. Nos estamos sintiendo. Nos estamos recorriendo. Nos estamos olvidando del mundo.

Ya está.
Nos vamos.
Y el salitre con nosotras.

No me da miedo el destino. No tengo miedo de lanzarme. Aunque no lo haya hecho nunca.
No me da miedo irme sola. Caminar, pensar. No tengo miedo al horizonte y por eso me siento bien.



Pero aun así… Te necesito.

jueves, 14 de agosto de 2008

De las cosas de la vida y demás*

Llevo media vida con las entrañas por fuera
y la otra mitad aun está en la recámara.
Estoy aprendiendo a valorar el silencio,
a guardarle cosas dentro
para que algún día tenga algo más que darte.

Las esperanzas se cansaron de esperar,
y aun hay puertas trancadas
con dos vueltas de llave.
El sonido de la playa ya no se oye,
no hay cielo azul porque
las nubes hoy se creen importantes,
y yo soy una extraña delante de un espejo.

Cambiar es sinónimo de caminar,
y a mi,
aunque parezca que no,
me ha tocado el camino más difícil.
Muchas cuestas y pocos eneros.
Me voy a reservar las mil frases
que pienso al verte.
Quiero que jamás te des cuenta
de las cuerdas con las que me sujeto.

Quizás sea mejor cortarme.
Cortarlas para caer.
Y si caigo,
que seas tú la única que me vea en el suelo.
Se volar siempre que respiro fuerte,
y se dejar de fumar siempre que me lo propongo.
Lo único que no sé es dejar
las cervezas a medio beber,
los labios a medio besar.

Destrozarme en cada letra
siempre sonó desgarrador,
y me da pena que la vida de tan pocas vueltas.
Somos gallinas ciegas
en un corral a oscuras.
No sé si me entiendes,
pero ven y píllame.
Hazme perder en el juego,
mándame a la pared de pensar
y piensa conmigo.

Hay veces en las que no quiero nombrarte
para que seas aun más especial.
Ese ente que lo envuelve todo
y que se nota en mis ojos
pero que jamás pronuncio,
ni describo como es su rostro.
Con saberlo yo es demasiado
y suficiente.

Ahora que me meto en vena el amor,
pero con cuidado y con miedo,
que titulo poemas
con dos palabras y un paisaje enorme,
que te comería a besos,
y no a versos.
Que los castillos de cartón
y lágrimas están muy caros
y yo he decidido seguir siendo una jipi,
sin dinero, sin techo, sin nada.
Cobijarme en ti.
Que seas tú el único refugio.

Entender ahora es solo cosa de dos.
Nadie más se puede atrever,
ni si quiera puede alcanzar a ver
a qué altura hemos llegado.

Porque somos geniales
y otras tantas cosas más.
Y hablamos poco
pero sentimos todo infinitamente
mejor que el resto.

El resto
siempre sobrará.
Yo me voy a seguir guardando las entrañas,
y cosiéndome la sombra
a los talones.
No quiero que se me vaya a olvidar
todo el silencio de golpe.


martes, 12 de agosto de 2008

Complejidades*


A veces el interior de cada persona necesita reconciliarse consigo mismo. Algunos deciden hacerlo cada día, poquito a poco y otros todos de golpe una misma noche, en un solo instante.
Dejar de pertenecer a algo, a alguien, a muchas personas, aunque sea un alivio, a veces abruma. Da miedo el precipicio porque está tan alto que no te puedes imaginar que haya un río enorme fluyendo y dejándose fluir.
Yo ya expliqué, o puse límites a todo lo que podía llegar a querer. Puse palabras, sentidos, caricias en un verso. Abruma no poder cumplirlos.
Hay momentos en los que es mejor aprender por la fuerza, que a fuerza de intentarlo, y si tú me empujas yo me lanzo. Si tú me sujetas, yo no me caigo.
Y porque es un día precioso, no lo voy a llenar de mentiras, ni de estupideces, ni de palabras que sobran. No, me niego.
Yo no quiero estar amarrada el resto de mi vida a mi misma.
Soy el colmo de la libertad, lo sé.
Tú eres mi libertad, ya lo dije un día.
Ahora mismo no recuerdo como fue la primera conversación que tuvimos, ni cómo te decía que mis amores eran amores efímeros.
No creo que nada pueda llegar a superarse nunca. No quiero imágenes ni promesas anónimas en mi mente.
No quiero coger una palabra e idealizarla, transformarla y convertir todas mis risas en un agobio, en un encarcelamiento de mi yo. No quiero creer en el valor de la palabra porque soy poeta.
No creo que haya más razón que esa.

Me gustaría que la continuidad fuera un hecho real, nada de ficción. Que las canciones solo hablen de ti. Que mis recuerdos solo alcancen hasta hace una par de semanas.
Las vidas de las demás personas me dejan de importar.
Me da igual que no nos entendamos al principio si el final eres tú. No quiero imaginarte como si fueras un trozo de pasado.
Quiero darle fin a todas mis porquerías mentales y por eso es que escribo “fin” encima de una fecha.
El resto en realidad deja de existir porque no se puede comparar nada. No hay ningún punto de inflexión. No pueden saber, ni llegarse a imaginar todo eso, y el poquito más que le ponemos en cada beso.
Las expectativas son solo patadas en el culo que nos da el destino, y a mi jamás me gustó ser víctima de lo absurdo.
El futuro solo debería imaginarse si dentro del sueño hay un billete de quinientos euros y un elefante rosa. Imaginaciones y ya está.

Yo lo que quiero es estar a tu lado. Que el mundo se pare o gire o explote me importa tanto como me importa mi pasado. Nada.
Aprender a ser feliz, a dejarse llevar, a confiar en la confianza.
Vivir cada instante porque vales la pena.

Porque no hay ni principio ni fin. Estamos suspendidas en el cielo. Somos pequeñitas según con qué se nos compare, pero anoche, mientras títeres de estrellas colgaban sobre nosotras, en un escenario inmenso, lo único importante éramos tú y yo.

Entender solo depende de los ojos con los que se quiera mirar. Y yo sólo te quiero mirar a ti.

lunes, 11 de agosto de 2008

Te quiero*

Yo te quiero hasta decir basta,
se acabó,
punto y final.
Yo te quiero como de aquí
a Nueva York,
como de aquí a allí.
Como del infinito
y sin vuelta
para quererte más todavía.

Yo te quiero toda mi vida
y parte de las seis restantes.
Te quiero en mi boca,
en mi piel,
entre mis sonrisas.

Yo dejaría de saber vivir
por ti.
Bajaría y subiría todas las montañas
que quieran separarnos,
mil veces
por quererte.
Yo voy a abrazarte
hasta que, y como dijo la canción,
amanezcamos siameses.
Formando parte del todo,
y siendo únicamente
perfectas.

Charquitos de vida,
mareas y mareas de locuras.

Yo te quiero sin tiempo,
sin ropa,
sin miedo.
Te quiero de aquí al cielo,
de aquí al infierno,
de aquí a donde tú estés.

Yo te quiero en todas mis letras,
en todas mis sábanas,
disfrazándonos de vida
(ha)siendo amor.
Te quiero libre,
y dentro de todos los paréntesis
secretos
donde solo quepamos tú y yo.

Te quiero entre dientes
y te quiero en el sabor dulce de todo.
Yo te quiero como la cantidad
de poros que puedes tener en el cuerpo,
y yo quiero besarte
la cantidad de estrellas
que salgan por las noches.

Te quiero y no hay más explicación,
porque me repito,
escribo al cuadrado tirando al límite de todo,
que eres casi como un milagro,
el destino,
las nubes que están en el horizonte
solo son el comienzo
a todo lo que tú eres.

Y por eso
más lo que me callo,
te quiero.


sábado, 9 de agosto de 2008

G e n i a l*

El destino a veces
nos sonríe.
Nos repite una y otra vez
que donde mejor estamos
es donde seamos felices.

Mi mejor lado
siempre será tu mitad
y mi corazón
siempre bombeará
las mil barbaridades
que me haces pensar.

La musicalidad de todo
siempre estará en las mordidas
en el alma,
en el cuello
en la vida.
Y quererte siempre será cosa
del destino.

Tras una verja
cada uno de los gestos
que nos construye
fueron observados
y luego
me dio por dejarme caer.
Echarte de menos
siempre fue una costumbre
y amarte
ahora es incluso más fácil.

Si los caminos se entrelazan
y el universo nos lo pone fácil
deberíamos callarnos
y hacernos caso.
Aunque eso ya lo hacemos
mejor que nadie.
Porque incluso estando lejos
sabes hacerme sentir bien.

Genial.
Genial.
Genial.
Genial.
Genial.

Me haces sentir
g e n i a l .

Y por eso de la embriaguez,
de que los borrachos nunca mienten,
anoche le grité al universo entero
que donde único quiero morirme
es entre tus labios.

Y que sea domingo,
y vengas,
y sigamos siendo parte del destino.

.G e n i a l .


viernes, 8 de agosto de 2008

Agostos*

El azul cielo en mi casa siempre se mezcla con el naranja pared y queda bien en la pupila, mientras me dejo dormir meciéndome, con la brisa susurrándome la piel y música, porque no soy capaz de vivir sin música.
También queda genial en el ambiente el olor a mi madre que hay en este lugar, las sombras y luces que se mezclan con el verano, las nubes del infinito y al final de todo, soy feliz.
Tú estás a más distancia de la que debieras, y los días en agosto son largos y pesados, pero me sonríes. Lo sé.
Hacía calor desde esta mañana. Desde las sábanas que se quedaban huérfanas de piel a media noche, hasta las paredes verdes de mi habitación, todo se ha derretido. Lenta y silenciosamente, todo se ha derretido y ahora mi habitación es un cuadro expresionista más.
El sol también se mezclaba en el cielo, como si se estuviera bañando en un mar invisible y limpísimo. No hay ni una mota de aire en el universo y sin embargo todos seguimos respirando.
Los cuerpos se llenan de sudor y rocío mañanero. Somos entes pegajosos y sonrojados. Me da la impresión de que tenemos un agujero de ozono justo encima de nuestras cabezas. Pero lo más seguro es que tengamos muchísimo más que agujeros.
Las horas pueden pasar lentas y vertiginosamente rápidas. Hoy todo está yendo bien, a buen ritmo, con calma y tranquilidad.
Y es que hay veces que el tiempo hace escabechina de segundos y da igual si estoy a su lado. Corre veloz para que nadie se atreva a cogerlo.
Y otras, afortunadamente muchas, el tiempo pasa como debería pasar.
Yo soy capaz de ver cómo los minutos se esconden entre sus labios. Cuentan hasta diez y siempre me toca perder a mí.

Agosto es mejor de noche.
Cuando descubro lugares donde pasarme las horas contigo.
Me he pasado horas viéndote “sin querer” en fotos y tengo ganas de abrazarte. De estrujar el aire que nos separa y hacer que todo explosione. No quedará títere con cabeza. Será el fin del mundo más bonito de la historia.
Por eso agosto viene y nos baña en promesas y en duchas templadas. El sueño se escapa por la ventana y entran todos los mosquitos de golpe. A dejarme huellas de sangre.
No dormir es un hecho que debe quedar totalmente claro. No es el calor; son las ausencias.

También la oscuridad le sienta bien a agosto. Al naranja pared de mi casa y al azul marino del cielo.
Y el olor a mamá se vuelve noche, se vuelve aire.
Me gusta.
Sobre todo si me imagino que estamos respirando de las mismas moléculas, en el mismo centímetro cuadrado de amor.

Agosto es el tostado de tu piel, el color de tus ojos vistiéndome los días, el mecer de tus besos.

No hace falta decir que me muero por callarme…


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.