lunes, 16 de junio de 2008

Poco a poco

A las cinco de la tarde del segundo lunes de junio, Eva tenía ya su tercer orgasmo y Pablo tenía en las pupilas los tres mil te quiero del antes y después. Durante solo chillaban.
Mientras Eva jugueteaba con el pelo de Pablo, en su casa, Diana se imaginaba que Eva y Pablo estarían todo el día en la cama, amándose, follándose, mordiéndose…
Diana en cambio se conformaba con mirar por su ventana e inventarse todas las historias reales de este mundo.
Pedro pensaba a menudo en Diana, incluso una vez descubrió que masturbarse pensando en ella era aun mejor que cualquier revista. Se conocían desde tercero de primaria y este año entrarían en la facultad de derecho. Pedro no se había atrevido nunca a decirle a Diana que le gustaba.
A Diana le gustaban las chicas y él no lo sabía.
Un día borracha, en verano, Diana pensó que no estaría mal probar con un chico.
Ella solo quería besos, solo quería probar.
Miguel la violó.
Miguel era el mejor amigo de Pedro. Jamás se lo contó.
La hermana de Pablo era tímida, casi tanto como su belleza. Su pelo al sol era de color miel y sus ojos azules refrescaban cualquier mirada. Diana se enamoró de ella.
El día que Diana se atrevió a contarle la verdad a Sofía, la hermana de Pablo, se tuvo que beber tres cervezas antes. Nunca llegó a contárselo.
Sofía se había apoderado de sus labios a los dos minutos de mantener una conversación con ella.
Sofía siempre dijo que la base de toda relación es el buen rollo, la risa, las miradas y Diana la hacía reír mucho, la acariciaba y la llevaba a ver amaneceres en su azotea.
Sofía nunca se quiso replantear eso de ser lesbiana. Amaba a Diana y lo demás dejaba simplemente de existir.
Cuando Pablo se enteró de que su hermana tenía novia, lo primero que hizo fue gritarle, lo segundo, un abrazo.
Lo que le dijo: ¡Pero cómo no me lo habías dicho antes, mema!
Ella era más pequeña que Diana dos años, pero no importaba, todo el mundo siempre decía que era tan madura como una mujer de treinta años.
Diana sabía que Sofía era frágil como una niña. Supongo que por esa razón la cuidaba tanto. Era su niña. La única.

El mismo día que Diana se atrevió a decirle te quiero a Sofía, Eva y Pablo se decían adiós para siempre.
Durante un minuto Diana sintió la respiración de Eva, y terminó llorando.
Sofía no sabía que pasaba así que la abrazó callada, le secó las lágrimas y le dijo al oído que ella también, mucho. Mucho más que mucho.
Se besaron.

Diana nunca pensó ser tan feliz. Ni siquiera cuando se imaginaba a cientos de parejas haciendo el amor apasionadamente, jamás se imagino que ella pudiera sentir lo mismo.
El tres de agosto de ese mismo verano, Diana descubrió el lunar secreto de Sofía y Sofía descubrió que sí que era cierto aquello de los dibujos en las pupilas y los tatuajes hechos de sol y sombras en la piel de Diana.
Ese día aprendieron a quererse para siempre.
Para siempre.

[Foto: Lauramoondelamohn]

2 comentarios:

Molly Earnshaw dijo...

OMG

me encanta!

quiero seguir sabiendo si diana de verdad de la buena deja que sofía sea la que la ame... y no piensa más en diana...




continued! xD

Sacodearena dijo...

¡Qué lio no?!

me recuerda mucho a....
http://www.youtube.com/watch?v=YgQsUi4P6r4&feature=related



q vaaale... que siii-... que estudio....que soy una obsesionada... que siiii -.. que si...


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.