martes, 17 de junio de 2008

Re.corridos.



Era un dedo gordo de un pie
por el que quiero morirme
y comienzo a escribirle
con la punta de la lengua,
todo se desliza.
Tu piel se ha vuelto arisca,
últimamente se eriza
con demasiada facilidad
y me aprovecho.

Me he caído ante una piel,
muerdo, saboreo, quiero.
Luego exijo necesitarte,
más tarde ya no hay ropa.
Pero sigo por orden.
Después del dedo gordo,
te memorizo las piernas,
mis manos te conocen demasiado
poco
así que investigo.
Me gustaría decirte
lo guapa que estás,
lo bien que te quedan esos gemidos
pero mejor me callo.
Ando ocupada normalmente
en esta altura del papel.

Unas rodillas que parecen planetas,
y yo que quiero ser un satélite,
rondarte las mil noches
que nos quedan,
creerme todas las mentiras,
ser uno de los poros que coronan tu cuerpo.
Disfruto inventándome un futuro,
y también comiéndote a versos,
hago como que no me duele
y subo dirección norte.
Quizás me haya equivocado y tú estés
en el este.

De todos modos,
te titulé brújula
para no perderme,
horizonte para encontrarme,
mar para bañarme.
Después de ser luna 

me subí por los tejados
a maullarte.
Unos muslos color caramelo.
Te das cuenta,
yo no puedo.
Me gusta caerme dentro de todas las piscinas
que me mojen con miradas,
me gusta verte desde esta posición.
Me gusta ver como te retuerces.

Parece que te estás volviendo loca,
te tiras de los pelos,
la almohada se suicida de envida,
tú la muerdes.
Me muerdes.
Pero paro.

Los altos en el camino son geniales
cuando son tan bajitos
y están tan abajo.

Una vez me imaginé ser meteorito
y caí en tu vientre
llenándome de sudor,
siendo ombligo,
besándote cada caricia,
creyéndome tu centro.

Tus manos se apoderan de mis labios,
dices una y otra vez
"cómo es posible",
yo me niego a contestarte.
Cierro los ojos, vuelo.

Estoy entre tu vientre y tus pechos,
oigo como te late el corazón,
siento tu respiración.
He puesto todos mis sentidos en ti
para que seas lo mejor que he hecho
en mucho tiempo.
Dibujo mi destino en tu barriga,
mis dedos tiemblan,
estoy todo lo nerviosa
que se puede estar.
Miras al techo,
suplicas que no pare
y que pare al mismo tiempo,
con la misma intensidad.
La velocidad dejó de tener sentido
el día que te conocí.

Cada pecho es una duna,
me imagino que soy mar,
tú eres la arena.
Quemas.

Hoy sube la marea
y me refugio entre tu cuello
y tu pelo.
Querría pasarme el resto de mis días
aquí metida.
Me abrazas.
Mis manos siguen persiguiéndote
el placer.
Juegan al escondite con las sonrisas.
Ahora sí que estás cerca.
Mis labios piden a gritos
que te dejes besar.
Tus labios vuelven a ser míos,
respiras tranquila,
yo me calmo.


Un placer.

2 comentarios:

Molly Earnshaw dijo...

no me caben mas palabras que:

UFF


;)

Molly Earnshaw dijo...

porque el ANO no me deja un post?






Sigo amando como escribes
(L)


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.