lunes, 23 de junio de 2008

Tía Lola

Ayer, después de muchos meses, te nombraron como si aun siguieras aquí, en el patio con los perros.
Ayer recorrí toda mi infancia en una sola palabra: Tú.
Estoy tan harta de hablar de mí que necesito soltarte. Que te vayas fuera y poder verte, tocarte, abrazarte.
Podría matarme a base de descripciones de lo suave que era tu pelo antes de la quimio y de lo bonita que siempre fue tu sonrisa. Podría arrancarme todos estos nudos del estómago cuando te pienso y convertirlos en lágrimas. Lo más posible es que lo haga.
Si yo quisiera tú serías el universo. Dejarías de estar en fotos. Fotos que solo me recuerdan que no estás y yo… yo te diría como anécdota que no pude ver la foto que está en el despacho de casa durante meses.
Un día me pareció que sonreías y no pude dejar de mirarte. Luego escribí en un mar de lágrimas lo guapa que estabas vestida de blanco y con esos zapatos rojos que siempre te ponías en las ocasiones especiales.
Me hubiera gustado contarte mientras te acompañaba a hacer la compra, que las clases me van bien, que las mujeres están todas locas y el amor es lo que nos hace vivir. Supongo que porque todos te queremos seguimos aquí, luchando a contracorriente, dejándonos la piel en cada intento de normalizar tu ausencia.
Creo que ya hace como dos años que no estás pero aun sigo escuchando tu risa cuando salgo a la calle. Supongo que no te has ido del todo. Más bien, casi nada.
Estabas ahí cuando le dí mi primer beso a una chica, cuando descubrí el valor del silencio, cuando le dejé de tener miedo al futuro y comencé a tener miedo al pasado.
También a la oscuridad, a veces, cuando me olvido de que estás aquí mismo, conmigo.

Cuando te fuiste te llevaste el brillo de la sonrisa de mi madre, sacaste a pasear las lágrimas de mi padre… Todo el mundo lloró.
Yo no.
Durante un tiempo me sentí culpable por no saber sentir tu pérdida. Por haber llorado ante un abismo de no saber que pasaría y quedarme seca de golpe al verte caer.
Me senté en el escalón de casa, seria. Muy seria. Y solo pensaba en correr. Me imaginaba que salía corriendo de allí, que me asfixiaba, que llegaba hasta el punto de estar flotando. Mis pies no rozaban el suelo, cada vez corría más y más y no quería conseguirte, no te perseguía, simplemente las paredes se me habían vuelto blandas de repente y necesitaba romper con todo.
¿Te rompí?
Supongo que no quise oírte nombrar durante una temporada porque me dolías o porque quería que me dolieras, no lo sé.
Reflexioné mucho.
En el rincón aquel donde solía escribir cosas de la edad. Cosas de todas las edades. Lo cierto es que las malas noticias siempre las lloro ahí. Será que soy una chica de costumbres.
Lloré tu nombre luego, en mi cuarto, sola. Lloré que no estuvieras, que no pudiera verte, oírte, olerte. Lloré que ahora estuvieras lejos, lejísimos. Que te convirtieses en paisaje.
En todos los paisajes, en todas las respiraciones, en todos los pasos.
Te lloré.
Y luego aprendí a verte de otra manera, a hablarte de otra manera. A contarte qué tal me iba y pedirte ayuda cuando algo iba mal.
Estoy segura de que fuiste tú quien me calmo aquella noche la angustia. Seguro que usaste el típico truco del abrazo, del decir que no pasaba nada, del quererme.

No supe aprovechar cada instante y tuve que darme cuenta cuando estabas lejos. En Barcelona.
Luego me di cuenta que eras tú quien unía todos los eslabones que me amarraban a ellos. Ya no estás, ya no hay nadie que me ate.
Si hubieras estado aquí, tía, te habría contado cómo fue que me enamoré de mi primera novia. Te hubiera dado mis poemas para que vieras todo lo que la pude querer.
Quizás no me hubiera atrevido, quién sabe… Pero seguro que te habría explicado mil cosas.
Lo más probable es que si hubiera estado un segundo más contigo, lo hubiera desperdiciado. Nunca se tiene conciencia de que estás perdiendo algo hasta que realmente lo pierdes. Durante ese periodo todos luchábamos con los dedos cruzados.
Pero fue el destino quien se nos cruzó primero.

No supe hacer otra cosa, enserio.
Se me da bien luchar por lo que quiero, pero lo que quería era algo imposible, así que me senté en aquel escalón, sin poder llorar, viendo a la gente en la plaza, las hojas de los árboles moviéndose, niños chillando y yo no supe hacer otra cosa que pensar en que quería correr. El mundo seguía girando y no me había dado cuenta.
Normalmente eras tú quien le daba cuerda. Comprende que no entendiera por qué todo seguía igual sin ti.
Rectifico. Todo seguía igual menos yo.
Menos Nisa, menos mi abuela, menos mi madre, menos todas las palabras que te nombraban en un pasado doloroso y nostálgico.

Y sé que esto no está a mi altura. Ni siquiera tiene altura, pero mil veces me propuse retratarte.
Escribirte que te he echado de menos. Que he llorado por ti, por que vuelvas. Porque me abraces.
Porque en todos los fines de año sigas allí haciendo que la vida sea normal. Por fotografiarte y tenerte cerca, en cada poesía.

Ahora es de noche y las madrugadas siempre traen recuerdos a la memoria.
Y para mí siempre todo es demasiado poco. Tú fuiste demasiado y te tuve poco.
Cuando me vaya a la cama seguramente me pregunte qué es lo que estoy haciendo con mi vida y tú seguramente me responderás que viviéndola.
Te quiero, te necesito y cada latido se me va muriendo en lágrimas.

Pero yo no lloro. Yo jamás lloro.

Ojalá tu hueco se pudiera ocupar pero eras edición limitada. Viniste tú sola y nos llevaste a todos contigo.
Ojalá las ausencias no dolieran.
Ni siquiera el darme cuenta de que tu ausencia ya sea algo normal en mi vida. Me niego.
Yo siempre me niego a las despedidas y más cuando la última palabra siempre es la de alguien que no soy yo.

Cambiaría todo esto, todo lo que soy por una sola tarde contigo. Despidiéndome… o mejor, estando contigo, sonriéndote, hablándote de las mil vueltas que da el universo, de mis broncas con mamá, de mi futuro.
Lo único bueno de esto es que mi futuro siempre serás tú.
Gracias por hacerme sentir tan viva, por dolerme, por hacerme escribirte una y otra vez que sigues aquí. Justo a mi derecha, viendo la noche hacerse día.

Hasta mañana, tía.



1 comentario:

Sacodearena dijo...

Sentimientos similares casi al mismo tiempo.
Nunca imaginas cuando te puede desaparecer, y como duele vivir con eso, hasta que te pasa.
Un beso enana.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.