miércoles, 30 de julio de 2008

Yo, que solo sé no saber.

Yo, la mitad de las veces
uso la misma cantidad de palabras
para decir tres mil cosas diferentes
y nunca suelo entenderlo
hasta que no lo leo un par de veces más.

A todos mis instintos,
les tengo miedo
y sonrío cuando sé
que lo que quiero
está frente a mí,
dejándose ser
en cada roce.

La noche es larga.
Tú más.
Y yo,
que solo me dejé caer,
que continué por no pararme,
que descansé lo justo
y volví a volver.
Yo que no sé…
Ahora sé un poco más.

Suelo morirme de miedo,
de amor,
de ganas.
Y hoy quiero morirme de ti.
Sentir todo y más,
desgastarme,
borrarme,
pintarme,
arañarme.

Yo, escucho música
en la que siempre eres tú la melodía,
miro al cielo buscando el camino
más largo
y más corto,
todo al mismo tiempo,
en el mismo instante.
Ya sabes…
No habrá nada imposible
si me agarras fuerte,
me miras
y me dejas aprenderte
poquito a poco.

Cada vez que la velocidad
me atropella,
acabo vomitando versos,
rasgando labios.
No voy a repartir algo
que solo quiero que tengas tú.
No quiero que todas las letras
suenen
igual,
sean iguales,
signifiquen lo mismo.

Yo, sueño con soñar
contigo.
Con pertenecer a cada huella
que marcas en mi vida.
Con un rincón inmenso,
donde quepamos las dos,
y lo inmenso de nuestro amor.

Porque es diferente,
el camino ya estaba medio hecho,
y ahora cambiar de decorados
nos resulta tan extraño.
Pero me he acostumbrado
a creer en los milagros,
a ver mil estrellas en el cielo
y a mi lado.
A bañarme en abrazos.
Yo he dado la vuelta al mundo
dentro de tus ojos
mil veces,
y me sé cada gesto,
cada lunar de los que me sé.

Los otros…
Regálamelos luego,
cuando tenga sed de ti.
Cuando necesite volver a casa
y solo el mapa de tu piel
me devuelva a la tierra,
sin querer,
de un tropiezo,
de un traspiés.

Yo, que no sabía nada
de nada.
Que eras infinito
porque no te conocía del todo,
que no sabía lo que vale un momento
hasta que apareciste
y fotografiaste mi alma,
la lavaste,
la dejaste secar al sol,
y te la pusiste
como una segunda piel.

Yo, que te quiero,
no quiero dejarlo de hacer.


lunes, 28 de julio de 2008

Imperfeccionistas*

Solo hay una cosa que no soporto en este mundo:

Que cuando algo sea insuperable yo quiera y necesite saber que no hay nada imposible. No hay límites y si los hay, quiero encontrarlos y romperlos como a una hoja de papel.
Quiero más y más, a cada instante. Si este ha sido el mejor segundo del día quiero que el siguiente sea aun más y más increíble y me canso.
Me canso de seguir siendo la mediocridad con patas y quedarme en la mitad de todo.

Ahora lo bueno de esto, es que en la mitad de todo siempre estarás tú, de apellido sublime, dibujándome en la piel precipicios e infinitos tendiendo a nosotras dos.
Funciones que suben y luego por la noche, déjame bajarme hasta el inframundo, a recoger almas, a gritar de desespero que te quiero, que quiero que estés conmigo más tiempo, todo el tiempo.
Y todo ese mal rato… porque si algo es insuperable siempre querré que sea aun más y más genial.

Es terrible saber que algo roza la perfección y solo por ello ya es perfecto y querer agarrar todo ese conjunto de genialidades y tragártelas, empacharte, no saciarme con unas gotas… Necesitar la botella entera.
Emborráchame entonces, déjame vomitando las penas y las glorias, desnúdame y báñame en un mar de ideas frías, asústame y así quizás me sepa a mucho un par de gotas.
Y así quizás no tenga la necesidad de seguir drogándome de ti.
Lo más seguro es que acabarás convirtiéndote en mi delirium tremens.
En mis cien años de soledad y mi mañana soleada. Serás todo eso por que yo lo necesito. Lo quiero. Lo exijo.

Pero sin embargo, me callo, te observo, te miro, te gasto de tanto mirarte. Y con eso, me conformo. Aunque por dentro, desee todo y más.
De todo y muchísimo mejor.

Como los nervios, llevo el inconformismo amarrado a las entrañas, y me da dolor de alma cada vez que la distancia se nos alarga.

Aun así, la palabra amor, siempre me ha quedado demasiado grande.
Los te quiero son cuerditas con las que me sujeto, y los te amo me los robas de los labios cada vez que te atreves. Cada vez que me besas.

Lo bueno de esto es que contigo, ahora, no necesito superarme. No necesito que el siguiente minuto sea mejor que el anterior, porque todos los minutos de mi vida, rozan la perfección, la agarran, se la tragan, se emborrachan de perfección, porque apareciste como siempre, pero ya sabes… mejor.

sábado, 26 de julio de 2008

Nómadas*

Eres nómada de mi piel. Nómada de un mundo, con sus árboles, sus desiertos, sus voces.
Caminas a ningún lugar llegando a todos sitios. Conquistando países, trozos de tierra, de pieles.
Saltas todos los precipicios que se te tropiecen por el camino, eres valiente y te da igual si es un salto al vacío, o un salto desde tus pestañas a mis labios.
De todos modos, yo te sujeto. Siempre.
Dejas huellas, donde quiera que vayas siempre tu tinta, tu saliva, tus miradas seguirán ahí, recordando lo mucho que te gusta recorrer lugares. Quietas.
Y dormir en cuevas si la noche aprieta porque eres nómada. Caminas con palabras como sandalias y clavas cada acento para acampar. Quiero ser tu clavo, tu navaja, y tu salvavidas si un día te ves en apuros.
Quiero que mis brazos te protejan del frío y del viento cuando te vayas lejos y saber siempre que mis caricias serán brisa para el camino, aire moviendo tus cabellos, gotas de sed, para cuando nos ahoguemos.

Los nómadas pueden soportar tempestades, huracanes de arena, huracanes de amor.
Ellos se van cuando se acaba la vida. Se van dejando un rastro, una sombra, una soledad impropia, inhumana.
Eres nómada y paseas por mi corazón a tus anchas. Prueba a quedarte una semana, tal vez, un mes, una vida entera. Prueba a dejarme tu sombra si te vas, a romperme el suelo y plantarme. Hecha tus raíces y luego marchítate.
Eres nómada y lo comprendo, es más, me gusta esa palabra.

Así es como decidí querer ser nómada de ti.
Eres un mundo entero y cada lugar que recorro más me gusta. Eres el infinito desde la punta de tu nariz hasta el final de todo.
Eres nómada y yo también.
Imagínate, entonces, encontrarnos en medio del camino a casa. En medio de todo. Reconocernos y fundirnos para siempre en una palabra.
En un beso, en un abrazo, en una mirada.

La pena de que seas nómada, es que no duras mucho en un lugar, y mis ojos están cansados para seguirte el ritmo. Y aun así… Aquí sigo, siguiéndote.

Siempre, por el sol, el mal tiempo, el frío, el calor, el viento, los nómadas aprenden a sobrevivir. Se curan de espanto en el segundo susto y todo lo superan. Escalan montañas, cruzan desiertos, nadan mares inmensos. Tienen mil capas y jamás se rompen.
Lo guardan todo en una maleta de viaje. En un bolsillo tal vez.
Es quizás el desorden de ese viaje lo que me haya gustado más. Esa mezcla de gestos, sensaciones y emociones o puede que fueras tú la que se quedó clavada en cada recuerdo.

Por seguirte los pasos podría incluso dejar de creer y crear rutinas. Romperé todas las creencias que se caigan antes mis pies, dejaré de tener costumbres y caminos a seguir. Pensar que si empiezo por tus labios… quién sabe dónde podré terminar.
Ojalá no termine nunca jamás.

Pero soy nómada. Soy inmortal.
Tú también. Y caminas dejándome tu olor como señal. Flechas, manos, te quiero y se acabó.
He encontrado un buen puerto donde pasarme las noches mirando al cielo, y los días sumergiéndome entre olas y oleajes.
Hoy quiero llegar hasta tu ombligo. Hoy me dirijo al sur de tus pensamientos. Al sur del mundo. A las antípodas del universo.

Pero sin duda, lo más maravilloso de ser nómada, es poder entender el lenguaje del cielo. Comprender que no somos mucho más de lo que somos, de lo que vivimos y de lo que recogemos. Caminamos recolectando recuerdos, momentos, sentimientos guardados bajo piel. Entendemos que caminar no solo es ir hacia delante, no es simplemente caminar. Es avanzar, ir bocado a bocado comiéndose los kilómetros y aprendiendo que no siempre se es lo suficiente nómada.

Y ahora que me paro a descansar, dibujo en mi cuerpo el camino a casa uniendo lunares.
Y si me pierdo, siempre sabré a donde ir porque hay un cielo inmenso marcando salidas y entradas con miles de estrellas.
Mientras, me imagino que todas esas estrellas caen por mi piel como lluvia.
Me imagino que mientras caigo por tu cuerpo tú caes también por el mío. Y así, con una sonrisa a cuestas, es mucho más fácil caminar, echarse a la mar, saltar al vacío de tu ausencia de cuando te vas un ratito a tomar aire y recuperar fuerzas.

(Y yo que lo planeo todo, rompí el mapa de lo nuestro, para no tenerte escrita en ninguna lista, para que no fueras ninguna parada en la autopista, para que simplemente pudiera sorprenderme sin necesidad de preguntarte.
Hay un mar inmenso de versos en cada rincón y yo, a parte de nómada, soy aventurera.)

¡Buen viaje!



jueves, 24 de julio de 2008

Costumbres y más cosas.

Pero me acostumbro fácil…
O quizás me haya dejado acostumbrar.
No sé.
En todo caso,
tu saliva me resbala los malos días,
y también,
digamos que nos hemos acomodado
en esta parte del colchón.
Que al alcohol lo único que le falta
son tus labios
y a mis día un poco de todo.
Que las noches sean más largas
y que pueda dormir si no es tu cuerpo
la mitad del mío,
pero todo es imposible
si las metas que me marco
están en otras galaxias.
Todo es imposible
si no te veo,
si no te sonrío,
si no me paro.

Y ahora que me paro
he visto caerse de mis labios
todos esos versos
que recojo del suelo
durante el día
para luego regalártelos.
Me he quedado muda
del susto
y el miedo siempre lleva un sin
como las cervezas.

Quiero que tú seas mi calor,
mi frío,
mi tempestad y mi calma.
Que la vida se resuma a tus manos
en mis manos,
a mis dedos
por tu piel corriendo.
A un solo de tu voz
a sola y a oscuras.

Besar del revés
con la vida haciendo el pino.
Cosas de las que solo tú podrías saber
y me miras.
Me comes y me absorbes
en cada pestañear
y yo en persona que no sé…
Que los cuentos
me piden explicaciones
y yo que me dedico a alquilar
corazones
a precio de razones.

Dame una sola
para renunciar a ese sabor.
Solo una
y yo,
entonces,
me tendré que acostumbrar del todo.

A ese crujir de huesos,
a ese pelo entre mis labios,
a esa espalda de mil caminos distintos.

Ahora encontremos la palabra perfecta,
y murámonos en un beso.

Déjame decirte todo eso,
con solo cerrar los ojos,
atropellarte los pensamientos
en cada golpe de labio,
en cada romper de cuerpos.
Somos mar y viento
y quisiera navegarte
durante todas las horas de mi vida
y al mismo tiempo,
irme acostumbrándome
poquito a poco.

Poquito a poco.


martes, 22 de julio de 2008

Ahora, antes y siempre.

Detrás del pasado
siempre quedan preguntas
normalmente sin respuestas,
o muy difíciles de adivinar.
Y creo que eso es lo bonito de todo,
que yo jamás pueda saber que hay detrás
de esos ojos
pero sin embargo,
saberlo todo.

Hoy quise cambiarme
por la Ana de antes.
La chica aquella
que daba todo y más.
La loca enamorada
que tocaba, besaba, amaba
sin cadenas,
sin ataduras,
sin miedos.

Quise hacerlo porque
era lo que realmente te merecías,
tú y tu piel,
tú y tus labios.
Tú y tú y tú,
y nadie ni nada más que tú.

A veces pienso que esto
es un regalo, sabes…
Que era lo que necesitaba,
el camino que debía coger sin querer
queriéndolo con todo mi alma.
Yo que pensaba
que no serías ni tan valiente,
ni tan eterna
y resulta que entre palabras
acabo pecando más yo que tú.
Por eso me llamo poeta,
y lo veo como el mayor defecto.
Por eso odio hablar y pensar en verso,
que todo sea una metáfora,
una ironía,
y un adiós que quise continuarlo
hasta una cama.

Cierra los ojos y confía en mí.
Yo jamás lo haría,
y quizás ese sea el problema,
la ecuación que muestro
y luego temo a que alguien
la resuelva.

Pero qué coño importa un número,
si tú sabes cuando miento,
cuando siento
y cuando pienso.
Si tú me conoces tanto que hasta
me atraviesas.

Y ahora para qué quieres que te diga
que no sé qué decirte.
Si se me amontonan las palabras,
las promesas
y las ideas.
Cómo quieres que piense
si lo único que hago es mirarte.

Te memorizo cada lunar
como si fuera la última vez
que te viera
y me da miedo
que te conviertas en las otras,
en las tantas,
en todas esas madrugadas baratas
y vacías.
Pero no por ti,
sino por mi.
No porque pase de verdad
sino porque todas aquellas
rompieron cada cachito de mi ser
sin darme cuenta.
Y ahora estoy rota.
Tan rota que necesito que me cures.
Necesito que mis palabras
no sean ni las mismas,
ni con la misma intensidad,
ni para esas malditas noches
que no valían ni una milésima
de lo que tú significas en mi vocabulario,
en mi boca,
en mi vida.

Ojala pueda dejar a un lado
todo el escepticismo que tengo guardado,
y sea la Ana que corre veloz,
intentando aprenderse de memoria
todos los susurros del viento
para luego,
cuando nos callemos,
cantártelos en formato cariño,
en formato beso,
en formato
te
quiero.

Y no quiero morir por la voz,
no quiero morir de apellido poeta,
no quiero romper cada pasito que hemos dado
hasta llegar hasta aquí…
Donde tú me sabes
y yo te intento.

Y ya está…


domingo, 20 de julio de 2008

Constelaciones y universos*

Han caído como millones
de gotas
desde que te conocí
pero jamás puede ver
dos constelaciones acuáticas
tan perfectas
como nosotras dos.

Me quise dejar de imaginar
cada paso dado
y los falsos también,
y así fue como terminé
tropezándome
en la torpeza de mis miradas.
Y fue realmente bonito
imaginarse una galaxia
hecha de lunares
y elegir uno para mi sola,
para poder besarlo mientras
cierras los ojos.

Puede que seamos inmunes
al humo,
o puede que ya nos hayamos drogado
antes de salir de casa
entre abrazos y caricias.

En todo caso,
el caso es que
no me canso.

Somos todo y un poco más,
un poco de todo,
y de todo un poco.
Somos labios,
secretos,
y deseos
que no siempre se cumplen.

He descubierto
después de años de insomnio
que mi problema
es que no puedo dormir sola.
Y nuestros cuerpos entre
las sábanas
quedan mejor que cualquier
fotografía.

Somos el infinito
dentro de un cuarto relativamente
pequeño.
Nuestros límites se extienden
tanto como nuestro brazos.
Somos absurdos lógicos
al borde de cualquier final,
de cualquier mundo.

Anoche, mientras se hacía de día,
deseé que ese fuera el único sitio
donde querría estar
si muriera.

Tú ya sabes como me gusta morirme a mí…

Entre explosiones
y agujeros negros que nos absorben.
Estamos lejos de todas las dimensiones
existentes
y no tenemos ni nombre
ni límite.

Tú serás el palacio más lindo
jamás construido,
y yo recorreré cada habitación
buscándote,
palpándote,
queriéndote.

Como siempre,
como nunca,
y para siempre.


jueves, 17 de julio de 2008

Silence, please.


El mundo se acaba.
Y qué?
Tú también y nadie dijo nada.

miércoles, 16 de julio de 2008

La Cuentista :)

Aquella chica era flaca. La chica más flaca que yo había visto en toda mi vida. Sus brazos eran flacos, su barriga era flaca, sus piernas eran flacas. Todo su cuerpo se estiraba como un espárrago y aun así me encantaba abrazarla.
Lo único que no era delgado en su cuerpo era su boca, donde se esbozaba en un noventa por ciento del día, sonrisas de más de dos kilómetros de distancia.
Además de todas esas particularidades, su voz era genial.
Pero lo mejor de aquella chica flaca, de brazos flacos, de barriga flaca y de piernas flacas, era su forma de contar cuentos.
Ella se sentaba en un rincón, cogía un bolígrafo, una vieja libreta y comenzaba a dibujar el camino más bonito a la fantasía y a los sueños.
A mi me hubiera gustado ser cada huella de esos cuentos, pero simplemente me limitaba a escucharlos, que ya era más que suficiente. Y además como por arte de magia, mil dibujos aparecían entre mis ojos. Si ella decía azul, mis ojos se convertían en cielo y si ella decía montaña, en mis ojos se escalaban cimas.

Ella, poco a poco, se iba convirtiendo en la protagonista de todos esos cuentos. Dejaba que su príncipe azul la rescatase escalando por sus largos cabellos, y luego perdía siempre el mismo zapato de cristal en el último baile antes de las doce.
Lo que nadie supo es que después de marcar el término de un día, aquellas agujas de reloj veían a la misma princesa de siempre, con esa sonrisa kilométrica y con las manos manchadas de tinta.

De mayor quería ser cuentista y que todos los niños la escuchasen con los ojos como platos y las orejas en forma de antenas.
Quería que los mayores también jugasen a ser pequeños y a divertirse con una mueca.
Quería que el mundo fuera realmente un mundo.

Siempre fue la música que mejor sonaba en las fiestas, la marea subiendo y bajando, la risa tonta porque han dicho una tontería y luego… te sonreía y el mundo se te podía venir abajo que ella te salvaría. Y lo sabías porque confiabas en ella.
Tantos sermones tenían que servir de algo.
También era genial dando consejos cual madre, aunque eso ya no gustase tanto como un cuento, la verdad, pero se sentía bien cuando era ella quien tenía la razón y no tú. Si hubiera sido así la vida ya sería algo más que un caos divertido.

Aquella chica flaca, de brazos flacos, de barriga flaca, y de piernas flacas, se tituló a sí misma La Cuentistas. Así fue como se hizo famosa La Cuentista. Haciendo que el mundo fuera un cuento de verdad, con sus mil deseos entre los dedos, y letras con sabor a naranja-limón.

Yo solo me limito a hacerla sonreír, porque no sé si lo había dicho ya pero lo único que no era flaco en su cuerpo era esa enorme sonrisa de dos kilómetros de distancia que aparecía cuando me estaba ahogando en mil historia feas y aburridas, no como las de ella. Esa enorme sonrisa blanca y reluciente que apareció un día de casualidad, mientras pedía el último deseo del día:

Hacer una nueva amiga. Una amiga de verdad.

Y apareció ella. Yo no creo en estas cosas pero fue divertido hacer una excepción.
La Cuentista ahora me lee cuentos mientras yo embelesada me la imagino correteando por una playa, haciendo esos extraños dibujos en la arena, y siendo el alma y la pasión de cada letra.

Esa es la maravillosa y genial historia de La Cuentista.

martes, 15 de julio de 2008

Con.tratos


-Hagamos un trato.
-De acuerdo ¿de qué se trata?
-Tú me vas a querer todo el rato.
-¿Ese es el trato?
-Y yo te voy a querer todo el rato. Cuando yo deje de quererte, tú dejarás de quererme.
-¿Así de simple?
-Simplísimo, solo que yo no te voy a dejar de querer jamás.
-¿Jamás?
-Jamás.
-Vale
-¿Vale?
-Sí.

Me firmó por toda la piel besos que decían sí. A todas horas sí. Siempre sí.

Y luego se marchó.
Dejó algo de perfume para cuando me fuera a dormir y su hueco en la cama. Se llevó casi toda la ropa de los tres cajones de los que se había apropiado y cogió también su cepillo de dientes.
En mi peine aun quedaban sus cabellos recordándome que los tratos nunca se deberían romper.
Aquella tarde, ella rompió algo más que un trato.

-¿Por qué te vas?
-No quiero estar aquí.
-Yo tampoco.
-Entonces vete tú también.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Aquí están todas mis cosas, mis recuerdos, mi vida.
-¿Y no te cansa?
-No.
-Entonces no quieres marcharte.
-No puedes irte.
-¿Por qué?
-Hicimos un trato.

Ella se calló. Me miró. Su última mirada. Luego sentenció:

-Yo no firmé ningún papel.

Yo me callé porque no sabía como decirle lo que luego escribí por toda mi piel, por toda mi habitación, por todas las calles donde paseé a su lado.

Un beso vale más que cualquier contrato.
[Foto viejísima, por cierto.]

lunes, 14 de julio de 2008

Paciencias.

Quizás me gastara la paciencia.
Esperé noches por su voz, incluso esperé el doble de lo que soy capaz de soportar. Hiciera frío o hiciera calor, la esperé con toda mi alma, con todo mi amor.
Lo bonito de esto es que sé que lo sabía hasta que dejamos de saberlo.
Ahora supongo que serán épocas de recuerdos, de no querer llorar mientras te secas las lágrimas, mientras te sientes ridícula ante una pantalla ante la que te muestras inmensa.
Me la gastó, o quizás me la robara. En cualquier caso, dejé de insistir por las cosas. Por mucho que pidiera y rogara a un cielo nublado de promesas, por mucho que volviera a creer en eso, en aquello, en todo.
Yo siempre me marco una meta, y sea como sea siempre llego, siempre cruzaré esa línea.
Me borraste como el viento se lleva las palabras, las hojas, los apuntes. Borraste esa línea de tiza y marcaste una cruz en mi pecho.
Fuera de juego, al margen, entre la espada y la pared, en la salida.
Juro que me cansé de pedir todas las noches a las estrellas que te dibujaras en mi piel haciendo sonrisas en las sábanas, y juro que jamás pensé llegar a estos límites.

A lo mejor seas esa clase de agujeros negros que no paran de chuparte la vida, de destrozarte las esperanzas y de hacerte creer que hay un final feliz para todas las historias.
Que pena que yo estuviera siempre en standby. Que pena.

Quizás me gastara la paciencia esa enana de pelo rizado y ojos de mil dibujos, o quizás fuera que gracias a ella aprendí a cuidarme un poquito. A decidir cosas que no fueran buenas en principio.
Los beneficios a la larga suelen ser mucho mejores pero como duelen, como arañan, como lastiman al principio.

Jamás te lo dije, pero me hubiera gustado pasar tan solo una tarde mirándote a los ojos, sonriéndote, siendo libre entre humo y ruido.
Y si no fantaseé con la idea de tenerte en mente siempre es porque sabía que a mi la paciencia no me suele durar mucho ya…
Y es una pena… Mira que pena… me muero de la pena.

Llorar a medias no es mi estilo. Esto no es mi estilo.

Adiós.

sábado, 12 de julio de 2008

GotitasGemelas*

La verdad y nada más que la verdad es que sin ti a mi corazón le falta una esquinita, a mi boca un par de sonrisas y a mi garganta unas cuantas carcajadas.
Eres la distancia más corta cuando estás lejos y un agujero enorme que se me hace entre pecho y espalda al pensar que te irás y volverán a pasar siglos antes de que te vea de nuevo.
Una vez te tatué bajo mi piel y es de lo único en toda mi vida de lo que no me arrepiento. Siempre que llueve me acuerdo de ti, cuando miro los charquitos en la calle y gotitas haciéndolos crecer, como nuestro amor.
Es maravilloso saber que existe en el mundo alguien tan genial, con la que el tiempo se destroza y las horas pasan lentas cuanto mejor nos lo pasamos… eso es algo realmente maravilloso.
La verdad y nada más que la verdad es que cada día doy gracias porque se haya topado conmigo una naranjota enorme que se hace chiquitita entre mis brazos, y me sabe a desayuno, a tarde de verano y a miradas.
Aun tenemos muchas caladas que darles a la vida, muchísimas calles que caminar juntas, cantidad de fotos donde demostrarnos que lejos es un palabra no bienvenida en nuestras bocas.
Y te quiero, y por eso soy tan feliz cuando sé que lo sabes, cuando sabes que lo sé, cuando lo sabemos.
Siempre.

Imagínate que de todas las gotas que hay en el mar, dio la casualidad de que fuimos a coincidir, incluso estando tú en el Mediterráneo y yo en el Atlántico.
Quizás fuera una simple casualidad…
Bendita casualidad.

Te quiero Gotita Gemela.

miércoles, 9 de julio de 2008

Sometime...

A veces
y solo a veces
tu nombre me da frío.
Siento una soledad impropia
de una tipa como yo
y me estremezco.
Me hago infinitamente pequeña
cuando hasta mis pestañas
tiritan
por la falta de ti(nta)
que entre tú y yo…
es casi lo mismo.

Debería desabrocharte de mi vida,
arrancarte cada promesa
con los dientes
y dejar en la mesilla de noche
los sueños del antes
y los porqués del después.
Pero una mirada basta
para desgastarme
por cada beso imaginado,
y me sabes amarga muchas,
muchísimas más veces
de lo que yo quisiera.

Así que escribo en el cielo
que me dueles
una y otra vez
y te borro
una y otra vez
para no tener que recordarte.
Y me encantaría enamorarme,
dejar de creer que debes saber genial,
que tu pelo y que tus manos…
Pero aquella noche te describí
el mejor paisaje en verso
y desde entonces
eres tatuaje
por cada uno de mis lunares.

Siempre serás el trocito de canción
donde la sonrisa más se estira
y siempre querré todas esas cosas
de las que me suelo negar
hasta a mi misma.

No pienso llamarte regalo,
jamás serás el mejor envoltorio,
ni la mejor caja de bombones
pero tienes ese no sé que.
Ese querer saber cada vez menos
para aprender más de ti.

Hace tiempo que lo perfecto
se escurrió un domingo
por el sumidero
y desde entonces
he dejado de creer en Dios,
en la televisión
y en el amor,
pero a veces y solo a veces,
tu nombre me da escalofríos.

lunes, 7 de julio de 2008

Noches

El asfalto quemaba aun siendo las nueve de la mañana. Había estado toda la noche mirando al cielo y no me di cuenta de que amanecía. La luna seguía allí, mirándome. Nos habíamos enamorado.
Al ponerme en pie, me crujieron varios huesos. Estaba demasiado vieja para la edad que todo el mundo me echaba. Todo el mundo se equivocaba.
Al caminar sentí como el plástico de mis zapatos se derretía poco a poco, dificultándome el poder avanzar.
En los balcones de las casas había gente durmiendo. El calor era insoportable y además, aquella noche fue “la noche”.
Me sumergí en unos ojos de color verde durante varios segundos, luego me di cuenta de que nadie podría ser el amor de mis días. La luna estaba demasiado lejos, era tímida y además no tenía ni ojos, ni brazos, ni labios, ni corazón.
Pensé que construyendo una escalera hasta ella podría al menos comprobar todas aquellas suposiciones, pero ni había suficiente madera en el mundo ni suficiente valentía en mi cuerpo como para escalar semejante altura.
Me iba a morir sin saber si ella era la única, así que decidí morderle la vida a todas las sonrisas que se me pusieran por delante. Sin complicaciones, nada de miedos pre y pos beso. Nada de pensar en la cara oculta que jamás descubriría de una luna demasiado alta.
Nada de eLe U eNe A.

No quise ir a mi casa. No encontraba el sentido que tenía el llegar a mi casa y desmoronarme ante unos recuerdos. Ante una ventana que me mostraba siempre la imposibilidad de los hechos.
Lo nuestro era un amor de mentira. Solo nos podíamos amar doce horas, de noche, con frío y sueño.

Pero por ella yo hubiera hecho cualquier locura.


viernes, 4 de julio de 2008

Bonitas maneras...


Aunque el mundo
se esté acabando
porque nos quedamos
con un poco en cada beso.
Aunque los días se nos cuenten
entre los dedos
ellos solos.
Aunque los permisos estén de más
cuando te echo de menos.

No se me ocurre mejor manera
que dedicarme por entero
a lo que mejor hago.
Hacerte a ti entre líneas
llenas de mensajes secretos
con olor a libertad,
a guitarra,
y a paisaje
y aunque siempre me quedes lejos,
aunque todo se vaya a acabar,
por no sé que cosa de agujeros negros
yo solo pienso en imaginarme
que son tus pupilas
cuando me vas a besar.

Es una eternidad entre manos,
juegos
y equivocaciones del momento.
El amor y esas tonterías,
las luces de las futuras navidades,
los paseos de la mano de ese alguien.
Quizás seamos muy poetas
para estos versos.
A lo mejor es el calor
que me da por romperme el cariño
y aun así no se me quitan las ganas
de amarrarte en mil abrazos.

Y soy conciente de cada imaginación
antes de irme a dormir.
Que solo eres uno de esos bonitos sueños
donde todo es perfecto,
incluso esas manías tuyas
o esas tonterías mías.
Somos un buen conjunto,
una orquesta hecha de pieles
que solo desean,
desean eso.

Besos.
Atrapada entre cuerpos,
contra paredes,
en calles y callejones,
entre sonrisas
que son los que mejor saben.
Luchando por conquistarte
cada una de todas esas partes
que solo sería capaz de descubrir
si bajas la guardia,
si me da por atacarte
y sin que te des cuenta…
He creado el cuadro más bonito
entre tu espalda y tu cuello
y juego a resquebrajarme
por una sola mirada.
Porque me dediques un buenos días,
y un que descanses.

Puede que seas el momento
perfecto.
Puede que no me equivocara
al decir lo mucho que me estoy equivocando.
Puedo que quiera ser dueña y señora
de tus madrugadas.

O también puede que no…

En todo caso,
haces de mi, de esto,
lo mejor del mundo,
que aunque se esté acabando…
Sigues estando para cuando
tenga frío y esté llorando.

No me voy a creer
nada que caiga en jueves,
ni tampoco planes que planean
ataques de soledad.
Solo voy a dejarme caer un día de estos
por cada uno de tus huecos
y ya luego,
si eso…
Hablaremos.


Suficiente*

Suficiente es un plan a largo plazo, unos brazos por la noche buscando calor y algo de cariño, es despertarse sabiéndolo todo sobre esos labios que te son irresistibles de pensamiento y pecados capitales sin fecha de caducidad.
Suficiente es un basta, un adiós con un hasta mañana de la mano, es un cine, unas hojas en otoño y una sonrisa tras la bufanda.
Suficiente es ese sueño con el que deseas dormirte cada noche y no despertar jamás, una nota que le queda perfecta a su piel, y mil gotas de lluvia rozando las carcajadas. Es mojarse, tirarse a la piscina y no importar el resto. El resto jamás importa.
Suficiente es eso... ese beso que lo rompe todo... el silencio, el dolor, la soledad. Es una canción con la que te dejas dormir sonriendo, y no paras de escuchar todo eso que querrías que fuera cierto. Suficiente es esa mitad que te falta y que jamás te sobra. Esa mitad que te queda perfecta con cualquier cosa. Que te quiere porque sí, porque te sabes reír mejor que los demás, porque vives cada momento con intensidad, porque sabes lo que es estar ahí abajo y lanzarte una mano, un pie, y todo el cuerpo para salvarte.
Eso es suficiente.
Y muchas cosas más que sobran, llenan y estorban...

jueves, 3 de julio de 2008

In the middle


Sinceramente no buscaré
más excusas donde esconderme.
No más alcohol que me sonría,
no más humo que me amarre.
De hecho voy a dejar de salir,
de beber,
de ir de bares,
de lo mismo de siempre.

Aunque prescinda
de esa adrenalina que provocas
en cada una de mis pulsaciones.
No me voy a aburrir más
sin ti
porque es lo que he hecho toda mi vida.
Vivirla o muy despacio
o muy deprisa
y así es imposible sacar algo en claro.
Es imposible pensar
en otra cosa que no seas tú,
una estúpida en medio de un camino
que yo, otra estúpida
decidió andar descalza.

Y me hago daño,
y me duele cada paso,
por eso me propongo ser buena chica,
no hacer nada malo
pero termino convenciéndome
de que soy una bestia,
sin dignidad,
sin alma
y luego al llorar…

Sí.
Demasiado mayor para estas cosas
y demasiado pequeña para otras tantas.

Y me jode que no siempre
se pueda hablar de amor,
de primeras vistas,
de primeros besos perfectos.
Me martiriza el saber que mi mundo
es demasiado rosa
para las guerras y las balas
de esta esfera…

Por eso
mi mundo sin duda
sería cuadrado,
para llorarte en las esquinas.
Y gritar que me han roto
el corazón
las mismas veces que he reído.
Porque me dejo llevar,
y en realidad me da igual el miedo
a las alturas, es más,
me gusta(s).
Y sueño cada noche
en soñarte cada día
y recorro todas las distancias
que me pidas,
(tú o cualquiera)
para compartir dolores,
saliva,
y desastres.

Si por mí fuera,
sería cada una de las gotas
que te mojan en la ducha,
cada trozo de tela que te abriga,
cada nota de todas esas canciones
que escuchas.

Pero no.
Es todo una mentira bien hecha,
porque se me da de miedo
caerle bien a la gente
y luego caerme
en cualquier tropiezo.

No voy a cambiarme por nada
que no sean besos,
pero sin embargo…
Mírame, estoy en tu bolsillo
de nuevo.
Una cara y una cruz,
una mañana y una tarde,
una raya en el medio,
yo en el centro
y tú al otro lado.

Y aunque los extremos sean malos…
Aquí estoy yo,
luchando para no quedarme
a mitad de camino.
No lo soportaría.
No quiero soportarlo.

¿Y tú?


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.