sábado, 26 de julio de 2008

Nómadas*

Eres nómada de mi piel. Nómada de un mundo, con sus árboles, sus desiertos, sus voces.
Caminas a ningún lugar llegando a todos sitios. Conquistando países, trozos de tierra, de pieles.
Saltas todos los precipicios que se te tropiecen por el camino, eres valiente y te da igual si es un salto al vacío, o un salto desde tus pestañas a mis labios.
De todos modos, yo te sujeto. Siempre.
Dejas huellas, donde quiera que vayas siempre tu tinta, tu saliva, tus miradas seguirán ahí, recordando lo mucho que te gusta recorrer lugares. Quietas.
Y dormir en cuevas si la noche aprieta porque eres nómada. Caminas con palabras como sandalias y clavas cada acento para acampar. Quiero ser tu clavo, tu navaja, y tu salvavidas si un día te ves en apuros.
Quiero que mis brazos te protejan del frío y del viento cuando te vayas lejos y saber siempre que mis caricias serán brisa para el camino, aire moviendo tus cabellos, gotas de sed, para cuando nos ahoguemos.

Los nómadas pueden soportar tempestades, huracanes de arena, huracanes de amor.
Ellos se van cuando se acaba la vida. Se van dejando un rastro, una sombra, una soledad impropia, inhumana.
Eres nómada y paseas por mi corazón a tus anchas. Prueba a quedarte una semana, tal vez, un mes, una vida entera. Prueba a dejarme tu sombra si te vas, a romperme el suelo y plantarme. Hecha tus raíces y luego marchítate.
Eres nómada y lo comprendo, es más, me gusta esa palabra.

Así es como decidí querer ser nómada de ti.
Eres un mundo entero y cada lugar que recorro más me gusta. Eres el infinito desde la punta de tu nariz hasta el final de todo.
Eres nómada y yo también.
Imagínate, entonces, encontrarnos en medio del camino a casa. En medio de todo. Reconocernos y fundirnos para siempre en una palabra.
En un beso, en un abrazo, en una mirada.

La pena de que seas nómada, es que no duras mucho en un lugar, y mis ojos están cansados para seguirte el ritmo. Y aun así… Aquí sigo, siguiéndote.

Siempre, por el sol, el mal tiempo, el frío, el calor, el viento, los nómadas aprenden a sobrevivir. Se curan de espanto en el segundo susto y todo lo superan. Escalan montañas, cruzan desiertos, nadan mares inmensos. Tienen mil capas y jamás se rompen.
Lo guardan todo en una maleta de viaje. En un bolsillo tal vez.
Es quizás el desorden de ese viaje lo que me haya gustado más. Esa mezcla de gestos, sensaciones y emociones o puede que fueras tú la que se quedó clavada en cada recuerdo.

Por seguirte los pasos podría incluso dejar de creer y crear rutinas. Romperé todas las creencias que se caigan antes mis pies, dejaré de tener costumbres y caminos a seguir. Pensar que si empiezo por tus labios… quién sabe dónde podré terminar.
Ojalá no termine nunca jamás.

Pero soy nómada. Soy inmortal.
Tú también. Y caminas dejándome tu olor como señal. Flechas, manos, te quiero y se acabó.
He encontrado un buen puerto donde pasarme las noches mirando al cielo, y los días sumergiéndome entre olas y oleajes.
Hoy quiero llegar hasta tu ombligo. Hoy me dirijo al sur de tus pensamientos. Al sur del mundo. A las antípodas del universo.

Pero sin duda, lo más maravilloso de ser nómada, es poder entender el lenguaje del cielo. Comprender que no somos mucho más de lo que somos, de lo que vivimos y de lo que recogemos. Caminamos recolectando recuerdos, momentos, sentimientos guardados bajo piel. Entendemos que caminar no solo es ir hacia delante, no es simplemente caminar. Es avanzar, ir bocado a bocado comiéndose los kilómetros y aprendiendo que no siempre se es lo suficiente nómada.

Y ahora que me paro a descansar, dibujo en mi cuerpo el camino a casa uniendo lunares.
Y si me pierdo, siempre sabré a donde ir porque hay un cielo inmenso marcando salidas y entradas con miles de estrellas.
Mientras, me imagino que todas esas estrellas caen por mi piel como lluvia.
Me imagino que mientras caigo por tu cuerpo tú caes también por el mío. Y así, con una sonrisa a cuestas, es mucho más fácil caminar, echarse a la mar, saltar al vacío de tu ausencia de cuando te vas un ratito a tomar aire y recuperar fuerzas.

(Y yo que lo planeo todo, rompí el mapa de lo nuestro, para no tenerte escrita en ninguna lista, para que no fueras ninguna parada en la autopista, para que simplemente pudiera sorprenderme sin necesidad de preguntarte.
Hay un mar inmenso de versos en cada rincón y yo, a parte de nómada, soy aventurera.)

¡Buen viaje!



1 comentario:

Anónimo dijo...

esta es la cosa mas bonita de entre todas las cosas bonitas. me encanta sabes porque me has plasmado. nunca nadie me habia escrito asi. nunca me habian d.escrito asi. tal vez porque nunca nadie se habia detenido a observar mis movimientos. o tal vez yo no me quede el suficiente tiempo como para saberlo. soy nomada :) y soy feliz asi! espero llevarte en el bolsillo mucho tiempo. por lo menos hasta que huelas mal! te quiero desde el ombligo hacia dentro :)


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.