lunes, 7 de julio de 2008

Noches

El asfalto quemaba aun siendo las nueve de la mañana. Había estado toda la noche mirando al cielo y no me di cuenta de que amanecía. La luna seguía allí, mirándome. Nos habíamos enamorado.
Al ponerme en pie, me crujieron varios huesos. Estaba demasiado vieja para la edad que todo el mundo me echaba. Todo el mundo se equivocaba.
Al caminar sentí como el plástico de mis zapatos se derretía poco a poco, dificultándome el poder avanzar.
En los balcones de las casas había gente durmiendo. El calor era insoportable y además, aquella noche fue “la noche”.
Me sumergí en unos ojos de color verde durante varios segundos, luego me di cuenta de que nadie podría ser el amor de mis días. La luna estaba demasiado lejos, era tímida y además no tenía ni ojos, ni brazos, ni labios, ni corazón.
Pensé que construyendo una escalera hasta ella podría al menos comprobar todas aquellas suposiciones, pero ni había suficiente madera en el mundo ni suficiente valentía en mi cuerpo como para escalar semejante altura.
Me iba a morir sin saber si ella era la única, así que decidí morderle la vida a todas las sonrisas que se me pusieran por delante. Sin complicaciones, nada de miedos pre y pos beso. Nada de pensar en la cara oculta que jamás descubriría de una luna demasiado alta.
Nada de eLe U eNe A.

No quise ir a mi casa. No encontraba el sentido que tenía el llegar a mi casa y desmoronarme ante unos recuerdos. Ante una ventana que me mostraba siempre la imposibilidad de los hechos.
Lo nuestro era un amor de mentira. Solo nos podíamos amar doce horas, de noche, con frío y sueño.

Pero por ella yo hubiera hecho cualquier locura.


2 comentarios:

Molly Earnshaw dijo...

no alcanzas la luna
porque eres una estrella.:)

Trouble dijo...

Ana reciclada 7.beta
JA!


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.