lunes, 14 de julio de 2008

Paciencias.

Quizás me gastara la paciencia.
Esperé noches por su voz, incluso esperé el doble de lo que soy capaz de soportar. Hiciera frío o hiciera calor, la esperé con toda mi alma, con todo mi amor.
Lo bonito de esto es que sé que lo sabía hasta que dejamos de saberlo.
Ahora supongo que serán épocas de recuerdos, de no querer llorar mientras te secas las lágrimas, mientras te sientes ridícula ante una pantalla ante la que te muestras inmensa.
Me la gastó, o quizás me la robara. En cualquier caso, dejé de insistir por las cosas. Por mucho que pidiera y rogara a un cielo nublado de promesas, por mucho que volviera a creer en eso, en aquello, en todo.
Yo siempre me marco una meta, y sea como sea siempre llego, siempre cruzaré esa línea.
Me borraste como el viento se lleva las palabras, las hojas, los apuntes. Borraste esa línea de tiza y marcaste una cruz en mi pecho.
Fuera de juego, al margen, entre la espada y la pared, en la salida.
Juro que me cansé de pedir todas las noches a las estrellas que te dibujaras en mi piel haciendo sonrisas en las sábanas, y juro que jamás pensé llegar a estos límites.

A lo mejor seas esa clase de agujeros negros que no paran de chuparte la vida, de destrozarte las esperanzas y de hacerte creer que hay un final feliz para todas las historias.
Que pena que yo estuviera siempre en standby. Que pena.

Quizás me gastara la paciencia esa enana de pelo rizado y ojos de mil dibujos, o quizás fuera que gracias a ella aprendí a cuidarme un poquito. A decidir cosas que no fueran buenas en principio.
Los beneficios a la larga suelen ser mucho mejores pero como duelen, como arañan, como lastiman al principio.

Jamás te lo dije, pero me hubiera gustado pasar tan solo una tarde mirándote a los ojos, sonriéndote, siendo libre entre humo y ruido.
Y si no fantaseé con la idea de tenerte en mente siempre es porque sabía que a mi la paciencia no me suele durar mucho ya…
Y es una pena… Mira que pena… me muero de la pena.

Llorar a medias no es mi estilo. Esto no es mi estilo.

Adiós.

2 comentarios:

Molly Earnshaw dijo...

si quieres yo puedo prestarte un poquito pequeño de mi paciencia, que parece que ahora tengo mucha, aunque antes nunca la tuviese.
Te dejo la que quieras si me das un poco de tu coraje, aunque en realidad, no lo quiero. Porque creo que no tengo la fuerza que tu tienes para decir que no a lo que me daña.
Si eso yo te digo un par de mentiras al oído para que tengas paciencia conmigo.
No llores a medias, no llores. Así ya será tu estilo.

Te quiero
en exeso

Molly Earnshaw dijo...

Paciencias las que me faltan por las noches cuando no estás joder!


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.