sábado, 30 de agosto de 2008

Lugares*


Y descubrió cual era su verdadero lugar...
A L L Í
En el aire. Entre el aire. Por el aire.

sábado, 23 de agosto de 2008

La casa por la ventana y yo aun dentro.


Fumo en mi habitación por cuarta vez en mi vida.
He leído algo maravilloso hace ahora un par de minutos y pienso al mismo tiempo que cómo mi madre se entere de que estoy fumando de nuevo… pero he cerrado la puerta con llave. Como cuando hago algo y no quiero que nadie me vea.
O como cuando quiero que se enteren y no al mismo tiempo.
Para mí, una persona maniática donde las haya, cerrar las puertas es imprescindible.
Lo malo de esto es que no sólo cierro las puertas de madera, las que se tocan, las que son de verdad, sino que tengo la genial manía de cerrarme yo misma, y conmigo, todas mis puertas.
A día de hoy solo existe una persona que posea la llave universal de mis puertas. Ella entra y sale como y cuando le da la gana. Porque, y aunque ya no sea la de antes, yo se lo permití una vez. Y esa vez sirvió para toda la vida.
A lo mejor, y no me las quiero dar de creída, yo también tenga su llave universal.
Y el secreto para duplicar esa llave es simplemente el tiempo y la paciencia. Entenderme no es fácil y más teniendo en cuenta que yo no sé expresarme muy bien.
Hacen falta días, enfados y alegrías.
No sé si puedes comprender porque digo lo que digo, que tú no me conoces del todo porque yo no te dejo abrir según que puertas porque no debe ser de ese modo. Una no debe pretender entrar en casa por la ventana, porque aunque mi casa no tiene rejas, están muy altas.
Las cosas se hacen poquito a poco, y hay habitaciones a las que solo se entra de una manera, en un momento donde te quedarás para siempre. Y yo necesito también alquilarte una habitación, porque si tú entras, yo me quedo fuera.
Así es el amor.
Y me estoy viendo con lo puesto, en la puerta de mi casa, esperando a que se abra y salgas o quizás y lo que es más probable que esté esperando, es que tú me des al menos una habitación en la tuya. Me da igual que no haya vistas impresionantes porque soy una chica de interiores si tú me lo pides, y ordenada si es preciso.
El amor es cambiar de hábitat, cambiar costumbres, modos de colocar la ropa en los cajones, el champú, que no es de la misma marca, pero huele a ti.
Es, para que te hagas una idea, como vivir en un hotel maravilloso, y según pase el tiempo, yo me voy convirtiendo en cliente, empleado, alfombra de baño o lo que tú me pidas, pero las estrellas te las pongo yo. Eso debe quedar clarísimo.

Tú estás dentro, lo que no quiere decir, que puedas abrir todas mis puertas. Recuerda que no tienes esa llave universal. No dio tiempo. Ni se me ocurrió.
Lo primordial siempre debe ser la confianza. Una confianza infinita. Como cuando te veo y también veo cada uno de tus pensamientos. Pero no los veo. No dio tiempo.
Ahora estás atrapada, o te tengo atrapada o estoy atrapada en ti. No lo tengo muy claro aun. Lo único que tengo claro es que no quiero escapar, no quiero tomarme una seta que me haga diminuta como a Alicia en el País de las Maravillas, ni quiero hacerme inmensa y destrozarte el decorado.
Por cierto, me encanta el color de tu casa.
Te felicito porque lo has hecho muy bien, cada cosa en su sitio pero aun temo que sean hologramas.
Me temo porque me gusta mi casa, estar en ella, fumar en ella, bañarme en ella, y cuando no pertenezco a un lugar me descoloco. Me gusta como te sienta a ti tu gel de ducha, tu ropa, pero no es mi casa hasta que tú no me digas que es mi casa. Así es como me siento. Fuera de lugar, inmigrante por vocación. Porque es el amor y no otra cosa.
Para mí ya no hay más cosas.
Una vez me haga el tejado, los cimientos se me olvidan. No los veo y tampoco los quiero ver.
Me gusta caerme escaleras abajo porque has tocado el timbre y quiero verte ya, de inmediato, ni antes ni después. Ya.

Pero las llaves las tienes tú y no te puedo abrir hasta que tú no me abras.

Y te quiero y quiero que tengas esa llave universal, pero el problema es que no siempre vas a estar. No creo que quieras tenerla. No de esa manera.
Y yo me muero por oler tu champú, por ser las sábanas que te arropan cuando hace frío, quiero ser cada baldosa que pisas. Quiero ser el principio sin final pero empezamos al revés.

Y ahora es cuando tiramos la casa por la ventana porque ni tú sabes donde has puesto las llaves, ni yo sé como se abre el agua caliente en la tuya.

Te quiero.
Del revés, del derecho, desnuda, con mil capas de ropa, en mi casa y en todas mis habitaciones, para siempre y como nunca.
*

miércoles, 20 de agosto de 2008

Medias vidas y tintas enteras


Yo no sé escribir
borracha,
no sé beber mientras
camino,
no se caminar a
oscuras.
Solo sé ver con los ojos
cerrados.
Verte de verdad, como
siempre.

Yo siempre
sueño
con castillos en el
cielo
y siempre quiero
volar
para poder desaparecer
a veces
cuando quiero estar más
cerca
y lo estoy.

Pero no de esa manera.

Escribo
porque es como único me
entiendo
y a veces ni eso
pero
sonríes y juro que nada tiene
sentido.

Para qué quiero saberme si solo
respiro,
si mi simpleza me hace vivir
bien,
que no del todo genial.

Y se me olvidó contártelo
todo
desde el principio y por eso
termino
diciendo que no pienso en nada.

En ti.

En el resto.

Yo me muero por morirme
sonriendo,
vivo por rozar
oportunidades
con los dedos.

Necesito como droga
amor
y música
y cerveza.
Necesito que entiendas
que no hay más maneras,
pero si mil formas
y yo en este instante
solo puedo verte
del color del mejor amanecer
y a tu lado si puede ser.

Pero como no puedo,
aquí estoy,
escribiendo
porque no estoy borracha,
ni camino bebiendo.

Me da miedo
que termines por terminarte.
Que el borde más intenso,
sea ese en el que explico
que lo eres todo.
Ahora mismo,
digo.

Pero me callo,
porque las palabras se me atragantan
y comprende
que me asfixie,
que quiera correr
porque soy aun muy pequeña
como para entender
ecuaciones
y niveles
en los que tu juegas
hace ya bastante tiempo.

Yo amo por naturaleza
y muchas veces me equivoco,
me engaño,
me tapo bajo caparazones de mentiras,
pero ahora estoy desnuda,
en frente de todos mis sin sentidos
y por mucho miedo que me de
yo misma,
me da igual.

Pensaré hasta que se me rompa la cabeza
y quizás así aprenda a desaparecer
cuando me haga falta,
cuando no pueda estar,
ser,
ni sentir
tu ausencia.

Yo quiero una vida entera
para aprender
a vivirla.
Quiero no pensar
en que no sé pensar,
porque a veces,
y solo a veces
se vive mejor
no teniendo idea de nada.

martes, 19 de agosto de 2008

Tambaleos*


Me tambaleo
en todas las cuerdas
que me he dejado atar
a la piel.
Estoy suspendida en el cielo
y soy consciente de ello
casi siempre.
Cuando una cuerda se rompe
yo me rompo,
o al menos me rompe el miedo
al vacío.
Pero quizás el vacío esté donde yo
o quizás solo sea aire.

El aire pesa, ¿sabes?
El aire me separa de ti
pero no tanto como
todos los pensamientos,
que duelen,
molestan,
anudan y desanudan
a su antojo.
Tengo un camino hecho
lleno de baches.
Tengo muchas cosas
que desaparecen con frecuencia
y facilidad.

Yo quiero ser mejor
porque tú eres lo mejor,
y quiero aprender
de lo que me enseñas
cuando no sonríes.

Hablar en metáforas
siempre me salva
para cuando me piden explicaciones.
Mi mente se escribe en dibujos
y por eso me cuesta tanto
traducir
un pensamiento.

Siempre tengo miedo a todo
pero salto a las piscinas
sin pensármelo
y si me caigo
o si me destrozo
siempre será
problema mío y de nadie más.

Yo me pasaría toda la vida
siendo parte y mitad de ti.
Me dejaría por completo
porque soy idiota
y todo eso.

De todas las maneras que puede haber
para querer a alguien
yo las elegí todas.
Por eso lloro aun sabiendo que sigues ahí,
porque me dueles.
Me estiras el sentimiento
hasta límites insospechados.
Me alargas todas mis camisas de once varas
y por eso el dolor no es tan insoportable,
porque siempre estarás tú dentro.

Yo me tambaleo porque quiero
y porque no sé hacerlo de otra manera,
pero si me das un minuto…
Sólo un minuto,
yo prometo
dejar de ser un reto para mi misma.

Y mientras caminaba a tu lado
me di cuenta
de que me da lo mismo cómo sea,
pero yo quiero estar a tu lado siempre.
Porque de todas las cuerdas en las que me tambaleo
tú eres la de acero,
la de amor,
la de todo.

Y te quiero,
por todo eso
y por lo que me dibujo una y otra vez
y no te traduzco.

domingo, 17 de agosto de 2008

Ecce homo y derivados*

Lo único que nos pasa a los humanos es que necesitamos aferrarnos a algo para poder vivir.
Unos eligen a Dios y otras cosas, como por ejemplo, a personas; otros prefieren creer en la humanidad, por ese afán de mártir con el que se nace y hace.
Y finalmente están los que eligen los sentimientos, los recuerdos; las personas no, sino lo que generan esos seres.
Lo que nos remueve por dentro, porque necesitamos saber que aun podemos y además sabemos llorar cuando alguien se va para siempre o cuando simplemente ese alguien deja de pertenecer al mismo concepto de alguien para uno mismo.
La conclusión sería creer en Dios. Ese ente infinito al que, aunque no tenga voz, nosotros se la ponemos vestida con un traje blanco como su barba.
El caso es que los creyentes, sea cual sea su Dios, son felices porque saben, conocen de ese algo que jamás se irá, al menos, hasta que ellos se vayan.
Sin embargo, los ateos que creen en la humanidad y los que creemos en lo que ésta produce, tienden y tendemos siempre a llenar las consultas de los psicólogos, a saltar de puentes, a llorar cuando ya no hay nada ni nadie, literalmente.
Somos amantes de lo físico y por eso no sabemos abrazar a las ideas.
Dan miedo los huecos y el silencio del aire que los ocupan, por eso caminan. Otros como yo corren para que con el movimiento todo se caiga, todo se quede atrás.
De las opciones que me dieron al crecer, yo escogí la más dolorosa y dependiente.
Me arriesgo siempre a dejar de pertenecer a mi misma para pertenecer a alguien y luego, como en una película de acción sin fin, vuelvo a arriesgarme a dejar de pertenecer a ese alguien que se ha convertido tanto en mi vida que ya hasta pertenece enteramente a mí, a que ya no haya recuerdos que sonreír, sino que llorar. Así que todo es una sucesión sin final; un movimiento circular.

Pendemos, las personas como yo, de los hilos que otras personas quieran coser a nuestra piel. Unos dan la vida por Dios, lo que ahora debe de ser lo más lógico. Dios jamás cortaría esos hilos, quizás porque no existe o quizás porque nos imaginamos que él jamás lo haría. Es infinito.
Los humanos, en cambio, tienden a acabarse, en vida y al final de todo, con arrugas o no, también.
Somos seres finitos y predispuestos a sufrir.
Buscamos completar el significado de las palabras. Yo creo en el valor de éstas cuando se que lo hay y las temo (a ellas y a mí) cuando dudo de que lo haya. Luego lloro al darme cuenta de que no existe ningún valor.

Los que decidimos decidir cosas para arreglárselas cuando algo cambia, nos abrumamos. Hay veces, muchísimas, en las que es muy complicado saber que es lo que hay que hacer y es entonces cuando todo te viene de golpe y se te atragantan las ideas entre la garganta y el alma. Así que acabas estando llena de todo y en blanco. Suspendida en el espacio y el tiempo por todas las ideas. Levitas y te limitas a respirar.
A dejar que todo fluya hasta que por fin y al final de todo se te ocurre decidir que quieres ser mejor, feliz, más flaca, más morena… cualquier cosas. Todo vale.
Yo me corto el pelo porque es como quitarse un peso de encima, todas esas ideas que te crecen. Cortarlas y tirarlas a la basura.

Por lo general estoy acostumbrada a mí, me comparto pero no me comprendo (como diría mi madre en otro tipo de conversación).
Si yo pudiera verme desde fuera, lejos, un poco más lejos, sería una montaña rusa por la que solo el viento corre. Una atracción donde se suelta muchísima adrenalina, pero estropeada. Aun así el viento, el aire, aunque nadie lo vea, sube y baja, arriba y abajo por todas las curvas y las piruetas de la atracción.
Yo soy eso. Nadie puede ver como subo o bajo, no se sabe muy bien si estoy el la cima de la ruleta rusa o si estoy arrancando desde el suelo. Dispuesta (casi) siempre a despegar.
Son muchas fases y estados por los que circulo continuamente y por lo general la gente lo desconoce y con esto no me quiero sentir única, es más, pienso que eso le debe ocurrir a todo ser humano.

Descubrirme, es pues, algo que me fascina. Hay veces en las que me da pánico saber cuales son mis límites y por eso los ignoro; y otras, los acepto y por fin… decido.
Otras me parece no tener límites, ser infinita y otras desearía no tenerlos.
El caso es tener obstáculos y querer, saber y poder saltarlos.

Y es por eso por lo que yo no creo ni en Dios, ni en las personas, ni en mí. Creo, sólo y únicamente, en todo lo que ello genera, en el producto que sale de estos seres.
Por eso cuando dejan de producir sensaciones, las cosas que al fin y al cabo me hacen vivir, o me hacen sentir viva, en lo que creo, me siento al borde de un precipicio.
Y sé que ahora, en este instante, me toca decidir si lo bajo escalando, con mucho cuidado y paciencia para no tropezarme, si lo salto a ver que pasa y que es lo que me encuentro abajo, si me quedo arriba para siempre o si empiezo a creer en Dios.

Y de todas las opciones, te elegiría a ti. Sea como sea.
Sea donde sea.

viernes, 15 de agosto de 2008

Salitres*

Hay que dejar que el salitre te empape de tranquilidad. Sentarse en una piedra e intentar sentir todo lo que se pueda sentir.
Cierra los ojos, piensa en lo que viste antes de cerrarlos. Escucha como rompen las olas en tu mente. Oye bien como gritan los niños a lo lejos, como el agua fluye por cada roca. Como la sal lo impregna todo. Toca el aire. Casi se puede ver. Vuela en cada partícula. Siente cada respiración como si fuera la última, la primera.
Olvídate de todo, solo procura recordar como la espuma se destroza en cada ola. Como el azul marino se convierte en azul turquesa.
Somos parte de las nubes. Lo abarcamos todo, me oyes, me estas oyendo hablar pero todos tus pensamientos taponan poco a poco tus oído. Ahora solo oyes pensamientos.
Siente como el aire recorre tu cuerpo, como el sol traspasa tus párpados, como las alturas no nos dan miedo.
Olvida lo pasado. El mar nos cura, nos lava.
No sabes explicar lo que pasa. Las palabras se están ahogando y ahora con más razones que ganas.
Imagina que el agua nos moja, nos está rozando los tobillos. Nos estamos manchando de limpieza. El silencio nos corroe pero sonreímos porque estamos tranquilas.
No nos molesta. Sabes que los nudos que se nos hacen en el estómago se desanudan. Tarde o temprano todo tiene solución. Y aunque nos duela horrores, mira el paisaje, respira. Hace calor pero el aire corre entre tu piel. Te despeinas, el sol te regaña.

Somos muy bonitas así de esta manera. Destrozadas por dentro y por fuera. Quedándonos en blanco o al menos, intentándolo.
Ya no hay poesías, no hay llamadas, no hay gente. Solo el horizonte un poco nublado y unas ganas terribles de tirarse al agua. De mojarnos, de sentir el frío y el calor.
No te arranques el corazón todavía, aun nos quedan muchas batallas que perder. Muchas que ganar.
Vamos, agárrate fuerte. Vámonos a donde queramos, a donde nos lleve el viento. Somos libres. Hoy sí, ahora sí.
Deja los nervios a un lado. No tiembles, no llores.
El mundo se nos está atragantando en uno de esos golpes del destino. Piensa ahora que las cosas siempre pasan por un motivo. Crea luego un nuevo lema para tu nueva vida.

Sé la de sentimientos que estamos reteniendo en cada mirada. Que solo habría ganas de morirnos. Ganas de llorar. Pero sin embargo, estamos riéndonos.
Quizás de lo absurdo.
Quizás.
Tenemos un miedo infinito al miedo, pero sigues con los ojos cerrados. Estás respirando y sientes como el aire se vuelve agua y te baña de oxígeno.
Puedes ver como la brisa mueve tus cabellos. Tranquila, sé que es algo incómodo. Que no estamos espléndidas, pero lo somos.
Estira los brazos y siente como entre tus dedos bailan las vibraciones. Es el aire. Es la vida que nos está echando una carrera.
No te levantes. Ella siempre perderá.
Nosotros también.

Ya tú sabes. Lo sabemos todo.
Aunque parezca que no, aunque parezca mentira.
Una broma pesada y además, pasada.

Pertenecemos a la tierra. La tierra somos nosotras.
Nuestras piernas se entierran el las piedras, pisas cristales de sal, respiras sal.
Formamos parte de lo ilógico del vivir sobreviviendo.
Nos conformamos con que todo vaya bien. Un poco mejor.
Nos conformamos y por eso estamos aquí.
Lejos.
Donde solo el salitre puede pegarse a tu piel. Donde el mar nos besa en la boca sin dar explicaciones, ni promesas, ni perdones.

Atrás queda el futuro. Piénsalo. Ahora no tiene sentido preocuparse por el que pasará mañana.
Estamos sentadas, teniendo una conversación muy importante con cada parte de nuestro cuerpo. Nos estamos sintiendo. Nos estamos recorriendo. Nos estamos olvidando del mundo.

Ya está.
Nos vamos.
Y el salitre con nosotras.

No me da miedo el destino. No tengo miedo de lanzarme. Aunque no lo haya hecho nunca.
No me da miedo irme sola. Caminar, pensar. No tengo miedo al horizonte y por eso me siento bien.



Pero aun así… Te necesito.

jueves, 14 de agosto de 2008

De las cosas de la vida y demás*

Llevo media vida con las entrañas por fuera
y la otra mitad aun está en la recámara.
Estoy aprendiendo a valorar el silencio,
a guardarle cosas dentro
para que algún día tenga algo más que darte.

Las esperanzas se cansaron de esperar,
y aun hay puertas trancadas
con dos vueltas de llave.
El sonido de la playa ya no se oye,
no hay cielo azul porque
las nubes hoy se creen importantes,
y yo soy una extraña delante de un espejo.

Cambiar es sinónimo de caminar,
y a mi,
aunque parezca que no,
me ha tocado el camino más difícil.
Muchas cuestas y pocos eneros.
Me voy a reservar las mil frases
que pienso al verte.
Quiero que jamás te des cuenta
de las cuerdas con las que me sujeto.

Quizás sea mejor cortarme.
Cortarlas para caer.
Y si caigo,
que seas tú la única que me vea en el suelo.
Se volar siempre que respiro fuerte,
y se dejar de fumar siempre que me lo propongo.
Lo único que no sé es dejar
las cervezas a medio beber,
los labios a medio besar.

Destrozarme en cada letra
siempre sonó desgarrador,
y me da pena que la vida de tan pocas vueltas.
Somos gallinas ciegas
en un corral a oscuras.
No sé si me entiendes,
pero ven y píllame.
Hazme perder en el juego,
mándame a la pared de pensar
y piensa conmigo.

Hay veces en las que no quiero nombrarte
para que seas aun más especial.
Ese ente que lo envuelve todo
y que se nota en mis ojos
pero que jamás pronuncio,
ni describo como es su rostro.
Con saberlo yo es demasiado
y suficiente.

Ahora que me meto en vena el amor,
pero con cuidado y con miedo,
que titulo poemas
con dos palabras y un paisaje enorme,
que te comería a besos,
y no a versos.
Que los castillos de cartón
y lágrimas están muy caros
y yo he decidido seguir siendo una jipi,
sin dinero, sin techo, sin nada.
Cobijarme en ti.
Que seas tú el único refugio.

Entender ahora es solo cosa de dos.
Nadie más se puede atrever,
ni si quiera puede alcanzar a ver
a qué altura hemos llegado.

Porque somos geniales
y otras tantas cosas más.
Y hablamos poco
pero sentimos todo infinitamente
mejor que el resto.

El resto
siempre sobrará.
Yo me voy a seguir guardando las entrañas,
y cosiéndome la sombra
a los talones.
No quiero que se me vaya a olvidar
todo el silencio de golpe.


martes, 12 de agosto de 2008

Complejidades*


A veces el interior de cada persona necesita reconciliarse consigo mismo. Algunos deciden hacerlo cada día, poquito a poco y otros todos de golpe una misma noche, en un solo instante.
Dejar de pertenecer a algo, a alguien, a muchas personas, aunque sea un alivio, a veces abruma. Da miedo el precipicio porque está tan alto que no te puedes imaginar que haya un río enorme fluyendo y dejándose fluir.
Yo ya expliqué, o puse límites a todo lo que podía llegar a querer. Puse palabras, sentidos, caricias en un verso. Abruma no poder cumplirlos.
Hay momentos en los que es mejor aprender por la fuerza, que a fuerza de intentarlo, y si tú me empujas yo me lanzo. Si tú me sujetas, yo no me caigo.
Y porque es un día precioso, no lo voy a llenar de mentiras, ni de estupideces, ni de palabras que sobran. No, me niego.
Yo no quiero estar amarrada el resto de mi vida a mi misma.
Soy el colmo de la libertad, lo sé.
Tú eres mi libertad, ya lo dije un día.
Ahora mismo no recuerdo como fue la primera conversación que tuvimos, ni cómo te decía que mis amores eran amores efímeros.
No creo que nada pueda llegar a superarse nunca. No quiero imágenes ni promesas anónimas en mi mente.
No quiero coger una palabra e idealizarla, transformarla y convertir todas mis risas en un agobio, en un encarcelamiento de mi yo. No quiero creer en el valor de la palabra porque soy poeta.
No creo que haya más razón que esa.

Me gustaría que la continuidad fuera un hecho real, nada de ficción. Que las canciones solo hablen de ti. Que mis recuerdos solo alcancen hasta hace una par de semanas.
Las vidas de las demás personas me dejan de importar.
Me da igual que no nos entendamos al principio si el final eres tú. No quiero imaginarte como si fueras un trozo de pasado.
Quiero darle fin a todas mis porquerías mentales y por eso es que escribo “fin” encima de una fecha.
El resto en realidad deja de existir porque no se puede comparar nada. No hay ningún punto de inflexión. No pueden saber, ni llegarse a imaginar todo eso, y el poquito más que le ponemos en cada beso.
Las expectativas son solo patadas en el culo que nos da el destino, y a mi jamás me gustó ser víctima de lo absurdo.
El futuro solo debería imaginarse si dentro del sueño hay un billete de quinientos euros y un elefante rosa. Imaginaciones y ya está.

Yo lo que quiero es estar a tu lado. Que el mundo se pare o gire o explote me importa tanto como me importa mi pasado. Nada.
Aprender a ser feliz, a dejarse llevar, a confiar en la confianza.
Vivir cada instante porque vales la pena.

Porque no hay ni principio ni fin. Estamos suspendidas en el cielo. Somos pequeñitas según con qué se nos compare, pero anoche, mientras títeres de estrellas colgaban sobre nosotras, en un escenario inmenso, lo único importante éramos tú y yo.

Entender solo depende de los ojos con los que se quiera mirar. Y yo sólo te quiero mirar a ti.

lunes, 11 de agosto de 2008

Te quiero*

Yo te quiero hasta decir basta,
se acabó,
punto y final.
Yo te quiero como de aquí
a Nueva York,
como de aquí a allí.
Como del infinito
y sin vuelta
para quererte más todavía.

Yo te quiero toda mi vida
y parte de las seis restantes.
Te quiero en mi boca,
en mi piel,
entre mis sonrisas.

Yo dejaría de saber vivir
por ti.
Bajaría y subiría todas las montañas
que quieran separarnos,
mil veces
por quererte.
Yo voy a abrazarte
hasta que, y como dijo la canción,
amanezcamos siameses.
Formando parte del todo,
y siendo únicamente
perfectas.

Charquitos de vida,
mareas y mareas de locuras.

Yo te quiero sin tiempo,
sin ropa,
sin miedo.
Te quiero de aquí al cielo,
de aquí al infierno,
de aquí a donde tú estés.

Yo te quiero en todas mis letras,
en todas mis sábanas,
disfrazándonos de vida
(ha)siendo amor.
Te quiero libre,
y dentro de todos los paréntesis
secretos
donde solo quepamos tú y yo.

Te quiero entre dientes
y te quiero en el sabor dulce de todo.
Yo te quiero como la cantidad
de poros que puedes tener en el cuerpo,
y yo quiero besarte
la cantidad de estrellas
que salgan por las noches.

Te quiero y no hay más explicación,
porque me repito,
escribo al cuadrado tirando al límite de todo,
que eres casi como un milagro,
el destino,
las nubes que están en el horizonte
solo son el comienzo
a todo lo que tú eres.

Y por eso
más lo que me callo,
te quiero.


sábado, 9 de agosto de 2008

G e n i a l*

El destino a veces
nos sonríe.
Nos repite una y otra vez
que donde mejor estamos
es donde seamos felices.

Mi mejor lado
siempre será tu mitad
y mi corazón
siempre bombeará
las mil barbaridades
que me haces pensar.

La musicalidad de todo
siempre estará en las mordidas
en el alma,
en el cuello
en la vida.
Y quererte siempre será cosa
del destino.

Tras una verja
cada uno de los gestos
que nos construye
fueron observados
y luego
me dio por dejarme caer.
Echarte de menos
siempre fue una costumbre
y amarte
ahora es incluso más fácil.

Si los caminos se entrelazan
y el universo nos lo pone fácil
deberíamos callarnos
y hacernos caso.
Aunque eso ya lo hacemos
mejor que nadie.
Porque incluso estando lejos
sabes hacerme sentir bien.

Genial.
Genial.
Genial.
Genial.
Genial.

Me haces sentir
g e n i a l .

Y por eso de la embriaguez,
de que los borrachos nunca mienten,
anoche le grité al universo entero
que donde único quiero morirme
es entre tus labios.

Y que sea domingo,
y vengas,
y sigamos siendo parte del destino.

.G e n i a l .


viernes, 8 de agosto de 2008

Agostos*

El azul cielo en mi casa siempre se mezcla con el naranja pared y queda bien en la pupila, mientras me dejo dormir meciéndome, con la brisa susurrándome la piel y música, porque no soy capaz de vivir sin música.
También queda genial en el ambiente el olor a mi madre que hay en este lugar, las sombras y luces que se mezclan con el verano, las nubes del infinito y al final de todo, soy feliz.
Tú estás a más distancia de la que debieras, y los días en agosto son largos y pesados, pero me sonríes. Lo sé.
Hacía calor desde esta mañana. Desde las sábanas que se quedaban huérfanas de piel a media noche, hasta las paredes verdes de mi habitación, todo se ha derretido. Lenta y silenciosamente, todo se ha derretido y ahora mi habitación es un cuadro expresionista más.
El sol también se mezclaba en el cielo, como si se estuviera bañando en un mar invisible y limpísimo. No hay ni una mota de aire en el universo y sin embargo todos seguimos respirando.
Los cuerpos se llenan de sudor y rocío mañanero. Somos entes pegajosos y sonrojados. Me da la impresión de que tenemos un agujero de ozono justo encima de nuestras cabezas. Pero lo más seguro es que tengamos muchísimo más que agujeros.
Las horas pueden pasar lentas y vertiginosamente rápidas. Hoy todo está yendo bien, a buen ritmo, con calma y tranquilidad.
Y es que hay veces que el tiempo hace escabechina de segundos y da igual si estoy a su lado. Corre veloz para que nadie se atreva a cogerlo.
Y otras, afortunadamente muchas, el tiempo pasa como debería pasar.
Yo soy capaz de ver cómo los minutos se esconden entre sus labios. Cuentan hasta diez y siempre me toca perder a mí.

Agosto es mejor de noche.
Cuando descubro lugares donde pasarme las horas contigo.
Me he pasado horas viéndote “sin querer” en fotos y tengo ganas de abrazarte. De estrujar el aire que nos separa y hacer que todo explosione. No quedará títere con cabeza. Será el fin del mundo más bonito de la historia.
Por eso agosto viene y nos baña en promesas y en duchas templadas. El sueño se escapa por la ventana y entran todos los mosquitos de golpe. A dejarme huellas de sangre.
No dormir es un hecho que debe quedar totalmente claro. No es el calor; son las ausencias.

También la oscuridad le sienta bien a agosto. Al naranja pared de mi casa y al azul marino del cielo.
Y el olor a mamá se vuelve noche, se vuelve aire.
Me gusta.
Sobre todo si me imagino que estamos respirando de las mismas moléculas, en el mismo centímetro cuadrado de amor.

Agosto es el tostado de tu piel, el color de tus ojos vistiéndome los días, el mecer de tus besos.

No hace falta decir que me muero por callarme…

martes, 5 de agosto de 2008

Sin medios, sin comunicación

Porque si estás lejos me partes,
y romper significa de todo
menos estar cerca.
Cuando estés lejos
yo quisiera ser el cielo que surcas
el mar por donde navegas,
la tierra que pisas.

Yo quiero ser el tiempo
que se te escurre por los dedos,
el agua que te recorre cuando
llueve,
porque posiblemente
también el cielo se sienta triste.

Yo quiero callarme
para que hables todo lo que quieras.
Quiero detestarme más a mí
que al resto
y acabarme.
Terminarme en tus labios para siempre.
Ahora los futuros se pasean
como transeúntes desconocidos.
Me da igual que el minutero nos acuse,
si por cada sonrisa
estamos escribiendo el mejor cuento
de esta enorme y blanca galaxia.

Me da igual equivocarme
y dejar de entender
que hay que saber hacer las cosas.
Lo quiero todo
poquito a poco,
ahora
y también siempre.
Te quiero en la inmensidad,
entre mis pensamientos,
entre mis letras.

Y créeme cuando te diga
que no estoy pensando en nada,
porque me hice una promesa entre estrellas:
No volver a pensar en lo que me quedara
de vida.

Eres más que cualquier cosa
y no tengo ningún derecho a ponerte en duda,
a meterte entre paréntesis,
a nombrarte para siempre como alguien.

Eres tú,
esa que revuelve todo en mi mente,
la que me da risa,
la que no me deja palabras en la boca
para describir lo genial
que eres.

Y te tatúo pronombre personal,
me cayo porque no se nombrarte del todo,
te miro porque eres una de las
mejores obras de arte
que el tonto del ser humano ha creado.

Las casualidades existen,
y la suerte también.
Porque el tonto del ser humano
tuvo suerte
y dio la casualidad
de que apareciste tú.

Ahora me pregunto porque ser poeta
si no soy capaz de describir
cómo el sol pasea por tu piel
y decora de sombras y luces tus ojos.
Si no sé expresar como el corazón
me patalea
cada vez que te veo.
No sé escribir como es que
me pasaría toda la vida abrazándote.

No creo que haya palabras suficientes
para plasmar
que eres del color del mejor atardecer.
No hay palabras que te igualen.

Por eso me sonríes
y te sonrío.
Ahora lo entiendo todo.
No es que sea más feliz,
es que es mi único medio
de comunicación.

Estiras mi felicidad
una eternidad,
y acabas siendo la simplicidad,
porque las exageraciones
se te quedan cortas.

Te quiero
y sentirlo
es casi igual
que ver el infinito
y comérselo a mordiscos.

Te quiero,
todo el rato,
todo el tiempo.

Y si no debimos,
llegamos tardísimo.
*
Siempre quise saber de alguien que fuera realmente inefable. Lo gracioso de todo es que llevabas ahí todo el tiempo...
*

lunes, 4 de agosto de 2008

De.más.

De todas las cosas que me hacen feliz,
tú eres incluso más dulce que el chocolate,
más salada que el mar,
más bonita que un atardecer.

De todas las vidas que he vivido ya,
tú eres el mejor planeta,
el mejor segundo.
Lo mejor de lo mejor.
La crem de la crem.

De todas mis costumbres, mis manías,
mis traumas,
tú siempre serás el único remedio,
el tratamiento más suave,
el respiro de aire que siempre nos hace falta,
de muy de vez en cuando.

De todos los misterios que siempre
he querido averiguar,
tú eres la primera, la del medio
y la última de la fila.

De todos los te quiero,
creo que no puede haber mejor dueña
que tú.

Y todos mis versos
saben mejor desde que te aprendo los besos,
te memorizo los ojos,
te acaricio el alma.
Todo sabe mejor si
nariz contra nariz,
aprendemos a medirnos las sonrisas,
siendo felices.

De todo lo que tengo,
tú,
libre,
volando por encima de mi cabeza,
eres lo mejor.


sábado, 2 de agosto de 2008

Límites*



Ya descubrí cual es el límite de todo:

Tú.

Eres una línea que corta el universo,
de este a oeste.
De norte a sur.

No se puede tener mejor sonrisa.
Eres el límite de lo perfecto.
El límite de la amistad.
Y algo más.

Eres la gota que colma
la profundidad.
El último trago de aire
antes de besarte.
Los rincones secretos
llenos de voces en off.

Eres mi límite
y quizás ya no quiera
traspasar fronteras,
ni momentos,
ni infinitos
absurdos.

Eres el límite de lo real.
El surrealismo nos tiene envidia
y por eso nos asusta.
Lo siento,
es la única explicación que le doy
a todo esto.

Eres todo el cosmos.
Las matemáticas,
las físicas,
las cuánticas,
y todas las letras.
Eres el límite de mis poesías,
corres por mis venas
sin saberlo,
y ahí estás.

En el mejor final,
para el mejor principio.

Eres cada latido
a la vez
sonando en el mismo instante.
El planeta Tierra
cuadrado
y yo escondiéndome
por todas tus esquinas.

Eres el recuerdo de siempre,
tendiendo a más-menos
infinito.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.