viernes, 8 de agosto de 2008

Agostos*

El azul cielo en mi casa siempre se mezcla con el naranja pared y queda bien en la pupila, mientras me dejo dormir meciéndome, con la brisa susurrándome la piel y música, porque no soy capaz de vivir sin música.
También queda genial en el ambiente el olor a mi madre que hay en este lugar, las sombras y luces que se mezclan con el verano, las nubes del infinito y al final de todo, soy feliz.
Tú estás a más distancia de la que debieras, y los días en agosto son largos y pesados, pero me sonríes. Lo sé.
Hacía calor desde esta mañana. Desde las sábanas que se quedaban huérfanas de piel a media noche, hasta las paredes verdes de mi habitación, todo se ha derretido. Lenta y silenciosamente, todo se ha derretido y ahora mi habitación es un cuadro expresionista más.
El sol también se mezclaba en el cielo, como si se estuviera bañando en un mar invisible y limpísimo. No hay ni una mota de aire en el universo y sin embargo todos seguimos respirando.
Los cuerpos se llenan de sudor y rocío mañanero. Somos entes pegajosos y sonrojados. Me da la impresión de que tenemos un agujero de ozono justo encima de nuestras cabezas. Pero lo más seguro es que tengamos muchísimo más que agujeros.
Las horas pueden pasar lentas y vertiginosamente rápidas. Hoy todo está yendo bien, a buen ritmo, con calma y tranquilidad.
Y es que hay veces que el tiempo hace escabechina de segundos y da igual si estoy a su lado. Corre veloz para que nadie se atreva a cogerlo.
Y otras, afortunadamente muchas, el tiempo pasa como debería pasar.
Yo soy capaz de ver cómo los minutos se esconden entre sus labios. Cuentan hasta diez y siempre me toca perder a mí.

Agosto es mejor de noche.
Cuando descubro lugares donde pasarme las horas contigo.
Me he pasado horas viéndote “sin querer” en fotos y tengo ganas de abrazarte. De estrujar el aire que nos separa y hacer que todo explosione. No quedará títere con cabeza. Será el fin del mundo más bonito de la historia.
Por eso agosto viene y nos baña en promesas y en duchas templadas. El sueño se escapa por la ventana y entran todos los mosquitos de golpe. A dejarme huellas de sangre.
No dormir es un hecho que debe quedar totalmente claro. No es el calor; son las ausencias.

También la oscuridad le sienta bien a agosto. Al naranja pared de mi casa y al azul marino del cielo.
Y el olor a mamá se vuelve noche, se vuelve aire.
Me gusta.
Sobre todo si me imagino que estamos respirando de las mismas moléculas, en el mismo centímetro cuadrado de amor.

Agosto es el tostado de tu piel, el color de tus ojos vistiéndome los días, el mecer de tus besos.

No hace falta decir que me muero por callarme…

1 comentario:

Molly Earnshaw dijo...

agosto apesta a mierda seca y calor sudoroso.

Pero las noches de agosto
son el color del verano.



:)


te quierooo lokoooo tu sieresunacolegaihnnn


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.