sábado, 23 de agosto de 2008

La casa por la ventana y yo aun dentro.


Fumo en mi habitación por cuarta vez en mi vida.
He leído algo maravilloso hace ahora un par de minutos y pienso al mismo tiempo que cómo mi madre se entere de que estoy fumando de nuevo… pero he cerrado la puerta con llave. Como cuando hago algo y no quiero que nadie me vea.
O como cuando quiero que se enteren y no al mismo tiempo.
Para mí, una persona maniática donde las haya, cerrar las puertas es imprescindible.
Lo malo de esto es que no sólo cierro las puertas de madera, las que se tocan, las que son de verdad, sino que tengo la genial manía de cerrarme yo misma, y conmigo, todas mis puertas.
A día de hoy solo existe una persona que posea la llave universal de mis puertas. Ella entra y sale como y cuando le da la gana. Porque, y aunque ya no sea la de antes, yo se lo permití una vez. Y esa vez sirvió para toda la vida.
A lo mejor, y no me las quiero dar de creída, yo también tenga su llave universal.
Y el secreto para duplicar esa llave es simplemente el tiempo y la paciencia. Entenderme no es fácil y más teniendo en cuenta que yo no sé expresarme muy bien.
Hacen falta días, enfados y alegrías.
No sé si puedes comprender porque digo lo que digo, que tú no me conoces del todo porque yo no te dejo abrir según que puertas porque no debe ser de ese modo. Una no debe pretender entrar en casa por la ventana, porque aunque mi casa no tiene rejas, están muy altas.
Las cosas se hacen poquito a poco, y hay habitaciones a las que solo se entra de una manera, en un momento donde te quedarás para siempre. Y yo necesito también alquilarte una habitación, porque si tú entras, yo me quedo fuera.
Así es el amor.
Y me estoy viendo con lo puesto, en la puerta de mi casa, esperando a que se abra y salgas o quizás y lo que es más probable que esté esperando, es que tú me des al menos una habitación en la tuya. Me da igual que no haya vistas impresionantes porque soy una chica de interiores si tú me lo pides, y ordenada si es preciso.
El amor es cambiar de hábitat, cambiar costumbres, modos de colocar la ropa en los cajones, el champú, que no es de la misma marca, pero huele a ti.
Es, para que te hagas una idea, como vivir en un hotel maravilloso, y según pase el tiempo, yo me voy convirtiendo en cliente, empleado, alfombra de baño o lo que tú me pidas, pero las estrellas te las pongo yo. Eso debe quedar clarísimo.

Tú estás dentro, lo que no quiere decir, que puedas abrir todas mis puertas. Recuerda que no tienes esa llave universal. No dio tiempo. Ni se me ocurrió.
Lo primordial siempre debe ser la confianza. Una confianza infinita. Como cuando te veo y también veo cada uno de tus pensamientos. Pero no los veo. No dio tiempo.
Ahora estás atrapada, o te tengo atrapada o estoy atrapada en ti. No lo tengo muy claro aun. Lo único que tengo claro es que no quiero escapar, no quiero tomarme una seta que me haga diminuta como a Alicia en el País de las Maravillas, ni quiero hacerme inmensa y destrozarte el decorado.
Por cierto, me encanta el color de tu casa.
Te felicito porque lo has hecho muy bien, cada cosa en su sitio pero aun temo que sean hologramas.
Me temo porque me gusta mi casa, estar en ella, fumar en ella, bañarme en ella, y cuando no pertenezco a un lugar me descoloco. Me gusta como te sienta a ti tu gel de ducha, tu ropa, pero no es mi casa hasta que tú no me digas que es mi casa. Así es como me siento. Fuera de lugar, inmigrante por vocación. Porque es el amor y no otra cosa.
Para mí ya no hay más cosas.
Una vez me haga el tejado, los cimientos se me olvidan. No los veo y tampoco los quiero ver.
Me gusta caerme escaleras abajo porque has tocado el timbre y quiero verte ya, de inmediato, ni antes ni después. Ya.

Pero las llaves las tienes tú y no te puedo abrir hasta que tú no me abras.

Y te quiero y quiero que tengas esa llave universal, pero el problema es que no siempre vas a estar. No creo que quieras tenerla. No de esa manera.
Y yo me muero por oler tu champú, por ser las sábanas que te arropan cuando hace frío, quiero ser cada baldosa que pisas. Quiero ser el principio sin final pero empezamos al revés.

Y ahora es cuando tiramos la casa por la ventana porque ni tú sabes donde has puesto las llaves, ni yo sé como se abre el agua caliente en la tuya.

Te quiero.
Del revés, del derecho, desnuda, con mil capas de ropa, en mi casa y en todas mis habitaciones, para siempre y como nunca.
*

1 comentario:

Molly Earnshaw dijo...

me gusta cuando hablas del amor en metáforas, porque es verdad, que amar es cambiar de hábitos, adaptarse a lugares que no son nuestros, y comerse la comida que no es la que siempre probamos.
a veces el jabon huele raro, el termo del agua no calienta como debería, las sábanas huelen a alcanfor, o no sabemos donde está el azucar en la cocina... pero lo bueno del amor esque siempre hay tiempo para aprender, cuando vivimos en casa de otra persona, siempre hay tiempo para que otra persona aprenda cuando vive dentro de nuestra casa, y descoloca las cosas, sin que nos demos cuenta.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.