viernes, 15 de agosto de 2008

Salitres*

Hay que dejar que el salitre te empape de tranquilidad. Sentarse en una piedra e intentar sentir todo lo que se pueda sentir.
Cierra los ojos, piensa en lo que viste antes de cerrarlos. Escucha como rompen las olas en tu mente. Oye bien como gritan los niños a lo lejos, como el agua fluye por cada roca. Como la sal lo impregna todo. Toca el aire. Casi se puede ver. Vuela en cada partícula. Siente cada respiración como si fuera la última, la primera.
Olvídate de todo, solo procura recordar como la espuma se destroza en cada ola. Como el azul marino se convierte en azul turquesa.
Somos parte de las nubes. Lo abarcamos todo, me oyes, me estas oyendo hablar pero todos tus pensamientos taponan poco a poco tus oído. Ahora solo oyes pensamientos.
Siente como el aire recorre tu cuerpo, como el sol traspasa tus párpados, como las alturas no nos dan miedo.
Olvida lo pasado. El mar nos cura, nos lava.
No sabes explicar lo que pasa. Las palabras se están ahogando y ahora con más razones que ganas.
Imagina que el agua nos moja, nos está rozando los tobillos. Nos estamos manchando de limpieza. El silencio nos corroe pero sonreímos porque estamos tranquilas.
No nos molesta. Sabes que los nudos que se nos hacen en el estómago se desanudan. Tarde o temprano todo tiene solución. Y aunque nos duela horrores, mira el paisaje, respira. Hace calor pero el aire corre entre tu piel. Te despeinas, el sol te regaña.

Somos muy bonitas así de esta manera. Destrozadas por dentro y por fuera. Quedándonos en blanco o al menos, intentándolo.
Ya no hay poesías, no hay llamadas, no hay gente. Solo el horizonte un poco nublado y unas ganas terribles de tirarse al agua. De mojarnos, de sentir el frío y el calor.
No te arranques el corazón todavía, aun nos quedan muchas batallas que perder. Muchas que ganar.
Vamos, agárrate fuerte. Vámonos a donde queramos, a donde nos lleve el viento. Somos libres. Hoy sí, ahora sí.
Deja los nervios a un lado. No tiembles, no llores.
El mundo se nos está atragantando en uno de esos golpes del destino. Piensa ahora que las cosas siempre pasan por un motivo. Crea luego un nuevo lema para tu nueva vida.

Sé la de sentimientos que estamos reteniendo en cada mirada. Que solo habría ganas de morirnos. Ganas de llorar. Pero sin embargo, estamos riéndonos.
Quizás de lo absurdo.
Quizás.
Tenemos un miedo infinito al miedo, pero sigues con los ojos cerrados. Estás respirando y sientes como el aire se vuelve agua y te baña de oxígeno.
Puedes ver como la brisa mueve tus cabellos. Tranquila, sé que es algo incómodo. Que no estamos espléndidas, pero lo somos.
Estira los brazos y siente como entre tus dedos bailan las vibraciones. Es el aire. Es la vida que nos está echando una carrera.
No te levantes. Ella siempre perderá.
Nosotros también.

Ya tú sabes. Lo sabemos todo.
Aunque parezca que no, aunque parezca mentira.
Una broma pesada y además, pasada.

Pertenecemos a la tierra. La tierra somos nosotras.
Nuestras piernas se entierran el las piedras, pisas cristales de sal, respiras sal.
Formamos parte de lo ilógico del vivir sobreviviendo.
Nos conformamos con que todo vaya bien. Un poco mejor.
Nos conformamos y por eso estamos aquí.
Lejos.
Donde solo el salitre puede pegarse a tu piel. Donde el mar nos besa en la boca sin dar explicaciones, ni promesas, ni perdones.

Atrás queda el futuro. Piénsalo. Ahora no tiene sentido preocuparse por el que pasará mañana.
Estamos sentadas, teniendo una conversación muy importante con cada parte de nuestro cuerpo. Nos estamos sintiendo. Nos estamos recorriendo. Nos estamos olvidando del mundo.

Ya está.
Nos vamos.
Y el salitre con nosotras.

No me da miedo el destino. No tengo miedo de lanzarme. Aunque no lo haya hecho nunca.
No me da miedo irme sola. Caminar, pensar. No tengo miedo al horizonte y por eso me siento bien.



Pero aun así… Te necesito.

2 comentarios:

Molly Earnshaw dijo...

me hace pensar en que dentro de un mes y pocos días tendré que releerlo para imaginarme el mar de nuevo.


:)

yo tmp quiero tener miedo al horizonte, pero en mi horizonte no hay salitre, y no se ve el mar.




Me encantan tus palabras :D

amor y libertad dijo...

así ha de ser: sin miedo, llenando todo de ti


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.