martes, 5 de agosto de 2008

Sin medios, sin comunicación

Porque si estás lejos me partes,
y romper significa de todo
menos estar cerca.
Cuando estés lejos
yo quisiera ser el cielo que surcas
el mar por donde navegas,
la tierra que pisas.

Yo quiero ser el tiempo
que se te escurre por los dedos,
el agua que te recorre cuando
llueve,
porque posiblemente
también el cielo se sienta triste.

Yo quiero callarme
para que hables todo lo que quieras.
Quiero detestarme más a mí
que al resto
y acabarme.
Terminarme en tus labios para siempre.
Ahora los futuros se pasean
como transeúntes desconocidos.
Me da igual que el minutero nos acuse,
si por cada sonrisa
estamos escribiendo el mejor cuento
de esta enorme y blanca galaxia.

Me da igual equivocarme
y dejar de entender
que hay que saber hacer las cosas.
Lo quiero todo
poquito a poco,
ahora
y también siempre.
Te quiero en la inmensidad,
entre mis pensamientos,
entre mis letras.

Y créeme cuando te diga
que no estoy pensando en nada,
porque me hice una promesa entre estrellas:
No volver a pensar en lo que me quedara
de vida.

Eres más que cualquier cosa
y no tengo ningún derecho a ponerte en duda,
a meterte entre paréntesis,
a nombrarte para siempre como alguien.

Eres tú,
esa que revuelve todo en mi mente,
la que me da risa,
la que no me deja palabras en la boca
para describir lo genial
que eres.

Y te tatúo pronombre personal,
me cayo porque no se nombrarte del todo,
te miro porque eres una de las
mejores obras de arte
que el tonto del ser humano ha creado.

Las casualidades existen,
y la suerte también.
Porque el tonto del ser humano
tuvo suerte
y dio la casualidad
de que apareciste tú.

Ahora me pregunto porque ser poeta
si no soy capaz de describir
cómo el sol pasea por tu piel
y decora de sombras y luces tus ojos.
Si no sé expresar como el corazón
me patalea
cada vez que te veo.
No sé escribir como es que
me pasaría toda la vida abrazándote.

No creo que haya palabras suficientes
para plasmar
que eres del color del mejor atardecer.
No hay palabras que te igualen.

Por eso me sonríes
y te sonrío.
Ahora lo entiendo todo.
No es que sea más feliz,
es que es mi único medio
de comunicación.

Estiras mi felicidad
una eternidad,
y acabas siendo la simplicidad,
porque las exageraciones
se te quedan cortas.

Te quiero
y sentirlo
es casi igual
que ver el infinito
y comérselo a mordiscos.

Te quiero,
todo el rato,
todo el tiempo.

Y si no debimos,
llegamos tardísimo.
*
Siempre quise saber de alguien que fuera realmente inefable. Lo gracioso de todo es que llevabas ahí todo el tiempo...
*

3 comentarios:

Molly Earnshaw dijo...

no existen casualidades
sino causalidades.
Ella es la causa
de que tu universo se redefina en versos que no quieres dejar escapar.
Ella es una causa, un porque, es un todo.
Tu misma lo has dicho. Te la tatuas pronombre personal, porque no hay más persona que ella.






y te quiero
y yasta

Anónimo dijo...

nunca imaginé ser causa y mucho menos TU causa... pero esto es tan genial que nunca podría haberlo imaginado :)
no tengo muchas más palabras... solo me queda amor del bueno para darte!

te quiero ana

Audri dijo...

Me encanta tu blog.
He estado echando un vistazo y realmente es precioso.

Un beso.

Olga.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.