jueves, 25 de septiembre de 2008

Arde Madrid: estamos en guerra

Arde Madrid porque no estás y desde que llegaste, la sal me sabe amarga en el paladar.
Arde Madrid por lo poco que estuve escupiendo versos en su piel y a muchos kilómetros de los problemas. Alejarse siempre será el mejor camino para no vernos las caras, pero en cada esquina tu olor me persigue.
No me vendo por cualquiera y tampoco soy tan barata. Por eso Madrid y tú están ardiendo de envidia.
Tantos años atrás para comprender que no sé nada de la vida, y mil escalones que subo pidiendo al menos una tarde cerca. Para conocer. Ya sabes… saber de esos movimientos.
No soy de esas, ni me gusta besar sin pedir permiso antes, pero quizás contigo me arriesgue. Al fin y al cabo, tus labios ya los he probado. Fueron los mejores de la noche, aunque no hubo muchos más.
No recuerdos muchos más latidos cerca de mi mano aquel día.

Y no te dejaré beber. No merece la pena que me vendas los besos a tan bajo precio. No quiero que seas fácil, me basta con que seas. Que al final de todo, seas de verdad.
Y arde Madrid cuando quiero perderme, cuando me quiero olvidar del resto. Ni siquiera tú que acabas de aparecer, harías mella en mí.
Soy una calle demasiado grande para ti y aun así me estoy encaprichando a tus curvas. Solo te he visto una vez en mi vida. Solo una noche nada loca.
Mucho tabaco y una abismal ausencia de alcohol.
Y de regreso a casa, pensé en ti mientras intentaba no dejarme dormir. Pensaba en ti queriendo no hacerlo. Amor propio y vergüenza.

Arde Madrid en cada vena de mi cuerpo. Se subleva la gente, aquellos recuerdos se renuevan y no me acordaba de lo bien que nos quedaban los besos en la piel. Es secreto y no pienso mucho en ello. Lo hemos superado y tú siempre querrás lo que yo quiero.
Nací cobarde y por eso no he perdido tanto como debiera.
Si no se conoce lo perdido, nada importa, nada se pierde.
Por eso tú sí que te fuiste lejos, pero yo más… Porque Madrid empezó a arder y aquí donde yo vivo, se está mejor.

Ahora te olvido. Eres niebla, la más dulce de las melodías. Lo bueno es que ya no me acuerdo de tu letra. Tu piel ya no era mía y di gracias al cielo. Tanta responsabilidad sobre mi no la hubiera soportado.
A estas alturas, después de tantas supuestas princesas, lo menos que querría sería rescatar a nadie.

Arde Madrid, de repente, sin pausa. Es el sexo loco de una ciudad absorbida de versos, de poetas borrachos y locos y yo me siento. Estoy en tú barra de labios, en el rojo corazón, pidiendo el último baile, aunque no sepa bailar.
Me gustaría pisarte los talones, ser casi tu sombra, deslizar mi mano por cada sonrisa que estés dispuesta a dedicarme.
Impresionantemente enorme. Eso soy casi, casi, dentro de poco, pero tú…
Eres inmensamente proporcional a las ganas que tengo de verte… ya sabes, memorizarte.
No sé… no pienses que me pasa muy a menudo, que me he encaprichado a ti por olvidarme la soledad en casa. Aun no eres mucho más que un nudo diminuto de alegría e incertidumbre en mi estómago. Y estás lejos, cerca del mar, lo sé. Aquí, o allá, según se mire, arde Madrid y tú estás inaccesiblemente apetecible.
Qué le vamos a hacer, las palabras me corroen y muero por la boca casi siempre. Por eso de ciertos besos, o de algunas promesas…
Quien sabe lo que pasará dentro de lo que diga el tiempo, quien sabe si me muero, o si quizás empieza a arder Madrid y yo aquí, con lo puesto.

Arde Madrid, pequeña.

Vamos a convertirnos en lluvia, a mojarnos los inviernos, a secarnos en los suelos. Es otoño y ahora es cuando mejor se ve el mundo. Desde la distancia, entre los vanos recuerdos de tus embriagados labios. Imagina dormir a su lado…
No.
Ardería yo y a la mierda Madrid y las cuestiones existenciales de la vida. Ya lo hice la primera vez que la vi. Y le daba vergüenza que la viera en aquel estado, porque sabía la sobriedad con la que mis pupilas la juzgaban. Luego volví a ser una mortal más. Caí como una necia en las reces del placer, de lo carnal. Caí sin querer. Yo no lo necesitaba, solo era para dejar pasar los minutos.
Minutos que ahora y sin querer, consumo pensando en qué podría pasar.
Pero es absurdo ver futuros siendo ciegos.
Vamos a quedar, de verdad, cerca, casi tanto que pueda oler todo lo que piensas. Sé que no soy tu tipo, ni el tipo de nadie, ni siquiera una tipa cualquiera. Me considero todo lo peculiar que se podría ser. Que aun no te has decidido por qué amar en la vida.
Yo amo a las persona pero mejor con olor a mujer.

Y ahora que me he dado cuenta…

Recoge tus cosas, arde Madrid y no quiero que te quemes.
No quiero quemarme.

Quizás eso seas tú… Una capital llena de callejones, adicta a las prisas, bella, pero no… hueles a salitre, a mar, a vida. Hueles demasiado cerca pero de mentira.

Arde Madrid y aun no nos hemos dado cuenta, pero, ven… vamos a quedar, a pisarnos las sombras que te dije antes, a crecer, a escalar montañas para luego caernos o no.
Déjame acariciarte las sonrisas y verte dormir mientras me escuchas… Demasiado pronto para romper la tregua, pequeña…
Por eso arde Madrid.

Estamos en guerra.

1 comentario:

Molly Earnshaw dijo...

si arde madrid
tu has pactado
como una ilusa cobarde indecente.

porque sus curvas las estas cogiendo sin frenos, y sin frenos uno se estampa.

Deja de pactar así.

:)


aunque sea tan preciosa, tan buena, tan ingenua, no sé si pactará ella tb.



Mientras, el madrid que arde, arde conmigo dentro, a miles de kms de tus ojos profundos como el mar, de tu pelo rubio como el sol, y tu risa, casi imparable :)


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.