lunes, 27 de octubre de 2008

Tropiezos y despedidas


Yo si sé lo que es una despedida.
Lo que es una despedida sin querer, una sin avisar, otra demasiado avisada.
Sé lo que es el último supuesto beso y lo que es decir no para siempre. Supuestamente.
Sé lo que es olvidarse de un adiós y también me pasa que no me saco algunos hasta luego de la mente.
Nos volveremos a ver y luego… estaba sola cuando empecé a llorar. Estuve sola toda la tarde y toda la mañana y no quería que nadie que no fuera ella, viniera.
Yo sí sé lo que es una despedida y lo que es el frío de estar sola, luego y lo que es alejarse para no ver más lágrimas.
Sé lo que es ser cobarde y lo que es ser valiente. Lo que es mirarle a los ojos queriéndole decir no te vayas por favor.

Caminaba sola antes. Caminaba sola y con ganas de llorar, porque los diecinueve años me los dejé olvidados en la cama, esta mañana.
Me daban envidia los que iban en coche y pensé en chillarles que hoy era mi cumpleaños y no el suyo, que llovía pero me daba igual, aunque fuera mentira.
Es mentira que me pongo a ver sus fotos de vez en cuando, sin querer, cuando me caigo y sigue siendo mentira que estoy bien así. Dejando que se haga de noche no tan despacio como antes.
Si tú fueras un precipicio o el peligro o el río… Si fueras, yo me lanzaría, pero cuesta mucho saber qué es lo que está pasando y cada vez más.

Yo sí sé lo que es verte, alejándote y luego yo. Sé lo que es que te llueva y haga tanto frío que no sepas si caminas o levitas. Sé lo que es echarte de menos, por mucho que yo no lo quiera.
Espero, por mi bien, que no sea demasiado tarde. No quiero verme, otra vez sola, mientras llueve y se hace tarde demasiado rápido.
No quiero verme como me estoy viendo.

Ahora vuelvo, me voy a fumar todos los minutos que quedan para verte. Voy a morirme asfixiada, voy a envejecer mientras me armo de valor.
Y ya no me pregunto qué es lo que se supone que debo hacer ahora. Ya no creo que importe si llegas, me haces sonreír y luego… Aprendo a echarte de menos, porque ya me había olvidado lo que es morirse de ganas, lo que es mirar a los labios y luego…
Luego decirte adiós.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Lunas estrenadas.

Sujetaba unos libros de diferentes tamaños con su mano derecha. En la otra, un cigarro se consumía lentamente.
Lucky strike era su marca de cigarrillos favorita. Había probado muchas antes, pero esa marca era especial, le gustaba y además las cajetillas eran bastante bonitas, a pesar de anunciarle que moriría como el resto de la humanidad.
Sonaba una canción en su mente y lejos, en las guitarras de algunos, también. Era aun de día. Un día soleado y húmedo.

Las noches se hartan a llorar.

Hubo luna nueva y las estrellas, las nubes y ella misma, se sentían solas, a oscuras. Tenían el miedo siempre. Miedo a que no volviera.

Colocó los libros en un banco después de comprobar que éste estuviera seco.
Se terminó el cigarrillo y se sentó después de apagarlo con el pie.
Le gustaba expulsar el humo lentamente. Le gustaba el humo y todas esas figuras entre sus dedos, cubriendo los huecos que le había dejado el frío de la noche anterior.

La noche más oscura del mes.

Aspiraba poco humo, sorbos pequeños y pasos inseguros. Esa era ella, la única.
Abrió la mochila y sacó una libreta negra, luego un bolígrafo y comenzó a ojearla. Al terminar de ver aquellos recuerdos en forma de tinta, en forma de borrones, destapó el bolígrafo y empezó a escribir en una nueva hoja.
Primero, en la esquina superior derecha escribió la fecha:

Veintiuno de enero de dos mil nueve

Y prosiguió debajo, dejando un pequeño margen a la izquierda:

Ayer lloré. Quería que lo supieras- tomó aire, dio una profunda calada al segundo cigarrillo mientras el humo recorría sus labios, su lengua.- Fumé por lo menos diez cigarrillos en tan solo media hora, di vueltas por toda la ciudad. Hacía frío, un frío desolador. Hacía tiempo que no sentía tanto frío y aun así, me senté en aquel muro húmedo y congelado.- Se sacó otro cigarrillo, lo encendió y prosiguió con la misiva- No te he echado de menos. Creo que por eso lloré. Me sentí sola y no me dio por pensar en ti y a pesar de todo, aun procuro hacer mi letra como la tuya y muevo un pie cuando me quiero dejar dormir, como lo hacías tú.
También hago todas las cosas que no te gustaba que hiciera y sigo teniendo los mismos amigos. Mi música siempre será mía por mucho que no te gustase y mis bromas hacen reír al resto de la gente. La gente que no eres tú.
Pero dio la casualidad de que ayer hubo luna nueva y todo estaba oscuro.

Respiró fuerte, levantó la mirada del papel y observó a la gente, el verde del césped, el aire. Pasados unos segundos, siguió escribiendo:

¿Te puedes creer que no pensé en ti ni un solo momento del día? Ni un solo instante me vino a la mente tu recuerdo. Tampoco quise preguntarme qué día sería… Estando en enero todos los lunes serían lunes y todas las horas pasarían igual de lentas. Igual de muertas.
Me gustó verte en aquella fiesta de fin de año. Que pena que me diera por beber. No estabas tan guapa como pensé que lo estarías y tampoco me sorprendió en absoluto que fueras con ella.
Perdona que no te felicitara… Pero es que ayer lloré y fumé y pasé mucho frío porque sabía que cuando cayera la noche seguiría igual de sola.
La Luna se estaba cambiando por otra y por eso hoy hay Luna estrenada.


Hay una chica que besa muy bien rondándome los labios y tengo ganas. Ganas de ella, ganas de más, de febreros y primaveras.- Se sacó otro cigarrillo. El último, se prometió a sí misma- Sé que estás bien. Procuro no estar al margen de tu vida. No quería ser tan poca cosa, por mucho que tú te encargues de recordármelo.

Ahora me iré. Me voy y eres la única que lo sabrá.
A otra ciudad. A una ciudad a la que se llega por avión, con ganas de cambiar los malos humos por los nuevos aires.
Espero volver a verte, quizás en otra vida, no importa, tengo bastante paciencia.
Un beso enorme, Ana.


Firmó y cerró la libreta. Aquellas páginas estaban marcadas con un billete de ida.
Ana no volvió a sentarse en aquel banco. No volvió a fumar a escondidas en su baño.

Ana no volvió.

lunes, 20 de octubre de 2008

Autumn

Era otoño.
Había vivido muchos otoños, pero ninguno había sido tan largo y marrón como aquel.
El naranja caía desde el cielo formando charcos en el asfalto. La gente, a menudo resbalaba y acababa llenándolo todo de color atardecer.
Era un otoño húmedo en el alma y constipado. Su voz casi siempre parecía estar enferma. El marrón parecía estar enfermo.
De todos los octubres que pudo vivir, ese fue el más seco y deshumanizado y por culpa del verano sus ojos no podían cerrarse hasta muy entrada la madrugada.

La gente, marrón, las paredes, marrones y el calendario de la cocina de su abuela marcando días donde el marrón no era tan oscuro, más bien, verde libertad. Verde pensamiento.
Las noches caían del cielo demasiado pronto como para darse cuenta y todos huían como hormigas. Si hubiera sido gigante, los habría aplastado.
Un gigante con un complejo de inferioridad enorme, vestido de marrón y con un rubio brillante en la sonrisa.
Las carreteras resbalaban y sus pies se deslizaban por aceras de abrazos, besos y escupitajos. Todo en otoño era antagónico.
Por eso ella había nacido en el marrón de un mes.
El cielo no se ponía de acuerdo y el azul no quería mezclarse con el gris tristeza de las nubes, pero le gustaba porque comenzaba a llover y todo se iba volviendo verde.
Fue en aquel otoño.
Conoció a una sonrisa que le hacía sentirse bien, por mucho alcohol que hubiera tomado. Antes o después, dormiría y ya tendrían tiempo los arrepentimientos de volver a aburrirle.
A veces las tardes se vestían de un gris oscuro y se sentía mal. Eran las siete de la tarde y una oscuridad silenciosa inundaba las paredes de su casa.
Era la enfermedad del otoño.
Incluso el marrón era mejor que aquello. Incluso el naranja de los charcos, era mejor que aquello.
Nunca se acostumbró a cambiar la hora del reloj, ni a escuchar música muerta en cada estrofa de poesía.
Al fin y al cabo no la habían abandonado tantas veces como para acostumbrar la piel al dolor y al frío de las ausencias.

Los otoños se iban como se fue ella y aun así las primaveras seguían teniendo rayones marrones en los márgenes. El verano se oscurecía de fuegos artificiales marrones.
El otoño acabó siendo el marido amargado de un invierno naranja, con olor a navidad, a regresos y a abrazos.
En noviembre mudaba la piel a un próximo diciembre y vestía cada fin de semana con gemidos bastante solitarios.
No es de extrañar… estábamos en otoño.
Las clases universitarias se llenaban de mocosos de preescolar y se sentía una extraña más, por muy bien que ella se conociera.

Volvía a ser marrón y todo era otoño.
Sus ojos eran otoño todo el año. Su pelo era un otoño al que se le abrían las puntas. Su abrigo era un otoño congelado de adioses y aun así nunca supo como despedirse.

Sonaba aquella canción.
Sí, volvía a ser otoño. Otro fin del mundo se aproximaba y ella sonreía.
Volvía a ser otoño.

jueves, 16 de octubre de 2008

Sonrisas de colores

Se me caen los colores
y a veces,
incluso,
me convierto en verde.
Ruedo por encima de las mesas
y goteo.
He asesinado al tiempo
y todo se ha vuelto rojo.

Cada vez que miro el espejo
veo océanos inmensos
recorriéndome las pupilas
y cuando caen,
caen de verdad.

El negro no siempre
entristece.
Hay bolas de pelo negras
con unos ojos verdes
que me hacen sonreír siempre.
Para llorar está el gris
y luego
respirar blanco.

Me he dejado dormir
porque llevar tanto mar dentro
cansa demasiado
y si estás lejos,
a quien le voy a contar
lo feliz que me siento.


A mi me gustan las navidades
y los chicles
y me gustan los ojos
que parecen normales
y luego descubres
que entre los suyos
todo queda mejor.
Mucho más bonito.

Dónde irá a parar
el verde todo.
No paro de dibujar
que mi nombre son tres letras
llenas de tanta vida
como colores
dibujas.

O
es
que
.
.
.

¿No ves mi sonrisa?


lunes, 13 de octubre de 2008

Diecinueve primeros inviernos

Cuando yo llegué, el mundo ya estaba lleno de letras y de historias. La Historia estaba terminándose y luego descubrí que cuando fuera una ancianita llena de canas y arrugada, lo que viví tan efímeramente, lo que pude ver en los medios de comunicación, las manifestaciones (pocas) en las que participé, era un to be continue por cable.
Estamos atados al pasado y por eso jamás habrá nada nuevo bajo el sol. Por mucho que haya días que el olvido se nos haya olvidado, por muchas que sean las ganas de dejarse atrás los recuerdos.
El otoño solo es el anticipo del invierno. Solo es un tentempié antes de que el frío, y la nieve, y las lluvias se vistan de gris. De gris de verdad.
El amor, ese que se cuela con el frío entre los dedos de los pies, las sonrisas y las primeras veces, nunca fueron primeras.
Muchos besos hubo antes del primero y no habrá nunca una primera vez, nunca un primer amor.
Es solo un reflejo. Un reinvento de lo común. Darle particularidades a lo que ya sucedió muchísimo antes de haber nacido. Es un caerse.
Y caen las hojas, yo cumpliré diecinueve años dentro de dos lunes y dentro de un año estaré en el mismo sitio, pero con 365 días más en mi piel, a lo largo de mis recuerdos, escribiendo el trozo de historia que me corresponde.

Por eso, cuando yo llegué, todo estaba hecho, el mundo ya giraba sin mí y además muchas personas ya habían tenido su no primera vez. Mucha gente se había fumado su no primer cigarro y yo lloraba. Lloraba por primera vez en toda mi vida.
No veía nada bien, tampoco veo la diferencia ahora. Sigo siendo igual de rubia con 19 años que con 19 semanas y también mis ojos son azules. Muy azules.
Tan azules…
Di los mismos pasos que dieron otros, me caí en los mismos lugares donde otros ya se habían raspado las rodillas, me dieron ganas de llorar por las mismas cosas que hicieron llorar a otros antes que a mí.
Todo es tan igual que no me canso. No me aburre el escribir las mismas letras que Cervantes, ni de saltar los mismos precipicios mentales que otros tantos poetas. No me canso de menospreciar las palabras que otros crearon y yo aquí, después de tantos cambios, de tantas evoluciones del lenguaje, me pongo a chapurrear en prosa que lo mío son los versos, porque es lo que pasa con las nuevas generaciones.
Que lo que unos hacen, otros rompen y crean, creyendo.
Nada es nuevo bajo el sol, pero la primera vez que besé con lengua no sabía y tuve que aprender, y la primera vez que metí mano a una chica, seguro que lo hice fatal, y la primera vez que vi un invierno, por muchos inviernos que hubo antes, aquel fue mi primer invierno.
Y los demás… Los demás también.

jueves, 9 de octubre de 2008

Cuestión de tiempo*


Cada cinco minutos cambio de opinión.
Te muevo de mis cinco sentidos
para acabar llorándote en el sexto
y ya no estás. Lo juro.

Te fuiste en otoño porque
te daba miedo el invierno.
Yo te prometí bufandas
de besos pero
jamás quisiste volver
y luego te descubrí en tu mejor
versión.

Sabes destrozar corazones
porque no tienes piedad con el tuyo.
No sabes lo que es doler
porque se te olvidó.
Las cosas que pasan
y suceden por tu culpa,
suelen olvidarse más banalmente
pero se valiente.
Descúbrete,
yo ya te conozco y lo sabes.

Cae como la primavera,
marchítate como el verano,
vuela con el viento en otoño
y congélate en invierno.
Pero mírate,
consigue todo lo que quieras
porque realmente lo quieres.
No necesites de nadie
que no seas tú misma.
Ámate
y así podrás entender lo que es el amor.
No dejes nada para nadie
hasta que no sepas lo que significa
el significado de todo.

Vamos, salta y llora y chilla.
Acaba ahogándote
porque has llorado demasiado.
Yo te estoy mirando mientras.
Te estoy viendo caer.
Ahora eres tú quien se ha tropezado
y no me gusta verte mal.
Pero la única verdad
es que me alegra ser yo
quien te haya hecho tropezar
con todo tu interior.

Todo el rato cambio de opinión,
porque nací entre tus mareas.
Todo el rato quiero ser el otoño
en el que aun eras mías
y al mismo tiempo,
pensándolo mejor,
no.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.