lunes, 13 de octubre de 2008

Diecinueve primeros inviernos

Cuando yo llegué, el mundo ya estaba lleno de letras y de historias. La Historia estaba terminándose y luego descubrí que cuando fuera una ancianita llena de canas y arrugada, lo que viví tan efímeramente, lo que pude ver en los medios de comunicación, las manifestaciones (pocas) en las que participé, era un to be continue por cable.
Estamos atados al pasado y por eso jamás habrá nada nuevo bajo el sol. Por mucho que haya días que el olvido se nos haya olvidado, por muchas que sean las ganas de dejarse atrás los recuerdos.
El otoño solo es el anticipo del invierno. Solo es un tentempié antes de que el frío, y la nieve, y las lluvias se vistan de gris. De gris de verdad.
El amor, ese que se cuela con el frío entre los dedos de los pies, las sonrisas y las primeras veces, nunca fueron primeras.
Muchos besos hubo antes del primero y no habrá nunca una primera vez, nunca un primer amor.
Es solo un reflejo. Un reinvento de lo común. Darle particularidades a lo que ya sucedió muchísimo antes de haber nacido. Es un caerse.
Y caen las hojas, yo cumpliré diecinueve años dentro de dos lunes y dentro de un año estaré en el mismo sitio, pero con 365 días más en mi piel, a lo largo de mis recuerdos, escribiendo el trozo de historia que me corresponde.

Por eso, cuando yo llegué, todo estaba hecho, el mundo ya giraba sin mí y además muchas personas ya habían tenido su no primera vez. Mucha gente se había fumado su no primer cigarro y yo lloraba. Lloraba por primera vez en toda mi vida.
No veía nada bien, tampoco veo la diferencia ahora. Sigo siendo igual de rubia con 19 años que con 19 semanas y también mis ojos son azules. Muy azules.
Tan azules…
Di los mismos pasos que dieron otros, me caí en los mismos lugares donde otros ya se habían raspado las rodillas, me dieron ganas de llorar por las mismas cosas que hicieron llorar a otros antes que a mí.
Todo es tan igual que no me canso. No me aburre el escribir las mismas letras que Cervantes, ni de saltar los mismos precipicios mentales que otros tantos poetas. No me canso de menospreciar las palabras que otros crearon y yo aquí, después de tantos cambios, de tantas evoluciones del lenguaje, me pongo a chapurrear en prosa que lo mío son los versos, porque es lo que pasa con las nuevas generaciones.
Que lo que unos hacen, otros rompen y crean, creyendo.
Nada es nuevo bajo el sol, pero la primera vez que besé con lengua no sabía y tuve que aprender, y la primera vez que metí mano a una chica, seguro que lo hice fatal, y la primera vez que vi un invierno, por muchos inviernos que hubo antes, aquel fue mi primer invierno.
Y los demás… Los demás también.

1 comentario:

Molly Earnshaw dijo...

vive siempre como si fuese la última y la primera vez.

:)

Yo quiero ser la primera amiga de Madrid que se llama Molly y te ama por encima de todo:)



y que roba wifi solo para comentar en tu blog:)


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.