martes, 25 de noviembre de 2008

Atragantatiempos.

Voy a tragarme el tiempo.
Traficaré con horas muertas
y haré con ellas drogas de última moda.
Voy a matar el tiempo
para que se calle
y envenenaré los segundos antes
para que los nervios se calmen.

Cogeré todas mis metáforas
y las meteré dentro de una maleta de viaje
con destino:
quien las quiera leer.
No tengo suerte
ni destino
y además
últimamente tengo muchas ganas
de llorar, gritar…

Desapareceré con todo el botín
de besos que nunca me atreví a robar
y me meteré el respeto
donde no pueda conmigo.
Haré lo que sueño
y soñaré.
Soñaré.

Secuestraré las lejanías
y las distancias
y las carreteras secundarias
me sonreirán.
Despacio y con calma
se llega a buen puerto
o al menos,
se llega.

Voy a atracar esa botella vacía
con mi barco de papel
y si me caigo al agua da igual,
soy la pirata con el corazón de madera
más duro del mundo.
Nadie podrá conmigo
en este charco
que sin querer se ha formado,
esta tarde,
mientras te recordaba.

Tejeré a mi sombra la tuya
y te dejaré en cualquier esquina.
Serás la prostituta de cualquier boca
que quieras besar
y yo a cambio
te venderé
porque no puedo contigo.

Me escaparé de la cárcel de tus labios
todas las veces
que no estés delante
y escribiré blues
que no rimen.
Me tatuaré cosas horribles
en la piel
y luego
querré arrepentirme
solo de uno de ellos.

Tu nombre.

Calmaré la sed con alcohol,
los nervios con cigarros,
la soledad
con otros tantos labios
o
quizás no.

Quizás solo me coma el tiempo
para que entre tictac y pumpum
se me olvide
todo lo que un día me imaginé.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Cuentos y otras historias.

Es tarde.
Ya me voy, pero antes...
Voy a reivindicar que te fuiste
y ni siquiera me dio tiempo a respirar.
¿Dónde coño estaba yo que no me di cuenta?
No. No es culpa mía que te sepas esconder tan bien.
Es tarde pero no tanto
y parece como si los años se me volvieran atrás
con las piernas hechas flan
mientras tu sonríes y me pides tiempo.
El tiempo está de más
y eso lo sabemos de sobra.
Tú con tus cosas
yo con las mías
y el viento que se lleva las hojas,
todas las hojas.

Mi literatura se traduce,
se lee
y si puedes
también se siente
y si quieres, con calma
te la explico,
pero hazme la cama.
No me gusta soñar arrugada.
¿Entiendes?
Yo empecé con diez años y desde entonces,
carrerilla y a saltar.
Yo soñaba con mi maestra de primero
de primaria,
y muchas veces la salvaba.
Ven tú,
sácame de aquí y vuélveme
a caricias la vida loca,
que rimen hasta los chicles en el suelo,
que no se entere ni Dios
que me la sudan sus promesas,
sus apuestas.

Te voy a cantar en Ron menor
que hace tiempo que me pasé
a la ginebra con limón.
Que descubrí otra canción que rimaba con amor
y que casi me caigo
por estar mirando culos ajenos.
Ajenos a mis manos.
Malditos sean.

Es esta mierda de sistema.
Que sin comas no soy nada
y me como el aire a bocanadas de ti.
Lo siento,
hoy volví a pensar en dejar de pensarte.
De mañana no pasa,
lo NO-prometo.

Me he quitado la nariz de payaso
y me he saltado tu turno.
Ya no quiero que aparezcas ni en sueños
pero dame un beso
y todo eso…
Ya sabes,
ronroneo con tu voz
si me acojonas
y me vuelvo salvaje
si te dejas convencer.

No entiendo muy bien
esta última sutileza,
lo siento,
ando muy ocupada olvidándote.

¿Y ahora qué?
Ahora nada.

Con arrugas,
con maestras y princesas,
con recuerdos dentro de borracheras
que llegan a las orillas de
vete tú a saber que piernas.
No.

Yo hace mucho tiempo que aprendí
a sentirme orgullosa
de la mierda de soledad
que comparto sola.
No me expliques todos los besos
que nos daríamos
porque eso solo pasará
en esos otros tantos sueños
que no cuento
por si acaso.

¿Entiendes?
Que no te quiero,
pero estaría bien.


viernes, 21 de noviembre de 2008

In this moment, dear Alice... in this moment...



Contigo el universo se me haría pequeño. Muy pequeño.

¿En qué momento dejaste de ser tan diminuta?
Ya no cabes en mis manos. Mis ojos te tienen que ver por partes, eres imposible de resumir en tan solo una página y además…
Llenas mi cabeza, cada día, con palabras y escenas casi imaginadas y no cabes.
El infinito se te queda corto y camino pensando en tropezarme con un trocito de ti. Ese, el que tú me quieras dar.

He cambiado teclas por sellos y seriedad por bromas. He leído y releído en busca de mensajes secretos, he ido al mar a ver si llega esa botella mensajera, he bajado y he subido y aun así sigues estando lejos y enorme. No llego a alcanzarte, no me cabes en los brazos.
Soplas y soplas.
Mi corazón se ha ido volando.

Te estiras y yo me encojo y aun así tú sabes esconderte mejor que yo.
Te he echado de menos el tiempo en el que no me cabías en la maleta.
Ahora la has roto intentado meter la cabeza.
En el País de las Maravillas hay demasiados alucinógenos, demasiadas drogas y anabolizantes.
Escupe esas pastillas ya, vamos, quiero que me persigas, que oigas el tictac.
Envenénate con mi té y córtame la cabeza, pero toma de esa otra seta.
Ahógate en el mar y llórame luego. Quiero que en la botella llegues tú y no palabras.

Pero no me rompas la casa. No quiero ver tus piernas en mis ventanas, rugiendo libertad. No quiero sonrisas enormes ni que duermas para olvidar.
Canta si quieres, vuélvete la flor más bonita del jardín de nunca jamás.
Despiértate y mira cuánto has crecido.

Ella también se tiró al precipicio, y soñó.

Ella antes era igual de diminuta que tú.

Y ahora, ¿En qué momento dejaste de ser tan pequeña, de romperme la casa, de tener tanto miedo, de no querer perseguir ese tictac?
¿En que momento me has matado a recuerdos?
¿Eh?

martes, 18 de noviembre de 2008

Efímero se llama al juego...


Hago el idiota y luego
solo oigo silencio.
Soy demasiado mayor
para pensar tan poco
y deberías marcharte.

¿Ves esas maletas?
Son para que no vuelvas.
Ahora deja de mancharme
con sonrisas.
No dispares más besos
sin apuntar.
Eres un peligro...
Tendré que adormilarte
con dardos tranquilizantes.
Ya no seré más tu diana
y el mundo se volverá
blanco y negro
porque nos queda mejor al recuerdo.

Desaparecerás
por mucho que yo no quiera
y entraré en quiebra
una vez
cada mes.

Ven.
Ahora ven
y desquíciame el alma.
Muerde cada esquina
de mi vida
y después de la guerra
quema todas esas cartas.
No tuvieron sentido
ni siquiera al principio.

Sin querida y sin fecha.
A mi no me hace falta protocolo
ni orden
ni tiempo
ni espacio.
Voy a lo que voy.
Pienso la mitad del día en el cómo
y la otra mitad
en el cuándo.
Luego tú me dirás que no puedes,
que se te hace tarde,
que no entiendes lo que sucede.

Que me pica el cuerpo
y se me desbordan lágrimas
en un asalto a llanto armado.
Que no sé como convencerte
de que no quiero convencerte
de nada.
Que las despedida
pueden más a las distancias
del después
y hay canciones que querría
y no sé.

¿Sabes?
Antes de dormir
siempre intento recordarte
en algún momento
de los buenos
y a veces
Morfeo me premia
con tenerte cerca
al menos en diez horas de noche.
Que no es poco,
pero tampoco lo es todo.

Y no te vayas a creer,
no nos vayamos a engañar.

Que sé vivir de mentiras
dos o tres días,
pero una eternidad es muy difícil
de compaginar
con quererte tanto
y tan raro.
Todo el rato
o tiempo
o como queramos llamarlo.

Pero lo cierto es que quería
escribirlo todo
y otra vez
sigo sin saber que decir.

Me has callado a silencios
y ya no recuerdo
ni si quiera
cuándo te quise por última vez.
Debió ser ayer…
mientras pensaba en soñar contigo.

Y maldita seas.

¿Ves esas maletas?
Son para que te quedes.
Para que te quedes de verdad.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Anoche soñé contigo.

Anoche soñé contigo. Por fin.
Era una calle empinada de piedra y todas las casas eran blancas.
Dentro de alguna estabas tú y también le susurrábamos al mar con caricias inventadas.
Yo no podía dejar de mirarte. Estabas a mi lado al menos en un sueño y no me iba a despertar por mucho ruido que hicieran.
Déjame besarte antes de despertar, te hubiera dicho, pero te adelantaste.
Del suelo crecían algunas hierbas y olía a salitre. Hablábamos al borde de un acantilado, apoyadas en una valla de madera.
Intentaba convencerte de que si tú saltabas yo iba detrás, y que de todas las letras del abecedario yo me olvidaba si aparecías.
Te contaba en silencio la de veces que había soñado contigo.
La de amores que hubiera cocinado por ti y la de precipicios que se hacen infinitos si bebo y no estás.
Anoche a parte de soñar contigo también bebí.
Grité tu nombre en medio de la borrachera y jamás apareciste.
¿Pero qué es esto?
No la puedo olvidar tan fácil, dije y pedí otra cerveza.
Pero al llegar a casa, soñé contigo.
Eso es más que suficiente para seguir haciendo el ridículo y cansarme a veces.
Escucha el mar. No digas ni una sola palabra. No quiero morirme por tus huesos y tener que venderme, así que cierra el pico. Vamos tan solo a mirarnos un poco. Solo si quieres… Este sueño también es tuyo, puedes irte cuando te de la gana.
Te ibas. Como siempre te marchabas y yo te agarré por el brazo.
No recuerdo muy bien lo que te dije pero debió ser verdad, seguro.

-¿No ves que estoy a kilómetros de mi casa, que en este sueño vivo en subida, que huele a mar y para llegar a conocerte hay que recorrer todo un desierto de sal? ¿No ves que en el mundo no hay más personas que tú y que yo, que no hay mundos paralelos, que me dejas sin respiración con cada pestañear y yo que tengo asma...? ¿No ves que me gustas?

Me di la vuelta y me dispuse a caminar pero algo me sujetó. Me di la vuelta y extendiste tu mano.

-Me voy a arriesgar, arriésgate tú conmigo. Si me caigo me cogerás, si me pierdo me encontrarás, si te beso me besarás. No quiero cobardes a mi lado.
¿Trato hecho?

Estreché mi mano con la tuya. Con fuerza.
Y de pronto, aquellas casas blancas, mi vida en subida, las mareas del viento, el salitre de tus labios, las hierbas de entre las piedras del camino, los muros grises, los acantilados y precipicios, desaparecieron en un beso.
Me desperté con un beso tuyo y juro que aun te tengo en mi saliva.
Juro que mi vida sigue estando en subida y en sueños se estiran los segundos hasta alcanzar el infinito.

Luego comencé a subir, pero esta vez, amarrada a tu cintura.
A la altura justa y necesaria para ser todo lo valiente que fuera necesario.
Y por fin… anoche soñé contigo.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Eternidad.es

Eternidad.
(Del lat. aeternĭtas, -ātis).
1. f. Perpetuidad sin principio, sucesión ni fin.
2. f. Duración dilatada de siglos y edades.
3. f. coloq. Duración excesivamente prolongada. Esto dura una eternidad.
4. f. Rel. Posesión simultánea y perfecta de una vida interminable, considerada atributo de Dios.
5. f. Rel. Vida perdurable de la persona después de la muerte.

Eternidad.es mudas
que se estrechan entre dedos.
El humo que me recuerda al primero
y a la pérdida de la cuenta
por tu culpa.

Me gusta esa chica y tú lo sabes
mejor que nadie
y aun así
te digo todo lo que te quiero
y lo genial que sería tenerte aquí,
conmigo.

Eternidad es lo que tarda una carta
en decirte con mi letra que te quiero
por lo menos cien veces
en menos de un centímetro cuadrado.

Y sabes que me moriría por un abrazo
tuyo ahora mismo.
Por quererte y rogarte entre cosquillitas
en la espalda
que estires el tiempo.
Que te quedes durante una eternidad,
conmigo.

Eternidad.es como los silencios
que te guardo casi siempre,
cuando veo todos esos versos
gritando verde
y tú tan lejos.

Eso es la eternidad.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Magiamagia y sonrisas azucaradas*

Y ahora…

Siempre se me caen los años al suelo
cuando bebo
y acabo arrancándome
cada sonrisa
para regalárselas
a quien las necesite.
Me he enfadado con el mundo
en lo que va de día
un millón de veces
y sigo de pie,
y he querido estar contigo
todas esas veces
elevadas al infinito
y por eso
te escribo.

Por si me lees,
estar en tus pupilas,
por si me memorizas,
estar en tu mente,
por si me escuchas,
estar en tus oídos,
por si me quieres,
quererte yo también.

He mentido no sé ni cuantas veces
para que no me pillen las verdades
y he querido caerme
y tirarlo todo al suelo
para recogerme luego.

Miro el teléfono casi siempre
por si acaso te asomas
y vivo pendiente
de verte
al menos un minuto al día.
Daría partes
y mitades
por pasar una tarde
y otra
y
otra.
Daría mil razones
por las que yo me lancé
al ridículo
sin miedo,
aunque luego piense
que si tú te marchas
el vacío se me hará muy grande
y así,
empapada de versos
lo mojaría todo
por ti.

No quieras despedirte tan pronto,
la función acaba de empezar
y tengo el arte y la magia
en cada palabra
que no se lee…
Se siente.

Por eso cuando te abrazo
me da por estrujarte
y guardarme un poco de tu aroma
para por la noche,
cuando todo se haya apagado.
Por eso te pienso melodía
y por eso…

Cada dos por tres pregunto
y quisiera que todo el mundo supiera de ti
menos ese sector minúsculo
al que te guardo con celos.
Por eso siempre acabas derrumbándome
con una sola frase.

Y quisiera mirarte a los ojos,
que no supiéramos de futuros
y mucho menos
de pasados.

Quisiera hablar con el alma,
callar con la boca
y en sonrisas…
Hacerte magia.


domingo, 9 de noviembre de 2008

En el bolsillo

-No la voy a saludar- pensé- Estoy demasiado borracha…
Aquella noche no la saludé porque estaba demasiado borracha, aunque no lo suficiente… Debería haber bebido más cerveza y menos vodka y así la hubiera podido saludar hasta de una manera cómica, pero no, anoche me metí la valentía de la embriaguez en el bolsillo del pantalón.
Seguro que ella ni me vio, claro, yo iba muy borracha pero por fin aprendí a pasar desapercibida. Miles de niños vestidos de negro, con los ojos y las uñas pintadas de negro abarrotaban aquella calle. Yo me acostumbré a esas vacías figuras hasta el punto de solo verla a ella, mientras pensaba que no la saludaría hoy.
Debí hacerlo ya que la veía poco entre semana, por no decir nada. Nada es una palabra muy fea cuando se empieza a hablar de una chica.
Ella hablaba con sus amigos y reía. No iba de negro, será por eso que no me costó mucho encontrarla y olvidarme del resto. Le daba la mano a otro chico y…
Ya no sé distinguir cuando una mujer ha bebido. Llevo mucho tiempo creyendo en eso que dicen de, cree el ladrón que todos son de su condición.
Supongo que habría bebido algo. Ella besó a aquel chico y se la veía feliz. Feliz o borracha y yo… Yo también estaba borracha pero menos, y con un bolsillo lleno de ganas.
Se besaron durante dos minutos sin despegar sus jóvenes labios. Parecían comerse la vida por muy negro que dijeran que lo veían todo. Vida tenían hasta para regalar y a mi se me había caído al suelo, por muy verde que fuera mi camisa.
También y no sé muy bien si fue una botella que se rompió o qué, pero juro que pensé en mi corazón. Incluso hice un amago de recoger los trozos del suelo. No tenía mucha voz pero si la hubiera tenido, habría gritado que no se movieran, que se estuvieran quietos… se me había caído el corazón al suelo.
Eran adolescentes, un nivel diferente… aunque yo a su edad aun soñaba con las chicas de la televisión y besaba almohadas practicando para el gran día. Ni bebía, ni fumaba, ni me drogaba. Será por eso que ahora lo hago todo de golpe. El caso es que la edad no importa… si… ya…
¿Y a quién le contaría yo que una niña de dieciséis años me había roto el corazón?
Qué vergüenza, que horror… Que mierda.
Hace tiempo que me cansé de eufemismos y palabras bonitas. También me invento las historias que me da la gana porque mañana es domingo y yo… Yo no la saludé.
Tampoco me despedí de ella… o sí…
El caso es que se marchó y yo también.
Y mientras se iba yo pensaba en derrumbarme por fuera para que todo el mundo supiera como estaba por dentro y no.
Caminé unos quince metros hasta llegar a un muro y me senté. La gente pensaría que estaba muy borracha, con ganas de vomitar. Aquella noche lo único que vomité fue mi alma. Estaba sangrando mucho y fumaba. Uno tras otro los cigarrillos se consumían y mi paciencia…
Cogí una guagua. Hoy no quería conocer a nadie más.
Cuando llegué a casa me puse a escribir aunque seguía borracha y con hambre y apestaba a tabaco. Escribí una bazofia porque es lo que tengo en mente últimamente y luego me cansé de esperar algo que jamás llegaría y me metí en la cama pero antes…
Al quitarme los pantalones algo se cayó de un bolsillo.
Ya ni me acordaba.
Se me había olvidado que tenía un puñado de ganas esperando a que se me pasara el pedo para poder ir a saludarla.
A la mañana siguiente…
Las ganas quisieron ser arrepentimiento solo por ser domingo, pero esta vez no las dejé… Anoche no la saludé solo para que las ganas no se me disfrazaran de domingo, de arrepentimiento, de soledad y de recuerdos.

-¡Hola!, no te iba a saludar pero… es que me acabo de acordar que no he bebido nada…

lunes, 3 de noviembre de 2008

Closer.


Aun no sé caer sin hacerme daño. No me ha dado tiempo para aprender que las cosas que hay dentro de mi cabeza, no salen a fuera para hacerme la vida mejor.
No he podido inventarme un buen final porque los finales siempre son los malos de las películas y tampoco se me ha dado bien acertar con los principios y si tú quieres yo me dejo. Me cambio de nombre, me voy del país, escucho tu música y me pongo a dieta.
Los principios están para los buenos perdedores no para los perdedores por costumbre. Perdedores como forma de vida.
No me sale olvidar porque no me he puesto a intentarlo. Sé que todo es cuestión de ponerse, de callarse cuando hay tantas cosas que decir, de estarse quieta para que una vez más la historia la escriban otros.
Aunque no me importe que fueran tus labios los que empezaron a leerme las intenciones.
No tendrás ni idea de la mitad de las cosas que se me pasan por la cabeza, no querrás saber nada hasta dentro de la próxima vez, que darás por zanjada la conversación y de camino a casa me acabaré atragantando con mil ideas mientras las masticaba pensando en ti. Sonriendo.
Es cuestión de guardar silencio de verdad y mirarnos a los ojos, luego a los labios y vuelta a los ojos para más tarde guardarme la valentía en los bolsillos para y solo para que me dejen de temblar las rodillas.
Tú debes morirte de sueño y yo que siempre tengo esas extrañas ganas de besarte. Lo cierto es que podría hacerlo e incluso podría solo tener ganas de besar pero es ese no sé qué irresistible de que me recuerdes a más de una canción, de que me calmes unos nervios para alterarme otros.
Es que querría cuidarte aunque no te des cuenta.
Quiero aparecer en todos los acentos con los que hablas cuando estás contenta y ser cada lágrima cuando llores por dentro. Las niñas grande solo lloran viendo películas de amor. Solo ahí, cuando piensas en lo genial que sería decir ciertas cosas sin miedo a caerse, a perder, a llorar.
Ya no queda mucho que perder. Estaba bien antes de que aparecieras y no creo que me destroces la vida ahora. Ahora no, tú no.
Pero yo sí.

Y no tengo miedo a nada por mucho que me tiemblen las rodillas, por mucho que intente no tocar el suelo cuando pienso en ti, por mucho que luego busque explicación a todo lo que me sucede por tu culpa.
Por tu culpa yo no paro de pensar en todas las cosas que querría decirte y que en una de estas se me van a escapar, ¿y quién sabe si serás tú quien las escuche?
Serás tú, sí. Yo misma me encargaré de que te vayas corriendo, de que no quieras verme jamás, de que no quieras ni mirarme…
Yo tampoco querría mirarte después de todo eso.
Siempre me gustó besar con los ojos cerrados.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Levitar.

Ahora que me he tranquilizado…
Me recordó todo tanto a ti que parecía que podías estar a mi lado para siempre y yo me lo creí o al menos, me lo quise creer.
Tenías una capucha puesta, aunque no lloviera y me sonreías. Me sonreías el alma.
A mi las chicas con chaleco siempre me gustaron más que el resto y si además estaban sobrias, mucho mejor.
La primera vez que me cogiste la mano, la noche dejó de tener sentido y ni mis amigos, ni el dinero para volver a casa, ni el concierto, me importaban ya.
Las chicas sobrias y con chalecos me gustan, pero aun más si tienen ese fleco a un lado y un lunar encima de unos labios espectacularmente bellos, y bueno, ya ni sé…
Perdí la cuenta de todas las cosas que me encantan de ti anoche.

Las gotas golpeaban el cristal del coche hoy y pasamos por delante de recuerdos con nombres propios y muchas faltas de respeto de mentiritas. Pasamos por delante del tranvía, eso es todo.
Y anoche, de vuelta a casa, tuve que caminar muchísimos metros pero no los noté y eso que me dolía el cuerpo de sentir. Mis pies se dieron cuenta de todo esta mañana y aun no me han perdonado. Tampoco es que me importe mucho. Sigo en el mismo estado en el que me dormí anoche.
Empezaba a chispear cuando ya estaba llegando, ¿sabes?, y no me importó. No me importó que el frío me congelara los dientes. No podía evitar sonreír todo el rato, a todas horas y repetir cada palabra continuamente en mi mente.
Todo ayer estuvo a mi favor. Justo cuando entré en casa empezó a llover de manera torrencial y yo, por suerte, ya estaba dentro.
Mi retina, aunque estuvieras lejos, no dejaba de verte.
Las calles mojadas saben mejor si te pones a pensar. Si eres feliz y te da por bailar un rato mientras miles de gotas mueren en tu piel, al borde de los portales donde la gente se arropa para no mojarse, donde la gente hace el amor y folla, en el asfalto antideslizante de amor y locura, entre los huecos de la ropa. Ahora siento un poco más de frío, pero da igual.
Las gotas no tienen recuerdos, ni futuros ni presentes. Caer no es ningún tiempo verbal, más bien, es una estupidez inevitable.
Y ahí estaba yo ayer. Cayendo como una estúpida a la que no se le da bien empezar con buen pie.
Menos mal que empezaste tú.

Y por eso, si me dejas sola un rato, si me dejas sola y tranquila, con música, con ruido o con silencio, si me dejas un par de segundo, si no me hablas, si no me llamas, si no me miras ni me sonríes, si me dejas, yo me acordaré de ti. De lo guapa que ibas ayer con ese chaleco y de esos labios. Me acordaré de cómo besas y de todo lo que al verte se me olvida.

Me acordaré de que hay veces que los pies no me llegan al suelo.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.