domingo, 16 de noviembre de 2008

Anoche soñé contigo.

Anoche soñé contigo. Por fin.
Era una calle empinada de piedra y todas las casas eran blancas.
Dentro de alguna estabas tú y también le susurrábamos al mar con caricias inventadas.
Yo no podía dejar de mirarte. Estabas a mi lado al menos en un sueño y no me iba a despertar por mucho ruido que hicieran.
Déjame besarte antes de despertar, te hubiera dicho, pero te adelantaste.
Del suelo crecían algunas hierbas y olía a salitre. Hablábamos al borde de un acantilado, apoyadas en una valla de madera.
Intentaba convencerte de que si tú saltabas yo iba detrás, y que de todas las letras del abecedario yo me olvidaba si aparecías.
Te contaba en silencio la de veces que había soñado contigo.
La de amores que hubiera cocinado por ti y la de precipicios que se hacen infinitos si bebo y no estás.
Anoche a parte de soñar contigo también bebí.
Grité tu nombre en medio de la borrachera y jamás apareciste.
¿Pero qué es esto?
No la puedo olvidar tan fácil, dije y pedí otra cerveza.
Pero al llegar a casa, soñé contigo.
Eso es más que suficiente para seguir haciendo el ridículo y cansarme a veces.
Escucha el mar. No digas ni una sola palabra. No quiero morirme por tus huesos y tener que venderme, así que cierra el pico. Vamos tan solo a mirarnos un poco. Solo si quieres… Este sueño también es tuyo, puedes irte cuando te de la gana.
Te ibas. Como siempre te marchabas y yo te agarré por el brazo.
No recuerdo muy bien lo que te dije pero debió ser verdad, seguro.

-¿No ves que estoy a kilómetros de mi casa, que en este sueño vivo en subida, que huele a mar y para llegar a conocerte hay que recorrer todo un desierto de sal? ¿No ves que en el mundo no hay más personas que tú y que yo, que no hay mundos paralelos, que me dejas sin respiración con cada pestañear y yo que tengo asma...? ¿No ves que me gustas?

Me di la vuelta y me dispuse a caminar pero algo me sujetó. Me di la vuelta y extendiste tu mano.

-Me voy a arriesgar, arriésgate tú conmigo. Si me caigo me cogerás, si me pierdo me encontrarás, si te beso me besarás. No quiero cobardes a mi lado.
¿Trato hecho?

Estreché mi mano con la tuya. Con fuerza.
Y de pronto, aquellas casas blancas, mi vida en subida, las mareas del viento, el salitre de tus labios, las hierbas de entre las piedras del camino, los muros grises, los acantilados y precipicios, desaparecieron en un beso.
Me desperté con un beso tuyo y juro que aun te tengo en mi saliva.
Juro que mi vida sigue estando en subida y en sueños se estiran los segundos hasta alcanzar el infinito.

Luego comencé a subir, pero esta vez, amarrada a tu cintura.
A la altura justa y necesaria para ser todo lo valiente que fuera necesario.
Y por fin… anoche soñé contigo.

1 comentario:

Molly Earnshaw dijo...

los sueños a veces se hacen realidad.
Los muros grises, las hierbas entre las piedras, la casas blancas y el salitre...
Ay! El salitre... Ojala yo también soñara con el salitre y con el mar.

:)

Atraviesa todos esos desiertos, porque sabes que si ella no cae contigo, te dolerá mas el golpe.


:)



[Palabra de verificación: DOMACES]


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.