lunes, 3 de noviembre de 2008

Closer.


Aun no sé caer sin hacerme daño. No me ha dado tiempo para aprender que las cosas que hay dentro de mi cabeza, no salen a fuera para hacerme la vida mejor.
No he podido inventarme un buen final porque los finales siempre son los malos de las películas y tampoco se me ha dado bien acertar con los principios y si tú quieres yo me dejo. Me cambio de nombre, me voy del país, escucho tu música y me pongo a dieta.
Los principios están para los buenos perdedores no para los perdedores por costumbre. Perdedores como forma de vida.
No me sale olvidar porque no me he puesto a intentarlo. Sé que todo es cuestión de ponerse, de callarse cuando hay tantas cosas que decir, de estarse quieta para que una vez más la historia la escriban otros.
Aunque no me importe que fueran tus labios los que empezaron a leerme las intenciones.
No tendrás ni idea de la mitad de las cosas que se me pasan por la cabeza, no querrás saber nada hasta dentro de la próxima vez, que darás por zanjada la conversación y de camino a casa me acabaré atragantando con mil ideas mientras las masticaba pensando en ti. Sonriendo.
Es cuestión de guardar silencio de verdad y mirarnos a los ojos, luego a los labios y vuelta a los ojos para más tarde guardarme la valentía en los bolsillos para y solo para que me dejen de temblar las rodillas.
Tú debes morirte de sueño y yo que siempre tengo esas extrañas ganas de besarte. Lo cierto es que podría hacerlo e incluso podría solo tener ganas de besar pero es ese no sé qué irresistible de que me recuerdes a más de una canción, de que me calmes unos nervios para alterarme otros.
Es que querría cuidarte aunque no te des cuenta.
Quiero aparecer en todos los acentos con los que hablas cuando estás contenta y ser cada lágrima cuando llores por dentro. Las niñas grande solo lloran viendo películas de amor. Solo ahí, cuando piensas en lo genial que sería decir ciertas cosas sin miedo a caerse, a perder, a llorar.
Ya no queda mucho que perder. Estaba bien antes de que aparecieras y no creo que me destroces la vida ahora. Ahora no, tú no.
Pero yo sí.

Y no tengo miedo a nada por mucho que me tiemblen las rodillas, por mucho que intente no tocar el suelo cuando pienso en ti, por mucho que luego busque explicación a todo lo que me sucede por tu culpa.
Por tu culpa yo no paro de pensar en todas las cosas que querría decirte y que en una de estas se me van a escapar, ¿y quién sabe si serás tú quien las escuche?
Serás tú, sí. Yo misma me encargaré de que te vayas corriendo, de que no quieras verme jamás, de que no quieras ni mirarme…
Yo tampoco querría mirarte después de todo eso.
Siempre me gustó besar con los ojos cerrados.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.