domingo, 9 de noviembre de 2008

En el bolsillo

-No la voy a saludar- pensé- Estoy demasiado borracha…
Aquella noche no la saludé porque estaba demasiado borracha, aunque no lo suficiente… Debería haber bebido más cerveza y menos vodka y así la hubiera podido saludar hasta de una manera cómica, pero no, anoche me metí la valentía de la embriaguez en el bolsillo del pantalón.
Seguro que ella ni me vio, claro, yo iba muy borracha pero por fin aprendí a pasar desapercibida. Miles de niños vestidos de negro, con los ojos y las uñas pintadas de negro abarrotaban aquella calle. Yo me acostumbré a esas vacías figuras hasta el punto de solo verla a ella, mientras pensaba que no la saludaría hoy.
Debí hacerlo ya que la veía poco entre semana, por no decir nada. Nada es una palabra muy fea cuando se empieza a hablar de una chica.
Ella hablaba con sus amigos y reía. No iba de negro, será por eso que no me costó mucho encontrarla y olvidarme del resto. Le daba la mano a otro chico y…
Ya no sé distinguir cuando una mujer ha bebido. Llevo mucho tiempo creyendo en eso que dicen de, cree el ladrón que todos son de su condición.
Supongo que habría bebido algo. Ella besó a aquel chico y se la veía feliz. Feliz o borracha y yo… Yo también estaba borracha pero menos, y con un bolsillo lleno de ganas.
Se besaron durante dos minutos sin despegar sus jóvenes labios. Parecían comerse la vida por muy negro que dijeran que lo veían todo. Vida tenían hasta para regalar y a mi se me había caído al suelo, por muy verde que fuera mi camisa.
También y no sé muy bien si fue una botella que se rompió o qué, pero juro que pensé en mi corazón. Incluso hice un amago de recoger los trozos del suelo. No tenía mucha voz pero si la hubiera tenido, habría gritado que no se movieran, que se estuvieran quietos… se me había caído el corazón al suelo.
Eran adolescentes, un nivel diferente… aunque yo a su edad aun soñaba con las chicas de la televisión y besaba almohadas practicando para el gran día. Ni bebía, ni fumaba, ni me drogaba. Será por eso que ahora lo hago todo de golpe. El caso es que la edad no importa… si… ya…
¿Y a quién le contaría yo que una niña de dieciséis años me había roto el corazón?
Qué vergüenza, que horror… Que mierda.
Hace tiempo que me cansé de eufemismos y palabras bonitas. También me invento las historias que me da la gana porque mañana es domingo y yo… Yo no la saludé.
Tampoco me despedí de ella… o sí…
El caso es que se marchó y yo también.
Y mientras se iba yo pensaba en derrumbarme por fuera para que todo el mundo supiera como estaba por dentro y no.
Caminé unos quince metros hasta llegar a un muro y me senté. La gente pensaría que estaba muy borracha, con ganas de vomitar. Aquella noche lo único que vomité fue mi alma. Estaba sangrando mucho y fumaba. Uno tras otro los cigarrillos se consumían y mi paciencia…
Cogí una guagua. Hoy no quería conocer a nadie más.
Cuando llegué a casa me puse a escribir aunque seguía borracha y con hambre y apestaba a tabaco. Escribí una bazofia porque es lo que tengo en mente últimamente y luego me cansé de esperar algo que jamás llegaría y me metí en la cama pero antes…
Al quitarme los pantalones algo se cayó de un bolsillo.
Ya ni me acordaba.
Se me había olvidado que tenía un puñado de ganas esperando a que se me pasara el pedo para poder ir a saludarla.
A la mañana siguiente…
Las ganas quisieron ser arrepentimiento solo por ser domingo, pero esta vez no las dejé… Anoche no la saludé solo para que las ganas no se me disfrazaran de domingo, de arrepentimiento, de soledad y de recuerdos.

-¡Hola!, no te iba a saludar pero… es que me acabo de acordar que no he bebido nada…

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