lunes, 15 de diciembre de 2008

En teoría.



En teoría, 
todo era un continuo de arco iris.

Las gotas se vaciaban en caída libre
y acababan destrozadas entre la línea que separaba
la libertad de la agonía.
Cuando vas a mucha velocidad, 
el agua parece cristal y te agujerea. 
No hace falta moverse para sentir esto.
El cerebro tiene la posibilidad de darte vértigo 
teniendo los pies bien pegados al suelo
y elevarte cuando de pronto suena una campana y se marcha el tranvía.
Mis ojos querían seguir viéndola.

Brota algo rojo de mis labios. 
Es sangre y es frío.

En teoría, 
los cristales sudan porque en cada baño de esa biblioteca
había, como mínimo, dos corazones
expulsando gemidos por los poros.
Yo los oía mientras miles de letras
se amontonaban en la punta de mi lengua a punto de saltar.

Es la imaginación. 
Una diarrea verbal que impregna todos los huecos de mi mente.
Horror vacui.

He resbalado por todos los suelos de esta ciudad
sin encontrar el tropiezo de suerte
en el que de una caída tonta encuentre el amor de mi miércoles,
aunque hoy sea lunes
y además,
de noche.
Estoy amarrada a vivir del cuento toda la vida
y construir tejado de iguales y paréntesis.
El infinito se acabó por un tiempo. 
A continuación, 
respiro.

Hay hielo en mis pulmones. 

Ha llegado diciembre y por muchos espantapájaros de viernes que ponga
no van a dejar de picarme los ojos.
Hay todavía muchas semillas ante mis pies,
en mis pies,
por mis pies.
Prefiero que me devores tú a tener que hacerlo yo.

En teoría, 
si estiro el brazo, 
mi mano comienza a congelarse. 

Pena que no pueda sacarme el alma de un suspiro para que se tome un respiro.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.