martes, 29 de diciembre de 2009

Suciedades.

Me lo estoy imaginando.
Estar tres días sin lavarme los dientes porque comerte no da caries. Una semana entera bañándome en tu olor y aun sabiendo que necesito una ducha, quedarme un ratito más contigo, en la cama.
Notar como la grasa de mi pelo se enreda entre mis dedos y seguir adelante con todo porque estas cosas no se pueden parar
en el mejor momento.

Estar sucia de ti, enferma de ti, drogadicta de ti. Llevar la misma ropa de ayer a la facultad, y verlo solo de la manera más romántica que puede existir.
Las pasiones del momento, comer porquerías por no perder más tiempo en la cocina, dejar que otros vengan y recojan lo que hemos destrozado
para, sin decirnos nada, seguir con lo nuestro.

Quién necesita oler bien cuando debajo de tanta piel existen miles de versos aflorando al mismo tiempo que ella se retuerce entre mis brazos.
Nos duchamos juntas para ahorrar agua y aun así no paramos de mojarnos. Entre el vaho y la pared, yo exhalo tiempo ardiendo para que no pases frío mientras te dejas querer. Tus manos arañan los azulejos, estás más lejos de lo que parece pero tan cerca de mí que puedo olerte los pensamientos. Estás agachada. Sientes como el agua te acaricia, a mí también. Me tocas.
Estoy dejando que me toques y eso no es muy usual en mí.
El agua se desliza por tus pechos, cayendo en cascada por tus pezones. Te estoy devorando entre ahogos y suspiros.

No sé si me da más placer ver como corre toda esa basura por el sumidero después de estar toda la noche contigo, o contigo, ver como nos corremos.
Estás de espaldas delante de mí, te sujeto bien, cojo tu cara y la vuelvo hacia mí. Te beso.
Vuelves a mirar con los ojos cerrados al frente y yo, hurgando entre tu pelo te susurro cosas al oído.

Y todo lo demás no importa.

Suenan canciones que no se oyen.
Solo cuando no estás y te echo de menos.
Sentirme pegajosa de amor.
Oler a madrugadas.

Y no voy a cambiar estas sábanas hasta que no regreses. Al menos así una parte de mi piel podrá volver a tocar la tuya mientras cierro los ojos y me doy la vuelta.

Buenos días, preciosa.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Accidentes.



Apareció en mi vida casi por accidente.
En plan... Ni remota idea de que casi tres meses después
estuviera viendo sus fotos en el ordenador como una loca, porque se va de viaje y ya la echo de menos.

Es de esos presentimientos que a veces me hace pensar si de veras ella estaba escrita en mí mucho antes de yo darme cuenta de ello.
Quizás mucho antes del antes las dos por separado pensáramos las mismas cosas en los mismos momentos y nos tuviéramos ganas sin ni siquiera conocer ambas existencias.

A veces las cosas no salen del todo bien, pero supongo que son esas cosas las que hacen que el resto si que valga muchísimo más la pena.
Me pregunto cómo sería mi vida si no la hubiera conocido. Si en vez de echarle veintitrés le hubiera adivinado la edad, si en vez de no pensar que aquello fuera a suceder, lo hubiera sabido… esto no tendría nada de sentido, creo yo.
Estuvo bonito que me dijera que me quería querer, cuando yo aun seguía pensando en que eso era imposible y que por mi parte… le podría haber dado amor pero no todo el amor que ella buscaba.

Estaba en mi cama cerca, muy cerca y aun así, no la besé hasta que no estuvo a menos dos de mi por miedo a…

¿Esto?

No. Ella no quería nada con nadie.
Pero resulté ser todo eso. Todo esto.
Y resultó ser algo que no me había pasado hace tiempo, no, nunca. Nuevo.
Descubrirme en un pensamiento opuesto y
el sexo,
el amor,
la expresión,
la desnudez en todos los amplios sentidos de la palabra,
resulto que en su azotea
las cosas eran tan bonitas que ni por un momento llegué a imaginarme en esta situación.

Amando.

¡Dios mío!

Sintiendo, queriendo, luchando, llorando, besando, amando.

No me lo creo y aun así, solo espero que mañana al abrir los ojos, todo esto siga siendo cierto.

Te quiero.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Kilómetros fuera.

De tu nombre
y esas cosas circulares que te persiguen
cuando nada es lo que parece.
Cuerdas y árboles
y ramas para deslizarnos
a otro lugar donde no haya que rendirnos
las miradas
y reverencia.
Para no parecer idiota,
mejor me escondo, lo dejamos estar
nos vamos a tripular otros barcos pasajeros
sin olvidarnos los labios
y confiar en el tiempo
como medida cuantitativa de medicina.
Cicatrizantes,
ir de camino a cualquier lado
sin saber muy bien el por qué de no encontrarnos
y llorar porque es el único remedio
para no envenenarnos del todo.

Y un poquito
habría hecho grandes cosas
pero como siempre
me quedo a mitad de camino
pensando
en que si hubiera podido
también lo habría hecho antes.
Y no lo hicimos.

Recoger tus cosas,
ir versando cosas dolorosas
por las espaldas de muchas otras
e intentar beber amor de muchos lados
para ahogar tus penas.

Gritarte que yo jamás me di cuenta
cruzando los dedos
porque miento más que hablo
y debajo de la cama
tengo rotas mil promesas.

Llego tarde y lo seguiré haciendo
hasta que deje de recordarme
que tú, en otra parte del universo
tampoco estarás llegando a tiempo.

Desmoronar todo un castillo
de cualquier material de construcción
porque sigo siendo una nómada
por mucho que la edad
me pida un descanso.
Hay kilómetros ahí fuera…
Prometo no olvidarme de nada.

Te lo prometo.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Coleccion.arte.

Me gusta coleccionarte en los momentos buenos
y
cambiarte por sueños en los malos.
Ganar con el peor caballo
perdedor
y aun sabiendo que no voy a llegar nunca
me alegro
porque eso es lo bonito de esto.

El final de cada vez que lo empezamos,
los gritos
y dormir a tu lado
en un abrazo.

Coleccionar sonidos y detalles.
El cerrar los ojos y apretarse mucho entre las dos
porque sino cabemos
y lo que queríamos desde el principio
era desbordarnos.

El tenerte lejos y el tenerte cerca.
Coleccionar distancias e ir repartiendo
versos
según vayamos entendiéndonos
o
quizás el juego de dibujarnos en las sombras
para ganar la partida
y sin retorno,
recaídas,
recogidas,
vivir como si no lo hubiéramos hecho antes
por el no conocernos.

El cruce de vidas en un instante,
el saberse las reglas y aun así
ir saltando de piedra en piedra
como ranas verdes,
como cuando pensamos a la vez
que nos estamos muriendo la una por la otra.

Y coleccionar la seguridad
de saber que no hay quien nos separe
de las probabilidades, las medias,
las poblaciones y todo eso
que sin querer apostamos
desde el momento que decidimos hacernos fuertes
entre tantas debilidades.

No dejarte escapar ni a la primera, ni a la segunda,
ni a ninguna de las veces que dijimos de olvidarnos
porque yo no puedo dejar de coleccionar
orgasmos contigo,
ni sábanas,
ni tardes tirando a mañanas.
Que cuando abramos los ojos
habrá mucho más que un sol quemándonos las pupilas
y aun así, en el separarnos de vez en cuando,
un tiempo infinito de doce horas, estará la clave
para saber por qué nos queremos tanto al atarnos
y modernos y clavarnos en el suelo.

Y coleccionarte promesas
para perder siempre
y saberme en el suelo,
junto a ti,
volando.

Y quererte, que al fin y al cabo…

Es como coleccionarte muchas veces,
todas esas canciones que nos describen,
todos esos libros que nos relatan,
todas esas películas que nos observan,
sin necesidad de cambiarte
cuando nos repitamos en el tiempo
que hay cosas que desde el principio
se sabe
sin van a doler
o si van a permanecer
o si se van a quedar clavadas hasta que se nos pierdan las colecciones
de besos
y todas esas cosas que tengo guardadas en una caja de zapatos.

Coleccionarte, amor, en cada verso.
Y ya no creo que haya nadie que me gane a esto.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Vómitos.

Ahora mismo estar sola del mundo, como siempre
haciéndome la fuerte y sintiendo pequeño
para luego hacer enormes los pasos,
me da ganas de seguir sin conocer universos,
me da lo mismo si paralelos, si secantes si mojados.

Es una especie de colmar el vaso a base de vómitos del alma
y por más vacía que me siento
más llena de porquería estoy.
Y no seré yo la que decida arreglar este descontrol
que de las manos lagrimea a cada paso.
El cansancio, hay párpados que se cierran más allá del inframundo.

Faltaba sentirme así para empezar a excusarme
entre los defectos que ya sé que tengo
más los que dicen que procure
más mi mala costumbre de sentirme víctima de mí misma.
Si estoy así no es por otra cosa
que creerme las culpas mías.

Hablar con las manos, así, haciendo gestos
como si estuviera dejándome la vida en ello
pero igual, nadie nació intérprete de sentimientos
o eso creo.
Menguar y crecer cada dos por tres,
vivir en una montaña rusa del pensamiento
y no creí volverme a ver dependiente de una piel,
un cuerpo,
unos ojos que me miran, a veces, sin mirarme.

No son mis cosas las suyas y aquí estamos,
esperando a ver que pasa,
con el resto, y en particular
contigo, conmigo, con los universos de los que te hablé antes.
Y estoy segura que
entre tanta superficialidad
algo más de felicidad existía, entre mi almohada y mis ideas.

O quizás me ahorrase el pensar en mí
por tantas razones.
Me pesan.
Los brazos, las manos y el alma para levantarnos
así que no me voy a exigir ser valiente
sabiendo mis límites
y sabiendo que yo jamás seré la prisionera que salta
del barco pirata.

Una espada, soledades a parte, me gusta
seguir pareciendo indestructible
a tener que llorarle a un teléfono
que simplemente no me siento bien.

Nadie, mañana, vendrá a secarme los ojos
cuando aprenda a volver a dejar de llorar.
Nadie me va a entender incluso sin saberme yo,
mientras digo y digo, con la voz en off.
Mi boca muchas veces peca,
y hay veces que la mente
se las marca malas,
las jugadas,
el caso es que admito mi negligencia.
Soy persona, soy humana, soy culpable.

Y hacía falta, de nuevo, sentirme en el fondo,
rozando el colmo,
para levantar casi la cabeza y
entre que ojeo
y entre que me limpio lo sucio
no voy a esperar de nadie, lo que quiero.

Sí, el secreto.
La valentía de creerse en una lucha
y no permitirse el lujo de pedir ayuda,
que alguien te extienda su mano
que alguien te deje su abrigo.
Antes parecía fuerte porque quizás si lo era.
Antes no te gustaba tanto porque por encima de gentes
estaba yo
y no el mundo
y sus casuales paralelismos.
Que ni me ato al destino,
ni quiero volver a pensar que puede existir un futuro
al lado de equis aliados.

Que ni necesito compañeras de vida
ni me permito caerme frente a unos pies tan diminutos
y
un minuto…

Me habla el viento a veces, de lo mal que lo pasaba antes
pero no por el doble, ni por las ganas ni por el cansancio
de saberme en deuda.

El hueco que me corresponde,
el cemento que me oprime el pecho,
la música que suena y no soy capaz de oír más
que pensamientos.

Y esto es todo.
Yo en mi sitio, por tu lado
y tú en el extrarradio
que no es mi centro
porque yo jamás quise tener uno de esos.

Lo siento,
el mentirte sobre círculos
y lealtades.
Pero qué esperas de alguien que quiere pasar el resto de su vida
en barquitos de papeles
escrito con la tinta de cada puerto
y en cada puerto
el tesoro de dejarme la vida
luchando y fumando
y arreglando descosidos con mis hilos
y los de nadie más.

domingo, 13 de diciembre de 2009

La media de las medias.

Resulta que me gusta desnudarla y que no se distingan sus piernas de las mías, y que me diga todo con la voz y yo todo con la mirada.

Resulta que las locuras nunca habían sido tan dulces, tan enfermas, tan descontroladas. El tiempo y qué tiempo, y las sábanas, y medir mal las distancias y por eso terminar en el suelo.
Pobre.

Y resulta que me he vuelto loca de amor, y creyente las veinticuatro horas del día y resulta también, que disfrutar es un eufemismo.
El deseo, el que me digas "Fóllame" y que... qué quieres que te diga, el invierno es lo que tiene, y el tiempo que no es tiempo si te das la vuelta mientras yo te aprieto contra mí.

Y resulta que a pesar de todo y todas las cosas que sucedan, voy a estar aquí, queriéndote de improviso como la primera vez que nos vimos de verdad, con la boca cerrada, y mirándonos, de verdad, sonriendo.

Y eso.

Que mú hacen las vacas y si quieres te lo explico luego… Mú mú mú.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Tratado de impaciencia número X

Tengo miedo.

viernes, 20 de noviembre de 2009

St. John's.




ADIVINA ADIVINANZA...

A dónde se fue el infinito...?
ese mismo infinito que ya está de vuelta.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Medusas.



Sigo pensando que eres una medusa bonita
cuando estás encima de mí y me besas
y desnuda, te estiras hacia arriba y tu pelo lo cubre todo
porque eres tan princesa
y tan medusa
que me salvas a cada tempestad
que se forma cada vez que nos encerramos en el cuarto.

Que cuando vienes galopando por la calle
el mundo se vuelve verde
y llueve y hace sol
y el viento es más frío
y me besas.

Te das la vuelta y veo tu espalda
y quito las sábanas para seguir viendo
esa manchita que tienes al final de la columna,
a un ladito, chiquita y bonita.
Y te digo que me mires y me miras
y nos besamos tanto y tan despacio
que el tiempo hace un parón,
se baja del tren y sigue el camino andando.
Entonces, mis manos se anudan a tu cintura
y las palabras, entre labios, se atropellan,
y la vida sería mucho más fácil
si no fuéramos tan difíciles a veces
pero entonces no tendría gracia
darse cuenta de que esa chica que llega siempre tarde
a todos lado, a todas horas,
es la chica de tu vida
y que
los enfados, en realidad
pueden quedarse sentados a esperar.

Y descubrirme dándome cuenta de un millón de cosas,
como que las cosas que más odiaba de ella
son las que más me gustan ahora
y que
un minuto lejos
es más de sesenta segundos. Sesenta siglos lejos.

Pero para ella, lejos es ir a Plutón.

Lo que no sabe, es que un par de galaxias más allá,
mis palabras dan la vuelta y vuelven
solo por hacer carreras con sus sueños.

Se me ocurre
que desde que la conozco
todo el mundo se a convertido en agua
y todo este mar enorme que nos separa
es el mismo que nos abriga
cuando,
encima mío
una medusa chiquita y bonita
se retuerce, se estira, se mueve, me mueve, me cuida,
me atropella las palabras, me besa, me abraza, me desnuda, se desnuda,
me vuelve el mundo del revés
pero
ahhh

viste que en el mar, como en la Luna
no hay gravedad?

Y así es la vida
entre los tentáculos transparentes
de la medusa más linda de todos los mares.

Del mar que se forma cuando llega
y por arte de magia, se cierra la puerta de mi habitación
y en vez de ropa
se nos dibujan escamas.

Y enserio que no me importaría,
morir envenenada,
si el veneno es
el cansancio de ayer
el recuerdo de hoy,
y el saber que nunca será la última vez.

¿Sí o no?

miércoles, 4 de noviembre de 2009

A ti.

Y ahora que nada es por ti
¿Qué va a pasar?
¿Qué vas a hacer?

¿Borrarme del mapa?

Anda, ya lo has conseguido...


Felicidades.

viernes, 30 de octubre de 2009

Cosas.




Cuando se quedó por primera vez en casa
pensaba que sí y que no,
en nada y en todo al mismo tiempo
y desde entonces
siempre es sí y no y nada y todo al mismo tiempo
a su lado.

Yo que no sabía si conquistarla o convencerla
le recorrí la espalda con historias
sin dejar que se durmiera
y cómo no nos dormimos
nos tocó inventarnos cuentos
que jamás supimos decirnos.

Yo nunca me creí del todo,
al principio,
que viniera desde tan lejos,
pero es que para ella
lejos es poco.
Años luz y corrientes marinas más allá
ella vuela por encima de todos

desnuda

y solo yo la puedo ver.

Las casualidades de la vida
que en una de esas idas y venidas
yo apareciera frente a ella
y
ella
se dejara dar dos besos.

Y se pone a pensar en un montón de cosas
y todas vuelan por el techo de la habitación
y menos mal que se me ocurrió construirle
una cabaña con los techos más altos del mundo
para que por muchas cosas que se ponga a pensar
aun me quede un hueco en la cama para soñar.
la la la.

Ni me di cuenta de lo de su pelo,
ni lo de sus lunares,
ni lo de sus pechos,
pero supongo que esas cosas son mejor
ir poco a poco
corriendo tan deprisa
que cada instante sea un recuerdo.
Como ayer, que me acordé de cuando
el infinito era una espiral pintada en su hombro
y Hawai sus pechos
y Alemania su rodilla.

Como ayer, cuando me di cuenta
de una cosa
y otra cosa
mariposa.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Efecto mariposa.



Cuando una mariposa vuela
no sabes la de remolinos de aire
que pueden llegar a ahogarte.
El estrepitoso sonido del despegue,
del aterrizaje,
del haber llegado sin permiso
quedándote sin camiseta en mi cama,
quejándonos de los absurdos,
viviendo por y para ellos,
amándonos en miradas que aunque no sepas leer,
yo sería capaz de traducirte
sí o sí.

Que me sonríes y
es el vuelo más perfecto que pudo ver el hombre
y la Luna
y sobre el suelo,
en el aire,
cuatro pupilas jugando al ajedrez.
Déjame comerte.

Yo que nunca gané ningún juego
pierdo de nuevo en la apuesta
de
seguir sola durante equis tiempo.
Y marcarte con saliva por todos los costados
que te quiero en mi cama
todos los días
que sean noches también
y todas las noches
que bailen pegadas con tardes naranjas.

El terremoto de sus patitas cayendo sobre una flor,
y el polen que huye
a meterse debajo de algún sótano anti-huracanes.
Ves que eres tan delicada
cuando dices o callas,
cuando te arqueas para dejarme aterrizar.
Cuando lloras para mí y creo estar en el diluvio universal
más hermoso que jamás ningún profeta vio.
Verdes.
Tus ojos se vuelven verdes.

Supongo que por eso
ahora quiero que mi vida sea ese vuelo de mariposas
que sucede cuando te veo de lejos,
te veo de cerca,
te veo y es increíble
como por una vez tuve un presentimiento
real.
Sí.
Como el efecto mariposa.

Sigue volando y elévame hasta donde quieras.
Arrásame con esos golpes de aire
y cámbiame de una vez por toda
que no me gusta ser tan yo
si te tengo tan a mi lado.

Tan tan tan a mí lado.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Presentimientos.



¿El mundo?
¿Qué mundo?

Si las fronteras se derribaron el día que te conocí.

lunes, 12 de octubre de 2009

Octubre.



Y aunque no te lo creas, te echo de menos cuando te tengo al lado, en el espacio despedida-giroinesperado. Mirando por las ventanas del tranvía, es como si nada de esto hubiera pasado antes y me alegro. Enserio.
Hablar mucho todo el rato y dormirnos cuando salga el sol.
Estar navegando por espirales de tinta e imaginarme que no tenemos ni ideas, pero el resto del planeta, menos.
Por eso de más y más y no hay luces que valgan paran enseñarme el camino. Se empieza por los pies y no se termina nunca.
De donde aparecen los acentos y las caras y los gestos. De lo que somos, lo que jamás se nos ocurrió y cocinarte, a fuego lento, entre mis manos.
Beso, beso, beso.
No tengo ganas de pensar hoy.
Pero reconozco algunas cosas…
La paciencia de aguantarme incluso cuando ni yo me sé entender y
esas ganas
esas cosas
esa cara. Te como.

Cuando vengas a casa
lo encontrarás todo tan desordenado que
tardarás varias noches en encontrarme
mientras yo, escondida, te veré
regalándome de ti, tu tiempo
y
quieres fumar?
Me puedo inventar una azotea si hace falta.

Y si hace falta
el tiempo se para.

Me regalas piel para el invierno
y hoy hace tanto calor que en la calle,
aquí en este suelo tan sucio,
allí donde los árboles
y colores que se mueven. La droga del saber más de lo que sabía antes.
Las frases que salen solas
y el corazón pataleando.
Yo, si fuera él, también querría salir corriendo
a llenarte de sangre y hacer dibujos en tu espalda con la vida que me vaya quedando.

Es fácil
y
es difícil.

La mala costumbre del no pensar en nadie pero
me has visto desnuda.
Eso…
bueno, quizás te haya mentido y sí que crea en Dios,
o solo escribo su nombre en mayúscula por respeto,
qué sé yo.
Ahora me quedaría dormida.

¿Te vienes?

viernes, 9 de octubre de 2009

Empezar en infinito.



Que te olvides. Ninguna de las dos tiene idea y aun así
ay va
ay va
una estrella fugaz.
Perdón, pensé que pestañeabas, nada más.
Tener tu olor,
el de tu pelo
y tus pelos en mi cama
y entre mi ropa.

Vestirme de ti en otoño, que por cierto, feliz casi otoño o lo que sea que tenemos.
Entre las manos
carne
y
te estoy esperando.

Vales la pena, no me lo voy a replantear más.
Es más, jamás lo cuestioné.
Hay personas que nacen con magia, como tú
y otras que van recogiendo trocitos de sonrisas
como yo.
Y escalar por tu espalda, seguro allí arriba
el mundo se ve más lindo.

Bonita.
Estar y sacarnos ambas de quicio.
Tanto tiempo
siendo una piedra
y aun andando descalza
jamás te metiste dentro.
En un ojo, en un zapato.
Y resulta que es una señal.
Decir cosas a la vez,
pensarlas antes,
quererte.
Ya sabes, innatismos.
Que aunque no te lo creas
pienso en ti
y
todo eso que nunca te digo
pero
para qué…
no te vale con que me de vueltas el corazón
si estás cerca,
si estás lejos.
Si estás.

Pequeñita,
huir de las cosas malas.
Vivir de alquiler en una bonita ratonera
y
en las paredes de mi mente
dibujarte con tus manos.
Piel a piel
llenarnos los pensamientos de babas.
Sí, no sé.
Ya sabes, esas típicas cosas que se hacen
en esos típicos momentos,
en plan,
estar a tu lado en mi cama
y querer parar el mundo en un beso
mientras tú te mueres porque me pare a darte un beso
y el mundo se convierte en un millón de instantes
entonces.

En botellas.
Los mensajes secretos, mi amor,
te harán cosquillas en los pies
mientras duermes en cualquier isla desierta


conmigo
.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Invisibilidad.




En alguna parte leí que era invisible.
El fin.
Esas pequeñas casualidades de la vida que nos van conformando
hasta que aparecemos irreales
preguntándonos si de veras es cierto
que se puede querer con el corazón.
Con un corazón tan ciego como Ursula en Cien años de soledad.

Tener claras nuestras limitaciones,
las de los demás
y aun así empeñarnos en saltar al vacío
a ver que pasa
y si por si acaso
sucede algo diferente a lo de siempre.

Caminar en círculos
porque la vida también lo hace y nadie le dijo nada
o
ni nos atrevimos a pararnos en medio
de un recorrido idéntico a los otros
pero con sus matices,
sus cosillas buenas,
sus mierdas
y sobretodo
ese parón de dos segundos
en el que te detienes simplemente a sonreír.
Todo marcha, piensas
y mientras todo marcha
tú continuas con tu camino.
Un camino que nunca elegiste
pero con el que continuamente juegas
a jugártela.
A perder o ganar
pero sin duda
a seguir.

No tener ni idea de por qué tu mente
que es tan tuya
te juega esas malas pasadas
sin preguntarte luego si estás bien,
si te ha hecho daño
o si por suerte
sigues creyendo en la suerte,
el destino.
En lo concéntrico del pensamiento humano
que parece más asqueroso
cuanto más cerca ves al mundo,
las noticias, el periódico, la radio.

En cualquier caso
si el fin tiene que ser de alguna manera
será invisible.
Como los besos
al cerrar los ojos para vernos mejor
o
como el agua o el aire.
Como el último instante de sueño antes de que suene el despertador.
Como el amor, sabes, no?
que no lo ves,
es más,
ni lo comprendes
pero sabes que está ahí
y que tarde o temprano
llegará.

Como el fin. Como el fin más invisible del mundo.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Open the eyes




Se me vuela el estómago y
cada mirada
surca un camino hacia mis nervios.
Agarrar por el pescuezo a las malas pasadas,
escupirle en la cara, en el suelo,
que no.
Que nada pasa por algún motivo
y es solo simplemente el viento o
el aire,
los genes,
la evolución,
o qué se yo.
Pero no quiero ni pensar
que toda esta pérdida de tiempo
intentando encontrarme
es por algún motivo
que todos saben menos yo.
El destino, las huellas de mis manos
que no quiero que sean otra cosa
que no sean mis pisadas en su piel
y un guiño de complicidad,
una película a medias,
un beso sorpresa.
Ya sabes,
de esas cosas de las que podemos prescindir
pero no queremos
o
puede que queramos tanto
que…
me da miedo decir cualquier cosa,
pensar cualquier cosa.
No soy muy de creer pero últimamente
odio demasiado
y tengo ira
y rencor
y enfados con el resto del mundo
que se atreve a respirar mi aire
y encima sin pedirme permiso.
Puede que sea el Karma,
o castigo de Dios.
Puede que me queden mil vidas que vivir
de lo imperfecta que soy
pero
enserio que intento dejar de pensar.
Las casualidades
que no llegan
y cogen el tren con retraso
o
ese tren en realidad
jamás tuvo estación en mí.
Y tengo miedo.
Delante del espejo tengo miedo,
en la calle lo tengo,
aquí mismo lo tengo
y no es por los demás…

Es algo mucho peor…

Lo es porque lo sé, me sé
y quiero empezar a ponerlo todo en su sitio.
La gente nueva,
la gente vieja,
la gente que no me sirve
y la gente que necesito.
Porque es triste, lo sé, pero somos
materia.
Simples bloques de construcción,
pañuelos de usar y tirar,
comida,
no sé.

Venimos y nos vamos
pero ¿quién es el listo que se va a atrever
a permanecer para siempre?
¿Tú?, ¿yo?

Te apuesto lo que sea
a que al final de todo
los miedos, las dudas, los rencores y las iras
no tendrán cabida.
No habrá ni tiempo ni espacio
y ojala hablara de otra cosa que no fuera la muerte.

Y quizás, cuando hable de estar vivos
ya sea demasiado tarde
pero
apuesto lo que sea
que cuando sea demasiado tarde
ni nos daremos cuenta.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

En un abrir y cerrar de telón.



Que yo que sé.
Que la vida va y viene.
Va
y
Viene.

Y a ver quién es el listo que se pone delante.
A ver.

Yo como mucho, con la nariz pegada a un cristal, la veo pasar.
Lejos.
Estar lejos. Sentirse lejos.
Que eso de ahí fuera no me pertenece. Que no es mío.

Oye, mira, estar fuera de onda, vivir la vida que te toca, porque así lo has elegido
y pensar que en realidad no es culpa tuya
todo eso que sucede y hace que,
bien o mal,
sigas vivo.

Yo estoy viva. No tan viva como siempre
pero
respiro y bombeo sangre
y
me estoy enamorando en secreto
de la chica más guapa de la facultad.

¿Qué sería no vivir?

Vivirnos.
Mutuamente,
yo a ti
y tú a mí.
Y querernos
aunque sea demasiado pronto para eso
y recordarnos cuando todo haya pasado
y con la nariz pegada al cristal
nos veamos subir,
nos veamos bajar,
nos veamos pasar.

Somos la vida.
Vida.
Vamos y venimos.
Nos fuimos.

Mañana seguro que será un gran día
pero hoy quiero disfrutar de lo bueno
que ha sido el momento,
el instante justo
en el que sonreí
y me olvidé de todo.

No más olores,
no más esperas,
no más pasados.

Eso.
Que yo que sé.
Que no sé qué.
Que qué sé yo.

La vida.
Sus constantes olvidos,
tus constantes recuerdos.
Los giros de trescientos y pico
por lo menos
y grados que suben
para bajárselas luego.
Cuando y donde.
Quien y como.

El precipicio de saberse en el límite.
O sea, doble caída.
La antesala a la soledad
es lo que más cuesta.
¿Lista de espera para la felicidad?
Siéntese, le llevará un ratito na’más.

La vida na’más.

Y si sabes cómo,
mientras,
despegarás la nariz del cristal
irás hacia ella
y le dirás:
Qué sé yo, que la vida va y vine, viene y va
y mientras leías ese libro, pues me imaginaba que hablábamos.
De cosas, de nuestras cosas, nuestras vidas, así por separado
y pensar que en este momento
el aire de tus pulmones es el mío también…
Qué cosas, que de rápido va esto, que no sé, que no se me da bien empezar.
Ya sabes, estas cosas, estos matices.
Pero es que tu pelo y tu cuerpo
y no sé,
me pareció gracioso venir a molestarte para qué se yo…

¿Vivirnos?

Sí, eso mismo.

(Beso y fin de la función)

viernes, 18 de septiembre de 2009

Polvos.




El problema de haber estado
es que aun sigo aquí,
esperando algunas veces,
recibiendo casi siempre.
El destino. Los finales.
De la felicidad al vacío
hay más de un par de sonrisas.
Nadar contra todo(s)
y aun así, refugiarme entre paréntesis
me sigue salvando del tedio.
Respirar fuerte. Respirar profundo.
Para mí.

Sí.
No.

Dividirme en dos
y odiar los números pares
porque también odio los impares.
Comerme comas,
comerte (coma)
y todo lo demás.

Perder el juicio
o el género
o el sentido
por piernas que van
piernas que vienen
pero piernas que van, vienen y siempre,
pero siempre
siguen su camino.

Nací siendo la piedra del camino de todos.
Qué le voy a hacer.
No, enserio.
Te lo estoy preguntando:
¿Qué le voy a hacer?

Pararme demasiado a pensar
me da
que pensar.
Peor que mil monstruos en el armario.
Debajo de la cama.
Llorar escondida en una esquina
y saber que por mucho que quieras
nadie va a entrar a encontrarte.
Encontrarte de todas las maneras posibles.

Cansarme de que no me conozcan
porque ni siquiera yo,
a estas alturas
soy capaz de reaccionar.

Corten, peguen, muerdan, maten.
Últimamente
todo lo veo peor que antes.
Lo veo.
Digamos que es un problema de visualización
o que no alcanzo a más de dos palmos de mí
pero
me cansa comprender,
entender,
empatizar.
Me canso con demasiada facilidad
a no cansarme de algunas cosas
que realmente no valen la pena
y dejo de lado,
me vuelvo a mi fortaleza
(pero no por ser fuerte, sino por ser barrera)
Que entiendo que nadie vino aquí
a querer entender a los demás
pero
me encuentro sola
rodeada de gente
y sola
estando sin nadie,
vacía.

Tener un problema
que es humano
y creer que por encima de pensamientos
aun prevalece el sentir.
Eso es pasado.
Ojala volviera a lo de siempre
para que lo de ahora
se diera cuenta de cuán equivocadas estamos
(yo y mí-me-conmigo)

Desesperar, gastar páginas en ello.
La espera que me gasta las ganas
y ganar las batallas
de otro modo:
perdiendo.

Lo que me queda,
lo que me quede,
lo que quedará,
eso es lo que soy.

Nada.
Polvo.

Que del polvo venimos y al polvo vamos
y yo que casi siempre dejé de creer,
ahora no dejo de asombrarme.
Que tenían razón,
que lo único que prevalece es lo que se haga
y no lo que se es. (¿lo que fuimos? ¿qué fuimos?)

Y por eso me da miedo el fuego,
los meteoritos,
los agujeros negros,
los fines del mundo.
Porque sé que no sólo desaparecería yo,
lo que soy, mi carne, mis huesos, mis vísceras,
sino lo que hago:
yo, mi carne, mis huesos, mis vísceras.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Césped.




Quizás las cosas no pasen por nada en especial o quizás sí y estamos aquí a ver lo que pasa sin que, en realidad, pase nada.
Los bichos del césped, que luego te pique todo el cuerpo, que sea incómodo pero que de lejos parezca tan genial y tan bonito. Así es mi visión de las cosas supongo.
Las relaciones suelen ser maravillosas vistas desde fuera hasta que te toca el golpe de suerte del que todos dependemos para sonreír, y pica.
Cuando llegas a casa te pica todo el cuerpo y toda el alma y no te lo puedes creer, que el picor de un día acaba siendo el dolor del resto del tiempo que no estás a su lado, en ese maravilloso jardín que poco a poco es más bonito, más grande y con más bichos.
A eso me refiero.
Que es fácil decir y hacer pero luego a la hora de la verdad, nadie más que tú sabe qué es lo que en realidad quiso decir y hacer. Por eso existen los pecados de pensamiento. Menuda estafa esto de la conciencia.

Pensar bien. Pensar bonito.
Pero nos cansamos. Joder que si nos cansamos y por eso esto está feísimo. Feo, feo, feo, pero feo de verdad.
No sentir ni frío ni calor pero sí olor a humedad. Hay un invierno dentro de mí prolongado en el tiempo y no sé cómo empezar a secarme.
Un sol, una primavera, que me pinten de verde los días, pero viene el otoño y no hay vuelta de hoja. Lo leído, leído está.
Entonces me entran ganas de escribir mi destino por todas las pieles y me doy cuenta de que la humedad es sinónimo de soledad. Sola, solita sola.

Los arañazos del alma que no se curan, las heridas que dejan esas cicatrices tan feas, pero cicatrices al fin y al cabo.
Alivia saber que no me da celos que tengas una vida mejor sin mí. Enserio que me quito un peso de encima cuando me descubro no pensando en esas cosas.
Pero flota el amor. El amor lo envuelve todo y a mi me ha tocado perder siempre.
Hola, me encanta que todos estén en rojo cuando estoy en subida.
Hablo de semáforos pero podrían ser tres mil cosas diferentes.

El caso es que, entre cansancio y enfado, ahora mismo me iría con la primera que se me cruzase por delante. ENSERIO.
Pero supongo que luego le diría “no mira, es que yo soy súper complicada, mejor búscate otra y déjame en paz que ya te molesto cuando me pique algo”.
Ahora soy lo que siempre odie y lo peor de todo es que me da igual. Tantos palos, tantas patadas. Así es la vida.

Hasta que dé un giro inesperado el guión y vuelva a creer en el destino y todas esas cosas bonitas que existen, de verás que sé que existen, pero que ahora, por más que quiera, no consigo ver.

Y por eso odio el césped. Por una sucesión de cosas o por la unión de conceptos y definiciones que me hacen pensar en que si odio el césped es porque odio el amor o al menos el ajeno y cómo nunca me siento en él, nunca sabré si me va a gustar que algún bicho de los que coexisten con humanos (menos conmigo) me trepe pierna arriba hasta, nariz contra nariz, ponernos de los nervios.

El bicho y yo.
Yo y el bicho.

Me voy volando que se acaba el verano.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Lo de ahora, lo de siempre.



La suerte de estar siempre en el mismo planeta
y caer de bruces contra las mismas adversidades.
Caminar porque aunque queden otras
es lo que se tiene que hacer
cuando no tenemos ni idea de a dónde vamos.
De dónde venimos,
La quiero?
La quise?
La querré?
El eterno retorno. El ver una chica guapa por los pasillos
y sentirte cansada,
en desventaja, sin ningunas ganas
y aun así se te caen los ojos en cada pestañear que da.

El cielo que nos cubre
es el mismo que manda señales divina
o qué sé yo qué
pero que están ahí y todos las vimos.
Pasan a diario
y como por arte de magia
entre valses de casualidades
me tocó a mí levantar la cabeza
y a mano alzada
esbozar estrellas fugaces
pero esta vez muy lejos de pupilas
o versos.

La música.
Por amor al arte vine hasta a aquí a dejarme ser,
porque somos los mejores artistas de nosotros mismos,
moldeando cada trazo.
Mira, que nadie nació guapo o feo
pero lo cierto es que
me toca decir que
sea la genética o sea el azar,
he tenido suerte.
Por ser quien soy, estar donde estoy y además poder contarlo.

La destrucción, el más allá
el no saber a dónde irán pero saber que se van.
Sí, sí, qué bonito lo obvio
y que dura la realidad.
Ver para creer
y para creer
hay que dejar de ver.
Más allá de tu mirada se encuentra el infinito
y que tú no lo veas no significa
que no exista
por lo tanto
existimos infinitamente
entre tanta gente, tanta diversidad,
dándonos de bruces contras las mismas adversidades de siempre
y por fin
estamos vivos,
estamos muertos,
pero estamos.

Cerrar los ojos para ver la música flotar.
No me concentro si te tengo cerca, pero como con todas,
hasta que te descubra los defectos
y entre amago y amago,
ya sabes,
muerte y destrucción.
Por ser crueles o extremistas
o por no saber cómo se lloran las penas hacia adentro
para luego echarla fuera.
Por no saber somos lo que somos
y hacemos lo que hacemos.

Este es el secreto…

Que no hay más secretos.

Ya tuvimos bastante con inventar el tiempo
y
el espacio
como
para encima creernos las demás cosas.

Las demás cosas, ahora, sobran.

martes, 15 de septiembre de 2009

Come back.




Tengo ganas de empezar.
(De volver a empezar)

lunes, 14 de septiembre de 2009

Barbas rojas




Bien, y ahora que está todo aclarado
te juro que peso como 93872859 kilos menos.

Es decir, que ya está, que ya encontré la solución, enserio, que sí, que me hagas caso.
Sabes, estar tanto tiempo callada me hacía pensar demasiado
y lo peor de todo
es que todas las preguntas que quería hacerte me las respondía yo misma
y así no hay manera, pero ahora, enserio que ya sé...

Un abrazo y
mira… me apetece molestarte un poquito hoy.

Ya sabes...
Que la vida pirata es la vida mejor
y en cada puerto
una mujer
y en cada mujer...
(esto ya es que ni lo cuento.)

Y sí, en mi línea de no saber responderte. Será por eso que tú hablas y hablas
y yo escucho y escucho.
Enserio que sí, que me hagas caso...

Que vuelves a tener el pelo como antes.

¿No te parece señal suficiente?

Porque a mí sí.





Que la vida pirata
es la mejor de las vidas.

Y que tú de adorable tienes lo que yo de Barba Roja.

=)

jueves, 10 de septiembre de 2009

martes, 8 de septiembre de 2009

In love.




Estoy total y completamente
segura de que estoy enamoradísima
de mí, me, conmigo misma.


Amén.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Sucedáneos.




Ahora mismo me podría enamorar de cualquiera que tuviera un corazón
o algún sucedáneo de éste.
Perderme entre los pechos de mujeres
a las que aparento querer, conocer, desear
y sin embargo
me quiero conformar contigo
que estás tan lejos y tan difícil.

En este instante, si saliese a la calle y no lloviera
le pediría matrimonio a la primera mujer que se me cruzase por delante
pero lo cierto es que
ojalá supiera dónde estás ahora mismo exactamente
para que fueras tú y no otra
la primera en cruzarme los destinos
y atarme a las riendas de tus labios.

Yo que no me sé controlar
me ataría a las esquinas de mi cama
para sí o sí aprender a olvidarte.
Tentación más, tentación menos
tengo un problema
y te lo admito:
estás en todos los rincones por los que pasamos,
por lo que sé que pasas
por los que me gustaría saberte,
preguntarte qué tal todo
pero con ese toque de sinceridad que tanto nos falta.

Me encantaría amanecer con los brazos llenos
de otra piel que no es la mía
y una sonrisa de oreja a oreja
por parte de las dos.
Mitad y mitad,
formar un mundo entero al que conquistar cada noche
sería una batalla más que ganada
y sin embargo
las únicas guerras que libro
son las de luchar contra el dolor de las heridas,
el protegerme de hacerme las ilusiones
que me llevo haciendo desde que…
En tu cuello se viviría mucho mejor
que en cualquier parte del mundo
y si me amarro a esto
es porque es lo único que me queda.
Lo único que tengo.

A partir de ahí,
el vacío y las tristezas se presentan solas,
desinhibidas,
cantando canciones
que sólo tú me podrías inventar.

Pero yo, aquí, aun sigo pensando en las veces
que me hubiera gustado besarte,
empezando por los brazos
y terminando en la cama.
Que quizás lo único que eche en falta sea que me falte el vacío
de no tener a quien inventarle los mundo
o
puede que me hayas clavado todos los aguijones de mujer
tan mujer como solo tú sabes ser
y ahora
envenenada y todo
morirme de ganas
de morirme a tus pies.

Sólo para que te de cargo de conciencia,
solo para que me tuvieses en mente.

Supongo que es normal que me de rabia escribir(te).
Supongo también que si fuera más clara
dejaría de pasarlo tan mal, tantas veces al día,
pero
a mí me va el masoquismo
y para serte sincera
me gusta pensar en ti.
En todos los aspectos.
Feliz, triste, preocupada, aburrida,
excitada
encima
debajo
fuera.
Siempre fuera.

Por eso, a falta de valentía
intento entre sucedáneos de ti
darme cuenta de que es imposible olvidarte
a menos que
todas esas cuentas pendientes conmigo misma
queden pagadas.

Ya sabes, hipotecarme a tus caderas
si hiciese falta,
construirme los fuertes más débiles
entre tus piernas,
y entre tantísimas cosas... tu nariz es una de las que más.
Elevarte a obra de arte
sabiendo que en realidad
tú estarías muy por encima de eso.

¿De mis posibilidades?
Que sí, que sí…
Que quién me iba a decir a mí
la que se me vendría encima
si tú
y si
yo.

Celos de todos.
Del todo.

Que no sé cómo hacer para darle al play
a mis pupilas.
De las cosas que sabes que van a suceder sí o sí
y ahí estoy, parada en un semáforo en rojo
a sabiendas de lo que sé.
Llegar al plan Z sin posibilidad ninguna
y aun así
también me sé el alfabeto griego.

Aguantarme las ganas de,
sabiendo que de un momento a otro explotaré
y no me voy a gustar nada de nada.
Suave y despacio
como la gran gilipollas que soy.

Mira, ya tienes algo más
y por supuesto
yo algo menos.



Para que no te aburras, atentamente, yo.



lunes, 31 de agosto de 2009

De pianos y desafinados.



Una mujer y su melodía.
Las teclas de sus costillas y mis dedos haciendo sinfonías de gemidos.
Suspiros.
Promover una rebelión de respiraciones
y por minutos perdidos
descuento de besos al marcador.

No se sabe cuándo se va a ir ese único motivo de existencia
y por tanto
exprimes una a una sus miradas
para ir cagándola lo más apresuradamente posible
y decirle adiós para siempre
sin pronunciar una sola palabra.

Hay cosas que siguen su curso natural
simplemente para joder un poco.
Estados de ánimo en repúblicas independientes del pensamiento.
Para mí, aquello,
fue todo eso
más esto.
Quizás mañana vuelva a cambiar
y me acabe de convencer de todo lo malo
que hará equilibrios en la balanza
y terminará por caerse
junto a mí.

Tus teclas. Mi música en tu costado,
mis mares entre tus piernas,
el octavo pecado capital
es pensar en infinitos
teniéndote al lado: inconsciencia.

Creer en Dios porque tú existes
y si yo soy yo
es porque así me has hecho.
A base de hilos
y recuerdos
una se va suicidando poco a poco la mente.
Matando los minutos
que no estoy cerca de ti
en todos los sentido.
Sea derecha o izquierda
yo jamás sabré hacia dónde me dirijo.

Yo también me intento comprender a veces
pero a veces soy incapaz de encontrarme
y vuelvo.
El volver al siempre jamás
al quizás
al me callo.
Quien calla otorga.

Salir de ti
para quedarme en ti
y hacer locuras sobre tu espalda.
Hacerme corta
entre tus brazos
y olvidar las medidas
del tiempo,
las medidas del espacio.

Comerme a la envidia en el desayuno
y almorzarte, hambre, porque solo quiero
vaciarme de ti.
Que no te encuentre, que no me busques
y sobre todo
que lo hagas por hacer, sin querer
y queriendo
me duelo.
De negro teñirme entera
para que te enteres
que a veces deseo que el deseo se muera,
que haya naufragios escondidos en tu ombligo
y no enterarme de ello.
Que no me lo cuenten
que no me llamen los celos
cuando el alcohol se me amarra a la lengua.

Porque eres una puta
y yo te compraría con todos los amores del mundo.
Hacer de ti un juego
y cantarte en el cuello
que tu cuerpo es música.
Quererte y no de otra manera,
saber cuán estúpida soy
y no saber cómo cambiar la respuesta.
Mi pregunta:
¿Cuánto más vas a prolongarte en el tiempo?

Eres un pensamiento obsesivo más
y como tal
desaparécete
pero no del todo
y así todo el rato.
Primero debajo
luego encima
y por último
mis manos en tus caderas.
Mis percusiones
haciéndote temblar en sueños
y delirios más
delirios menos
yo también me quise querer
tanto como al resto.

Pero sumo gilipolleces
a los márgenes
y dónde tú estás
ya no queda nadie.

Por eso
y a parte,
yo jamás supe tocar el piano.

Despertar en tu costado. Me vuelvo a dormir.
Normal que no me de cuenta
que las cosas se acaban
cuando lo decidimos ambas
y no cuando mi mente y mi alma
se calman.

Poesía de tus piernas,
marea de pestañas,
tus labios en canoa
van surcando mis páginas.
Las sábanas son prisioneras,
la oscuridad cómplice
y entre guerras y treguas,
matarte.

Perdóname por cortarme las cuerdas,
siempre fui una puta cobarde.

viernes, 28 de agosto de 2009

Después de todo, yo.



Que después de mí solo sigo estando yo.
Rodeada de tiempo y de espacio por todos lados,
naufragando adrede
en las islas de pieles que hagan falta
para olvidarme de que intento olvidar.
Para no darme cuenta
del tiempo que pierdo esforzándome en ello.

Que nadie va a venir a decirme si me duele,
si me pica,
si me escuece.
Nadie sobrevivirá conmigo, a mi lado
como lo haré yo.
Así que olvídate de mí
y yo me aplicaré el viceversa correspondiente.

De todo lo que pude decir antes,
de lo que sin querer puedo, quizás, seguir sintiendo,
de las ganas que te hubiera tenido
si no fueras tan tú la mayoría del tiempo…
Oh, forget about that because it's the past.
Las cosas son así
y así seguirán.
Por mucho que nos empeñemos en vivir
del romanticismo,
de tener ideales inamovibles,
de ver el tiempo pasar de largo
al lado de alguien
que quizás conozcamos
o quizás
sea el peor error de nuestras vidas.

En cualquier caso
soy yo quien va a morir cuando me muera,
seré yo quien me de las últimas palabras de aliento
cuando todo se haya desbaratado,
perdido.
Así que no entiendo como es que me quito tanta importancia
si soy yo misma la heroína de mi vida
y no un maldito fantasma
que me atormenta cuando le viene en gana.

Que después del tiempo y el espacio,
de las horas y el viento,
de los espejos y los reflejos,
después de todo
soy yo la que estaré
y no tú.

martes, 25 de agosto de 2009

Al límite de tus imposibles.



El límite siempre estuvo en las sombras de lo imposible,
entonces cojo aire y salto.
No me gusta decidir cómo quiero malgastar mis pensamientos
sobre la marcha.
El límite está en el miedo a que me acuchille con negativas
en silencio y con lentitud
mirarla con los ojos cerrados
yo en mi casa y ella en la suya.
Querer comprender por qué nacimos tan necios
y luego entender algo más de lo que sabíamos al principio.
Tú.
Estás lejos, aunque en esta isla las distancias sean relativas,
y cuánto más me quiero acercar
más me alejo.
Es la inercia.
El tiempo sabe mejor que nadie
que las heridas luego se harán cicatrices de guerra
y nos volveremos locos con nuestro pequeño Vietnam personal.

Sufrir que está de más en estos días
y no tener ni idea de por qué esta desorientación
y aun así saber qué camino (es)coger
y perder el tren.

El límite de lo común. Vuelvo al principio.
Amor y guerra,
reconciliación y dudas.
Nunca me cansaré de contradecirme
entre paredes y respiraciones
yo soy la que se queda fuera
esperando a que se lo pasen bien,
a que se lo monten de una vez
para continuar la noche.

Y amanece
que ahora sí que es poco
pero alivia saber que el mundo no se a muerto mientras
dormía.
Yo por mi parte
repartía calma en caladas
mientras me atormento
porque mi vida no se merece esto.

El límite del alcohol.
El vómito de todos tus recuerdos sobre la acera.
Mi piel
que ya no es de nadie,
tranquilizarme,
dormir para soñarte.

Supongo que me he cansado de hacerte el amor en sueños
y por eso
el límite está en lo imposible.
Que por mucho que yo quiera
ninguno de los mensajes secretos que te escribo servirán
para que vuelvas
o al menos, no te vayas del todo.

Terminar por convencerme de que
sí que estoy enganchada a la nicotina,
que soy como el resto
y como el resto
detesto al mundo.
Que mis días buenos cada vez son menos
y aun así
por ti guardaría la eternidad de mi felicidad
si me prometieses al menos una noche.

Empacharnos de juramentos sin legitimidad alguna,
el sexo por sexo
y aun así
sentir que me volvería a casi-enamorar de ti
como la primera vez.

Verte al cerrar los ojos,
tener lapsus momentáneos y sonreír.
Un minuto en mi mente es el límite.
Estás dentro
y
o yo no quiero sacarte
o no encuentro la manera de hacerlo.

Sea como sea
jamás podré entretener al resto
para que tú te despistes y mires al cielo.
Hoy he escrito con pupilas en el aire
que no me cansaría de quererte si te dejaras.
Y en parte lo hago
lanzando barcos de papel al aire
para que vuelen hasta tus puertos.

Yo sí que sería marea
y sería ola
y me aprendería todas tus canciones favoritas
para, simplemente, no cantártelas.
Besarte las comisuras de tu boca
con todos mis versos
y que te des cuenta de que el delirio
es el límite
entre cordura y desmesura.

Entonces nos atamos a la locura
porque somos libres
y encontrar mi intolerancia en tu pecho,
mi rabia en tu ombligo,
mi impaciencia entre tus piernas.
Mi muerte en ti.
Ser parte de todo lo que te rodea,
y que no me veas.
El límite es el aire,
lo imposible,
los saltos de los que siempre hablamos
y nunca damos.
Es el miedo a que me claves al suelo con un no
y sangrando y todo
pensar en sí.

Porque los corazones están más vivos
cuanto más los machacas contra el suelo.
Hasta que salen los primeros callos
y es entonces cuando
replantearse cada rincón secreto
no es más que el día a día.

Fallamos porque teníamos muy mala puntería
pero, temblorosa y todo
hubiera dejado que con tus flechas me destrozaras desde el primer momento
para no tener que estar muriendo lentamente
con el veneno de tus fotos,
de tus cosas,
de mis mierdas en general.

Y hay que joderse.
Que después de tanto tiempo
entienda que imposible no es más que un sinónimo
de
límite
y si nos cansamos de cazarnos fue porque ni tú ni yo
aprendimos a entendernos,
por eso de la impaciencia entre tus piernas
y el desorden de mis prioridades.

Primero lo imposible
y luego, si queda tiempo,
lo complicado.

martes, 18 de agosto de 2009

Mis lienzos, tus pinturas.



Algún día las dos entenderemos
por qué me apasionan tanto las cruces rojas
en cada parte de tu cuerpo
que la imaginación me deja ver.
Tú la viste volar por encima de cabezas
y suelos
y viste el cielo a través de mis ojos.
Hay espejos mucho más reales
en este par de pupilas
que todos los errores que te reconoces
en el baño.
También son ellos quienes nos construyen
de a poquito
trazando mapas piratas
para vidas formales.

Tu pintura luego será la mía.
La misma que mancha mi ropa,
mis labios,
será la que adorna tu desnudez
de matices.
Habrán pasado horas para cuando nos demos cuenta
de los cuentos que habríamos inventado
si no fuera por
esa estúpida manía de dejarlo todo limpio
antes de volver a ensuciarnos.

Cuanto más lejos estamos
más lento pasamos la una de la otra
y supongo que no levantaste la vista
cuando decidí pasar de largo
para siempre jamás.
Lentamente,
por si mirabas.

El mundo de tus caderas
seguirá girando entre vendavales
y naufragios
sin que nadie más que tú se de cuenta.
Yo estaré esperando a que se calmen las tormentas
para amarrar versos a pestañas
y explotar en cada pestañear
que me permita dar teniéndote,
lienzo,
en cada esquina de mi mente.

Obras de arte más,
recuerdos menos
no me voy a olvidar
por mucho que lo intentemos
de los rincones que me faltaron
por descubrirte
hasta a ti misma.

El alma,
el dolor de no tenerte
más el verte y no poderte.
La segunda persona en singular,
siempre.

y tus manías,
lo de tus manos entre las mías
y un segundo plano
que no termino de trazar
entre lágrima y lágrima.
Yo no lloro.
No lloré cuando debía hacerlo
y no lo haré ahora
que me doy cuenta de las cosas
que perdí durante el viaje
a nosédónde.

Seguramente tú lo sabrás menos
pero como aquí siempre tendíamos a más
hoy cogeré el sol con los dedos
y te pediré que nunca te cases conmigo
ni con nadie.
Que sean esos labios más míos que del resto
y aun así
vivir en recuerdos
hechos de recuerdos
que se tejen en párpados
que sueñan mientras recuerdan
cuando los sueños no eran tan feos
ni la vida
un poquito mía
pero siempre sin ti,
tan tuya.

Es lo que tiene la poesía.

Que sabe siempre a lejanía
para que se oiga siempre
hermosa.

Pero nadie te vio como lo hice yo.
Entre luces y verdes
tu piel era la más dulce.
Entre esquinas y rincones
siempre te descubrías lienzo
para ser mi pintura.
Y hasta que no me olvide
seguirás en todas mis partículas.
Borrándote poco a poco
para ser una sombra más,
un recuerdo menos.

Y tirar pa’lante
porque pa’tras ya no se puede.

Ni falta que hace.

sábado, 15 de agosto de 2009

El final del final.




Quizás el no respirar solo sea la respuesta
a todas las incógnitas que ya me sé de memoria
y aun así,
teniendo o no las respuestas
me sigue costando inflar pulmones y tirar pa'lante.

El meterme dentro de mi propio vacío
para protegerme
y decir,
necesitar
a alguien que no tenga ni idea
para encontrarme.

Quizás en los ojos distantes de la psicología
aplastante del ser humano,
quizás dejando de creer en todo lo que me falle
tarde o temprano.

Hace tiempo que no sonrío mirando al cielo.

Aun así,
Sigo queriendo que llegue el día
en el que el tiempo se acabe
y entre extinción y extinción
descubrirme esperándote.
No hay nada que haga mejor
que el idiota
y perder el tiempo siempre fue mi punto fuerte.

Quizás sean las horas o las ganas de mandar a la mierda
todas las excusas tras las que de día me escondo
o
haya hablado demasiado esta tarde
sin haber escuchado ni una sola palabra a nadie.
Necesito encontrarme
pero por mucho que chille aquí dentro
no voy a tropezarme con ninguna horma de mis zapatos.

Entré descalza para no hacer ruido
y ahora el silencio me está dejando completamente
sorda.

Entonces cierro los ojos y me imagino como sería
una vida
de la mano de semejante semejanza.
No puedo.
Un día que llegué con hambre a casa
me comí la imaginación que me quedaba.

Quizás me esté dando cuenta de las demás limitaciones
que no dependen de mí
o sí.
El no poder arreglar un mundo
que ante el pesimismo del resto
yo le pintaba sonrisas en los cielos.
Quizás me esté creyendo demasiado el papel
de tener una personalidad camaleónica
y sea todo lo que pinta mi piel
lo que soy en realidad.

Lo único que no dudo
es que me busco y no me encuentro.
Necesito un hueco en mi hueco
para ver el infinito
y poder consolarme al menos.

Quizás también me agobie de ti
y no sepa cómo hacer mi vida
al lado de otra vida
como la mía.
Odiar al mundo como un juego,
ponerle número a las personas
y deshumanizarlo todo
para no sufrir tanto.
Quizás eso solo fuera al principio.

Porque quizás antes no supiera cuál iba a ser el final.

jueves, 13 de agosto de 2009

Abismos



No es que nos guste la vida
y es por esa razón por la que intentamos parecer
los más fuertes e invencibles
cayendo siempre en el ridículo de la debilidad.
Estamos demasiados ceñidos a la evolución
como para tirar hacia otro lado.
Entre músicas y oscuridades,
siempre buscaremos lo que estamos deseando:
un polvo, sexo, un beso, alcohol, drogas.
Probar lo prohibido o decir no
por el miedo a caer y no volver a levantar de ese circulo vicioso
lleno de esquinas.

Somos las putas de nuestras propias vidas
condenados a tener un trabajo,
a limpiar la casa,
a ser felices haciendo a los demás felices.
El mérito está en la independencia del pensamiento.
Saber caer aunque no lo parezca
o
tener el miedo tan bien escondido que nadie se de cuenta.

Sí.
Que de mi boca a tus palabras solo haya respiraciones,
vibraciones por minutos.
Años luz en un par de centímetros.
Allá lejos, donde los griegos daban rienda suelta a sus pensamientos
también se esconden pedazos de historia que nadie quiso contar
porque no era un buen día para hacerlo,
porque todo era una mierda,
porque nadie nos comprendería
y tal y tal.

Y son esos trozos brillantes los que nos hacen reflexionar,
allí dándole la mano y dándole también el sentido
a por qué seguíamos en pie de guerra
aun estando sentadas.
Con la nariz pegada al cristal trasero del coche
deseado que la estela de alguna estrella fundiera para siempre
todo lo que habíamos sido.
Solo la vi yo.

Es una pena hacerse mayor
desanclando recuerdos del pasado
para tirarlos al mar haciendo hondas invisibles en el agua.
A mí nunca se me dieron bien las despedidas
ni las enfermedades
ni las relaciones
ya sean a distancia
ya sean sin distancias.
Aquí, en este momento, a primera vista
parece ser que soy un misterio andante
cuando lo único que pasa es que me cuesta empezar
a hablar de lo cansada que estoy de mí,
del mundo,
del resto de gente que deambula por ahí sin darse cuenta.

Encender luces en el camino
romper farolas para que nadie nos siga
mientras nos hacemos mayores
y ponernos nerviosas cuando esa maldita bombilla
no para de parpadear.

Olvidar siempre fue una buena opción
a pesar del miedo irrefrenable que tengo al descontrol de mis actos
y las ganas que tengo a veces de dejarme ser
entre mis cosas buenas y mis cosas malas.
Opino que soy el típico producto de la sociedad
amargada por intentar solucionar problemas
que no son nada,
simplemente la consecuencia de una vida correcta
contra las demás vidas
que no son tuyas
pero tocan contigo y ya es imposible dar marcha atrás.

Llevo meses pensando en el vacío que me produce pensar en mí misma.
La pena, la impotencia y el no saber cómo cambiarlo.
Porque a aparte de eso, todo lo demás está perfecto,
como nunca y como siempre,
y a pesar de todo,
aun gustándome el mismo sexo
estoy sujeta por las cuerdas de la evolución.
Una buena silueta que acariciar,
perder los sentidos por una sola razón,
no estar sola ni un momento
porque en todo momento
mis pensamientos persiguen a esa silueta de delicadas
curvas
y a cuanta más velocidad
más me atropellan esos pensamientos
de que algo malo ocurrirá y

PUM!!

de nuevo el abismo.
De donde salimos casi todos los que pensamos,
donde volvemos casi todos los que dejamos de hacerlo.

martes, 11 de agosto de 2009

La vida es verso.



La vida (hablando de profundeces) es lo que está delante,
lo que estamos pisando,
el horizonte que vemos mientras nos estamos marchando.
Luego, de las coincidencias de vientos que llegan
vientos que van
acabamos curtidos
unos por el salitre
otros por el humo de la gran ciudad,
otros, por los unos a los otros también
y los últimos vinimos a darnos cuenta de las cosas a través
de los rayos del sol.

Estar bien, sentirse bien
y necesitar siempre de sombras para autocastigarnos.
Pellizcarnos las heridas para darnos cuenta de que seguimos vivos.
Y tanto que seguimos vivos.

Ayer me pellizqué piel muerta.
Casi me echo a llorar.

La tristeza de reconocerse ante los espejos
con lo bueno y lo malo
y aun así no saber donde metiste todos aquellos recuerdos.
La melancolía, la nostalgia.
Estar fuera para darte cuenta que quieres estar dentro
y no.
Tampoco es eso.

Tener miedo de una misma.
Ser devorada por los mismos pensamientos que te comen siempre.
Mirar al horizonte pero sin marcharnos.
Sin mancharnos.
Temblar de nervios
pero jamás como lo hiciste la primera vez,
jugar a saber que eres Dios
y serlo.

No serlo sería una perdida de tiempo.

Oír infinito y resignarse a que las cosas son así y siempre lo fueron.
No puedo controlar la vida de nadie, por favor déjame al menos un trocito
para mí.
Para mis movidas, para mis cosas.
Para descontrolarme, si quieres, pero a mi modo.

Despacito pero rápido.
Quitarnos la ropa con los ojos
y no saber como acariciarle una mejilla.
Estar atrás en el tiempo, prediciendo el presente.
Baldosas más, baldosas menos
el camino siempre será el mismo.

Yo aquí, con mono de echar de menos
echando de más
y cualquier otra persona
al otro lado del río, siempre
desbordándome los versos
por todas mis orillas.

Que yo también busco eso,
yo también quiero eso,
yo también lo tuve y lo perdí.
Enserio que sí
pero ahora

no sé si es que he vivido demasiado
o que no tengo muchas ganas de seguir con lo mismo
pero
tengo ganas de callarme la boca
y romper el mundo a base de versos.

solamente versos. Que no exista otra cosa que no sean versos.
Por las venas,
por los ojos,
por mi boca

versos.

domingo, 2 de agosto de 2009

Estrellas fugaces.



La primera vez que vi una estrella fugaz tenía doce años.
No recuerdo si las había visto antes, solo recuerdo que mis padres nos llevaron a mis hermanos y a mí a un monte donde ya había más personas esperando turno para pedir sus deseos.
Sí, por aquel entonces yo le pedía deseos a estrellas fugaces aunque nunca me diese tiempo y también cerraba los ojos y tocaba el techo del coche cuando pasábamos por un túnel.
De aquella noche me acuerdo de una sola estrella fugaz. Ésta navegó por mis ojos durante escasos segundo. Escasas mitades de segundo. Era enorme y atravesó de lado a lado el trozo de cielo que los árboles nos permitían ver.
Con doce años no sabía nada de límites, no tenía ni idea de infinitos, no buscaba las respuestas a los porqués. Eso estaba de más.
Pero sí sabía amar de una manera desmedida. Con los brazos bien abiertos, con el corazón lleno de sonrisas. Sonará cursi, pero yo antes era diferente. Tenía doce años y aun creía en los milagros.
Estaba enamorada de mi profesora, por aquel entonces. Esa noche quise escribirle la mejor carta de toda mi vida y me quedé en blanco. Había visto algo más hermoso que ella y aun así solo pensaba en regalárselo.
El momento, el instante. Fotografiar mi alma. Demostrarle que todas las cosas bellas del mundo tenían que ver con ella.
Aquello supongo que era amor. Del platónico, del de verdad.
Hace varias semanas que me siento en blanco. No hay manera.
Vengo de fuera, a veces borracha, otras no tanto y me siento en el patio de casa a ver el cielo.
Me acuerdo de muchas cosas, pienso en muchas cosas pero nada ni nadie surcan mis pupilas dándome la idea de regalarle lo más bello del universo a alguien.
A veces pienso que me empeño demasiado en buscar la esencia de las cosas. Querer lo conocido por miedo a volverme a pringar de porquería. No sé.

Una vez, cuando era pequeña, fui con mi tía a ver no sé que cometa pasar. Estuve toda la noche pasando frío aunque habían preparado café con leche y chocolate en termos. Tampoco sé si estaba mi tía de verdad, prefiero pensar que sí. Que siempre estuvo.
El caso es que la echo de menos y hay vacíos que por mucho que des de lado no se van a llenar en la vida. Hay cosas que no hice porque era demasiado inconsciente, cosas que no dije porque aun no las sabía. Cosas.
Si la volviera a ver… En sueños está bien pero a veces un abrazo reconforta.
Es como cuando sabes que algo no va a suceder por mucho que tú lo quieras. Arrancarse la piel a cachos, subirse por las paredes, destrozar el suelo a patadas pero por dentro. Estar sentada esperando a que llegase alguien a decirte que todo era mentira.

La verdad es que no entiendo, ni siquiera ahora, por qué actué de esa manera. Por qué a veces me descontrolo de ese modo. Ahora mismo hay miles de galaxias llorando dentro de mí.
Lluvia de estrellas.

Tengo unas ganas extrañas de llorar. Ganas de soltar todo eso que a veces me atormenta un poco y aquí estoy, supongo. Dejándome caer.
Yo también quise ser la estrella fugaz de alguien.

Y a todo esto, llevo un buen rato aguantándome las ganas de escribir sobre ti, pero quizás me niegue, quizás me de rabia, quizás porque sé que será en vano. No quiero, aunque ya sea demasiado tarde.
Necesito reconciliarme conmigo misma.

La única conclusión a la que he llegado, por ahora, es que creo que de las pocas veces que vuelvo a tener doce años es cuando sentada en el patio de casa miro al cielo esperando a que llegue mediados de agosto para poder ver las estrellas fugaces de mi vida. Abrir la boca del asombro. Ser tan insignificante y aun así pretender que alguien tenga algo que sólo de esa manera puede ser mío.
Por ahora solo estoy un poco apenada con todo esto, pero cuando deje de mirar al cielo con la boca abierta y el corazón sonriendo, cuando eso suceda me asustaré mucho. Aunque puede que sea probable que no me de cuenta, que me de igual. Puede que termine creciendo del todo, obsesionada por la idea de no ser la inmadura que cree en los milagros y lo peor de todo, en las personas.

O puede que crezca tanto que consiga si no robarlas, cabalgar estrellas todos los agostos de mi vida.

La primera vez que vi una estrella fugaz tenía doce años.
No cambiaría nada ahora mismo. No querría volver a tener esa edad. No.
Lo maravilloso de esto es que aun lo recuerdo como si lo estuviese viviendo ahora mismo, con diecinueve años. Con pupilas de seis por seis. Tres por tres.
Hay momentos en la vida en los que una debe saber manejar sus pupilas. Cerrar los ojos bien fuerte y lanzarse. Al final de todo espero ser yo quien ilumine a algún que otro incrédulo.

Mira, los milagros sí existen. Estamos aquí, decidiendo encontrarnos y desencontrarnos.
Amarnos y desamarnos.
Atarnos y desatarnos.
Llegando tarde, llegando siempre.

Y a veces me pregunto quién será más fugaz.
¿Las estrellas o tú?

sábado, 1 de agosto de 2009

4500 años.



Lo peor de todo
es saber que cualquier constelación
se reduce a nada al lado de las tuyas,
y saber
que al otro lado del mundo
yo aun pienso en ti,
eso es lo peor de todo.

No va a haber ningún beso,
ninguna piel que iguale la tuya
y aun así, entre idas y venidas,
no pierdo la esperanza.

Esperaré 4500 años a que el sol explote
y descubrir que de toda la galaxia
las únicas estrellas que seguirán vivas
serán las de tu piel.

Es muy triste descubrirse a estas horas de la noche.
Decirle al resto del mundo que a veces mis labios echan
de más a los tuyos
y es entonces cuando tengo que ser
la hija de puta que soy
para olvidarte.
Te exalto, en realidad.
Nadie como tú. Nadie como yo.

Sé que es patético,
que hay mil labios que te besan y otros tantos
que te pretenden
y aun así no quiero perder la oportunidad
de llevarte por delante para
que entre infelicidad e infelicidad
comerte a besos de arriba abajo.
Hacerte de todos los favores que te haría el resto
más el amor que te tengo,
las ganas de dejar de echarte de menos,
querer contártelo todo.
Todo eso, ya sabes, estropear las cosas porque ahora me apetece.

Estar borracha,
olvidarme de la dignidad por un segundo
y recordarte sin barreras,
sin peajes.

Que alguien me pegue un tiro.

lunes, 27 de julio de 2009

Quince.



Hacerse mayor.
Es triste decir esto con diecinueve años así que no me quiero ni imaginar lo triste que será decirlo cuando tenga cincuenta y nueve.
Ver el mundo al derecho y al revés. Dualismos, ya sabes, lo que entendía y lo que entiendo.
Rebeldías que se doman con tiempo y más tiempo. Con golpes y no solo de porras. Hoy en día existen pocos palos de esos. De los que duelen de verdad.
Crecer, medir un centímetro más de astucia que hace un par de meses, estarse de vuelta de mil situaciones diferentes sin apenas haber recorrido medio mundo.
Sus caderas.
Correrse.
Las profundidades.
El caer de pupila que ya no hace tanto efecto y estar cansados de estar cansados o de intentarlo, quizás. De intentar no estarlo.
Pensar qué será de nuestras vidas. ¿Seguirán como hasta ahora?
¿Dónde encontraré a la persona con la que compartir mi vida?
¿O serán las personas las que compartan sus vidas conmigo?

¿Cuál será el final?

Sé cual es el final de todo. Ese lo entiendo. Una cita ineludible con el destino. Firmar el finiquito. Sí, ese está más que claro.
El final que no entiendo es el comienzo de vivir mi vida como un compendio. Una mitad de todo lo mío unido a otra mitad que no es mía. No de ese modo.
La libertad de estar entre unos brazos que me correspondan y corresponder de igual manera. No tener miedo de que me ahoguen sus besos o que su lengua por mi espalda haga sacar mi lado más humano.
Ser humana al lado de la persona que sabrá todos mis defectos y los amará y los acariciará cada noche al irnos a dormir.
La lujuria de un solo cuerpo. Sentir esa euforia de no necesitar más que su compañía.
La asfixia del compromiso hecha suicidio. Querer morirme porque yo quiero.

El aburrimiento de no aburrirme. Eso quiero.
Que todo sea lo de siempre y nada nunca se iguale a lo de antes. Utopías.
La ilusión del primer beso en el último. Estar enamoradas.
El amor como tal.
Tener en mente todos los versos que has estado acumulando tanto tiempo, porque sabías que valdría la pena no desperdiciarlos. Luchar si hace falta. Medievalmente si es necesario. Convencerla con esquemas dibujados por todos los poros de mi cuerpo. Dejarla entrar y dejarla salir.
Aprender.

El final. Aprender.

A comprender las cosas, sus cosas. La simplicidad de sus cabellos al viento. Echarla de menos y no poder decírselo. Saber cuales son los límites.
Una amalgamas de estrategias en la papelera. Esto tendría que surgir y sorprenderte. No hacerle caso a las señales divinas. No recordar cuantas paradas de tranvía hay hasta llegar a su casa. No pensar en cómo se podría escalar toda esa fachada para asaltarla a media noche con un par de dudas en los labios.
¿Por qué aquello se acabó?
¿Por qué de esa manera?

Entender.
Que nada de lo que suceda en mi mente sale al mundo real. Que nada de lo real lo es del todo.

Quince. Son quince paradas.

El principio. Mensajes secretos.

Juego de miradas. Esquivar, regatear y acabar desperdiciando el tiempo dibujando croquis y castillos que al fin y al cabo solo tiene las puertas que yo quiera. Las llaves que ella me deje.
Hacerse mayor. Decirlo con un poco de resquemor. Pensarlo con un poco de rabia.
Saber que es el tiempo el que está pasando mientras somos nosotros los que andamos por ahí creyéndonos importantes.

La crudeza de unas palabras. Darme cuenta de que no sé si es cierto pero últimamente me da por pensar que te echo de menos. Que a lo mejor te quiero de verdad.
O a lo mejor todo esto sea porque no solo eres tú la imposible ahora.

El principio. Abrir los ojos.
El final. No saberlos cerrar.

sábado, 25 de julio de 2009

Serendipia.




No sé cómo lo hago.
Me explico, ella estaba allí y yo también, entonces todo salió perfecto para que nada fuera como yo quería que pasara.
Las complicaciones de última hora, meter la pata en el charco equivocado. Despacito no se va a ninguna parte y yo o todo o nada, pero juraría que anoche pensé que con un poquito me valía.
Sí, lo reconozco, soy cobarde por naturaleza. De las típicas que ocultan sus carencia haciendo ver que es al contrario y exaltándolas hasta tal punto que ya en el precipicio del ahora o nunca, o es nunca o es ahora, y a mí decir no… Lo llevo un poco mal, la verdad.
Entonces media yo se fue en su piel y otra media se quedó inmóvil, moviéndose. Serendipia de encontrarnos después de tanto tiempo y darnos cuenta de que tenemos ganas de besarnos y versarnos y morirnos de locura y desenfreno.
Con calma. A solas.
En realidad me había acostumbrado a que no pasara nada y entonces pasó todo de golpe. Estarme quietita, sin tocar nada, mirando con susurrantes roces de pupila.
Yo te hubiera comido entera, nena.
Te hubiera hecho ver y sentir. El cielo existe y está aquí mismo, en el suelo donde tú y yo pisamos en baldosas diferentes de la misma manzana.
El pecado, caer. Sí quiero.

Quiero quedarme contigo, no un rato más, sino todo el rato.
Quiero, enserio. Pero esta vez procuraré que no haya gente. Que nos besemos rodeadas de cuerpos sudorosos al ritmo. Al ritmo del desenfrenado mundo en el que yo te conocí después de tanto tiempo viéndonos las caras.

¿Has estado en silencio alguna vez mientras bajas una cremallera, despacio, muy despacio?
Sí… cómo los casi gemidos, la agitada respiración de dos hacen la melodía de una voz cantada por la desnudez. El sonido de la ropa cayendo, botones y cremalleras en la percusión. Tu respiración los instrumentos de viento.
Tu pelo las cuerdas de mis violines.

El sexo como sinfonía. La mejor, la novena y todas las que me gustaría crear cada noche, cada tarde, cada día…

Serendipia, ese es el secreto.

jueves, 23 de julio de 2009

Los Beatles la tenían.

Los Beatles tenían razón en todo.
La revolución que solo puede estar en un sitio. Su boca.
Las fresas y descubrir que hay más piel
después de mi piel.
Suave como el viento.
Arrasar, como un suspiro.
Entender que no se puede tener todo
pero todo te puede tener a ti.

Saltar al mar,
morirse en el intento,
ser el amor que necesitas
entre guerras y batallas.
Perdidas.

Tenían razón.

Estremecerse en un fugaz beso.
Hay estrellas aquí en la tierra
que hacen temblar hasta al más duro.
Vamos a cerrar los ojos,
a encontrarnos a tientas,
palpando con las manos
lo que los oídos no consiguen ver.

Echarte de menos.
Nostalgias que van y vienen.
Ser la última, quererte, no olvidarte.
Estar a flor de piel, deshojando primaveras.
Todos los años que cumplas
me recordarán que una vez yo estuve allí
y lo descubrí todo.
La cima, el silencio, la perfección.

Cuando estás debajo de un montón de cosas,
entre la asfixia y los recuerdos.
Escribir toneladas de historias sobre
cómo mis dedos atraviesan tu universo.
Escribirte, al fin y al cabo.

Estar encima de todo ese montón de cosas.
Haberte olvidado del pasado sin querer
esperando vivir más cosas
que luego puedas recordar.
Ser dependiente del ayer.
Esnifar silencios para hacer bulla al pensamiento.
Chapotear en vomitivas situaciones,
circunstancias.


Open your mind.
Ya sabes, un 24 horas de versos.
Enloquecer.
Volar en cielos de diamantes.
Ellos tenían toda la razón.

Y yo.
Yo también tenía razón.

Surcar el aire, atravesando paredes de distancias,
llegar hasta a ti
y con la boca cerrada
destriparme el corazón.

Decirte que hay pensamientos
que cortan como el acero
y eso es.

Que ellos la tenían.
Toda la razón.

Que por mucho que existas,
por mucho que quiera desnudarte,
por muchos sueños que nos dediquemos
con entusiasmo…

Nothing’s gonna change my world.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.