sábado, 31 de enero de 2009

Cuando sin como ni donde.

Cuando ya no me queden ideas,
ni maneras de convencerte.
Cuando repita mis juegos de palabras
y acabe usando la originalidad
para cada sonrisa que pasa.
Cuando el cielo ya no me haga sonreír
en un mal día,
cuando el verano me enfríe.
Cuando lo que estudio entre en mi mente
a la primera
sin tener que apartarte primero.
Cuando al segundo me
desquite
y pare
y no siga.
Cuando diga sí aun sabiendo el espacio
que pueda haber
y no solo de tiempo,
no solo de centímetros.

Hay dos palabras
a parte de distancias
y me siento vacía.
Cuando no me de miedo el hueco
que se forma entre mis ojos
cuando imagino
que no existe(s).

Cuando haya una parte de atrás de un coche
y siete meses
sean siete maravillas,
siete interminables felicidades.
Cuando no haya telarañas en las palabras
bonitas
de mi boca.
Cuando no me cueste dejarme ser.

Cuando vengas
y vaya.
Cuando me enamore de verdad
y sea cierto eso que dicen,
eso que dije...

Entonces dejaré de escribir
gilipolleces
para empezar a vivirlas.

viernes, 30 de enero de 2009

La importancia de lo importante.


Lo primero que se me venga a la mente
no será más que lo menos importante
para el resto de la gente
y comeré nervios
para vomitar versos
que griten las ganas que te tengo.

Los verbos en pasado
hace tiempo que dejaron de darme miedo.
Las cosas que pasan porque tienen que pasar
son las variables X
de todas las opciones Y.

Y qué si hoy no dormiré
porque me apetece pensar en soñar
contigo.
Y qué si
hay lugares con olores propios
y nombres de dos.

Hay accidentes mortales
en parábolas por las que se guían las estrellas.
No tengo ni idea
pero pinta bien el cuadro
en el blanco de mi mente.
Mañana, tal vez,
consiga no saber nada de ti
y aun así
un vacío lleno de imaginación
me llenará el estómago.

Y aun así como
y cómo no,
lo único que dura en esta vida,
es la vida
y el truco está
en saber aprovechar el momento justo
para llegar a meta
sin hacer mucho ruido
entre tantas nueces podridas.

Tantas cabezas vacías
y la mía con tanto
que vaciar
que hay veces que fumo para
no darme cuenta
de todo lo que tengo que olvidar.

Absolutamente nada
es nada por nada menos nada
elevado a cero
y si quiero
puedo llegar a hacer amagos
de dramatismos
y lejanos futuros amarrada
a la barra de un bar.
O mejor,
no.

Mejor ni te dedico canciones
ni me dejo arrollar por
las cosas que tienen que pasar,
ni camino,
cuando nadie me vea,
por el centro de la calle,
por si acaso tú sí
y sonríes.

No diré que eso me basta
porque sería un absurdo,
pero al menos
vacía media imaginación
llenándola
de todas las demás cosas
que siguen sin ser importante
para el resto
pero para mi
me cubren el cuerpo de versos
y más versos
y miles de las maneras
que tengo
de hacerte sonreír.

lunes, 26 de enero de 2009

Autolímites y líneas rojas.


Ante ti, una autolimitada,
agorafóbica de sentimiento y moderada de pensamiento.
Me enmarco en mis cuatro razones para decidir cómo de bien está no estudiar un solo día
o
hasta qué punto se podría correr por carreteras en hora punta
y
con quien.
Me pierdo con facilidad si no hay márgenes
ni líneas
ni páginas
y correr detrás de alguien tienen un límite.
Quizás por eso me guste correr detrás de ella.

Hay tranvías que nunca cogeré porque nunca irán a ningún sitio
aunque al bajarme encuentre al amor de mi supuesta vida.
Y cielos que me darán vértigo desde estos suelos tan bajos
que fotografiaré para autoconvencerse de lo contrario.

Lo que no consigo entender aun es
cómo siendo un límite para mi misma
puedo llegar a tropezar infinito número de veces
en una misma piedra
o
en piedras con casi las mismas características
y no cansarme nunca,
al menos
físicamente.

Hay cosas que irremediablemente
tienen un límite,
como la paciencia de mi madre,
el día (que no la noche)
los churros de por la mañana,
la línea que separa mi ciudad de su ciudad.
Pero todo es tan relativo
que
como me parecían pocos los límites con los que
me he tenido que enfrentar
voy yo
y me marco con tinta roja
líneas que limiten
la conciencia de las inconciencia,
las consecuencias de las causalidades
y así me va.
Dándomelas de matemática
cuando lo único que se me da bien
(véase mi capacidad de autolimitación)
es ser yo,
con mis líneas rojas
marcándome el camino
hacia esos labios.

¿Quién dijo que el camino recto fuera el más sencillo?

sábado, 24 de enero de 2009

Pero sin embargo.

Todo está demasiado bien.
Algo malo debe pasar ahora.
Ahora mismo.

Estar acostumbrada a los chascos,
a los claro que sí pero no,
a los hasta luego que son hasta nunca,
hacen que tenga magia en el momento
y más allá,
me reventaré la cabeza contra cualquier pared.

Estoy demasiado de vuelta
y yo sí que he ido a muchas partes
aunque no haya llegado a ninguna conclusión.
Reviso, porque es lo que toca,
cada palabra que haya dicho
para luego meterme dentro
del quebradero de cabeza
y decirle despacio y con calma
que no pasa absolutamente nada,
todo está totalmente descontrolado,
fuera de lugar, de tiempo, de espacio,
que el reloj nos va a arrasar
pero al menos
podemos decir que sabemos vivirnos.

Y aun así tengo bandas sonoras
para besos casi-perfectos,
y calles que son de colores
y poemas que no significan nada
pero sin embargo
lo son todo.

martes, 20 de enero de 2009

Es-tirándome.


Hay un punto, justo antes, durante y después, donde nos estiramos como las nubes que amanecen algunos días del año.
Podemos llovernos, o en sequía (que no en silencio) mirarnos con las ganas que tengamos.
Dejarás el corazón, no en el cajón, sino en la entrada. Que pase frío. Tiene los pies sucios. Aquí no entra.
Un minuto eterno que para unos se desliza y para otros aterriza (con la brusquedad que se desee).
Si hay que caer, elijo la grieta del lado derecho, una comisura ascendente. Te muerdes para envenenarme. Susurras y como suicidas, las palabras se lanzan hasta mis labios.
Me las como casi todas y me olvido de los sinsentidos.
Estamos siendo naranjas en un cielo azul y la arena que arrastra el mar me arrastra a mí también. Todo se transforma y yo viajo ombligo abajo.
¿Sabes el significado exacto?
Me caigo de sueño y cuando al final sucumbo, hay una larga lista de lugares donde me gustaría hacernos elásticos como un baile de amantes apasionados, un tango quizás.
Quitarle todas las espinas a la rosa y pincharte a ti con las pupilas.
Hay mares que caben en a penas un centímetro cuadrado y ciudades que bombean sangre a casi todas las partes del cuerpo. Cuando las manos se vuelven violáceas, es porque normalmente estás lejos. Tú o quien sea la que se dedique a ocupar mis pensamientos.
La pérdida de equilibrio es lo mismo que darse cuenta de las horas que te pasas pensando en cómo dejar de pensarla y que con todo ello, te salga algo original que escribir. Perder el conocimiento (de los actos) es lo próximo.

Hay sangres mucho menos rojas que esos labios y si me apresuro seguro que media frase me saldrá del revés. Lo bueno si breve, infinito número de veces más y mejor, por favor.
Habla porque quiero oír el silencio. Calla porque el mundo tiene mucho que decir. Parpadeas. Estamos a oscuras (o al menos imagínatelo) y soy capaz de darme cuenta de que parpadeas. Quizás tengas los ojos cerrados como yo. Quizás no sea de noche, quizás no estemos a oscuras.
Paso la llave dos veces. Esto tiene que quedar cerrado y más que cerrado y que no pase de hoy.
Te sienta bien el verde (aunque no lleves nada de ese color encima), te voy a fotografiar y si te tapas la cara, al menos hazlo porque me estás besando.
Si pudiera hablarte con paréntesis, en paréntesis, seguramente aclararíamos mucha de las cosas que nunca se dicen pero se presuponen (que no es lo mismo que saberlas).

Pararé cuando lo crea oportuno. Nunca suelo fallar en estos casos. Pregunta por ahí y luego estírate como la ropa en el tendedero o como ramas de árboles en un temporal. Ellas en realidad están hartas de tanto tronco. Para qué tanta estabilidad.
Yo soy la música que lleva el viento y bailo con lenguas que días más que otros saben bailar mejor que nadie.
Salivas que no has de probar, pruébalas, si no, para qué demonios vinimos aquí.
Lo correcto sería empotrarte contra esa pared y hacer que la justicia se calle la boca.
Lo justo sería ajustar cuentas y si miro más allá de ti, puede que no vea nada o puede que vea demasiado. Y si me repito, es porque repito, hay un punto, antes, durante y después, en el que te ves preciosa.
¿Qué por qué?
Porque no hay mejor lunar que el que no se ve, ni mejor noche que un día entero bajo mantas y más mantas.
Que todo se ve mucho mejor con los ojos cerrados y poniendo se a pensar sin proponérselo.
Imagínate ser la sal del mar. La de heridas que curarías.
Imagínate en el cielo. La de veces que habrás llovido.
Y no hace falta empaparme para saber que estoy totalmente mojada de palabras, imaginaciones de improviso, y apuntes con márgenes vacíos.
Y es que estar tanto tiempo en soledad también trae sus consecuencias cogiditas de la mano. Ahora están todas durmiendo. No hagas ruido.

Te das cuenta ahora que muchas palabras juntas no tienen porque decir cosas realmente importantes y que en la brevedad de un par de versos puedes llegar a enterarte de porque cuando digo estirar quiero decir realmente que lo que me separa de ti no es solo aire.
Y aun así.
Sigo sin aproximarme si quiera.

sábado, 17 de enero de 2009

2 centímetros.

2 centímetros pueden cambiar
infinito número de cosas
y si te pones a pensarlo
nada,
absolutamente nada
se moverá
2 centímetros para que infinito número
de cosas sucedan.

Pueden existir distancias de exactamente
2 centímetros
o pueden haber tres milímetros que sobran.
De todas maneras
siguen sobrando esos 2 centímetros
cuando me acerco
o te acercas
y parece que sí pero
aun no te vas.
No me voy.

En 2 centímetros hay millones
de partículas volando
entre tu cuerpo,
mi cuerpo,
y el resto.
Dos escalones de más de tres o cuatro horas
para unos simples
2 centímetros de silencio,
de palabras,
de miradas.

2 centímetros es la barrera perfecta
para que nos la saltemos
o para arrepentirnos el resto de nuestra vida.
Pueden ser disfrutados
o
puede haber un lo siento
entre centímetro y centímetro.

Te regalo uno
yo ya sé que quiero hacer con el mío.

2 centímetros es el hola qué tal
antes de darte el primer beso
de todos los que vendrán después.
Un espacio hueco y ruidoso
donde nervios y titubeos se contonean
delante de mi.
Tú los ves,
nos es normal este tartamudeo.
Son 2 centímetros de mensajes
no tan secretos
y secretos que miden
todo el infinito que existe
entre tu centímetro
y el mío.

sábado, 10 de enero de 2009

Descasualidades.

Si estamos hechos de casualidades
ahora debería caerme
para dejar de pensar en la mejor respuesta
a esas preguntas.
Y si dejo de intentarlo
esa nariz
rozará la mía todas las noches
antes de dormirnos.

Si las casualidades existieran
las calles se llenarían de desesperados
cargados de esperanzas en los bolsillos
y ver nevar
sería doblemente bonito
para alguien
que ha vivido toda la vida
a las orillas de un océano.

Cuántos barcos habrán pasado
por este puerto
con todos esos amores de mi vida
y yo ni me he dado cuenta.
Cuántas sonrisas se han caído al suelo
porque justo dio la casualidad
que miré hacia otro lado
cuando me sonreías.

De cuántos colores sería mi corazón
si hubiera nacido en la otra punta del mundo,
con otros océanos que me bañasen
y otras canciones que escuchar.
Cuántos amores de mi vida hubiera dejado escapar
si en la ciudad donde viviese
no hubiera puerto
o el puerto no fuera el mío.

Si existiéramos en el mismo mundo
las casualidades,
amarraditas a los tobillos,
tropezarían unas con otras al caminar
y entonces entre el caos
y el ruido
otro barco más naufragaría.

Cuánto tiempo pasará antes de tropezarme contigo
para darme cuenta
de todas las cosas que dejé escapar
porque de casualidad
me dio por pensar en algo mejor.
En ti.
Y la verdad es que no creo más
que en las decisiones
que nos tragamos,
las que atrapamos,
las que son obligadas
y de ahí
encontramos nuestro verdadero rumbo,
por muchos caminos que existieran
y hubiéramos sabido hacer,
yo elegir estar ahora mismo aquí
en vez de estar durmiendo
y elegí vestirme de versos
en vez de pintura
o telas,
o aire.

Si las casualidades existieran
no habría razones,
ni causas,
ni pérdida,
ni querría toparme contigo por la calle
y ver nevar
que sería doblemente bonito
si luego
rozaras tu nariz contra la mía
antes de dejarnos dormir
tan juntas
que pareciera,
de casualidad,
que nos encontramos solo para
empezar a querernos
y acabar con todas esas casualidades.


martes, 6 de enero de 2009

Seis am.

A veces puedo llegar a volverme tan loca
que hasta me arrepiento de hacer cosas
que luego no hago nunca
o de no hacer cosas que debería hacer
de mil maneras diferentes.
Quiero decir
que no tengo nada más que contar
excepto estrellas.
He visto una chica llena de lunares
y me he enamorado perdidamente de ella.
Supongo que un hola qué tal,
un yo también,
un vaya frío que hace,
hubiera estado bien
pero me dejé caer de la misma manera que siempre.

Puedo llegar hasta el límite del ridículo,
volver
y parecer doblemente divertida
entre un rojo mejilla
y un blanco diente.
Sueño por no andar siempre despierta
pensando cómo sería si soñara.
Cómo sería
si supiera
tocarte todas las canciones
aunque solo fuera
con una guitarra imaginada.

Si tú te la imaginas,
yo también.

Estoy nerviosa sin conocerte,
imagina cuando comience a darme cuenta
de que lo nuestro es tan imposible
que ya ni duele.
Cuando salga a la calle
y me enfrente a todos esos labios
que me quedan por besar.
Y al abrir los ojos,
tú tan lejos
haces que todo sea una anécdota.

A veces tropiezo tres veces
antes de caerme
y cuando lo hago
suena suave y grave.
Un enorme error se rompe entre el aire
y mi cuerpo
y el cielo se amanece.
Como que hay tantos soles
como ojos
y latidos
y esta mañana me levanté tan temprano
que he visto a todas esas nubes bostezar.

Todo es tan bonito
cuando se está bajo mantas
que pareciera que el mundo
se dejó de guerras.
Pero pasa que sueña el despertado
y suena la almohada antes de salir el sol.
Me apresuro a soñar la mejor parte del poema,
tú.

El tú universal de todo poeta
besando el único mí egocéntrico
que existe en nuestro mundo.
Yo te agarro por la cintura cada mañana
a las seis a.m.
tú me sonríes,
ya son las siete.

Vamos a irnos con las manos vacías
y el alma llena de sonrisas.
Si tú te caes
yo me reiré y haré montaña
sobre ti
para que el mundo se maree
en un final sin fin.
No escribas lo que con tinta invisible
se nos tatúa.

Al fin y al cabo yo solo quería explicar
porqué me da frío cuando me pongo nerviosa,
si apareces
o
se dejan de saber las casualidades
pero lo cierto es que no tengo ni idea.

Pregúntame entonces
qué es lo que significa esto.
Pues no lo sé
pero me siento bien
y además
vuelven a ser las seis a.m.

Como (casi) siempre.

sábado, 3 de enero de 2009

De soledades elevadas al infinito hasta aquí.


Y tú me vas a decir que las calles que pisé son tonterías.
Me vas a atravesar con palabras vacía.
Pues…
Voy a morder las estrellas porque su cuello me queda lejos,
voy a levantar castillos de arena
porque se me dan mal los juego de azar.
Cállate porque no tienes ni idea
y luego caeré otra vez en el mismo sueño.
Mi casa es un puerto
y el mar me rompe.
No voy a subir ni a bajar,
las mareas que se queden quietas.
Estoy viendo amanecer
y solo eso le da importancia a mi existencia.
Da igual donde, cómo, con quién.

Me vas a venir con esas, con aquellas, con todas
y yo las de ganar las dejé en casa.
En mi casa, que es un puerto de madera, a veces
y una playa desierta de ti otras tantas.
No hay más historias que las que me invento.
Desde aquel día
he vivido del cuento
y tú me dirás que no tengo excusa.
A la mierda la mierda que llevo dentro,
la de pieles que poblé
y todos esos versos de pupilas vendidas al por mayor.
Estamos demasiado crecidas como para
creer que no existe
o que es una porquería amar.
No.
Cuando llega, llegó
y si no,
quítate el freno
y deja de vivir de día.

No sé si me entiendes…
Que tú me dejarás con ganas de matar
y yo voy a matar luego al mundo
en tres o cuatro líneas de más.

No sé si decirte que prefiero rabia a celos
o viceversa,
pero me dan más ganas de escribir
cuando duele
que cuando estoy besando sus labios.
Ahora soy de todas
las caricias que me sepan
y no sé si te das cuenta
pero ni es culpa tuya
ni de ella ni de nadie.

Estoy viviendo lo más despacio posible
en una caída libre de soledad elevada al infinito,
rápido corriendo.
Ya llegará ese suelo que me destroce el cuerpo
y en límites
me hable de verdad
de las matemáticas del lenguaje.

La perfección hace tiempo que me mata.
No sé si sabrás
que yo te cuento esto
porque ahora mismo
es lo que pido.
Dos horas de perfección
entre alcohol,
sudor
y
oscuridad.
Por muchas luces de neón
que haya en los intermedios.

No voy a contarte lo de sus lunares.
¿Qué lunares?
Hace meses que me olvidé de su perfume
y de sus cicatrices.
Cómo te voy a explicar lo de sus lunares.
No hay más de donde sacar,
y las demás, ciertamente
solo son
de menos.

Bebo para recordar
y no suelo caminar campo a través
más bien
el campo me camina a mi
cuando me siento
y pienso durante un ínfimo segundo
qué significan todos esos besos náufragos.

Más de lo que me pueda imaginar en ese
instante,
seguro.

Ahora sí que no hay más de dónde sacar.
Esta es la última mierda que me quedaba por soltar
y nada de esto cambiará las cosas.
Nada de esto
se compara
con mis cicatrices.
Con lo de mis lunares.

Apaga la luz,
a ver si acierto.
Siéntate,
está amaneciendo.

Solo por eso vale la pena (co)existir,
contigo
o sin mi.
Amanece por mucho que nos estemos durmiendo.

Y mi casa es un puerto
y por si acaso
en mi ventana guardo un mar que rompe
por si se me acaban las noches,
los amaneceres,
las oscuridades
y las soledades elevadas al infinito.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.