lunes, 26 de enero de 2009

Autolímites y líneas rojas.


Ante ti, una autolimitada,
agorafóbica de sentimiento y moderada de pensamiento.
Me enmarco en mis cuatro razones para decidir cómo de bien está no estudiar un solo día
o
hasta qué punto se podría correr por carreteras en hora punta
y
con quien.
Me pierdo con facilidad si no hay márgenes
ni líneas
ni páginas
y correr detrás de alguien tienen un límite.
Quizás por eso me guste correr detrás de ella.

Hay tranvías que nunca cogeré porque nunca irán a ningún sitio
aunque al bajarme encuentre al amor de mi supuesta vida.
Y cielos que me darán vértigo desde estos suelos tan bajos
que fotografiaré para autoconvencerse de lo contrario.

Lo que no consigo entender aun es
cómo siendo un límite para mi misma
puedo llegar a tropezar infinito número de veces
en una misma piedra
o
en piedras con casi las mismas características
y no cansarme nunca,
al menos
físicamente.

Hay cosas que irremediablemente
tienen un límite,
como la paciencia de mi madre,
el día (que no la noche)
los churros de por la mañana,
la línea que separa mi ciudad de su ciudad.
Pero todo es tan relativo
que
como me parecían pocos los límites con los que
me he tenido que enfrentar
voy yo
y me marco con tinta roja
líneas que limiten
la conciencia de las inconciencia,
las consecuencias de las causalidades
y así me va.
Dándomelas de matemática
cuando lo único que se me da bien
(véase mi capacidad de autolimitación)
es ser yo,
con mis líneas rojas
marcándome el camino
hacia esos labios.

¿Quién dijo que el camino recto fuera el más sencillo?

1 comentario:

Molly Earnshaw dijo...

no es el mas sencillo
es el mas rapido
no es lo mismo

y te quiero
con o sin lineas rojas :)


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.