sábado, 10 de enero de 2009

Descasualidades.

Si estamos hechos de casualidades
ahora debería caerme
para dejar de pensar en la mejor respuesta
a esas preguntas.
Y si dejo de intentarlo
esa nariz
rozará la mía todas las noches
antes de dormirnos.

Si las casualidades existieran
las calles se llenarían de desesperados
cargados de esperanzas en los bolsillos
y ver nevar
sería doblemente bonito
para alguien
que ha vivido toda la vida
a las orillas de un océano.

Cuántos barcos habrán pasado
por este puerto
con todos esos amores de mi vida
y yo ni me he dado cuenta.
Cuántas sonrisas se han caído al suelo
porque justo dio la casualidad
que miré hacia otro lado
cuando me sonreías.

De cuántos colores sería mi corazón
si hubiera nacido en la otra punta del mundo,
con otros océanos que me bañasen
y otras canciones que escuchar.
Cuántos amores de mi vida hubiera dejado escapar
si en la ciudad donde viviese
no hubiera puerto
o el puerto no fuera el mío.

Si existiéramos en el mismo mundo
las casualidades,
amarraditas a los tobillos,
tropezarían unas con otras al caminar
y entonces entre el caos
y el ruido
otro barco más naufragaría.

Cuánto tiempo pasará antes de tropezarme contigo
para darme cuenta
de todas las cosas que dejé escapar
porque de casualidad
me dio por pensar en algo mejor.
En ti.
Y la verdad es que no creo más
que en las decisiones
que nos tragamos,
las que atrapamos,
las que son obligadas
y de ahí
encontramos nuestro verdadero rumbo,
por muchos caminos que existieran
y hubiéramos sabido hacer,
yo elegir estar ahora mismo aquí
en vez de estar durmiendo
y elegí vestirme de versos
en vez de pintura
o telas,
o aire.

Si las casualidades existieran
no habría razones,
ni causas,
ni pérdida,
ni querría toparme contigo por la calle
y ver nevar
que sería doblemente bonito
si luego
rozaras tu nariz contra la mía
antes de dejarnos dormir
tan juntas
que pareciera,
de casualidad,
que nos encontramos solo para
empezar a querernos
y acabar con todas esas casualidades.


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