domingo, 29 de marzo de 2009

Stop the train

La culpa no es de nadie.
Hay palabras que se tienen que decir siempre
por mucho que las odiemos y yo odio esto.

Empezar y acabar y empezar y acabar y vomitar.

No hay más trenes que coger, que paren el mundo
que me bajo, me quedo.
Voy a no hacer nada y todos seguirán sus vidas
y yo los veré y será maravilloso sentirse así de mal.
Bebiendo ironías
para olvidar amor.

Ya no sé muy bien que es lo que siento.
Tengo el estómago en obras,
el cerebro muerto.
Y aun así te estoy esperando.
A que vengas.

Y coger todos los recuerdos y fumármelos en alguna playa
donde no haya sombras ni gente.
Ni tú.
Y créeme que los demás o las demás me dan igual.

Pero no quiero intentar ir a tientas,
intentar llamarte todos los días,
intentar morirme de amor.

Intentar es una palabra de fracasados y fracasos.

Además,
ya soy lo bastante de todo como para intentar serlo aun más.

Así que bueno.
Paren el tren, el mundo, la ciudad, mis ojos.
Que lo paren todo
que no quiero recordar.

jueves, 26 de marzo de 2009

Más.


Y cada vez más.
Cada vez
a
más.

[¡!]


martes, 24 de marzo de 2009

Hasta dóndesea.

Bajaba unas escaleras.
Alta.
Entonces se le ocurrió escribir aquello en aquel sitio.
No se lo perdonaré jamás.

No recuerdo si eran las dos de la madrugada o las dos del medio día, pero el caso es que eran las dos y ella bajaba por unas escaleras poco iluminadas. Había focos en el suelo y la cegaban. A mi también y además me moría de sueño.
Entonces, de su bolsillo derecho, se sacó un bolígrafo, aun sabiendo que se borraría muy pronto. Siempre estaba lloviendo en ese lugar.
Escribió lentamente y repasando cada letra con cuidado. Aun así, su letra era horrible y repasarlo no hacía más que empeorarla.
Alta.
A veces lo pensaba. Si me subiera a ella lo más seguro es que llegará a tocar el techo o las nubes.
Quizás la luna.
Me imaginaba que pondría algo relacionado con lo nuestro. De esas cosas que esperas que el mundo no entienda y efectivamente, no entiende, pero se hace una idea.
Nada de iniciales. Nada de fechas.
Aunque el mundo jamás espera nada de nadie. Jamás esperaría aquello, que compartía protagonismo con miles de muertes y asesinatos y eso. Que vivimos en el mundo y no nos damos cuenta, supongo.

Al leer aquello, sucio y emborronado, decidí sacar de mi mochila un lápiz de otro color.
Rojo.
Y entonces volví a pensar que era muy alta y lo escribí.
“Alta”
Y me miró y me entendió. Por lo nuestro, claro. Si no hubiera un “lo nuestro” en medio ella no habría entendido el significado de aquel adjetivo, ni yo el de su adverbio.
Que no era ni verbo, ni adjetivo pero pensaba y pesaba.
Amor-mente
Felizmente
Mentalmente y un par de redundancias más.
Pero ninguno se podía comparar con aquella palabra.

En realidad ella no escribió ningún adverbio, pero hubiera estado genial.

Volvió a coger el bolígrafo y dibujo algo.
Un garabato.
No…
Aquello no era un garabato, pensé después.
Hizo un círculo con un palito largo, largo debajo y una sonrisa.
Unos brazos, claro, para cogerme y unos pies. Unos pies bonitos para hacerme la zancadilla cuando me las diera de lista.
Nuevamente, dibujé después de ella.
Una nota.
No había nada más que añadir a aquella obra de arte.

“Hasta las nubes”

Eso decía la nota.
Y bueno.

Lo nuestro hasta las nubes, Alta.
No quise llamarla de otra manera desde entonces.

Y bueno. Me terminé el porro y me lavé los dientes. Hoy soñar iba a ser un poco más fácil.
Hasta las nubes.

sábado, 21 de marzo de 2009

Primavera.s

Para despedirse o para dar la bienvenida alguien allí arriba (sí, sí, donde se mezclan los colores de la forma más perfecta) quiso que lloviera y claro, llovió y lo vimos y lo sentimos.
Supongo que el asfalto mojado, el pelo mojado, los pantalones mojados y todo eso siempre fue lo mejor para los poetas melancólicos. Alcohólicos.
Y tengo resaca, joder. Yo antes nunca tenía resaca y me hago vieja.
Supongo que es cosa de estos cambios de tiempo tan bruscos o diecinueve primaveras y cervezas, que nunca falten las cervezas.

Para dar la bienvenida o hacerme reaccionar.
¿Quién sabe?
El caso es que inmóvil, viendo gente bailar, besarse y dándose las bienvenidas mil veces por segundo, pensaba. No podía dejar de hacerlo y cuando aprenda prometo ponerlo en práctica. No voy a pensar jamás, pero bueno, sí, y también aguantaré la dieta más de una semana…
El caso es que se drogaban. Muy probablemente se drogaban y yo también. Había de todo allí, humo y robos y corazones.
Muchos secos otros embriagados y el mío que latía cada vez más y más. Ella se acercaba y bueno, es de esas cosas que de ninguna manera se puede impedir.
Bonita primavera.
Allí denunciando el robo del bolso de un amigo en comisaría, incluso la primavera era bonita, y veía las hojas de los almendros florecer y todo verde y todo rojo también.

Es lo que pasa por ser una debilucha enamorada de la vida y sus variantes. Pero no voy a mentirte. Anoche fue un poco todo de mal en peor así que decidí, con el sueño suicidándose párpado abajo, dormirme abrazada.
Ahora no importa mucho a qué me abracé pero el caso es que nunca lo había hecho antes y bueno, tranquilizaba saber que después de la resaca olería todo así de bien, también.
Por eso de la primavera, supongo, o por la lluvia.

Y todo tenía su guiño particular de ojos y sus besos. Recuerdos.
Entonces no pensé en nada. Cerré los ojos mientras el mundo seguía bebiendo y drogándose. Mientras comenzaba a florecer entre una débil lluvia y dejé de pensar para ponerme a recordar como hubiera sido aquel bar si no hubiera estado allí aquella noche, en aquel instante.
Qué fea, joder. Qué asco y que de todo.
Mejor me imagino que estaba allí, a esa misma hora mientras el mundo, si quería, podía estarse tocando una paja, que me da igual.
Era yo, no pensando y todo eso.

Así que bueno, tuve que decirle hola y dormir a su lado.
A esas cosas no se les puede decir que no. Quién sería capaz de renunciar a que se le altere la sangre y los versos y la cerveza… que nunca falte la cerveza.

Feliz primavera.

viernes, 20 de marzo de 2009

Descontroladamente tuya.

Me gusta caerme y utilizar metáforas bonitas que no signifiquen más que un instante, caerme y que me duela, supongo y escribir lo mismo siempre, todo el rato.
Estar en todos los rincones de tu vida y entenderlo todo al cerrar los ojos. Dormir y hacerme la dormida mientras mis dedos se pierden entre tu pelo y bueno… ¿Qué demonios hago yo aquí con este frío entre las manos?
Pintaré universos en pupilas porque es lo que toca y después pensaré en cada beso.
Me acuerdo de todos y si quieres, te lo demuestro.
Y ahora que todo a empezado, te cuento el principio, que seguramente acabará por el final.
Una borrachera al final de la noche y conciencia. No me des la mano que me agobias y ahora por Dios no me sueltes que me pierdo.
Pensar está mal visto pero era uno de esos días en los que la ginebra te pone de intelectual y te dejas llevar. Estabas guapa, ¿qué pretendías que hiciera?, ¿Quedarme sin besos, sin oportunidad, sin principios? Aquella era mi noche. No iba a dejar pasar más fines de semana.
Dije una y otra vez, aun con la resaca en las pestañas que solo fue una noche, que no pasaba nada. Yo controlo y ni me lo planteo y ahora… si bueno, ¿te conté ya que no se debe mezclar nada con absenta?
Y tenía ganas. No es mi culpa tener ganas y las tuve como las tengo ahora.
Repetir siempre fue una opción y por una vez en mi vida, creo que no me equivoqué. Vi uno de esos bonitos y perfectos amaneceres de los que siempre ando hablado en poemas mientras hacía de un cuarto de hora, el primer día del nuevo año. El primer día y desde entonces, descenso.
No pasa nada, sigo controlando el descontrol. Pienso poco pero sin algún día pensara más (en ella, por supuesto) sería totalmente normal. Es la química y estoy totalmente de acuerdo con la utilización de fuegos de artificio en ojos, pieles, venas y labios.
Y no me gustaba su boca ni sus besos de borrachera pero mejoró.
Y tanto.

Si de algo peco es de decir la verdad siempre, sincera que se dice, y así es. Besas tan bien que no me haría falta comer ni dormir en esta vida. Y en la siguiente tampoco, probablemente.
Y me pongo blanda pero con cuidado. Me aguanto las ganas de mandarte mensajitos de amor y esas cosas cursis de las que renegamos mientras me das la mano y esta vez, me dejo.
No hay por qué pensar hoy, ni mañana, ni pasado.
Vamos al cine, volvámonos locas. Te toco y me tocas y parece que se ha encendido la ciudad con el primer beso de la noche.
Estuve dos semanas cerrando los ojos para imaginarte allí, delante de mí y yo sentada y tú de pie y en ese momento podría haberme puesto en medio de cualquier carretera.
Y sin embargo fui yo quien te apartó con cara de “qué hace esta loca, deja de llamar la atención”
Y es eso.
Deja de llamar la atención. Te tengo vigilada (Uhuhuhuh…).
Y mientras quería decir lo guapa que estabas y todo eso y todo lo demás, te dije que fue un bonito día y me callé.
Soy tan simpática cuando me lo propongo que abrumo así que vamos a fumar.
Lo que sea, como si son nubes.
Ya no existen más personas y te como y te adoro aunque siga sin saber decírtelo.
¡Que te como y te adoro, maldita sea!
Y humo.
Estuviste varios días entre mis labios y te fumaba.
Mientras bajaba hasta el fondo, en caída libre (pero controlada) te buscaba y bueno, dio la casualidad de que esa semana preferiste estudiar en casa y yo que me voy y que no vuelvo y tú que regresas y me coges la mano y me dices que hacer con la boca cerrada. Con tú boca en la mía.
Y eres ñoña.
No creo que tanto como yo pero sí, te gusta eso de dejarte volar en versos o bueno, palabras bonitas.
Descontrólate por un momento, sino todas esas cosas que dices no tienen nada de sentido, ¿entiendes?
Descontrólate sin control y emborráchame y luego dime que no y que sí y hazme pensar mal y bien y hazme sufrir.
Que tenga que darme por vencida.

Me doy un tiempo y si no reacciono es que ha llegado el momento.
Y ha llegado el momento.

Dame absenta y bésame o mejor, humedece mi mano con tu lengua para poner la sal de todos los tequilas que me voy a tener que beber en tu honor.
Por quitarnos espinitas clavadas y demás mentiras que jamás conté a nadie. Sí, soy de esas que se inventan historias sin conocer a las personas y luego ocurren pero de una manera mucho más perfecta y entro en pánico y no sé cómo decírtelo…

Pero es eso.
Todo eso de los recuerdos y el volver a volver por mucho que me canse.
No creo que haya nada más. Un par de horas detrás de esta pantalla esperando a tener ese momento de oro y desaprovecharlo.
Por eso estamos aquí y más que tú, yo.
Que no quería, que controlaba, que era una estupidez y bueno, que jamás me enamoraría de alguien como tú y aquí estoy, en el punto del recorrido donde ya no se sabe ni donde estoy porque he perdido el control y me da igual.

Y aquí estoy, otra vez, una vez más.
Cansándome de cerrar el pico y augurando momentos estelares, en galaxias de ojos cerrados.
Enamo… y lo que sigue, de alguien como tú, en un lugar como este.

Quitándole al control la seriedad y poniéndole prefijos bonitos como des-peinarte,
des-pertarte, des-perezarte, des-sesperarte, des-controlarte y después de ti, me presento:

Me llamo Ana y te quiero.

Descontroladamente tuya, Yo.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Senti(r)dos.

Hoy necesito un beso.
Y un abrazo y todo lo demás.
Soy conciente del tiempo y sus consecuencias. Las del medio, las que no quiero ver.
Pero quiero besos y versos y no hay dos sin tres ni cuerpos que giren hasta marearme.
Empecé a creer en las distancias cuando fue justo y necesario que lo hiciera. Luego romperlo todo no tiene ni un atisbo de sentido.
Senti( r )dos es lo que quiero. Ya sabes, eso de tocar y sentir y escalofríos.
Playas y números y fechas con flechas en medio. Quiero ser la mitad. Partirte, romperte.

Lo peor de todo es que: no puedo.

Hay palabras y libros y literaturas pero yo solo me estoy dejando ser. Hoy no solo he dibujado encima de un papel lo que pensaba. También he rayado media mitad de alma para verme sangrar y decir que sangro, y verme lejos y medir distancias.
Te vas a comer todas mis palabras, si por suerte no me olvido antes, y te voy a querer porque la verdad es que te quiero.

Hoy he sentido que me dejaba yo misma a la mitad y no me gustó nada. Descubrí que mis miedos estaban escondidos bajo una manta y me dio pena.
Descubrí que necesito.
De ti, de mí, qué más dará.
No duermo si las puertas están abiertas y perder simboliza muchísimo más de lo que te puedas imaginar.
Y me aferro.
Me agarro con fuerza para luego perder todas las batallas. Que por muy fuerte que sostengas el arma no hay guerra que se deje ganar.
El miedo.
Es eso.

Te diré también que me muerdo la lengua por no empezar a contar lunares y demás órbitas y orbito, si me dejas, a tu alrededor.
Hacerte sin paréntesis el amor y escribirlo bien grande, bien lejos.
“Hoy he dormido contigo, pero sin ti”
Y he dormido como buenamente he pedido.

Te pido.
Solo para mí.
Toda mía.

Y luego me callo para no seguir.
Nacer cobarde, vivir huyendo, morir de amor.
Es lo que tiene ser una débil de todo eso y un poquito más. Que nunca estoy segura de si es cierto o no, de si sí o si no.
Y me da igual que no me entiendan. Volverme reversible, morirme de frío por dentro. Que la lluvia me cale los huesos y partirme en dos.
Sacarte todas las fotos que puedan existir y hacer secuencias de los movimientos que más me gustan de ti.
Hacerte juegos de palabras en la lengua y parar el tiempo para siempre.

También yo puedo ser ácida entre todo este tumulto de letras, por muy típico que sea ponerle amor a todos los acentos.
Y acentuaré tu nombre. (Por eso de que lleves (mi) amor en todas tus vocales).

Te voy a comer.
Respiraré humo para que me invadas, a base de nostalgia y recuerdos, me da igual.
Te fumaré aunque lo estemos dejando y nos de vergüenza.

Quiero ver el futuro. No adivinarlo. Quiero verlo y verte si al menos así lo consigo.
Atravesaré todas tus capas y me asfixiaré en tu atmósfera. Me pintarás la cara y el pelo de verde y vomitaré verde hasta que no haya más asco que dos bonitos cuadros.
La buenas obras de arte, un día, en algún punto de su creación, fueron una mierda insípida.
Ellas lo sabían y por eso ahora son tan caras.

Y en fin que todo esto de juntar palabras, de pensarte, de olvidarte y así durante mucho rato, me da hambre.
Y te iré soñando por el camino pero que todo sea muy raro y despacio y luego rápido.

Que no haya sentido
sino
senti( r )dos.

lunes, 16 de marzo de 2009

Y al tiempo me lo como.

El tiempo me lo empecé a comer
cuando cumplí
cierta edad.
No sé si eran los dieciséis o diecisiete
pero lo cierto es que
las horas eran horas
y eso era algo que nadie podía cambiar.
Estoy segura de que jamás inventé tal desacierto
pero así es,
damos vueltas constantemente,
algunos a favor y otros,
como yo,
dando coses
hacia atrás,
riendo de rabia
y llorando de alegría.

Tengo tremendas faltas de ortografía
y de respeto
por eso de que no soy conciente
de los minutos.
No hay poder más sano que el que no se tiene
y por eso me comí el tiempo desde tan
temprana edad.

A ver si me entiendo y nos dejamos explicar
sin tanta palabrería.
Hay cosas que se estiran si quieres
y si no,
también.
Hay sensaciones diferentes en espacios de tiempo
semejantes
pero es que nacimos siendo humanos
y esas percepciones
es lo que nos hace tan maravillosos,
supongo.

No intento romperlo.
Me lo como y te lo digo ya por tercera vez.
Al tiempo,
a la lluvia,
al calor
y a ti.

Lo veo caminar por delante de mí
y me da igual cuánto pueda llegar a correr.
Yo tengo miedo a las velocidades
y por eso espero al final del camino,
donde haya sombra
y un buen par de recuerdos donde
colgarme cuando no haya más segundos
que este que se me atraganta.
Porque, por cuarta vez,
al tiempo me lo como
y no le tengo miedo
y no pasa nada.

No controlarlo es una de las mejores
virtudes que pude tener sobre él.
Tampoco me controlo ni te controlo
ni sé, si quiera, que significa controlar
a algo o a alguien.

Y que bien se vive imaginando tiempos
imperfectos
llenos de perfecciones de apellido
Besos.
No te imaginas lo difícil que es
comprender lo difícil que quizás sea para ti
todo esto
y lo demás.
Y me da rabia y supongo que ninguna sabrá lo que hacer
pero cuando llegue el momento
y estemos la una contra la otra,
apretando el espacio
oyendo el tiempo,
estaremos tan, tan, pero que tan llenas
que amanecerá
y anochecerá un par de veces
antes de que nos demos cuenta.

Por eso ahora me como el tiempo.
Por eso desde entonces me atraganto a base de minutos.

Porque nunca se sabe cuándo será el día en el que haya
una boca más que alimentar,
ni que de tanto blablabla
se nos quite el hambre,
los botones y todo lo demás.


viernes, 13 de marzo de 2009

Des.trozos.


Quiero resumirte.
Vamos,
sin prisas,
a simplificarnos.

Tener la explicación para todo
y no darme pena
cada despedida.
Se me hace eterno,
largo y pesado
el resto de días.

Esos días.
Desde el lunes hasta que te resumo
en un
“te espero abajo”
no hay ningún tiempo que perder
y sin embargo
lo perdemos.

Y manos que no se entrelazan
mientras me abrazo y me abrazas
y solo era un sueño
de todos los miles que tengo
para luego despertar
y días.

Empezar la semana es una angustia
y te busco.
Prometo la inconsciencia
y me juro una y otras vez
que bajas y subes y das mil vueltas
solo para estudiar.
la.

Y no hay palabras.
Ya no existen palabras porque estamos
comprimidas.
Nos hemos resumido tanto
que solo existen días y días
y llantos.

Supongo que llorar de alegría también fue una opción
como lo es
hacerme la valiente
con matices de dura
y emblandecerme.
Tú.

Supongo también,
que ese fue el problema.
Tú.

Las distancias infinitas de las
que,
por cierto,
me cansé de hablar y explicar
y contar
y descontar,
me atropellan una y otra vez
para no dejarme levantar cabeza.
Y el tiempo y el espacio,
los dos juntos compartiendo paréntesis
entre un

y
un
yo

que
desaparecen hasta la próxima.

Y bueno,
esto va así,
esto es así
y hay que seguir las normas
y las leyes universales
que me la comen
como me la come destrozar el poema
justo
al final.

jueves, 12 de marzo de 2009

C. roquis.



Oye...

entonces...

Tú y yo

yo y tú...



Cómo es la cosa? La estropeamos un ratito?




Lo estoy deseando.

Blancos y azules

Se desnudaba delante de la ventana como todas las tardes y yo la observaba desde la cama como todos los días.
La ventana daba a una terraza y desde allí se podía ver toda la playa.
Así fue como el azul y el blanco fueron mis dos colores favoritos después del tostado de su piel.
Todos los veranos, aquella casa se llenaba de luz. Nunca hubiera pensado que la echaría tanto de menos.

Su figura, tapando la luz de la media tarde. Los bordes, perfectos, de su cuerpo y sus curvas. Mis manos con mis brazos también se retorcían hasta casi separarse del cuerpo para llegar hasta ella y ella sonreía.
Luego, despacio, se acercaba y con la desnudez en sus labios me besaba en la frente.
Creo que la quise.
Quiero decir… la quise de verdad, como nunca y como a nadie. De esa manera intensa en la que se tienen que sentir esas cosas.

Todas las paredes de todas las casas eran blancas y todas las puertas eran verdes. Aquel era mi lugar preferido del planeta. Todo parecía estar diciéndome “quédate, este es tu sitio” y allí me quedé durante un par de veranos.
Los inviernos los pasaba recluida estudiando y dibujándola.
Una y otra vez las paredes de aquel cuchitril donde me hospedaba se llenaban de los recuerdos que tenía de su cuerpo, y su silueta dibujada por las luces de la media tarde en aquella ventana. Mi ventana.

Ella vivía allí.
Fue la primera que no vino a presentarse en el pueblo. Yo la busqué. La primera vez que la vi pensé que ya lo había encontrado todo en mi vida.
“¡Qué me corten la cabeza!”
Y quién me iba a decir que esos pies descalzos andarían por todos los suelos de mis ojos. Que los dibujaría para luego hacer poesías.

Ella se sentó al borde de la cama y mis manos la atraparon.

-¿Dónde estabas?
-Delante de ti, como todos los días.
-Te tengo que contar una cosa…
-¿Qué cosa?
-Me estoy enamorando de ti.
-Ah, ¡qué bien!, ¡yo también de ti!

Me dio un beso en la frente y se fue.
Al día siguiente no se desnudó.

-¿Qué pasa?
-Entonces, ¿cómo de enamorada estás de mí?
-Mucho.
-¿Cómo de mucho?
-Pues mucho. No sé. Si hubiera una medida que lo calculara, yo probablemente, llegaría hasta los topes.
-Entonces… eso es más que mucho. En estas cosas hay que ser precisas, Ana. Tienes que tratar con suavidad y precisión las medidas y quererme.
-¿Más?
-Mucho más. Hasta los topes y ahora, desnúdame.

Ese día lo entendí todo.
Y le eché maña y fuerza y volamos.
Yo quise que voláramos.
¿Lo hicimos?

Primero, mi mano se deslizó por su cuello apartando un poco aquella blusa blanca de botones que siempre llevaba.
Era caramelo y sabía a caramelo.
Y a sandía y sal y playa.
Sabía a arena blanca.
Besé su cuello.
Siempre quise empezar por el principio y allí estaba yo, entre todas aquellas paredes blancas besándole el cuello a una silueta de media tarde.
Luego nos miramos y la miré. Y mi azul, sobre su color café de ojos, la miró también.

-Qué guapa estás así- susurré.

Mirándola, la besé en los labios.
Y se volvió loca matándome a mí, luego.
Nos recostamos sobre aquellas impolutas y blancas sábanas mientras el sol naranja de por aquel entonces se fue acomodando en nuestras pieles.
Se la hubiera arrancado si hubiera podido y luego me abrigaría todos los inviernos con ella.
Leopardo es lo que se oía aquella tarde. Todas esas sombras y esas otras tantas luces. Leopardo.
Y así se llamaba.
Leo.

Poco a poco aquella blusa fue desapareciendo. Suave.
Aquello era mucho más que suave y lo sabíamos.
Ella se mordía el labio mientras yo me pensaba seriamente si quitarle del todo aquellas bragas negras.
Pero me obligó, lo juro.
Me dijo que si no lo hacía, cogería todas sus cosas y se marcharía para siempre y yo se las quité.

Eso fue lo que dibujé durante la tercera semana de invierno que pasaba lejos del blanco y el azul.

Mis dedos se deslizaban, como todas las tardes, desde aquel instante, caminando confiados por las curvas que día a día me hacían saladas las tardes.

-Oye- le dije un día- creo que me estoy enamorando todavía más.
-¿Cómo que más?
-Pues ya no veo ni el tope de todo lo que te quiero.
-Habrá que inventarse otras medidas, esto no puede quedar así.

Y jamás quedó así.
Ella tendía todas las prendas de color blanco al sol, en el patio y yo la miraba.
Seguro que pensaría más de una vez e intentado calcular, cuánto de boba podía llegar a ser, allí tirada en el suelo, mirándola.
“Leo-parda” gritaba a veces para que me mirase, luego me levantaba, me sacudía las manos y me abrazaba a ella rodeando su cuerpo con mis brazos.
Mis labios caían en su cuello y me olvidaba de su boca. Así de espaldas, también es hermosa la belleza.

Ahora, aquí, en este invierno casi primavera, en los días que por casualidad hace calor, siempre me acuerdo de Leo.
Y repito su nombre aunque jamás le hablase a nadie de ella aquí.
Solo marcaba los días.
Y días y días pasaban.
Y más marcas y más hojas de calendario pasaban hasta que por fin una mañana despertaba y todo olía a caramelo, sandía, playa y a arena blanca.
Estaba en esa casa, frente a esa ventana.

Y ella no estaba.


Aun.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Pestañas.


Anoche soñé que me bebía tus pestañas
y tuve que tirar la copa
y el resto.
Soñé que quizás fueran también tus lágrimas.
Que estrujaste tus ojos hasta olvidarte las penas
en aquella copa
que por casualidad yo pedí.

Y con todo esto
esta mañana amanecí
con una pestaña en la boca.
Seguro que a escondidas viniste
para recordarme que más que todo
está lo del medio también.

lunes, 9 de marzo de 2009

Cómo romper el continuo de perfección, lección primera.

Hay besos que no se terminan de dar
porque no se piden del todo
y sonidos que desde lejos ves venir.
Frases que se repiten cíclicamente en tu vida
y no sabes dónde meterlas o meterte
o las dos cosas
y supongo que es así como comienzas
a leer a otros para poder escribirte a ti misma
intentando levantar los ojos de la imaginación
y el recuerdo de tus labios.
Sus labios.

No sabes cómo
pero en cuestión de minutos
la prosa que te propusiste escribir
se ha transformado como todos los días
en un poema de curvas.
Como las suyas, te imaginas,
pero ya quisieras.

Y sí. Supongo que admites que te gusta,
es más, ya se lo has dicho,
y a la cara además,
y lo de su pelo y lo de sus dientes.
Pero eso sí que no.
Sucumbes una y otra vez y retrocedes en el tiempo
hasta que el reloj marque dieciséis años.

Así se comportaba la poesía cuando tenía sentido.

Madura en la soledad
y diminuta cuando podía esconderse en algún cuello.
Su cuello.

Cavernícola de pieles,
vamos huyendo del frío y por eso le doy frío.
Debajo de su ropa
los olores solo huelen a ella
y piensas en cómo debe ser su cara al leer esto.
Y esto es:
El tiempo se me hace demasiado poco,
como cuando tus hermanos se comen lo que había para cenar
y tú, que vienes de la biblioteca
te mueres de hambre.

Cuando creo que estoy casi, casi
y empieza a llovernos
y desaparece la cena, el pastel
y gotas de lluvia sonríen en el suelo.
Ya sonreiré yo luego,
en el sueño.

Y te paras porque necesitas explicarte a ti misma
cómo es lo de sus besos
y por qué todo parece caer en un continuo de perfección
cuando vamos dejándonos
ser.

Suponemos que existen los milagros
y los misterios
y suponemos todo eso
que necesito oír al menos en un par de gritos,
quedarme sorda
y luego sin oírnos,
desnudarte
y respirar
y ver todas esas cosas que no me da tiempo
a memorizar en
el continuo de perfección del que te hablé antes
y al que por supuesto
romperemos
con el sonido de la ropa cayendo al suelo.

Con el silencio.

Y ahora si que no me voy a detener
por muchos autolímites (de los cojones)
que haya.
Voy a atropellar a la razón y tatuarme
por todo el cuerpo,
salta, cobarde
y saltaré
y

s
a
l
t
a
r
é
¡!

Hasta llegar a los botones de tu ropa,
hasta llegar a la parte de piel que mejor sabe.
La tuya.



sábado, 7 de marzo de 2009

Existir (dudo, luego existo).

Si estamos aquí es porque debimos existir
en algún punto del recorrido que nos marcaron.
Quizás yo me parase a descansar y tú simplemente
tenías ganas de vomitar el alma
o
nos tropezamos sin querer
y queriendo
nos volvimos a caer.
El caso es que
si estamos aquí es porque existimos en el mismo recorrido.
La cosa es simple,
me agaché para atarme las zapatillas y te tuve que ver las bragas,
creo,
no me acuerdo…
también estuvimos borracha un largo periodo de tiempo
en el que me alejé hasta de mi misma.
La verdad,
no sé que sucedió.

Existe el humo de todos los cigarros que me fumo
para recordarte con más claridad
y si la vida es ecuación
me pido ser tu equis,
que me rayes con tus is
que me mates a problemas sin solución.
Me pido existir por un momento
en el momento perfecto para aparecer en tu vida
sin destrozar mucho el paisaje.

Que yo también tengo miedos guardados debajo
de unas sábanas que nadie comparte conmigo
y dudas de si me atropellarán hoy
en todos los sentidos posibles de la palabra
atropellar.
Y si al final de todo nos topamos con un final feliz?
Y si en un barco decido reconstruir mi vida y no volver jamás?
Y si cambio el rumbo y dejo que las sirenas me maten entre
cánticos celestiales?

Pero existimos
y eso es algo que no me saco ni un segundo de la cabeza.
Hay puntos de inflexión
y dolores de barriga
y cervezas y borracheras.
Hay canciones que me sonríen el alma
para limpiarme los ojos en lágrimas
y tú no estás.
Es extraño, lo sé,
existir y no estar.

Pasaron cosas a la inversa en mi vida,
hace mucho tiempo,
personas que no están, existen más que muchos
milagros de los que se hablan por las calles.

Y es eso.
Que no estabas conmigo cuando tuve frío hace dos minutos
y lo peor es saber que
será todo lo imposible que me proponga.

Volveré a conquistar el mundo a golpe de estrategias
y así
por fin,
quizás te vea sonreír.
Pero de verdad,
sonreír de verdad.

Si estamos aquí es porque
estamos existiendo también
y tus pulmones laten
y tu corazón respira
como el mío
también.

Y no lo entiendo. Sigo sin entenderlo.
Cómo es posible existir a tu lado
o en el mismo planeta,
este, el que nos estamos montando,
y no saberte ni saborearte ni un solo instante.

Normal que me canse y que me muerda la rabia
y acabe borracha tan tarde
y sí,
ya es tarde…

Sé, de memoria a demás, que la vida es un círculo
y todo eso
pero
y si he-mos llegado demasiado tarde como para agarrarnos fuerte
al final de la cola?
Y si me estoy equivocando de nuevo
y no me merezco
y no te mereces?
Y si me muero de miedo una vez más sin que tú aparezcas
para callarme a besos (que no versos)?

Así es como supongo que será la premisa de mi vida…
dudo, luego existo.

Pero te echo de menos y todo eso,
pero te tengo ganas y demás barbaridades.
Pero, pero, pero, pero
me
callo
porque lo siento.
Te siento.


martes, 3 de marzo de 2009

Cuando escribe la locura.


Si puedes imaginarme
es que aun existo
y entonces
cerrar los ojos no será más que
un acto reflejo.

Y pensar que ayer
si no te veía no existías.
Y pensar.

Creo que nos cansaremos demasiado rápido
como para darnos cuenta
y cuando miremos hacia atrás
no habrá más que desiertos.
Cierto.

Somos tan jóvenes
que nos dará pena haber desaprovechado
el tiempo en amarnos tanto.
Y lejos.
Siempre estando lejos
para que duela aun más.
No nos bastaba con ser todo
y nada,
también teníamos que apellidarnos
en infinitos momentos
de
te quiero
pero eso mejor,
en verso.

Y traducirte.
Supongo que vivimos en esferas diferentes
y el hecho de importar
es lo mismo que necesitar,
depender,
exigir
un solo beso
más.

Y lejos,
también aprenderemos
si no lo aprendimos ya
a amarnos como nadie
y amarrarnos en palabras
mientras sujetas mi mano
y yo te sujeto a ti.

No me voy a caer
a no ser que perdamos el equilibrio adrede.
Y será entonces cuando
se entonen mal todas las canciones
y los poemas acaben sin fecha
y
si te como
sabrás demasiado dulce
y no me gustarás.

Será demasiado tarde para todos,
aunque digas que no
por mucho que yo te crea.
Estarás metidita
como el primer día
(sin saberlo, claro)
en un sobre con tu nombre y el mío por fuera.

No habrá remitentes
no remitirás
porque jamás serás dolor,
esperemos.

Y sentados
en aquel sillón,
todos.
Mis voces y mis locos enfermos
y mis ojos,
todos te esperamos.

Y nos tumbamos a dormir
y suspiramos un ojalá
fueras tú y no otra la que se despertara
a mi vera
y
moriremos,
lo sé.

De tanto amor,
de tanto gastarlo,
de no usarlo,
de pincharlo, romperlo, comerlo.
De matarlo.

Moriremos para volver a nacernos
y entonces
y solo entonces
acabarán mis versos.


lunes, 2 de marzo de 2009

Buenos días.


Hay libertad.
Sin prisas
pero en la espera
me esperan horas
que no se acaban nunca
por no llamarlas
eternas
y
cae el sol
y todos los demás también.

Hay sombras
y fumar a oscuras tumbada en el suelo
me lo tuvieron que enseñar.
También sé otras muchas cosas
que no me ayudarán a ser mejor
pero sí
a seguir siendo yo,
un poquito de todo
y del todo
las horas me cortan las venas,
una
a
una,
además.

No quedará títere con cabeza
y mucho mejor.
Pensar aquí está mal visto
y ya ni para lucir peinado
tengo el pelo
pero
y
qué.

No vas a venir a decirme
que vas a venir
ni iré
porque, sinceramente,
hace frío
y
me duele la cabeza
y no veo de noche,
y mucho menos de día.

Y buenos días.

Muy bueno días
y ves sonreír al mar desde tu ventana
y sonríes tú también
y me trago la teoría
y tiro la toalla con la práctica
y aquí tumbada
mientras trago humo
te veo.
Así,
a oscuras.
Porque el ser humano es maravilloso
y yo
aun más.

No hay prisas
y tampoco libertad.
Quieres que te diga que esa es mi conclusión
pero desde hace tiempo soy muda.
Sé que no te diste cuenta.
Yo tampoco.

Así será aun más bonito
cuando despiertes y con el humo del primer cigarro
del día
te dibuje
un
buenos días
gris
que se difuminará.

Como tú
y
como yo.

domingo, 1 de marzo de 2009

Difer-entes.

Hay paisajes
y otros lugares
donde existen otros mundos también
y vidas que viven
al mismo tiempo que tú.

Hay polvos que dan alergias
y drogas
que se toman en cada mirada.
Y hoy las guitarras lloran diferente
y cuerdas ahorcan,
seguramente,
a muchos desgraciados
como yo
pero de otra manera
diferente.

Lo más seguro es
que haya miles de personas
tocándose
y practicando el sexo
y haciéndose heridas
mientras se dejan de hacer el amor.
Hay mil millones de personas
con instintos asesinos
de amar
y matan
y creen
y Dios a veces
nos olvida.

Y hay culpas
que no son mías
y lo digo mientras me siento
mal,
así,
como si fuera mía la culpa
de que no haya nadie que nos entienda.

Y quiero,
que por querer
no me van a meter presa,
un mundo entero
con más mundos diferentes
y en el segundo que yo elija
poder ser los primeros.

Pero diferentes.

Hemos nacido como los demás,
en el mismo sitio,
por el mismo lugar,
con los mismos llantos,
y aun pretendemos
ponernos caretas que no tenga nadie más
y hablar de cosas exclusivas
y besar como nadie
y pensar diferente
y ser diferentes.

Y lo único que estamos haciendo
es esforzarnos
por ser como el resto.
Y eso somos,
en eso nos hemos convertido.

En restos.

Y aun así,
del montón donde la gente coge y echa
sus te quiero
y sus me vuelves loca,
y los te odio
y los me encantas.
De ese montón
voy a robar los que mejor suenen,
no los más diferentes
pero si los mejores
y allí,
en la alfombra de la entrada de tu casa
los dejaré todos
desordenados algunos días
y ordenados otros tantos
para que los encuentres
como me encontraste un día
a mi.

Porque había un nombre
que se dibujaba en el cielo
y estaba claro que no eras tú,
y había nunca jamases no tan diferentes
y tampoco fuiste tú.
Y hubo un momento
en el que me acordé de ser buena persona
y mírame ahora.

Lo idiota que me quedo
de fumarte a todas horas
mientras te espero.

Y eso es lo que somos…
infinitos en forma de humo
y pensamientos iguales
al mismo tiempo
porque aquí los diferentes
son ellos…

Y los restos,
los montones,
los poemas largos (como este),
los mensajes de borrachera,
las cosas diferentes
ya no tienen tanto sentido como antes
o quizás esto sea diferente
y sí que tenga todo el sentido
de todo el mundo con esos otros tantos mundos
rotando todos a la vez.

Y ahora
hay paisajes
pero mejor si estás tú
y me callas la boca
y me muerdes el alma
y lo vuelves todo
muy diferente.



.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.