lunes, 9 de marzo de 2009

Cómo romper el continuo de perfección, lección primera.

Hay besos que no se terminan de dar
porque no se piden del todo
y sonidos que desde lejos ves venir.
Frases que se repiten cíclicamente en tu vida
y no sabes dónde meterlas o meterte
o las dos cosas
y supongo que es así como comienzas
a leer a otros para poder escribirte a ti misma
intentando levantar los ojos de la imaginación
y el recuerdo de tus labios.
Sus labios.

No sabes cómo
pero en cuestión de minutos
la prosa que te propusiste escribir
se ha transformado como todos los días
en un poema de curvas.
Como las suyas, te imaginas,
pero ya quisieras.

Y sí. Supongo que admites que te gusta,
es más, ya se lo has dicho,
y a la cara además,
y lo de su pelo y lo de sus dientes.
Pero eso sí que no.
Sucumbes una y otra vez y retrocedes en el tiempo
hasta que el reloj marque dieciséis años.

Así se comportaba la poesía cuando tenía sentido.

Madura en la soledad
y diminuta cuando podía esconderse en algún cuello.
Su cuello.

Cavernícola de pieles,
vamos huyendo del frío y por eso le doy frío.
Debajo de su ropa
los olores solo huelen a ella
y piensas en cómo debe ser su cara al leer esto.
Y esto es:
El tiempo se me hace demasiado poco,
como cuando tus hermanos se comen lo que había para cenar
y tú, que vienes de la biblioteca
te mueres de hambre.

Cuando creo que estoy casi, casi
y empieza a llovernos
y desaparece la cena, el pastel
y gotas de lluvia sonríen en el suelo.
Ya sonreiré yo luego,
en el sueño.

Y te paras porque necesitas explicarte a ti misma
cómo es lo de sus besos
y por qué todo parece caer en un continuo de perfección
cuando vamos dejándonos
ser.

Suponemos que existen los milagros
y los misterios
y suponemos todo eso
que necesito oír al menos en un par de gritos,
quedarme sorda
y luego sin oírnos,
desnudarte
y respirar
y ver todas esas cosas que no me da tiempo
a memorizar en
el continuo de perfección del que te hablé antes
y al que por supuesto
romperemos
con el sonido de la ropa cayendo al suelo.

Con el silencio.

Y ahora si que no me voy a detener
por muchos autolímites (de los cojones)
que haya.
Voy a atropellar a la razón y tatuarme
por todo el cuerpo,
salta, cobarde
y saltaré
y

s
a
l
t
a
r
é
¡!

Hasta llegar a los botones de tu ropa,
hasta llegar a la parte de piel que mejor sabe.
La tuya.



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