viernes, 20 de marzo de 2009

Descontroladamente tuya.

Me gusta caerme y utilizar metáforas bonitas que no signifiquen más que un instante, caerme y que me duela, supongo y escribir lo mismo siempre, todo el rato.
Estar en todos los rincones de tu vida y entenderlo todo al cerrar los ojos. Dormir y hacerme la dormida mientras mis dedos se pierden entre tu pelo y bueno… ¿Qué demonios hago yo aquí con este frío entre las manos?
Pintaré universos en pupilas porque es lo que toca y después pensaré en cada beso.
Me acuerdo de todos y si quieres, te lo demuestro.
Y ahora que todo a empezado, te cuento el principio, que seguramente acabará por el final.
Una borrachera al final de la noche y conciencia. No me des la mano que me agobias y ahora por Dios no me sueltes que me pierdo.
Pensar está mal visto pero era uno de esos días en los que la ginebra te pone de intelectual y te dejas llevar. Estabas guapa, ¿qué pretendías que hiciera?, ¿Quedarme sin besos, sin oportunidad, sin principios? Aquella era mi noche. No iba a dejar pasar más fines de semana.
Dije una y otra vez, aun con la resaca en las pestañas que solo fue una noche, que no pasaba nada. Yo controlo y ni me lo planteo y ahora… si bueno, ¿te conté ya que no se debe mezclar nada con absenta?
Y tenía ganas. No es mi culpa tener ganas y las tuve como las tengo ahora.
Repetir siempre fue una opción y por una vez en mi vida, creo que no me equivoqué. Vi uno de esos bonitos y perfectos amaneceres de los que siempre ando hablado en poemas mientras hacía de un cuarto de hora, el primer día del nuevo año. El primer día y desde entonces, descenso.
No pasa nada, sigo controlando el descontrol. Pienso poco pero sin algún día pensara más (en ella, por supuesto) sería totalmente normal. Es la química y estoy totalmente de acuerdo con la utilización de fuegos de artificio en ojos, pieles, venas y labios.
Y no me gustaba su boca ni sus besos de borrachera pero mejoró.
Y tanto.

Si de algo peco es de decir la verdad siempre, sincera que se dice, y así es. Besas tan bien que no me haría falta comer ni dormir en esta vida. Y en la siguiente tampoco, probablemente.
Y me pongo blanda pero con cuidado. Me aguanto las ganas de mandarte mensajitos de amor y esas cosas cursis de las que renegamos mientras me das la mano y esta vez, me dejo.
No hay por qué pensar hoy, ni mañana, ni pasado.
Vamos al cine, volvámonos locas. Te toco y me tocas y parece que se ha encendido la ciudad con el primer beso de la noche.
Estuve dos semanas cerrando los ojos para imaginarte allí, delante de mí y yo sentada y tú de pie y en ese momento podría haberme puesto en medio de cualquier carretera.
Y sin embargo fui yo quien te apartó con cara de “qué hace esta loca, deja de llamar la atención”
Y es eso.
Deja de llamar la atención. Te tengo vigilada (Uhuhuhuh…).
Y mientras quería decir lo guapa que estabas y todo eso y todo lo demás, te dije que fue un bonito día y me callé.
Soy tan simpática cuando me lo propongo que abrumo así que vamos a fumar.
Lo que sea, como si son nubes.
Ya no existen más personas y te como y te adoro aunque siga sin saber decírtelo.
¡Que te como y te adoro, maldita sea!
Y humo.
Estuviste varios días entre mis labios y te fumaba.
Mientras bajaba hasta el fondo, en caída libre (pero controlada) te buscaba y bueno, dio la casualidad de que esa semana preferiste estudiar en casa y yo que me voy y que no vuelvo y tú que regresas y me coges la mano y me dices que hacer con la boca cerrada. Con tú boca en la mía.
Y eres ñoña.
No creo que tanto como yo pero sí, te gusta eso de dejarte volar en versos o bueno, palabras bonitas.
Descontrólate por un momento, sino todas esas cosas que dices no tienen nada de sentido, ¿entiendes?
Descontrólate sin control y emborráchame y luego dime que no y que sí y hazme pensar mal y bien y hazme sufrir.
Que tenga que darme por vencida.

Me doy un tiempo y si no reacciono es que ha llegado el momento.
Y ha llegado el momento.

Dame absenta y bésame o mejor, humedece mi mano con tu lengua para poner la sal de todos los tequilas que me voy a tener que beber en tu honor.
Por quitarnos espinitas clavadas y demás mentiras que jamás conté a nadie. Sí, soy de esas que se inventan historias sin conocer a las personas y luego ocurren pero de una manera mucho más perfecta y entro en pánico y no sé cómo decírtelo…

Pero es eso.
Todo eso de los recuerdos y el volver a volver por mucho que me canse.
No creo que haya nada más. Un par de horas detrás de esta pantalla esperando a tener ese momento de oro y desaprovecharlo.
Por eso estamos aquí y más que tú, yo.
Que no quería, que controlaba, que era una estupidez y bueno, que jamás me enamoraría de alguien como tú y aquí estoy, en el punto del recorrido donde ya no se sabe ni donde estoy porque he perdido el control y me da igual.

Y aquí estoy, otra vez, una vez más.
Cansándome de cerrar el pico y augurando momentos estelares, en galaxias de ojos cerrados.
Enamo… y lo que sigue, de alguien como tú, en un lugar como este.

Quitándole al control la seriedad y poniéndole prefijos bonitos como des-peinarte,
des-pertarte, des-perezarte, des-sesperarte, des-controlarte y después de ti, me presento:

Me llamo Ana y te quiero.

Descontroladamente tuya, Yo.

1 comentario:

Ari dijo...

... destilas genialidad

:)


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.