martes, 24 de marzo de 2009

Hasta dóndesea.

Bajaba unas escaleras.
Alta.
Entonces se le ocurrió escribir aquello en aquel sitio.
No se lo perdonaré jamás.

No recuerdo si eran las dos de la madrugada o las dos del medio día, pero el caso es que eran las dos y ella bajaba por unas escaleras poco iluminadas. Había focos en el suelo y la cegaban. A mi también y además me moría de sueño.
Entonces, de su bolsillo derecho, se sacó un bolígrafo, aun sabiendo que se borraría muy pronto. Siempre estaba lloviendo en ese lugar.
Escribió lentamente y repasando cada letra con cuidado. Aun así, su letra era horrible y repasarlo no hacía más que empeorarla.
Alta.
A veces lo pensaba. Si me subiera a ella lo más seguro es que llegará a tocar el techo o las nubes.
Quizás la luna.
Me imaginaba que pondría algo relacionado con lo nuestro. De esas cosas que esperas que el mundo no entienda y efectivamente, no entiende, pero se hace una idea.
Nada de iniciales. Nada de fechas.
Aunque el mundo jamás espera nada de nadie. Jamás esperaría aquello, que compartía protagonismo con miles de muertes y asesinatos y eso. Que vivimos en el mundo y no nos damos cuenta, supongo.

Al leer aquello, sucio y emborronado, decidí sacar de mi mochila un lápiz de otro color.
Rojo.
Y entonces volví a pensar que era muy alta y lo escribí.
“Alta”
Y me miró y me entendió. Por lo nuestro, claro. Si no hubiera un “lo nuestro” en medio ella no habría entendido el significado de aquel adjetivo, ni yo el de su adverbio.
Que no era ni verbo, ni adjetivo pero pensaba y pesaba.
Amor-mente
Felizmente
Mentalmente y un par de redundancias más.
Pero ninguno se podía comparar con aquella palabra.

En realidad ella no escribió ningún adverbio, pero hubiera estado genial.

Volvió a coger el bolígrafo y dibujo algo.
Un garabato.
No…
Aquello no era un garabato, pensé después.
Hizo un círculo con un palito largo, largo debajo y una sonrisa.
Unos brazos, claro, para cogerme y unos pies. Unos pies bonitos para hacerme la zancadilla cuando me las diera de lista.
Nuevamente, dibujé después de ella.
Una nota.
No había nada más que añadir a aquella obra de arte.

“Hasta las nubes”

Eso decía la nota.
Y bueno.

Lo nuestro hasta las nubes, Alta.
No quise llamarla de otra manera desde entonces.

Y bueno. Me terminé el porro y me lavé los dientes. Hoy soñar iba a ser un poco más fácil.
Hasta las nubes.

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