sábado, 21 de marzo de 2009

Primavera.s

Para despedirse o para dar la bienvenida alguien allí arriba (sí, sí, donde se mezclan los colores de la forma más perfecta) quiso que lloviera y claro, llovió y lo vimos y lo sentimos.
Supongo que el asfalto mojado, el pelo mojado, los pantalones mojados y todo eso siempre fue lo mejor para los poetas melancólicos. Alcohólicos.
Y tengo resaca, joder. Yo antes nunca tenía resaca y me hago vieja.
Supongo que es cosa de estos cambios de tiempo tan bruscos o diecinueve primaveras y cervezas, que nunca falten las cervezas.

Para dar la bienvenida o hacerme reaccionar.
¿Quién sabe?
El caso es que inmóvil, viendo gente bailar, besarse y dándose las bienvenidas mil veces por segundo, pensaba. No podía dejar de hacerlo y cuando aprenda prometo ponerlo en práctica. No voy a pensar jamás, pero bueno, sí, y también aguantaré la dieta más de una semana…
El caso es que se drogaban. Muy probablemente se drogaban y yo también. Había de todo allí, humo y robos y corazones.
Muchos secos otros embriagados y el mío que latía cada vez más y más. Ella se acercaba y bueno, es de esas cosas que de ninguna manera se puede impedir.
Bonita primavera.
Allí denunciando el robo del bolso de un amigo en comisaría, incluso la primavera era bonita, y veía las hojas de los almendros florecer y todo verde y todo rojo también.

Es lo que pasa por ser una debilucha enamorada de la vida y sus variantes. Pero no voy a mentirte. Anoche fue un poco todo de mal en peor así que decidí, con el sueño suicidándose párpado abajo, dormirme abrazada.
Ahora no importa mucho a qué me abracé pero el caso es que nunca lo había hecho antes y bueno, tranquilizaba saber que después de la resaca olería todo así de bien, también.
Por eso de la primavera, supongo, o por la lluvia.

Y todo tenía su guiño particular de ojos y sus besos. Recuerdos.
Entonces no pensé en nada. Cerré los ojos mientras el mundo seguía bebiendo y drogándose. Mientras comenzaba a florecer entre una débil lluvia y dejé de pensar para ponerme a recordar como hubiera sido aquel bar si no hubiera estado allí aquella noche, en aquel instante.
Qué fea, joder. Qué asco y que de todo.
Mejor me imagino que estaba allí, a esa misma hora mientras el mundo, si quería, podía estarse tocando una paja, que me da igual.
Era yo, no pensando y todo eso.

Así que bueno, tuve que decirle hola y dormir a su lado.
A esas cosas no se les puede decir que no. Quién sería capaz de renunciar a que se le altere la sangre y los versos y la cerveza… que nunca falte la cerveza.

Feliz primavera.

1 comentario:

Néstor dijo...

ano, mi alma es una ranchera, que hago?
un beso


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.