jueves, 30 de abril de 2009

Fugacidades.

Fugaz.
De la de cosas que quisimos
y se fueron volando de la mano
de algún astro.
De suspiros y respiraciones,
hablo,
de que
abrí los ojos y ya no había nada.

Como cuando tienes muchas cosas que escribir
y las escribes,
lo haces,
ahí estaban todas esas letras,
pero se te olvidó disfrutarlas.
Allí seguían,
para que otros
se acercasen y se lamiesen una a una
todas las heridas
que tú, a estas alturas
tenías infectadas.

Y se va, fugaz, el momento de beso contra beso,
piel contra piel.
Lucha cuerpo a cuerpo,
y fugaz también el tiempo,
también el sol,
también la vida.

Al final solo nos queda rezar
porque quede, al menos,
algo de
relatividad.
Y si hay suerte, componer una canción
para sordos,
y dibujar en el cielo
lo ciegas que estamos.

¡Qué ciegos estamos todos!

Que no nos dimos cuenta de que lo mejor de la fugacidad
son las estelas que la preceden.
Lo mejor, mejor, de lo mejor.

Hablo de recuerdos, de la saliva de mi boca,
de la saliva que no es mía,
en mi boca.
Hablo de los colores que forman fotografías
y el sol cayendo,
y yo detrás.

Hablo de pasarlo bien,
dejarlo todo en blanco,
como cuando llegamos
y escribir en pequeño
en algún lado
que estuvimos y firmamos.

Con sudor y recuerdos.
Con lo que se te ocurra,
pero que todo el universo se de cuenta
de que nuestra fugacidad
fue la más intensa,
la
más
estelar.


miércoles, 29 de abril de 2009

Sobre ruedas.


Ir en moto es de las cosas más ambiguas que hay. Cuando estás harta del mundo, te montas en ella y vas rápido, por todos los lugares que conoces bien, metiéndote por rincones donde el espacio es casi inexistente y adelantando a la gente, que encajonada, fluye lentamente dentro de sus automóviles.
Es como ir dejando tus problemas en cada esquina de la ciudad.
Ya sabes, coger esas curvas tan grandes, esquivar los baches del camino. Eso es lo que más te debe preocupar y por eso se te van los problemas y entonces tú ya no eres tan tú, sino una mezcla de aire frío y descomposición de canciones que no te sabes pero las creas y las existes.
Pero hay veces (y veces, está claro) que te subes porque no te queda más remedio, y te llueven mil ideas y mil imágenes. Ganas de dejarlo todo a un lado y que tu cadáver en el suelo grite por ti. ¿Qué es lo que pasaría entonces? Seguramente ya no habría más despedidas que saludar.
No hablo de suicidios, sino de ponerme en mi mismo pellejo, en tener claras todas y cada una de mis prioridades. ¿A quién le dejaría todo lo que soy, o todas las demás cosas?, ¿cómo hacer para querer seguir sin nadie más?, ¿cómo hacer?
Y allí, de vuelta de todo, me devolví el favor. Dejé de acelerar, estaba pensando demasiado y mi cerebro hacía señas con los brazos. Para, alto el fuego.
Para, para, para ya.

Lo mejor de todo es cuando en verano el sol dora solo las partes de tu cuerpo que no cubre tu ropa y entonces todo se hace mucho más gracioso. Pero ahora llueve a veces y hace bastante frío siempre. Ahora quisiera estar partida en dos pensando como haría para matarme a mí misma.
Correr como una cobarde, querer morir debajo de unas sábanas, para que nadie vea lo imbécil que he sido.
Cómo perder la oportunidad de tu vida en un par de sencillos pasos.

Primero hazlo todo genial, luego vete sin avisar, o avisa demasiado, el caso es no tener punto medio, más tarde cállate, cierra la boca y piensa, piensa mucho y demasiado mal y por último, deja que todo repose, haz que piense, que piense mucho y mal, que no abra la boca, que nadie tenga ganas de nada.

Ir en moto es bastante ambiguo, sí.

Y tú, y yo, y el mundo en general… así, por decir algo.

martes, 28 de abril de 2009

Sin retorno.


Sin retorno.
Que se recoja el pelo,
o lleve esos pantalones rotos.
Que se mezclen verdes con violetas.
Que me pueda ella antes que el sueño.
Que su boca sea diminuta y nariz contra nariz,
(temblor contra temblor)
no sepamos hacerlo mejor.
Perfecto.

Que sea de porcelana
y se deslicen mis dedos por su espalda
y hacerle cosquillas.
Que me sobren brazos,
que me falten horas.
Que me duela cada beso.
El olor a nuevo,
a nuevo de verdad.
Hablar, hablar mucho y de todo,
no tener miedo.
Acurrucarme en su cuello en caso
de
catástrofe.
Acurrucarme en su cuello.
Sin retorno.

Hoy la música la hacíamos nosotras.
El secreto,
los versos,
las pupilas.
Hoy cerré los ojos y dejé de pensar.
Había un bonito mapa que recorrer
mientras todos los soles caían.
Esta tarde hubo incendio en las proximidades
del horizonte.
Esta tarde hubo.

Sin retorno.
No hay caminantes
sin camino
y tus eses
y mis manos
se quieren llenar de barro.
Saldrás,
porque yo lo digo,
bien en todas las fotos
que decida no hacerte
y te tiraré y me tiraré.

Que se apague el cuentakilómetros
y empiece a contar el resto.
Que se apague el cielo.

Hoy lo vimos anochecerse.

¿Qué será lo próximo?

Pues lo que tenga que ser,
pero

sin

retorno.

sábado, 25 de abril de 2009

El revés.


Me estoy esforzando demasiado
por ser la parte mala del asunto,
el reflejo en el charco de algún invierno,
lo inverso.
La pared de al lado
que se muere de celos por ser tú o yo,
el frío que me mata ahora, lejos de ti.

Cierro los ojos y te pienso,
lo estoy admitiendo delante de todos mis peros.
Los cierro, los abro,
todo va, viene y joder,
quédate un ratito más.
Que se sepa quien lo está dejando todo por el qué
y demostrarte cómo se vuela sin levantar
los pies del suelo.

Si me acompañas claro,
si me miras a los ojos y te mueres de vergüenza.
Si te arropo a base de alergias
para poder curarte luego.
Si te digo,
si te callo.

Soy lo qué está más allá de lo complejo.
Lo sencillo.
Solo sucede que no me conoces del todo,
tampoco yo me lanzo a contarte,
y entre otra muchas cosas,
lunares.

Lo he pensado y no pensado.
No quería no hacer nada por miedo
y sin embargo quería hacerlo todo
y dar por saco al vacío,
al estallarme, al romperme.

Soy impermeable.

Por ahora no necesito más que espacios
de
tiempos
y tiempos
en espacios reducidos
donde poderte versar sin necesidad de esperas,
de nervios.
De contra-tiempos.
Corta-tiempos.

Eso haré.
Seguir esforzándome en ser todo lo contrario,
para, así, por el otro lado del mundo
encontrarte de espaldas
y sorprenderte.

A base de abrazos, besos, versos.
A base de todo.


viernes, 24 de abril de 2009

La folie.

Esto es una locura.
Léeme bien porque esto de aquí es una maldita locura.

Mis ojos se tapan la boca,
no quieren ni pronunciar que sucede
lo que tenía que suceder.
Ahora no nos sorprendamos,
¡demonios!
no sintamos pudor, miedo.

No sintamos.

Y sin embargo,
asco.
Venas que corren porque no quieren.
No.
A este cuerpo no quieren pertenecer.

Me da, y es una aproximación,
que no quiero fluir por la cuenta que me trae.
Tantas preguntas, tantas dudas.
Descubrir, joder,
abrir los ojos y ver y mirar y oír luego.
Tómatelo, sino, como un juego,
de esos fáciles de entender,
de esos.
Se una ludópata y luego arráncame el corazón
por si acaso.

Y esto es una locura y yo no estoy loca,
me suenas y me sueñas y me muero de frío
o de lo que sea, pero me muero.
Esto
no
puede
ser
cierto.

Estoy incluso más acojonada que tú
y aun así…
pierdo el sueño por querer soñarte.

Menuda estupidez.

martes, 21 de abril de 2009

Ene-a-miga mía.

Del infierno hasta aquí queda un paso.
Una enorme línea roja rozándote los labios
y bajando, el sur.
No espero que me entiendas cuando digo
que prefiero seguir empañando cristales,
dibujando futuros, emborronando presentes.

Empalagarnos de lujuria,
ser dulces y amargarnos las vidas.
Y así te digo, que me tengo miedo
y empezarás a temerme.
Y te diré que me tengo asco
y empezaré a darte asco,
o quizás querrás ser espejo
y del revés contarme
todos los defectos que me hacen
ser tan yo, tan a tu lado.

No encuentro la manera
ni la postura adecuada
para enfrentarme a lo que me sucede
y pido,
porque lo estoy pidiendo a gritos,
que pase algo ya
antes de que empiece a hacer el idiota,
como de costumbre.

Suenas tan bien que no voy ni a intentarlo.
No me voy a tropezar a sabiendas de,
ni me dejaré la piel en el intento.
No te voy a perseguir.
No, esta vez no.
Destruirlo todo, ya sabes.
Pensar no,
no saber absolutamente nada y aun así,
mira,
estás en un poema de estos
de los que no me siento nada orgullosa,
pero mientras,
tú bajas hasta abajo
para luego llegar tan alto como quieras.

Solo existe un límite. El orgasmo.
Rozar el cielo con los dedos.
Supongo que por eso siempre habrá un cielo encima de mí
y debajo,
al sur, estarán siempre tus infiernos.

Escaparme antes de ver como me venzo yo misma.
Ser mi propia ene-a-miga,
me estoy destruyendo por querer destruirlo todo
y no creo que haya sonrisas capaces de superar esto.
Está claro,
necesito correr, lejos, como siempre, como nunca.
Irme y morirme de asma y vivirte.
Encontrar al amor en unas de mis tantísimas vidas y volver,
con otra cara, otras piernas, otros pulmones
y fumándote.
Fumándote esperaré el infierno que yo quiero.
La línea roja que roza tus labios
ahora roza la mía
y ya no hay vuelta atrás.

Es hora de irse cagando leches.

viernes, 17 de abril de 2009

Pyromaniac's hearts


Tengo un duende entre las tripas,
una canción sin inventar en la punta de la lengua
y apuesto lo que sea a que si me esfuerzo lo suficiente
sonarán guitarritas, preludio de lo que se avecina.

Un castillo enorme en la entrada de mi mente
con un puente y unos cocodrilos y duendes.
Entre las tripas, duendes.

Me he aficionado a perder,
aplaudo mis capacidades y me río de las zancadilla.
El destino, supongo que no le caí bien
cuando tuve que ir a pedirle trabajo.
Confecciono sombreros con pensamientos de regalo
y nadie se los pone porque quedan grandes,
quedan chicos, quedan, que no está mal,
que no está bien.

Me fijo en las curvaturas de todas las carreteras
del sur de muchas más mujeres de las que existen.
No mareo, por eso soy quien soy
y hago lo que hago.
Soñar que no es fácil y luego escribir
aunque cada verso lleve la inicial de cada estación de servicio
por la que tendré que repostar.

Antes de llegar quiero saber lo que me voy perder.

Estaré entre el estado paranoico y el compulsivo.
Cierra esa puerta, háblame un rato, no te vayas
y así seguirán todas las cosas
como dijo alguien,
que no tienen mucho sentido.

Es estar en el borde, en lo alto, ahí
y saber que si hay algo más
será el dolor.
Adrenalina y perfume.
No quiero recordarte y por eso escondo tus cosas,
tus manías y tus gestos, supongo.

Me invento duendes que caminan por mis tripas
e imagino como mis dedos se despliegan por tu espalda
primero,
entre tus piernas,
después.

Ya sabes, de esas cosas que jamás pasan
y acaban por pesarte casi tanto como si hubieran sucedido de verdad.
Ya sabes.

Que podrás querer saber todo de mí o no,
y no conseguirás más que la mitad de la mitad
de todo lo que estuve dispuesta a perder contigo.
(Por ti).
Salvarse.
O que te den una ostia para estar atentos.
Perderse del mundo y ser como el resto,
vivir en la monotonía, en lo incomprensible, en lo ilógicamente
perfecto.

Eso pasa.
Que entre las tripas tengo duendes,
mi mente es un castillo,
hace viento, y es de naipes.

Y acabar. Acabar ya.
Recogerlo todo, la ropa de anoche, las promesas, los rencores.
Al final todo siempre acaba en eso.
En canciones suicidas
lengua abajo.
Y más abajo, todas esas curvas que no me voy a perder.
No me voy a parar
a menos
y a más
que vengas en stand by
o con lo que tú quieras encima a decirme que tenía razón.

El siguiente paso ya tengo claro cual será…

Que ardan en el infierno.
El tuyo
y
el mío.

jueves, 16 de abril de 2009

Inside.


Imagina que estoy dentro. Todas mis paredes son todo tu cuerpo y me cubres o te cubro.
Te araño los sesos, los intestinos, los pulmones. Te araño. Empieza a oler a muerto e intento hacerte y hacernos, al fin y al cabo, el boca a boca.
Estás casi gritando, casi queriendo escapar, o queriendo que sea yo la que de el primer
paso, la que se pierda de vista. Tus brazos son los míos y te aparto el pelo de la cara.
Tus piernas caminan hacia abajo y piensas que luego tendrás que dar la vuelta y otra vez el mismo camino, los mismos árboles, los mismos bancos, las mismas tiendas.
Tenemos, ambas, miedo a perdernos y por eso dejamos nuestro cuerpo, el tuyo, en los mismos parques, con los mismos cigarros entre los dedos.
Me matas, y supongo que es la única manera que tienes de hacerlo. Fumas y te matas.
Yo me asfixio cada dos por tres. Cuando besas a otras y beso a otras. A las mismas.
Cuando abrazas y te oprimen y balbuceas pero no te salen las palabras, cuando te quedas sin palabras y no por mí.
Yo sigo dentro, arañando las paredes de un cuerpo que no me pertenece ni me perteneció nunca.
Te vas pero soy yo la que camina. Es algo extraño de explicar y aun así tú sin saberlo lo entiendes.
Hay silencios. Yo los he oído y por eso afirmo que hay silencios.
Cuando me acurruco entre pulmón y pulmón puedo incluso escuchar ese zumbido. Supongo que tu cuerpo, como el mío, teme al vacío. Horror vacui.
No nos basta con estar sentadas en un suelo demasiado frío, esperando una llamada, que también tenemos que poner melodía a la soledad.
Aunque debo admitir que no, no hay mucha tranquilidad dentro de ti. Entre latidos y respiraciones, queda poco tiempo para descansar del mundo. Y no hay ningún mundo.

Imagina por un momento que estoy dentro y fuera si hace falta. Que te dejas y te estás dejando llevar por mí, por el aire y el agua.
Imagínate que te convenzo.
Por un momento, dentro de ti te atreves a atreverte y te hago cosquillas si quieres.

Y bueno.

Que por lógica si estuviera dentro no estaría afuera y entonces ni roces, ni cariños, ni amor, ni polvos, que es a lo que vinimos, por lo menos como primer objetivo, y sin polvos no hay felicidad y sin felicidad hay poemas que no dejan de recordarme lo mal que lo hice estando fuera y no dentro.

Resumiendo, mastúrbate.

lunes, 13 de abril de 2009

Y de repente, lo admito.


De repente lo admito.
Necesito un hueco calentito a mi lado
y mirar por la puerta.
La luz de la cocina encendida y una silueta que se dibuja.
Que me dibuja en pupilas
el calorcito que se va yendo junto al tiempo.

Mientras ella se hace la cena yo preparo un par de versos,
los escondo en el bolsillo y me sigo haciendo la dormida
con un ojo medio abierto.

Admito que eso es lo que quiero,
que estoy en el punto enfermizo de llegar a necesitarlo
y como siempre me apuro y me muero de miedo.
Quizás encontrarte, a ti, musa de todas mis historias,
sin nombre ni cara, sea de casualidad pero con ganas,
queriéndolo más que a nada en este universo de tantos y tantas.

Dos.
Y eso pensé y eso pasó sin querer.
Que hubo dos segundos antes en los que me había quedado en blanco
oliendo a tabaco y alcohol y luego dos centímetros
y luego menos dos.
Eso pasó y eso pensé que había pasado.

El tiempo y la lluvia y tú en particular,
la de veces que quise hacer barbaridades y me aguanté las ganas,
la de veces que quise tu silueta preparándose la cena
en mi cocina
mientras yo me comía los versos
media dormida
media soñándote.

No. Jamás te dedicaré ni un insulto más.
Porque es lo que estoy haciendo.
Como no hay nada de donde agarrarse, me salvo
salvándote.
Así nos drogaremos durante toda la noche
y me enseñarás la de cosas que aprendiste cuando eras mala
y lo admitías y todos lo sabían.
Sacarás uñas, dientes y maña. Yo te seguiré hasta donde quieras
y como sabes de eso, me llevarás hasta el límite.
El cielo, que de noche es como el mar y me da miedo,
el suelo que está frío.
Mi espalda, tu espalda,
la cena, tu silueta y un hasta nunca, para siempre.
Yo tendré la valentía, las pupilas y la fuerza.
Diré hasta luego cuando tenga que decir hasta siempre
y conversaremos de círculos viciosos
poniendo de ejemplo nuestro caso.
El vicio de los círculos.
Ya sean dedos y piel,
ya sean filosofías baratas y copas de más.

Aun me siento allí descansar el pensamiento
pensando en las demás.
A llorar por la soledad y brindar con lágrimas que lo he conseguido.
Estar a solas conmigo.

Pero de repente lo admito.
Habrá muchísimas mujeres
y más de un primer amor.
Habrá corazones rotos y siluetas.
Huecos calentitos, huecos que se enfrían.
Círculos, vicios, enfermedades y drogas.
Habrá alcohol y estarás tú después,
mañanas en las que no quiera despertar jamás
y jamases que fueran para siempre.
Quisiera necesitarlo todo en un segundo
y al siguiente
despertarme y no necesitar nada más.

Una espalda.
Una piel.
Una sin-nombre.

Tú.

Y de repente lo admito.

Tú.

jueves, 9 de abril de 2009

De mártires acabamos mariposas.

Está el amor y luego las mariposas.
Huir de los golpes, y golpearse para sentirse viva.
La droga que entra y pide permiso y se queda,
las borracheras y las partes de atrás de todas las casas,
de todas las cosas.
El dolor del después y el del antes. Para ser felices hay que sufrir
primero y ser mártires del universo,
de gratis, sin días libres, sin menciones especiales.

No me voy a tatuar ningún nombre en la frente,
solo es que la vida es verde y esa soy yo.
Porque está el amor y luego las mariposas.
Las caídas y playas.
La de veces que hubiera pagado para que todo fluyera
y la de veces que tuve que pagar por fluir tanto.

Esta es mi vida. Ir empujando de un coche que no va
y aun así pasármelo bien. Veo el paisaje y te recuerdo.
La radio todavía funciona y hay melodías difíciles de olvidar.
Son los gemidos, que no me hacen falta pero quedarían tan bonitos
aquí, entre tú y yo.
Agitarnos y luego respirarnos, amarnos, que se acabe el mundo.
Cerrar los ojos y hacer fuerzas, apretarnos los cuerpos,
desordenar mil veces un puzzle que encaja de todas las formas posibles.

Mis labios en tu cuello, el mundo debajo, gritándonos y nosotras
aullando.
Solitarias lobas en medio de la nada.
Tirarnos de cabeza y ser peces en peceras infinitas,
no acabarnos nunca, ser de todos los colores en todas las mareas.

Enamorarse que no es difícil y mantener la constancia
de ir a poema por día. Querer algo imposible
porque es mi oficio.
Escribir sobre lo mismo
que no sobre la misma.
Romperme los huesos por ti o por quien sea, leer todo lo que me recuerde
que existes y al lado tuyo,
yo.
Imaginar como traspaso barreras. Esa que tienes y ahora tengo,
esa que sin que lo sepas me mata.
Te rompo el corazón en un papel para explicarte
en croquis o no
que sin darme cuenta dejé que destrozaras el mío.
Imbécil es la palabra y como siempre llego tarde.

Aprovecharte. El amor y todo lo demás. Me duele y lo que sigue.
Oyes crujir y no sabes dónde, me tienes delante, me estás viendo
y te marchas.
Difuminas cualquier diversión.
Chocas, llena de sal, contra todo lo que soy y me oxido.
Estoy muerta de rabia, muerta de amor y de mariposas.
Y eso es.
Esta mañana me vi muerta en el suelo, con las alas hacia arriba
y la cabeza enterrada en la tierra.
Tengo siete días de vida, siete meses, siete infinitos.
Siete enfermedades que me matan.
Tú,
tus labios,
tus besos,
tu olor,
tu pelo,
tu cuello
y
yo.

Supongo que un día de estos me tropezaré contigo
y nada será lo mismo. No me temblarán ni las pestañas
y al volver a casa no te escribiré porque no hará falta
y no hace falta.

Hay amor y mariposas en todas las esquinas de esta ciudad
por, mínimo, cincuenta euros,
y aun así no me canso de conseguir gratis
la mención especial por ser la mejor mártir.
Morir de amor.
Y luego mariposas.

No se si me entiendes pero siempre fuimos así.

Nadie sabe cuando llega nuestra hora hasta que llega.
Lo sabio es saber afrontarla y yo de eso estoy cansada
así que déjala pasar,
que llegue el amor y luego las mariposas.
La droga y las borracheras más tarde.
El tedio y la soledad.
Que fluyamos y nos pasemos de listos.

Arrancar de la calzada las flores bonitas y recordar que todo siempre
será tan bonito como feo, que primero estarás tú
y luego, imbécil y drogadicta,
yo.


martes, 7 de abril de 2009

Tranquila.


Sus ojos me miraban atentamente.
Sabía que en cualquier momento me descuidaría.

Busca una frase genial y di que la has escrito tú, has llorar a las madres, sonroja a las hijas. Muérdeles el cuello cuando sus maridos no miren, arráncales lo único que tienen.
Has que se busquen y que no se encuentren. Que sientan vacío con un solo verso, que se replanteen sus vidas.
Avalancha de suicidios.
Has que todos quieran morir porque has escrito esa frase y esos versos y eso. Que la querías y la dejaste marchar.
Es que el mundo está demasiado cansado de la gente como para soportar un drama más.
Aprende a levantarte sin que nadie se haya dado cuenta de la caída y mátalos a todos a base de palabras.

Estúdiate todas las leyes, todos los trastornos, todos los contratos. Estudia por qué tiembla el suelo cuando la ves aparecer y te entra taquicardia. Estudia por qué hay límites que sobrepasar si se quiere ganar alguna vez.

Yo desde aquí me veré perder como de costumbre. Por dejarme llevar y pensar que es cierto. No se debe firmar en pieles de nadie. Vivamos de los restos, dejemos pasar el tiempo.
No hagamos bromas ni tengamos territorios privados. Que las madres lloren y las hijas se corran. Que haya sexo y nada más.
Ser animales, bestias. Morir a polvos, porque eso somos y a eso iremos en algún futuro.
Destruirme que es lo que más me convendría ahora. Estarme tranquila mientras el mundo sigue su camino. Allí afuera, en las calles, gritan y hay revoluciones. Los jóvenes planean asaltar la senectud. Pobres.
Y yo mientras me muero de ganas y de miedo y siempre en el mismo lugar. Entre mis sábanas.

Hagamos una fiesta porque nos estamos haciendo viejos. Mirémonos al espejo. Ahora me da tanta pena esto que podría echarme a llorar. No es lo que quiero y nunca lo quise. Seguiré envejeciendo con este cuerpo y estas ideas y no hay nadie que lo cambie realmente. Por eso supongo que creo en otras vidas, en la reencarnación. En la perfección que ahora mismo sería algo así como un sueño.

Que se tiren todos del mismo puente. No voy a salvar a nadie.

Y ahora busca esa frase y has que todos desaparezcan. Porque eso es lo que pasa cuando te sientas aquí delante y te enfrentas a ti misma.
Que las madres lloran, las hijas se sonrojan, te follas a mujeres casadas, todos se suicidan y nadie se hace viejo porque no se dan cuenta de que eso no es del todo relevante.
Eres tú contra todos y todos contra nadie.
El aire que me separa, ya sabes. El amor y los desgarros.
No hay más, no puede haber más.

Así que deja de mirarme como si fuera a fallar de nuevo.
Al fin y al cabo es de lo que se trata ¿no?

lunes, 6 de abril de 2009

Mistakes.

Y yo que me dediqué a confundirte
ahora me difumino en la noche.
Es difícil pedir algo que has perdido.
Oportunidades y eso.
Besos que faltan y sobran y me cago en todo.
Esa canción, ese bar y yo que espero un milagro.

Ven, vamos a quitarnos las penas a base de alcoholes,
a despellejar la luna, el cielo, la noche. Vámonos.
A desabrochar botones y cerrar bocas.
Ya no me imagino unos labios, ni el amor. No concibo ideas.
Estoy en blanco, en estado catatónico.
Se ha vuelto a destrozar todo.

Y juro que esta vez no he sido yo,
por mucho que quiera ser la protagonista.
Decidir.
Mandar, adjudicar, cortar de raíz.
No puedo.

Pero allí estabas tú.
Tus labios y todo lo demás.
Mi sangre que dejaba de fluir,
mis ojos que se secaban y bueno
hola y adiós.
Me has hecho daño pero supongo
que yo te dejé
o
me dejé.
Sea lo que sea, no pasa nada.
A las malas o a las buenas todo siempre tiende a lo mismo.
Al sol.
A secarse las penas, las lunas, las noches.
Que entre bien el humo, luego me preguntaré por qué no vienes
y lo entenderé más tarde, cuando el taxi me lleve a casa
sola.

No estamos hechas para entendernos y sin embargo
me dejo la piel en el intento.
Escalar murallas de vértigo, ya sabes.
Morirme y resucitar.
No soy el Mesías pero hago milagros,
o algo de eso me contaron.

Reconstruirse el pecho cada mañana tiene su mérito,
y volver a perder el miedo (y el tiempo).
Quitarme las fobias al tiempo y al espacio
o cogerle cariño al vacío.
De palabras, de manos y miradas.

No sé en qué me equivoqué pero el caso
es que yo pensaba lo opuesto a lo que tú
y aun así todo parecía ir bien.

Supongo que es así como comienzan las guerras.

Y así he comenzado.
Con un final.


jueves, 2 de abril de 2009

En estéreo.

En estéreo.
Me suenas todos los días en estéreo.
Con el frío de la mañana y las luces de las ventanas encendidas.
Las nubes y la primavera.
Me suenas y ya no estás. Cuatro primaveras y no estás.

La de cosas que probablemente te hubiera contado mamá,
la de veces que me habrías aguantado un enfado y todo eso.
Que te quiero aun separándonos más barreras de las que la gente se piensa.
Distancia de kilómetros y días buenos y días malos.
Aire e invisibilidad.
Yo creo. Te creo.
Y estás porque no podría ser de otra manera.
Me miras como me peino cada mañana y sonríes. Más te vale sonreír. Yo me reiría mucho.

Me he sentado aquí con mis problemas y ese dos y este abril me han hecho morirme.
Como aquella vez rodeada de todos, recuerdas?.
Junto a ti.

Eres amanecer y por eso me gustas tanto. Sigues haciendo equilibrios junto al sol y yo sigo fotografiándote.
Estás en el patio y en la calle y aquí.
En la misma Semana Santa de hace diez años.
En la orilla del mar y en el agua salada.

Recorriendo las curvas de mis oídos y riendo.
Como cuando te echaba de menos y venías.
Como cuando me hiciste falta y no pude verte, ni tocarte.
Solo sentirte.

E iré a Barcelona a recordarte y lloraré.
Lloraré como aquella primera vez.
Porque hoy tengo quince años y te has ido y no me he despedido. Por lo injusto que es todo esto. Esto que no entiendo hoy ni entendí en su día.
Y es dos y me retumbas en estéreo.

Ya sabes lo que haré…

Sentarme a esperarte como aquella vez.
Imaginar que me voy lejos, corriendo. Imaginar.

No te has ido, estoy segura.

Sigues aquí, en estéreo.

miércoles, 1 de abril de 2009

Perdona el no perdonarte.

Aunque quiera no te voy a perdonar.
Que me dejaras los besos en la boca y la poesía atascada, supongo.
Que te fueras y no pudiera sujetarte.
No me lo voy a perdonar.
El no sentir nada y beber y beber y que nada supiera a ti.
Ir a la cocina a cocinar mi propia muerte,
renunciar a latir por alguien. Renunciar.

No hay nada por lo que estar arrepentidos
menos el estar arrepentidos y aquí
en mi rincón sigo dándole vueltas.
Hace frío, como de costumbre y no hay ni una sola señal de vida ahí fuera.
Quizás tendría que haber entrado en acción mucho antes,
haberte partido la cara y las piernas y así
sin ganas de besarte pero con muchas de que no te marchases
mirarte.
Desde aquí, en mi rincón.

Te habría explicado por que hay perfumes que me dan dolor de cabeza
y sábanas a las que no me acostumbro.
Hay falta de sudor mañanero.
Despertarme empapada en verano, que por cierto, es mi estación favorita
y apunta esta:
me gusta comer helados. Muchos helados.
Las guitarras despacito que nos van susurrando lo que debemos hacer
en cada momento
y perder el control para encontrármelo luego, después de muchas borracheras.
Es lo que pasa cuando lo entiendes todo de repente
y saber a lo que te referías y no poder dar marcha atrás.
No saber convencerte de lo contrario.
No me lo voy a perdonar.

Que me mires a mí y a otros y bueno
cumplir años que no está demás
e ir restando calendarios al día D
la hora X.
Y eso nadie más que tú lo va a saber, porque cuando casi te muertes
sabes que casi te estás muriendo.
Perder la conciencia, sentirse una ilusa ante tantos focos
que son ojos y luego bocas.
Cortar las lenguas y tirarlas al mar. Ganas de eso.
De no perdonármelo jamás.

El aprender a base de remiendos y descocidos
y remendarse las heridas con hilos invisibles y especiales
para que en caso de caída se vuelvan a romper, pero más,
hasta que esté del todo roto y tengas, sin dinero, que comprarte otro nuevo.
Hablo de pantalones. Es lo que tiene cogerle cariño a las cosas.

Y así será como me bajaré los pantalones y me verás
y seguramente te irás corriendo o te correrás. No sé.
El caso es que no te lo voy a perdonar.
El que vuelvas o el que te vayas.
El que te rías o el que quieras sacar fuerzas para intentar no hacerlo.

Hay demasiados silencios sin ganas de hablar ya, y por eso precisamente
no te lo voy a perdonar jamás.

[Pic: Andrés, por mí ^^]



.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.