jueves, 9 de abril de 2009

De mártires acabamos mariposas.

Está el amor y luego las mariposas.
Huir de los golpes, y golpearse para sentirse viva.
La droga que entra y pide permiso y se queda,
las borracheras y las partes de atrás de todas las casas,
de todas las cosas.
El dolor del después y el del antes. Para ser felices hay que sufrir
primero y ser mártires del universo,
de gratis, sin días libres, sin menciones especiales.

No me voy a tatuar ningún nombre en la frente,
solo es que la vida es verde y esa soy yo.
Porque está el amor y luego las mariposas.
Las caídas y playas.
La de veces que hubiera pagado para que todo fluyera
y la de veces que tuve que pagar por fluir tanto.

Esta es mi vida. Ir empujando de un coche que no va
y aun así pasármelo bien. Veo el paisaje y te recuerdo.
La radio todavía funciona y hay melodías difíciles de olvidar.
Son los gemidos, que no me hacen falta pero quedarían tan bonitos
aquí, entre tú y yo.
Agitarnos y luego respirarnos, amarnos, que se acabe el mundo.
Cerrar los ojos y hacer fuerzas, apretarnos los cuerpos,
desordenar mil veces un puzzle que encaja de todas las formas posibles.

Mis labios en tu cuello, el mundo debajo, gritándonos y nosotras
aullando.
Solitarias lobas en medio de la nada.
Tirarnos de cabeza y ser peces en peceras infinitas,
no acabarnos nunca, ser de todos los colores en todas las mareas.

Enamorarse que no es difícil y mantener la constancia
de ir a poema por día. Querer algo imposible
porque es mi oficio.
Escribir sobre lo mismo
que no sobre la misma.
Romperme los huesos por ti o por quien sea, leer todo lo que me recuerde
que existes y al lado tuyo,
yo.
Imaginar como traspaso barreras. Esa que tienes y ahora tengo,
esa que sin que lo sepas me mata.
Te rompo el corazón en un papel para explicarte
en croquis o no
que sin darme cuenta dejé que destrozaras el mío.
Imbécil es la palabra y como siempre llego tarde.

Aprovecharte. El amor y todo lo demás. Me duele y lo que sigue.
Oyes crujir y no sabes dónde, me tienes delante, me estás viendo
y te marchas.
Difuminas cualquier diversión.
Chocas, llena de sal, contra todo lo que soy y me oxido.
Estoy muerta de rabia, muerta de amor y de mariposas.
Y eso es.
Esta mañana me vi muerta en el suelo, con las alas hacia arriba
y la cabeza enterrada en la tierra.
Tengo siete días de vida, siete meses, siete infinitos.
Siete enfermedades que me matan.
Tú,
tus labios,
tus besos,
tu olor,
tu pelo,
tu cuello
y
yo.

Supongo que un día de estos me tropezaré contigo
y nada será lo mismo. No me temblarán ni las pestañas
y al volver a casa no te escribiré porque no hará falta
y no hace falta.

Hay amor y mariposas en todas las esquinas de esta ciudad
por, mínimo, cincuenta euros,
y aun así no me canso de conseguir gratis
la mención especial por ser la mejor mártir.
Morir de amor.
Y luego mariposas.

No se si me entiendes pero siempre fuimos así.

Nadie sabe cuando llega nuestra hora hasta que llega.
Lo sabio es saber afrontarla y yo de eso estoy cansada
así que déjala pasar,
que llegue el amor y luego las mariposas.
La droga y las borracheras más tarde.
El tedio y la soledad.
Que fluyamos y nos pasemos de listos.

Arrancar de la calzada las flores bonitas y recordar que todo siempre
será tan bonito como feo, que primero estarás tú
y luego, imbécil y drogadicta,
yo.


2 comentarios:

Heinz Dieter dijo...

:)
me agrada tu manera simple,
aparentemente despreocupada de escribir..
saludos desde chile!

poch dijo...

muchas gracias :)
te seguire por aqui
un beso!


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.