jueves, 30 de abril de 2009

Fugacidades.

Fugaz.
De la de cosas que quisimos
y se fueron volando de la mano
de algún astro.
De suspiros y respiraciones,
hablo,
de que
abrí los ojos y ya no había nada.

Como cuando tienes muchas cosas que escribir
y las escribes,
lo haces,
ahí estaban todas esas letras,
pero se te olvidó disfrutarlas.
Allí seguían,
para que otros
se acercasen y se lamiesen una a una
todas las heridas
que tú, a estas alturas
tenías infectadas.

Y se va, fugaz, el momento de beso contra beso,
piel contra piel.
Lucha cuerpo a cuerpo,
y fugaz también el tiempo,
también el sol,
también la vida.

Al final solo nos queda rezar
porque quede, al menos,
algo de
relatividad.
Y si hay suerte, componer una canción
para sordos,
y dibujar en el cielo
lo ciegas que estamos.

¡Qué ciegos estamos todos!

Que no nos dimos cuenta de que lo mejor de la fugacidad
son las estelas que la preceden.
Lo mejor, mejor, de lo mejor.

Hablo de recuerdos, de la saliva de mi boca,
de la saliva que no es mía,
en mi boca.
Hablo de los colores que forman fotografías
y el sol cayendo,
y yo detrás.

Hablo de pasarlo bien,
dejarlo todo en blanco,
como cuando llegamos
y escribir en pequeño
en algún lado
que estuvimos y firmamos.

Con sudor y recuerdos.
Con lo que se te ocurra,
pero que todo el universo se de cuenta
de que nuestra fugacidad
fue la más intensa,
la
más
estelar.


1 comentario:

***SaRa*** dijo...

yo no se pero todo lo que escribes es la ostia


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.