jueves, 16 de abril de 2009

Inside.


Imagina que estoy dentro. Todas mis paredes son todo tu cuerpo y me cubres o te cubro.
Te araño los sesos, los intestinos, los pulmones. Te araño. Empieza a oler a muerto e intento hacerte y hacernos, al fin y al cabo, el boca a boca.
Estás casi gritando, casi queriendo escapar, o queriendo que sea yo la que de el primer
paso, la que se pierda de vista. Tus brazos son los míos y te aparto el pelo de la cara.
Tus piernas caminan hacia abajo y piensas que luego tendrás que dar la vuelta y otra vez el mismo camino, los mismos árboles, los mismos bancos, las mismas tiendas.
Tenemos, ambas, miedo a perdernos y por eso dejamos nuestro cuerpo, el tuyo, en los mismos parques, con los mismos cigarros entre los dedos.
Me matas, y supongo que es la única manera que tienes de hacerlo. Fumas y te matas.
Yo me asfixio cada dos por tres. Cuando besas a otras y beso a otras. A las mismas.
Cuando abrazas y te oprimen y balbuceas pero no te salen las palabras, cuando te quedas sin palabras y no por mí.
Yo sigo dentro, arañando las paredes de un cuerpo que no me pertenece ni me perteneció nunca.
Te vas pero soy yo la que camina. Es algo extraño de explicar y aun así tú sin saberlo lo entiendes.
Hay silencios. Yo los he oído y por eso afirmo que hay silencios.
Cuando me acurruco entre pulmón y pulmón puedo incluso escuchar ese zumbido. Supongo que tu cuerpo, como el mío, teme al vacío. Horror vacui.
No nos basta con estar sentadas en un suelo demasiado frío, esperando una llamada, que también tenemos que poner melodía a la soledad.
Aunque debo admitir que no, no hay mucha tranquilidad dentro de ti. Entre latidos y respiraciones, queda poco tiempo para descansar del mundo. Y no hay ningún mundo.

Imagina por un momento que estoy dentro y fuera si hace falta. Que te dejas y te estás dejando llevar por mí, por el aire y el agua.
Imagínate que te convenzo.
Por un momento, dentro de ti te atreves a atreverte y te hago cosquillas si quieres.

Y bueno.

Que por lógica si estuviera dentro no estaría afuera y entonces ni roces, ni cariños, ni amor, ni polvos, que es a lo que vinimos, por lo menos como primer objetivo, y sin polvos no hay felicidad y sin felicidad hay poemas que no dejan de recordarme lo mal que lo hice estando fuera y no dentro.

Resumiendo, mastúrbate.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.