lunes, 6 de abril de 2009

Mistakes.

Y yo que me dediqué a confundirte
ahora me difumino en la noche.
Es difícil pedir algo que has perdido.
Oportunidades y eso.
Besos que faltan y sobran y me cago en todo.
Esa canción, ese bar y yo que espero un milagro.

Ven, vamos a quitarnos las penas a base de alcoholes,
a despellejar la luna, el cielo, la noche. Vámonos.
A desabrochar botones y cerrar bocas.
Ya no me imagino unos labios, ni el amor. No concibo ideas.
Estoy en blanco, en estado catatónico.
Se ha vuelto a destrozar todo.

Y juro que esta vez no he sido yo,
por mucho que quiera ser la protagonista.
Decidir.
Mandar, adjudicar, cortar de raíz.
No puedo.

Pero allí estabas tú.
Tus labios y todo lo demás.
Mi sangre que dejaba de fluir,
mis ojos que se secaban y bueno
hola y adiós.
Me has hecho daño pero supongo
que yo te dejé
o
me dejé.
Sea lo que sea, no pasa nada.
A las malas o a las buenas todo siempre tiende a lo mismo.
Al sol.
A secarse las penas, las lunas, las noches.
Que entre bien el humo, luego me preguntaré por qué no vienes
y lo entenderé más tarde, cuando el taxi me lleve a casa
sola.

No estamos hechas para entendernos y sin embargo
me dejo la piel en el intento.
Escalar murallas de vértigo, ya sabes.
Morirme y resucitar.
No soy el Mesías pero hago milagros,
o algo de eso me contaron.

Reconstruirse el pecho cada mañana tiene su mérito,
y volver a perder el miedo (y el tiempo).
Quitarme las fobias al tiempo y al espacio
o cogerle cariño al vacío.
De palabras, de manos y miradas.

No sé en qué me equivoqué pero el caso
es que yo pensaba lo opuesto a lo que tú
y aun así todo parecía ir bien.

Supongo que es así como comienzan las guerras.

Y así he comenzado.
Con un final.


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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.