viernes, 17 de abril de 2009

Pyromaniac's hearts


Tengo un duende entre las tripas,
una canción sin inventar en la punta de la lengua
y apuesto lo que sea a que si me esfuerzo lo suficiente
sonarán guitarritas, preludio de lo que se avecina.

Un castillo enorme en la entrada de mi mente
con un puente y unos cocodrilos y duendes.
Entre las tripas, duendes.

Me he aficionado a perder,
aplaudo mis capacidades y me río de las zancadilla.
El destino, supongo que no le caí bien
cuando tuve que ir a pedirle trabajo.
Confecciono sombreros con pensamientos de regalo
y nadie se los pone porque quedan grandes,
quedan chicos, quedan, que no está mal,
que no está bien.

Me fijo en las curvaturas de todas las carreteras
del sur de muchas más mujeres de las que existen.
No mareo, por eso soy quien soy
y hago lo que hago.
Soñar que no es fácil y luego escribir
aunque cada verso lleve la inicial de cada estación de servicio
por la que tendré que repostar.

Antes de llegar quiero saber lo que me voy perder.

Estaré entre el estado paranoico y el compulsivo.
Cierra esa puerta, háblame un rato, no te vayas
y así seguirán todas las cosas
como dijo alguien,
que no tienen mucho sentido.

Es estar en el borde, en lo alto, ahí
y saber que si hay algo más
será el dolor.
Adrenalina y perfume.
No quiero recordarte y por eso escondo tus cosas,
tus manías y tus gestos, supongo.

Me invento duendes que caminan por mis tripas
e imagino como mis dedos se despliegan por tu espalda
primero,
entre tus piernas,
después.

Ya sabes, de esas cosas que jamás pasan
y acaban por pesarte casi tanto como si hubieran sucedido de verdad.
Ya sabes.

Que podrás querer saber todo de mí o no,
y no conseguirás más que la mitad de la mitad
de todo lo que estuve dispuesta a perder contigo.
(Por ti).
Salvarse.
O que te den una ostia para estar atentos.
Perderse del mundo y ser como el resto,
vivir en la monotonía, en lo incomprensible, en lo ilógicamente
perfecto.

Eso pasa.
Que entre las tripas tengo duendes,
mi mente es un castillo,
hace viento, y es de naipes.

Y acabar. Acabar ya.
Recogerlo todo, la ropa de anoche, las promesas, los rencores.
Al final todo siempre acaba en eso.
En canciones suicidas
lengua abajo.
Y más abajo, todas esas curvas que no me voy a perder.
No me voy a parar
a menos
y a más
que vengas en stand by
o con lo que tú quieras encima a decirme que tenía razón.

El siguiente paso ya tengo claro cual será…

Que ardan en el infierno.
El tuyo
y
el mío.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.