lunes, 13 de abril de 2009

Y de repente, lo admito.


De repente lo admito.
Necesito un hueco calentito a mi lado
y mirar por la puerta.
La luz de la cocina encendida y una silueta que se dibuja.
Que me dibuja en pupilas
el calorcito que se va yendo junto al tiempo.

Mientras ella se hace la cena yo preparo un par de versos,
los escondo en el bolsillo y me sigo haciendo la dormida
con un ojo medio abierto.

Admito que eso es lo que quiero,
que estoy en el punto enfermizo de llegar a necesitarlo
y como siempre me apuro y me muero de miedo.
Quizás encontrarte, a ti, musa de todas mis historias,
sin nombre ni cara, sea de casualidad pero con ganas,
queriéndolo más que a nada en este universo de tantos y tantas.

Dos.
Y eso pensé y eso pasó sin querer.
Que hubo dos segundos antes en los que me había quedado en blanco
oliendo a tabaco y alcohol y luego dos centímetros
y luego menos dos.
Eso pasó y eso pensé que había pasado.

El tiempo y la lluvia y tú en particular,
la de veces que quise hacer barbaridades y me aguanté las ganas,
la de veces que quise tu silueta preparándose la cena
en mi cocina
mientras yo me comía los versos
media dormida
media soñándote.

No. Jamás te dedicaré ni un insulto más.
Porque es lo que estoy haciendo.
Como no hay nada de donde agarrarse, me salvo
salvándote.
Así nos drogaremos durante toda la noche
y me enseñarás la de cosas que aprendiste cuando eras mala
y lo admitías y todos lo sabían.
Sacarás uñas, dientes y maña. Yo te seguiré hasta donde quieras
y como sabes de eso, me llevarás hasta el límite.
El cielo, que de noche es como el mar y me da miedo,
el suelo que está frío.
Mi espalda, tu espalda,
la cena, tu silueta y un hasta nunca, para siempre.
Yo tendré la valentía, las pupilas y la fuerza.
Diré hasta luego cuando tenga que decir hasta siempre
y conversaremos de círculos viciosos
poniendo de ejemplo nuestro caso.
El vicio de los círculos.
Ya sean dedos y piel,
ya sean filosofías baratas y copas de más.

Aun me siento allí descansar el pensamiento
pensando en las demás.
A llorar por la soledad y brindar con lágrimas que lo he conseguido.
Estar a solas conmigo.

Pero de repente lo admito.
Habrá muchísimas mujeres
y más de un primer amor.
Habrá corazones rotos y siluetas.
Huecos calentitos, huecos que se enfrían.
Círculos, vicios, enfermedades y drogas.
Habrá alcohol y estarás tú después,
mañanas en las que no quiera despertar jamás
y jamases que fueran para siempre.
Quisiera necesitarlo todo en un segundo
y al siguiente
despertarme y no necesitar nada más.

Una espalda.
Una piel.
Una sin-nombre.

Tú.

Y de repente lo admito.

Tú.

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