domingo, 31 de mayo de 2009

Quiero que sepas.


Quiero que sepas:
a aire
y a piel
y a repetición de la jugada,
todo el tiempo.
Dar marcha atrás cuando separemos
la boca
del beso
y volvamos
a mentirnos despiadadamente.

Yo que estoy tan lejos y tan abajo,
que no entiendo de mentes,
que sólo concibo una sola manera
de
empezar las cosas.
Yo que comí finales
para dejar de romperme el corazón,
ahora quiero masticarte.

Que te quedes, sabor, en mi boca,
y juegues a ser papila gustativa,
y me ensucies los dientes
de
más.

Mucho más.
Quiero que sepas a manos y temblor.
Que vuelvan a ser las ocho y media,
pero esta vez,
seamos las dos
las que no tengamos que irnos.

Ducharnos con palabras
invisibles.
Enjuagarnos a promesas de mentira.
Peinarnos con las miradas de otros.

Quiero que sepas a ti.
Que tu perfil me perfile versos
y sea tu nariz quien escriba cosquillas en mi cara.
Que pongas esa cara al besarme
y luego te apartes
para preguntar qué pasa.


¿Qué es lo que va a pasar?

Que me gusta tu sabor,
el rastro de olor que paseas por la facultad,
rasgarte el alma, como esos pantalones
y no saber,
porque aquí empezamos por el final
para acabar
levantándonos,
da igual con que pie,
lo que importa de verdad
es que sabrías tan bien al despertar,
que casi mejor me quedo en la cama.

sábado, 30 de mayo de 2009

Shit shoot shut up!


Y me callo la boca porque me da la gana.


Que cuando empiezan a sobrar las cosas,
lo primero que hay que hacer es
deshacerse de las palabras.

Que aquí no estamos para regalar nada
a
nadie

y sin embargo

siempre hay un pero
para ocupar espacios.

[Esos que existen sin querer quieriendo, sí, esos]





.Asco.





martes, 26 de mayo de 2009

Al principio no existía el principio.

Por aquel entonces, aun no se había inventado la lógica
ni la rueda,
ni la luz.
Sólo había un enorme desorden
del que todos disfrutaban y enseñaban, orgullosos, a sus hijos y nietos.
No existían las Universidades (ni el universo), ni la familia.
No había vías de tren, vías de tranvía, vías de escape.
Nadie sabía qué significaba ir desnudo o ir vestido,
no entendían de premisas ni de promesas.

Nadie llamaba al sol, Sol
ni a la luna, Luna.
Nadie se dedicaba a mirar el cielo pensando en satélites, planetas
y estrellas fugaces.
El amor, las poesías, nada de eso existía.
Nadie daba la vida por un beso porque no había besos,
ni se la jugaban a todo o nada
porque nunca hubo nada, nunca hubo todo.

Las palabras, las letras, las sílabas.
Nadie leía, ni analizaba, ni escribía. No había plumas, ni bolígrafos.
Nadie separaba las cosas por sus nombres porque no existían nombres.
Ni hombres, ni mujeres,
ni homosexuales, ni heterosexuales, ni bisexuales, ni transexuales.
Allí todos caminaban con los pies y pensaban con la cabeza.
¿Por qué ponerle nombre a algo que no existe?

El problema surgió cuando a alguien le dio por juntar sonidos con pensamientos.
Primero PO de poder, porquería, porque y por qué.
luego
E de eh eh eh, de espasmos, estallidos, hecatombes (tampoco las haches importaban mucho).
Luego SÍA de sí a la vida, sí a los colores, sí a ti.

Los hombres, y las mujeres, con sus sílabas primero y sus sexos después,
se inventaron que debían ser maridos y mujeres, y se inventaron a la familia después.
Les sonó interesante la palabra conciencia y todos se compraron una en tiendas de palabras.
Luego vino la ciencia a poner en jaque el mercado de la conciencia y acabó todo en manufacturas dónde salarios mínimos y palabras y palabrotas estafaban a hombres, mujeres y niños.
Habíamos creado un monstruo.

Al principio de todo, el orden lógico de las cosas
era la melodía.
Mi melodía, tú melodía.
El tiempo, como medida cuantitativa de “algo” no existía, y las canciones, la música, lo real, no tenían fin.
El caso es que antes nadie sabía hablar. Antes, en aquel mundo, no existía La Palabra, ni conceptos abstractos que englobaran a manos, pies, cabezas, penes, vaginas, tetas, culos, pelos y más pelos.
Todo estaba allí, puesto en su lugar sin necesidad de ser metido en un cajoncito con una letra que indicara
que todo aquello empezaba por poesía
y terminaba
en el fin.
Todo el caos, las camas sin hacer, el ártico congelado y la pasta de diente sin cerrar.
Todo pertenecía a un mundo que no se llamaba mundo, y a una vida que no se llamaba vida.
Tendían al caos, al infinito. Tendían la ropa que los desnudaba y comían nubes, exprimían nubes, se inventaban nubes.

Lo abstracto se pintaba en la mente de los artistas, que tampoco eran artistas, y luego todos miraban alucinados cuan enorme podíamos llegar a ser.

¿Qué nos pasó entonces?

El caso es que no existía nada de lo tú te pudieras imaginar ahora y sin embargo eran felices sin ser conciente de ello. Eran las personas más felices de todo el planeta. Sí.

¿Entonces?, repito, ¿Qué fue lo que sucedió?

sábado, 23 de mayo de 2009

Again.


Estábamos tan arriba que no nos dimos cuenta
de que el suelo era duro
y
dolía.
Éramos tan invencibles
que creímos en eternidades antes
de creer en nosotras mismas.
Vivimos tantas horas que pensamos que todas
serían iguales.

Entonces me dio por bajar
y desmentirme a base de miradas.
Ni mis brazos podían abarcar tanto
ni el tiempo se iba a estirar en bostezos.

Aprendí que hay cosas que no se pueden controlar.
Películas que están hechas para no ser vistas
y balcones que gritan saltos brutales
después de borrachera y cama.

Desistir
y no creerse tan por encima del resto.
Dejarlo todo a un lado.
¿Cuánto hace que no te dedicas una canción a ti misma?
¿Cuánto hace que no sueñas con soñar?

Años y sesos y sangre por todas partes,
el amor que está demás
las caricias que faltan,
el aire
que
ya
ni nos separa.
Contra la pared
apellidos
y deseos
y quererse un poco.
Desgastarnos tanto,
morir a polvos.

Unión de ideas:
Yo quiero limonada
pero se puede querer muchísimas más drogas
juntas
o separadas.
Quiero una escalera
para entenderme
y enredarme.

Aquella casa
y esta que soy yo ahora mismo.
Aquel baño y aquellas ventanas.
Cuántos cuerpos más tendrán que venir
a darme la espalda.

Y te beso.
Haciendo dibujos te beso.

Eso es lo que hago yo
cuando no hay nada más que decir.
Bajar, bajar y bajar,
y ya en el fondo,
ver cómo me las apaño para salir
una
y
otra
vez.

jueves, 21 de mayo de 2009

Retó-rica.


Nací libre
amarrada siempre a una melodía,
a unas sábanas,
a muchas más personas
de las que me imaginaba.
Mis brazos que cortan el aire,
que acarician el aire,
que muerden al aire.
Mis brazos ahora te atrapan a ti,
te raptan a ti,
te hacen temblar
a ti.

Y fue el momento de ser partículas
y comas en la mitad de todo.
Fue el momento de cerrar los ojos
y recordar como es que se caían los soles,
cómo es que flotaban las lunas.

Mira como voy caminando
por mis propias huellas dactilares
que a su vez,
te caminan a ti.
Y no hay camino sin caminante,
no hay libertad sin cárcel.

Entonces decidí que era hora
de olvidarme de todo
y volver a callarme.
Ni estas letras me escribirían a mí
ni tú querrías leerme jamás.
Decidí hacer,
hacer,
y
deshacer.
Empezar por la cabeza y acabar
en cualquier cinturón,
en cualquier Orión.
Me zamparía cualquier libro
en el que nombrasen eso de
hacer, hacer
y deshacer(te) en caricias.
Vomitaría,
pero esta vez de verdad,
todas las esquinas que me dieron
mala suerte
y comenzaría,
de nuevo,
a decidir.

En las fotos saldrían constelaciones
y yo,
sentadita en algún borde
haría dibujos en el cielo,
¿Te acuerdas?
reciclando versos para no olvidarme nunca
de las heridas,
y coserte a mi piel hoy,
remendarte mañana,
rompernos a bailar,
rompernos en la cama.

Traducir lo bueno siempre
de lo pernicioso
e imaginarme
que otro día,
en otro mes
o en otra semana
no serás tú la que me haga rayarme en versos
para tocar el sol.

Me quemo.
Te quemas.
Entonces pienso en libertad
y vuelvo al aire,
a las mordidas a secas,
a los juegos líquidos.

Respóndeme a esto
y si aciertas
seré yo la que se desnude para siempre:

¿Cómo se puede dejar de ser uno mismo?
¿Cómo se puede empezar para nunca acabar?

Maldita retórica.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Per-a-manecer



Hay respiraciones tan profundas
que casi pueden llegar hasta el centro de la tierra.
Pulmón
a
pulmón
ir versando
(y besando)
cada espacio,
como si de una cuerda invisible
se tratase,
hasta llegar-te.

Porque me quiero manchar de ti
toda la tarde
y
lo que dure la noche.
Me quiero enloquecer
a base de gemidos
y verte entre la espada y la pared
construyendo
beso a beso
idilios de temblores.

Primero las rodillas.
Esta vez procuraré ser original
y curarte los síntomas
donde más se hacen notar.
Luego,
y si quiero,
subiré hasta donde me llegue tu respiración
y me la pondré de abrigo.
Hará tanto calor
que nos arroparemos las pieles
con más pieles
y por fin
al final
conseguiremos ser
un solo abrigo para el invierno.

Respirarás entonces, todas las veces
que te sea necesario sin darte cuenta
de que en verdad
esos son mis pulmones
y este,
el centro de mi tierra.

De equis a y
haré zetas en tu espalda.
No habrá minuto que se me resista
y tú,
gritarás como nunca
en un continuo de amanecer
a las siete pe eme.

Y así,
pulmón a pulmón
hacerme el agujero negro
más verde del universo.

lunes, 18 de mayo de 2009

El paso del contigo y sin ti.


Quién decidió que el derecho a la vida iba a ser muchísimo mejor que el derecho a la muerte. Quién decidió que lo justo sería llorar en vez de alegrarse. Quién decidió que la muerte iba a ser el peor de los castigo.
Me caracterizo, a parte de por ser una dramática integral, por buscarle la parte buena o al menos diferente a las cosas que suceden, que teniéndolo o no anteriormente, carecen de sentido.
Por qué he de creerme eso de que la muerte es mala. Quizás solo sea el comienzo de lo más grande de nuestras vidas. Quizás solo sea una manera de recompensarnos por todas esas penurias y no tan penurias de haber tenido que caminar por el mismo mundo que nos vio descender.
No creo, pues, que haya un cielo ni un infierno. Creo en lo de más allá. Los fallos del pasado, que son los actos del presente y serán los recuerdos del futuro.
Quizás la muerte solo sea una segunda oportunidad en otro mundo completamente paralelo a éste, de remendar las cosas que por A o por B (o por X e Y) nos salieron francamente mal. Quizás haya allí más abrazos y sonrisas de lo nos creemos.
Dejemos de esperar pues.
Dejemos de llorarle a la muerte y gritemos alegría. No nos estamos muriendo, nos estamos remendando, hilo a hilo, las faltas de ortografía de aquellas cartas que no mandamos por miedo al después.

Después, lo más probable es que el silencio fuera preludio del crujir de papeles.
Una poesía dentro, sostenida por puntos y comas se deslizaría más tarde por gargantas sedientas de paz y guerra.
Y dimos guerra y dimos paz y nos bajamos los pantalones porque estábamos tan muertas que no nos dimos ni cuenta de que el corazón nos seguía palpitando.
Si es que no pasa absolutamente nada más que no sea el tiempo, y todo por culpa de esa manía nuestra de inventar cosas para limpiar al mundo.
Restando minutos, entonces, le aparté el pelo de la cara para verla sonreír.
Me limpié el alma, manchando mi cama de sexo, si a eso puedo llamarle sexo, y luego lloré porque sabía, y lo sigo sabiendo ahora mismo, que debo estar loca para pensar en una vida así, a tu lado.
Ahí es cuando te das cuenta de que no existe ni el Karma ni el cielo ni Dios que venga a descontar pecados de actos de fe. Nadie va a venir entonces a prohibirte el paso a horas y horas de sexo en la habitación que siempre quisiste con la mujer que siempre deseaste.
Eso, y escúchame bien, es la verdadera muerte. No darnos cuenta de que sentimos y por lo tanto y contra todo pronóstico, evitando cualquier tipo de dolor.

Allí, al otro lado del río, al que solo sé llegar antes del orgasmo y probablemente cuando me muera, no habrá nada más que lo que yo quiera. Ni olores, ni recuerdos.
Ya sabes, por eso de inventarnos cosas que limpien todo el rato lo que nosotros dedicamos tanto tiempo en ensuciar.
Mis manos que dejan huellas invisibles por tu piel, mis libretas y todas sus correspondientes páginas de sueños y destrozos. Todo eso quedará tan lejos que por instinto y supervivencia, acabaré olvidándolo.
Aunque ahora me parezca tan intenso todo esto, mañana volveré a ser la misma mujer de diecinueve años que se cree que está de vuelta de todo y no.

No hay más vuelta que el morirse y yo, por ahora, y aunque se me haya parado el corazón más de una vez, sigo tan viva y tan presente que hasta me estoy acostumbrando.

Es hora, y hazme caso, de cerrar heridas y cartas y poemas. Sujetarte a ti misma con todos aquellos puntos y comas y darle cuerda al reloj. Se acabó el tiempo muerto (já!, tiempo muerto). Que se haga el silencio, que no cruja nada más que no sean las hojas en el suelo, la de los árboles.
Y te lo digo.
No tiene sentido que nos preocupemos por ser algo o alguien y que tengamos afinidad con Fulanito porque Menganita también es de ese mismo signo del zodiaco que tú. No merece la pena levantar montañas de mentiras cuando en tu cama deseaste que aquella chica no se fuera jamás (pensando en cómo hacer para que aquella otra te siguiera perfumando las tardes).
Es una locura. Así empecé aquello del estar más viva que nunca.
Esto es una locura que nunca debió suceder.
Yo por mi parte voy a trazar un plan en el que no existan muertes trágicas de apellido “Por amor”.
Simplemente te empujaré sin querer y haya agua o no, no te dejaré respirar jamás (todo el aire que no sea el mío).
Y entonces entenderemos de una vez por todas que no existen las muertes por amor, ni el dolor de pecho, ni el echarte de menos. Solo ganas de tener la valentía para ser en la historia de los que siguen vivos, locos suicidas infelices.

Que pena que a mi me guste disfrutar tanto del trayecto.
Del tú a tú imposible.
Que pena que no pueda morirme por unos instantes para descubrir cómo hacerlo, ya sea el empezar o el acabar, sin que se me vaya el alma por la boca.

Así será, supongo, la mejor forma que tendré de explicarte que no quiero seguir, que punto y final, que lo quiero todo o nada, pero no esto. Ni tiempo ni espacio.
Yo no vine hasta aquí para esto.
Vine para muchas otras más cosas sin sentido, pero no a esperar (a morirme y saber el final), ni a aguantar, ni a decir adiós (cuando yo jamás me quise ir).

Yo vine (sin pretender quedarme para siempre), que es lo que importa y si me tengo que tatuar nómada en la piel, que no sea por méritos propios. Que no sea porque yo lo quise.

Y al fin y al cabo, ¿quién sabe si esto, en realidad, no es la verdadera muerte de la que hablan los poetas?
¿Quién sabe?
A lo mejor nunca debiste dejar de ser “la imposible” y esto nunca debió ser el sinónimo de “sin ti no me da la gana de seguir” así que o me busco otro camino o no camino más.

viernes, 15 de mayo de 2009

Después del fin, destino.



El cielo se llena de líneas rojas
y parece que cuanto más rápido voy
más largo se me hace el camino.
Ahora todos mis músculos laten.
Se avecinan calmas y tempestades
todas juntas jugando
en bordes de labios
y lenguas
y
espacios.
Recuperarse de los recuerdos
con sonrisas telefónicas
y voces calladas.

Cuando cae la noche
comienzan los indios a quemar corazones
en hogueras.
El cielo es naranja
desde que un día, mientras crecía
me di cuenta
de lo mayor que podía llegar a ser.

Miento entonces.
Aquella casa, con esos azulejos tan verdes.
Todo era una señal
de que no debía pararme en ninguna
estación de servicio.
Con faltas de ortografía
seguiría siendo igual de yo
e incluso
con esos dientes fuera de lugar
también me hubiera encaprichado
de un cuerpo
como
el
tuyo.

Y eso que pensé que no podría amar
a otra mujer,
y eso
que esa mujer aun era una niña.

Rayas y rayones en el cielo.
Rayos debajo de la cama,
donde no me den miedo.
Encima solo habrá cuentos
y
más cuentos.

Uno para dormirse,
otro para despertar,
besos en la espalda,
bocanadas de aire entre pupila
y
pupila.

Y a pesar de todo
el stand by
no está
nada
mal.

Y eso que me lo inventé en el momento
para que toda la magia
se fuera a juntar en el mismo espacio
que después se fue de vacaciones.

Y ojala tú pudieras tatuarte en mis pupilas,
en estas que no ven nada,
para que al menos
te quede un poco más claro
como es que me gusta tanto tu nariz
o porque me vuelve loca tu boca.

Y se calla.
Las rayas rojas del cielo se callan.
Solo hay un camino,
solo un nombre:

Destino.

martes, 12 de mayo de 2009

Ataques a la respiración.

Es como cuando hace mucho frío
y te quedas sin respiración
por un instante.
Disfrutar un momento del inmortal
segundo
en el que estás rozando la muerte.

Entonces,
que su pelo te haga cosquillas
en las orejas,
no significa
absolutamente nada.

Viene el viento
a invertir en tu cara lágrimas
sin significado.
Es entonces cuando te das cuenta
de que sí que sabes llorar,
solo que,
nada ya es lo suficientemente intenso
como para
pararte el corazón a puñaladas.

Caminas a contra corriente,
pensando que si las calles fueran ríos
no existirían crisis.
Comprarse una personalidad entonces
y tener alguna enfermedad mental
para cuando tengamos que dar pena
es lo único que nos debe importar.

Hoy en día,
el llamar la atención está muy subestimado.
Yo me paso el día pensándote.
No es justo entonces
que atravieses mis planes
y te los comas.

Punto y coma-s

Haré ruido entonces
entre tus dientes
y masticarás tierra.
Saborear penas,
que es una de mis aficiones,
ahora no tiene mucho sentido.

El caso es que existen tantas constelaciones
como constipados
o constituciones de cuerpos
y estados
de
ánimo.

Jugar con lo único que me pertenece.

Llegar al éxtasis con
un verso
como forma de vida.
Vivirme
y dejar de pensar en
exprimir momento a momento
el momento
en busca de excusas.

Si lo hicimos mal
o
si lo hicimos bien
dará igual.

Lo importante siempre
serán las decisiones
y yo aquí,
con este frío intrépido
subiéndoseme a los pulmones
creo morir en
un ataque a la respiración.

(Y cuidado, que ni morir es morir de verdad, ni ataque a la respiración es malo del todo)

Entonces me puse a pensar
sobre aquello del amor romántico
y neuronas que no se encajan
porque no quieren ser como las demás.
Pensé en el resto del mundo que sí que
seguía girando/jugando
y en lo insignificantemente pequeña
que es tu boca,
y la de mundos que pude haber descubierto
con solo un segundo más en ella.

Y me quedo con las ganas,
sin viento ni lágrimas,
pero invirtiendo mis labios
al peor postor.
A cualquier postor.

Y lo peor de esto no es todo lo anterior,
sino los ataques a la respiración
cuando pasas por delante
o te nombran,
o te huelo,
por mucho que sepa
que esa que pasa
no
y
nunca
fuiste tú
de verdad.

domingo, 10 de mayo de 2009

Supongamos que suponemos.

Supongo no es una palabra bonita para empezar con nada
pero tengo esa triste manía de no creerme del todo las cosas,
así que supongo que así es como debería empezar esto.

Tus piececitos y sus respectivas huellas
aun siguen andando por mi conciencia
y soy tierra firme y sequía y me dejo.
Cada hueco que vas haciendo se transforma en un pensamiento,
que como puedo, voy desechando.
Yo que creía ser débil por naturaleza
me aprendo historias de memoria
y las suelto todas seguidas en forma de nubes.

Por qué no flotar entonces si nos estamos pidiendo a gritos
cambiar de aires.
Llovernos las penas y destrozarnos, una a una
y tú primero,
en el asfalto.

Montar el club de la lucha y matarme a mi misma
a base de promesas incumplidas.
Arrancarme los nervios
y endurecerme aun más.
Nada de cosas imposibles, quiero decir,
yo sabía que íbamos a terminarnos en sonetos
y sabía a que sabe esto.
Por eso mismo, supongo que no me dejo influir demasiado.
Hay situaciones que deben ser evitadas a toda costa
y aun así nos proponemos ser mejores
y más valientes.

Así que le robé la cazadora a Indiana Jones
y me puse como loca
a conquistarte cada uno de los besos
que ahora
y no sé muy bien por qué,
ya no están.
Me metí de lleno en los rápidos,
me sumergí para empaparme.

Escucho, y créeme cuando te digo esto,
cada canción que te hubiera hecho.
En mi cama.
Ahí está mi cuerpo pensando en cómo pudo salirle tan mal la jugada.
En el humo que se acumula en el techo,
ahí estoy yo.
Me duele la barriga de pensarte.
La cabeza de pensarte.
Los ojos de pensarte.
Y no me pasa otra cosa que esa.
Entonces permíteme suponer
que el resto de horas,
desde hace un rato
lo único que puedo hacer es escribir supongo
donde debían ir otras muchas cosas.

sábado, 9 de mayo de 2009

Con secuencias.




*

Y a las consecuencias me atengo,
aquí, encerrada conmigo misma,
cosiendo palabras a comisuras
y subiéndole los vueltos a la vida.

Ojalá me diera por leer más,
por ser la reina de la oratoria.
Ojalá parase el tiempo
y le bajase los pantalones
al tonto de turno que desordenó los papeles
y
cambió los personajes.

Pero sigo siguiendo
sumergida sin querer en un olor
y en unos hechos.
Pareciese como si lo real se hubiera convertido
en simples recuerdos
y ahora el frío se cala
calo a calo.

Nunca pensé que una guitarra pudiese hacer
tanto ruido
y sin embargo
me inyecto en vena
canciones
para devolvértelas luego
con intereses.

Desenvolver las telarañas
y colocarlas en su sitio.
Donde mismo las encontré la primera vez.

Y por eso.
Por haber sido la primera vez,
estoy hecha a prueba de balas.
Jamás me equivoqué al escribir aquello.
Jamás estaré tan cerca de serme fiel a mi misma.

Por eso supongo que me voy a borrar de la faz de la tierra
y a alunizar como pueda
en cualquier constelación de poca monta,
por mucho que sepa que eso es
físicamente imposible.

Pero es que así fue como empezamos
y
es
así
como
estamos

terminando.

jueves, 7 de mayo de 2009

Precaución: paso a nivel

Te voy a hablar de barreras
pero no como lo había hecho hasta ahora.
Te hablo de rozarte,
de tocarte.
De palpar cada barrera y saber que existimos.
La punta de mi lengua que se desliza,
la piel que a estas horas, resbala.
Mis manos que te cubren,
tú que te dejas abrazar por un pulpo
de tres al cuarto.

Faltas de respeto al mundo.
Envidias y te saco la lengua,
es hora de que me muerdas.
De que te quites todas esas horrorosas
ideas de encima
y pienses
nada más y nada menos
que ya no hay barreras.

Solo que mis límites tienen punto y final.
Tu boca.
Te pinto.
Las yemas de mis dedos
van haciendo escala
por lo bordes de tus labios
y bajan
y suben
y se quedan.

Están los milagros como para regalarlos.
En estos tiempos, y no hablo de crisis,
sino de
que estás un poco lejos
y te echo de menos.

Me da igual que me vuelva a suceder,
que te entre el pánico,
que eches a correr.
Ahora palpo, cara a cara
cada barrera que me apresa.
La felicidad a la izquierda,
guiñándome un ojo,
dándome más tiempo a mí que al resto,
los de la cola
y
a la derecha
saboreo bocado a bocado
la perfección.

La de tus ojos,
la de tu piel.

Eres música.
Para mí eres música.

Eres el mensaje secreto
del que siempre hablaba y hablaba
y jamás me atreví, en parte,
a encontrar.

Y te voy a hablar
de las barreras.
De todas
y cada una de ella
pero
con la boca
cerrada.


martes, 5 de mayo de 2009

Ochocientos años de Drum'n'Bass.

Dentro de ochocientos años tú y yo seguiremos siendo las mismas, en el mismo lugar, estoy segura. Viendo esa estrella enorme abalanzarse hacia nosotras.
Allí, viejecitas, tú con tus paletitas separada (porque volveremos a ser las de siempre) y yo hablando de porros y heavy metal sin tener ni idea de nada, le enseñaremos la lengua a Venus y sentiremos como nuestras papilas gustativas se van secando poquito a poco, haciéndonos cosquillas.
Te daré la mano y empezaré a contar la de cosas que habría hecho si tú, con esas paletitas separadas, las hubieras tenido juntas o hubieras sido rubia, como tus hermanas.
Y te soltaré para tirarte en la cama y matarte a cosquillas. Los mejores años de mi vida, pasarán por delante de tus pestañas mientras esa enorme estrella nos dice, gorda y luminosa, lo brillante y hermosa que es. Yo, mientras, te enseño esos años. Te los estoy poniendo delante. Los estamos viendo.
No habrá paréntesis, el mundo se cae a pedazos. Por mucho duende que a escupitajos intentó arreglarlo, se vuelve viejo y refunfuñón.

Cerraremos los ojos y haremos como que nos besamos. Por el otro lado del mundo, los indios, nos oirán reír y harán cánticos pensando en dioses y esas cosas extrañas de indios.
Escaleras de rastas, playas, cigarrillos de liar.
Cada vez los haremos mejor y los encenderemos con las pupilas. Hacía ya varios siglos que instalaron botellas de gas en todas las retinas de los súper-supervivientes.
Para quien quisiera calentarse el alma, o en pro de la humanidad, inmolarse los sesos.
Seguro que seguirán existiendo los CDs de fotos aunque ahora serían más grandes y nos llevarían, tú con miedo, yo adelantando por la derecha al resto de la gente, hasta el fin del mundo. Tu casa.
Allí donde hadas y no hadas corretean sujetas al lomo de gatos enormes con naricillas diminutas.

Dentro de ochocientos años, Rapsus seguirá partiéndonos los cuellos. Largos, ahora, por culpa de la evolución.
Yo te lo dije y si no lo hice lo pensé: algún día necesitaremos comernos las copas de los árboles. A falta de bares, ya sabes…
Y a faltas, puntos rojos y granitos. Seremos las eternas adolescentes, desterradas a soportarnos entre menstruaciones y tartas de chocolate. Habrá crisis (las hay ahora, imagínate cuando se esté pudriendo el resto del mundo que no somos nosotras) y muchas veces, no querrás enredar tu cuello al mío mientras preparo la cámara para salir a contra luz en alguna foto, que como de costumbre, querrás colgarla en el cielo al revés.

Aprenderé a mentirte y que todo se haga realidad, así que si quiero que Venus sea Orión, así será. Como esa calle de la Cuesta, por donde estaba la autoescuela de Aldo.
Calle Sin fin.
Y bailaremos ska hasta que los chinos se asusten. Por ese entonces, solo existiremos nosotras como tal y los chinos. Chinos que bailan ska y comen arroz a la cubana en la cafetería de la facultad por 2’85 cochinos euros.
Y los euros se enfermarán de gripe. Habrá más crisis y no entenderé porque esta palabra solo existe en plural.

Te sujetaré de la mano cuando despeguemos y me imaginaré que sigues siendo tan tú, con esas paletitas separadas y esas pintas de empollona. Sonreiré entonces. Mi mejor amiga está aterrizando conmigo en la interrogación de su propia barriga y yo soy feliz.

Comeremos signos de exclamación entre otras cosas y de las cosas que nunca te conté… uhh… mira que guapa es esa chica, que ojos los de ese noruego (que no es noruego, enrealidad), que Bagas somos que no queremos pelar las pipas (peladas).

Y sin embargo, dentro de ochocientos años me levantaré de la cama y me pondré esas viejas gafas de pasta que me compraré mañana contigo, y veré el regalo de mi dieciocho cumpleaños, y sin querer abriré tu sobre para ver cuan pequeña pudiste hacer esa ranita de papel.
Ese día me prepararé. Venus u Orión. El triángulo de las Bermudas de tu mano (o brazo, no recuerdo) se verá más grande incluso que la luna y recordaré entonces, que hacía unos ochocientos años que no veía semejante belleza.
Estás a mi lado.

¿Cómo te lo explico?

(Y sí, entre esa tipa brillante en el cielo y tú, te elijo a ti, Laurizard!)


lunes, 4 de mayo de 2009

Sin documentos.


No quiero vivir en un país al que no pertenezco. No quiero respirar el aire que es el de los demás también. No necesito de un trabajo que no sea el de pensarte.
Que mi única patria sean tus pechos, tus muslos, tus ojos, que el aire que me coma, sea el mismo que te toca pausada y tibiamente.
Que el único precipicio que conozco es el de tu ombligo y mi sur, tu sur, el sur, eres tú.
Y camaleónica me voy a dormir entre tus manos y seré tu pelo y seré tus labios.
Seré, si me dejas, los colmillos que te muerdan cada noche, los dedos que te acaricien la espalda haciendo de cada palpitación un universo.
Mira, cuando tragas aire y piensas que no podrás soltarlo nunca y aguantas la respiración. Cuando tus manos repasan mi nuca y tus labios cobran a mi cuello entrada.
Justo cuando te agarre y no te suelte en una eternidad, expulsa todo ese oxígeno y observa como se va marchando. Como me va manchando de ti, que estás tan cerca que casi puedo ser tú.
Caerme en la colchoneta de tu olor y perderme durante años por una desértica luna. Que me ilumines cada noche, entonces, será mi única preocupación.
Beber de tu saliva, comer de tus labios, hacerte cosquillas en el paladar para que me vomites sonrisas.
Y yo, reivindicando un imperio al que solo puedo acceder cual súbdita, yo que miro como los leones me comen las entrañas, aun creo en los golpes de suerte. En los ojos morados de tan fuerte golpe de suerte.
Seré la delincuencia que apalee una a una tus dudas y te vendaré los ojos para que dejes de temer por el mundo. A él también se los vendaré, y así, ciegos todos, viviremos que es a lo que hemos venido.
Voy a ser cada gota de tinta que te tatúe literaturas en las pupilas y versaré hasta que mi voz se quede sin voz y así ronca de ti, tomaré decisiones en silencio, mirando como es que te mueves, como es que caminas. Abriré la boca y recordaré cualquier estribillo que pegadizo, se me pegue a las cuerdas vocales.
No voy a hablar de amor, sabes. Ni de infinitos juntas de la mano.
Solo estoy saltado, aunque ya haya perdido la cuenta, por un precipicio. Que me da igual ser esclava del tiempo si es al lado de un tiempo perfecto del verbo empezar, que no quiero repúblicas independientes, ni países, ni monarquías. Yo quiero comerte con las manos y pringarme luego la boca de tarta de chocolate. De arándanos con queso. De ti.
Yo quiero y quiero y quiero y no me voy a cansar hasta que te retuerzas y te rindas.
Ser yo la que apaga el sol y no cualquier dios de tres al cuarto. Emborracharte de miradas, resacarte. Rescatarte, pequeña.
Y no saber explicar nada de esto, porque en realidad, esto no es nada. Absolutamente nada.
Sin comparaciones, pero bien clarito: Allí, con la boca abierta, recién duchada, en mi cama. Allí te quería ver yo para que supieras. Para que supieras porque no pertenezco a ningún país, siempre con la casa a cuestas, porque mi aire no puede ser el de los demás también, porque el único trabajo del que jamás me cansaría, sería el de hacerte feliz y junto a ti, recíprocamente o como lo quieras llamar, yo.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.