martes, 26 de mayo de 2009

Al principio no existía el principio.

Por aquel entonces, aun no se había inventado la lógica
ni la rueda,
ni la luz.
Sólo había un enorme desorden
del que todos disfrutaban y enseñaban, orgullosos, a sus hijos y nietos.
No existían las Universidades (ni el universo), ni la familia.
No había vías de tren, vías de tranvía, vías de escape.
Nadie sabía qué significaba ir desnudo o ir vestido,
no entendían de premisas ni de promesas.

Nadie llamaba al sol, Sol
ni a la luna, Luna.
Nadie se dedicaba a mirar el cielo pensando en satélites, planetas
y estrellas fugaces.
El amor, las poesías, nada de eso existía.
Nadie daba la vida por un beso porque no había besos,
ni se la jugaban a todo o nada
porque nunca hubo nada, nunca hubo todo.

Las palabras, las letras, las sílabas.
Nadie leía, ni analizaba, ni escribía. No había plumas, ni bolígrafos.
Nadie separaba las cosas por sus nombres porque no existían nombres.
Ni hombres, ni mujeres,
ni homosexuales, ni heterosexuales, ni bisexuales, ni transexuales.
Allí todos caminaban con los pies y pensaban con la cabeza.
¿Por qué ponerle nombre a algo que no existe?

El problema surgió cuando a alguien le dio por juntar sonidos con pensamientos.
Primero PO de poder, porquería, porque y por qué.
luego
E de eh eh eh, de espasmos, estallidos, hecatombes (tampoco las haches importaban mucho).
Luego SÍA de sí a la vida, sí a los colores, sí a ti.

Los hombres, y las mujeres, con sus sílabas primero y sus sexos después,
se inventaron que debían ser maridos y mujeres, y se inventaron a la familia después.
Les sonó interesante la palabra conciencia y todos se compraron una en tiendas de palabras.
Luego vino la ciencia a poner en jaque el mercado de la conciencia y acabó todo en manufacturas dónde salarios mínimos y palabras y palabrotas estafaban a hombres, mujeres y niños.
Habíamos creado un monstruo.

Al principio de todo, el orden lógico de las cosas
era la melodía.
Mi melodía, tú melodía.
El tiempo, como medida cuantitativa de “algo” no existía, y las canciones, la música, lo real, no tenían fin.
El caso es que antes nadie sabía hablar. Antes, en aquel mundo, no existía La Palabra, ni conceptos abstractos que englobaran a manos, pies, cabezas, penes, vaginas, tetas, culos, pelos y más pelos.
Todo estaba allí, puesto en su lugar sin necesidad de ser metido en un cajoncito con una letra que indicara
que todo aquello empezaba por poesía
y terminaba
en el fin.
Todo el caos, las camas sin hacer, el ártico congelado y la pasta de diente sin cerrar.
Todo pertenecía a un mundo que no se llamaba mundo, y a una vida que no se llamaba vida.
Tendían al caos, al infinito. Tendían la ropa que los desnudaba y comían nubes, exprimían nubes, se inventaban nubes.

Lo abstracto se pintaba en la mente de los artistas, que tampoco eran artistas, y luego todos miraban alucinados cuan enorme podíamos llegar a ser.

¿Qué nos pasó entonces?

El caso es que no existía nada de lo tú te pudieras imaginar ahora y sin embargo eran felices sin ser conciente de ello. Eran las personas más felices de todo el planeta. Sí.

¿Entonces?, repito, ¿Qué fue lo que sucedió?

1 comentario:

AsDePiqas dijo...

Por cierto que PO significa culo en alemán.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.