martes, 12 de mayo de 2009

Ataques a la respiración.

Es como cuando hace mucho frío
y te quedas sin respiración
por un instante.
Disfrutar un momento del inmortal
segundo
en el que estás rozando la muerte.

Entonces,
que su pelo te haga cosquillas
en las orejas,
no significa
absolutamente nada.

Viene el viento
a invertir en tu cara lágrimas
sin significado.
Es entonces cuando te das cuenta
de que sí que sabes llorar,
solo que,
nada ya es lo suficientemente intenso
como para
pararte el corazón a puñaladas.

Caminas a contra corriente,
pensando que si las calles fueran ríos
no existirían crisis.
Comprarse una personalidad entonces
y tener alguna enfermedad mental
para cuando tengamos que dar pena
es lo único que nos debe importar.

Hoy en día,
el llamar la atención está muy subestimado.
Yo me paso el día pensándote.
No es justo entonces
que atravieses mis planes
y te los comas.

Punto y coma-s

Haré ruido entonces
entre tus dientes
y masticarás tierra.
Saborear penas,
que es una de mis aficiones,
ahora no tiene mucho sentido.

El caso es que existen tantas constelaciones
como constipados
o constituciones de cuerpos
y estados
de
ánimo.

Jugar con lo único que me pertenece.

Llegar al éxtasis con
un verso
como forma de vida.
Vivirme
y dejar de pensar en
exprimir momento a momento
el momento
en busca de excusas.

Si lo hicimos mal
o
si lo hicimos bien
dará igual.

Lo importante siempre
serán las decisiones
y yo aquí,
con este frío intrépido
subiéndoseme a los pulmones
creo morir en
un ataque a la respiración.

(Y cuidado, que ni morir es morir de verdad, ni ataque a la respiración es malo del todo)

Entonces me puse a pensar
sobre aquello del amor romántico
y neuronas que no se encajan
porque no quieren ser como las demás.
Pensé en el resto del mundo que sí que
seguía girando/jugando
y en lo insignificantemente pequeña
que es tu boca,
y la de mundos que pude haber descubierto
con solo un segundo más en ella.

Y me quedo con las ganas,
sin viento ni lágrimas,
pero invirtiendo mis labios
al peor postor.
A cualquier postor.

Y lo peor de esto no es todo lo anterior,
sino los ataques a la respiración
cuando pasas por delante
o te nombran,
o te huelo,
por mucho que sepa
que esa que pasa
no
y
nunca
fuiste tú
de verdad.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.