viernes, 15 de mayo de 2009

Después del fin, destino.



El cielo se llena de líneas rojas
y parece que cuanto más rápido voy
más largo se me hace el camino.
Ahora todos mis músculos laten.
Se avecinan calmas y tempestades
todas juntas jugando
en bordes de labios
y lenguas
y
espacios.
Recuperarse de los recuerdos
con sonrisas telefónicas
y voces calladas.

Cuando cae la noche
comienzan los indios a quemar corazones
en hogueras.
El cielo es naranja
desde que un día, mientras crecía
me di cuenta
de lo mayor que podía llegar a ser.

Miento entonces.
Aquella casa, con esos azulejos tan verdes.
Todo era una señal
de que no debía pararme en ninguna
estación de servicio.
Con faltas de ortografía
seguiría siendo igual de yo
e incluso
con esos dientes fuera de lugar
también me hubiera encaprichado
de un cuerpo
como
el
tuyo.

Y eso que pensé que no podría amar
a otra mujer,
y eso
que esa mujer aun era una niña.

Rayas y rayones en el cielo.
Rayos debajo de la cama,
donde no me den miedo.
Encima solo habrá cuentos
y
más cuentos.

Uno para dormirse,
otro para despertar,
besos en la espalda,
bocanadas de aire entre pupila
y
pupila.

Y a pesar de todo
el stand by
no está
nada
mal.

Y eso que me lo inventé en el momento
para que toda la magia
se fuera a juntar en el mismo espacio
que después se fue de vacaciones.

Y ojala tú pudieras tatuarte en mis pupilas,
en estas que no ven nada,
para que al menos
te quede un poco más claro
como es que me gusta tanto tu nariz
o porque me vuelve loca tu boca.

Y se calla.
Las rayas rojas del cielo se callan.
Solo hay un camino,
solo un nombre:

Destino.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.