jueves, 7 de mayo de 2009

Precaución: paso a nivel

Te voy a hablar de barreras
pero no como lo había hecho hasta ahora.
Te hablo de rozarte,
de tocarte.
De palpar cada barrera y saber que existimos.
La punta de mi lengua que se desliza,
la piel que a estas horas, resbala.
Mis manos que te cubren,
tú que te dejas abrazar por un pulpo
de tres al cuarto.

Faltas de respeto al mundo.
Envidias y te saco la lengua,
es hora de que me muerdas.
De que te quites todas esas horrorosas
ideas de encima
y pienses
nada más y nada menos
que ya no hay barreras.

Solo que mis límites tienen punto y final.
Tu boca.
Te pinto.
Las yemas de mis dedos
van haciendo escala
por lo bordes de tus labios
y bajan
y suben
y se quedan.

Están los milagros como para regalarlos.
En estos tiempos, y no hablo de crisis,
sino de
que estás un poco lejos
y te echo de menos.

Me da igual que me vuelva a suceder,
que te entre el pánico,
que eches a correr.
Ahora palpo, cara a cara
cada barrera que me apresa.
La felicidad a la izquierda,
guiñándome un ojo,
dándome más tiempo a mí que al resto,
los de la cola
y
a la derecha
saboreo bocado a bocado
la perfección.

La de tus ojos,
la de tu piel.

Eres música.
Para mí eres música.

Eres el mensaje secreto
del que siempre hablaba y hablaba
y jamás me atreví, en parte,
a encontrar.

Y te voy a hablar
de las barreras.
De todas
y cada una de ella
pero
con la boca
cerrada.


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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.