lunes, 4 de mayo de 2009

Sin documentos.


No quiero vivir en un país al que no pertenezco. No quiero respirar el aire que es el de los demás también. No necesito de un trabajo que no sea el de pensarte.
Que mi única patria sean tus pechos, tus muslos, tus ojos, que el aire que me coma, sea el mismo que te toca pausada y tibiamente.
Que el único precipicio que conozco es el de tu ombligo y mi sur, tu sur, el sur, eres tú.
Y camaleónica me voy a dormir entre tus manos y seré tu pelo y seré tus labios.
Seré, si me dejas, los colmillos que te muerdan cada noche, los dedos que te acaricien la espalda haciendo de cada palpitación un universo.
Mira, cuando tragas aire y piensas que no podrás soltarlo nunca y aguantas la respiración. Cuando tus manos repasan mi nuca y tus labios cobran a mi cuello entrada.
Justo cuando te agarre y no te suelte en una eternidad, expulsa todo ese oxígeno y observa como se va marchando. Como me va manchando de ti, que estás tan cerca que casi puedo ser tú.
Caerme en la colchoneta de tu olor y perderme durante años por una desértica luna. Que me ilumines cada noche, entonces, será mi única preocupación.
Beber de tu saliva, comer de tus labios, hacerte cosquillas en el paladar para que me vomites sonrisas.
Y yo, reivindicando un imperio al que solo puedo acceder cual súbdita, yo que miro como los leones me comen las entrañas, aun creo en los golpes de suerte. En los ojos morados de tan fuerte golpe de suerte.
Seré la delincuencia que apalee una a una tus dudas y te vendaré los ojos para que dejes de temer por el mundo. A él también se los vendaré, y así, ciegos todos, viviremos que es a lo que hemos venido.
Voy a ser cada gota de tinta que te tatúe literaturas en las pupilas y versaré hasta que mi voz se quede sin voz y así ronca de ti, tomaré decisiones en silencio, mirando como es que te mueves, como es que caminas. Abriré la boca y recordaré cualquier estribillo que pegadizo, se me pegue a las cuerdas vocales.
No voy a hablar de amor, sabes. Ni de infinitos juntas de la mano.
Solo estoy saltado, aunque ya haya perdido la cuenta, por un precipicio. Que me da igual ser esclava del tiempo si es al lado de un tiempo perfecto del verbo empezar, que no quiero repúblicas independientes, ni países, ni monarquías. Yo quiero comerte con las manos y pringarme luego la boca de tarta de chocolate. De arándanos con queso. De ti.
Yo quiero y quiero y quiero y no me voy a cansar hasta que te retuerzas y te rindas.
Ser yo la que apaga el sol y no cualquier dios de tres al cuarto. Emborracharte de miradas, resacarte. Rescatarte, pequeña.
Y no saber explicar nada de esto, porque en realidad, esto no es nada. Absolutamente nada.
Sin comparaciones, pero bien clarito: Allí, con la boca abierta, recién duchada, en mi cama. Allí te quería ver yo para que supieras. Para que supieras porque no pertenezco a ningún país, siempre con la casa a cuestas, porque mi aire no puede ser el de los demás también, porque el único trabajo del que jamás me cansaría, sería el de hacerte feliz y junto a ti, recíprocamente o como lo quieras llamar, yo.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.