domingo, 10 de mayo de 2009

Supongamos que suponemos.

Supongo no es una palabra bonita para empezar con nada
pero tengo esa triste manía de no creerme del todo las cosas,
así que supongo que así es como debería empezar esto.

Tus piececitos y sus respectivas huellas
aun siguen andando por mi conciencia
y soy tierra firme y sequía y me dejo.
Cada hueco que vas haciendo se transforma en un pensamiento,
que como puedo, voy desechando.
Yo que creía ser débil por naturaleza
me aprendo historias de memoria
y las suelto todas seguidas en forma de nubes.

Por qué no flotar entonces si nos estamos pidiendo a gritos
cambiar de aires.
Llovernos las penas y destrozarnos, una a una
y tú primero,
en el asfalto.

Montar el club de la lucha y matarme a mi misma
a base de promesas incumplidas.
Arrancarme los nervios
y endurecerme aun más.
Nada de cosas imposibles, quiero decir,
yo sabía que íbamos a terminarnos en sonetos
y sabía a que sabe esto.
Por eso mismo, supongo que no me dejo influir demasiado.
Hay situaciones que deben ser evitadas a toda costa
y aun así nos proponemos ser mejores
y más valientes.

Así que le robé la cazadora a Indiana Jones
y me puse como loca
a conquistarte cada uno de los besos
que ahora
y no sé muy bien por qué,
ya no están.
Me metí de lleno en los rápidos,
me sumergí para empaparme.

Escucho, y créeme cuando te digo esto,
cada canción que te hubiera hecho.
En mi cama.
Ahí está mi cuerpo pensando en cómo pudo salirle tan mal la jugada.
En el humo que se acumula en el techo,
ahí estoy yo.
Me duele la barriga de pensarte.
La cabeza de pensarte.
Los ojos de pensarte.
Y no me pasa otra cosa que esa.
Entonces permíteme suponer
que el resto de horas,
desde hace un rato
lo único que puedo hacer es escribir supongo
donde debían ir otras muchas cosas.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.