martes, 30 de junio de 2009

Tinta china.



Hay errores que están escritos con tinta china.
Están ahí a simple vista,
delante de nosotros
para que nadie los vea.

Y los papeles de nuestra vida
siguen llenos de gotas invisibles
de una tinta china
de color azul marino
como la realidad.
El mar.

Mientras me disculpo conmigo misma
a base de excusas
intento no pensar mucho
qué es lo que ha sucedido
para que un pasado maravilloso
se emborrone con retazos de tales faltas de respeto.

La pasión y el desenfreno.
Llenarlo todo de magia.
Dónde quedó el romanticismo
y las ganas de llevarse al mundo por delante.

Tinta china marcando el camino equivocado.
Ya sabes algo más:
no vuelvas a pasar por aquí.
Y ya no sé si es pena o miedo
pero no quiero volver a verte.

Lo que antes era mi especie de Everest
ahora no es más que un montículo de tierra
entre miles más.
Cambios bruscos de perspectiva,
necesitar un cigarro,
fumárselo,
y creer que no ha sido él quien me ha fumado a mí.

Dejarse.
Me pregunto muchas cosas,
no solo sobre nosotras, eso ya te dije,
prefiero no pensarlo,
sino
el por qué de lo que soy
y lo que hago.
Qué hago.

Supongo que no vale la amistad
cuando se habla de meter la mano donde no se debe,
ni es lo mismo enseñarte un lunar
a enseñarte la constelación entera.

Que raro
(pienso en tu nombre).
Ya ni siquiera eso suena igual.
Desencantar, despertar,
arrancarle la magia al truco final.
He abierto los ojos
y no sé qué es lo peor,
si vivir engañada,
sintiendo e incluso creyendo en el amor verdadero
o enterarme de lo que realmente pasa
y confiar en que existan algo más que esperanzas
de futuro.

El presente.
Tinta china.
Destino y consecuencias.

Arrepentirse a medio camino
y a medio camino
retornar.

Lo siento, no es mi estilo, ya sabes… todo o nada.

Y ayer, sin querer, lo manché todo de tinta china.
No se salvó absolutamente nada.
Se manchó todo.

Que pena, de verdad.

domingo, 28 de junio de 2009

El negocio del año.


Cuando se invente el contrabando de estrellas
yo querré ser un capo del negocio.

Y morir clavada al suelo por miles de agujeros blancos
bailándome en las pupilas.

(Fumo)

Si Venus fuera una mujer, ¿Qué mujer sería?
Seguramente le pagaría un par de copas.
Ah, sí… de ese tipo de mujeres que aceptan copas.

Pues vaya asco.

Aun así, sigo soñando con una casita en lo alto de alguna montaña
donde al salir a la terraza
me sienta amenazada.
Son muchas, se podrían caer.
Todas encima de mí.

Moriría sonriendo, seguro.

(Fumo más)

Cómo se puede quemar una la nariz con el cigarro.
Eso me pasa por ponerme a soñar a estas horas.

(Cierro los ojos)

Y a pesar de todo, ella era la única con constelaciones
de las de verdad
en su cuerpo.
Ya sé!
Voy a salvar al mundo.

(Los abro y fumo)

La habría querido si no hubiera pasado todo eso.
Que rollo.
Quiero ser estrella-traficante
tener un montón de pasta,
y cada agosto
darle vacaciones a mis agujeros.
No hay nada peor que unas agujas enfadadas.
Nunca se sabe quien las afila, si el diablo o Dios.

Sí, detrás de ese telón oscuro está la luz de los que todos hablan.
Yo me asomé hace un rato y la vi.
Que pena que me pareciera tan aburrida.

Eso es.
Estrellas.

Ese será el negocio del año.

sábado, 27 de junio de 2009

No, tú te callas!


Si no me sale nada supongo que por algo será.
Quizás tenga demasiadas cuentas pendientes por ahí, mi mala manía de no querer dejar las cosas como están.
Mira, me aburro.
El tiempo pasa cada vez más lentamente (menos cuando duermo, claro) y yo acabo de descubrir algo.
Mi ombligo tiene la profundidad del fin del mundo. Quién sabe, quizás algún día podamos volver de ese viaje juntas.
Imagínate, mil palabras corriendo a la velocidad de la luz y tú y yo o quién sea, tumbadas, todas, en la arena, mirando el cielo lleno de pensamientos.
Hay poemas fugaces ahí fuera. ¡Cojámoslos todos!
Pero me estoy cansando. ¡Ay! qué cansada estoy. Buscar un tesoro perdido es de lo más agotador. Quiero un oasis para mi sola y para mi tesoro, de lo contrario, detendré la búsqueda.
Quiero que se desnude el viento. Joder, es que así no se puede oír una sola palabra de lo que pienso. Sí. Que soy una pervertida que sueña con que nadas para mí, desnuda para mí y no me gustaba tu culo. Es una señal.
Ah, sigo odiando los semáforos y la gente que no los respeta y los coches y las avenidas donde el amor de mi vida se pasea de la mano del otro amor de mi vida. Menos mal que nunca me dio por tener amores de mi vida más que los de la tele.
Suerte la mía.
No besabas bien. Quizás fuera yo. Oh, no… Y ahora cómo hacemos para entendernos de una vez por toda. Si esto es lo que querías oír (yo, supongo) aquí está.
Si lo que querías era un poema de amor, sal a la calle y enamórate. Haz el ridículo, haz que no entienda ni una sola cosa de la que está sucediendo en su vida y bésala. No se lo preguntes, ni lo medites, ni le pidas un permiso que hace tiempo que pasó de moda.
Bésala oh shalalala… ya sabes, que Disney nunca se equivoca. Y luego demuéstrale que sabes lo que haces aunque no tengas ni idea, y que te encantan sus defectos si eso significa “sí, sí, pero cállate y fóllame”
Y al fin, todas son unas putas, ¿no?
¿No te has preguntado por qué no te sale nada bien? ¿aun crees que es un golpe de mala suerte?.
Menudo traumatismo. Debes estar muerta con semejante golpe.
Sí.
Quieres encontrarla como a una cartera en la calle y abrirla, coger el dinero y largarte. Quieres que no sea al revés. Quieres volver a sentir pero sin embargo, cuando te dignas a hacerlo todo acaba mal.
¿Entonces?
Ah… sí… seguir hacia delante, mirando siempre hacia detrás.

Pues que quieres que te diga. Es muy triste decirle esto a una misma pero…
¿Qué piensas hacer ahora?
Ahora que lo sabes casi todo.

Si no me sale nada… por algo será ¿no?

lunes, 22 de junio de 2009

Lienzos.

-¿A dónde te irías si pudieras?
-Lejos, está claro.
-Pero cómo de lejos, ¿dónde considerarías tú el límite entre el estar aquí y el estar lejos?
-No sé, lejos… en plan una playa, como si es en esta isla. El caso no es estar lejos físicamente, que también, sino estar lejos a nivel espiritual o cómo quiera que sea ese rollo, ¿sabes?
-¿Y si no te gusta estar a dónde quiera que vayas?
-Pues me vuelvo o me voy más lejos aun. Donde no haya nadie, en plan náufraga.
-¿Y tienes algún plan?
-Tengo las ganas, por ahora…
-¿Me puedo ir contigo?
-¿Qué pasa? ¿No te gusta esto?
-Se me están consumiendo las tripas…
-Ah… entiendo… ven si quieres -sonríe.

Nos colgaban los pies. Estábamos descansando de tanto estudiar, sentadas en el borde del edificio. Yo fumaba, ella no. Ella fumaba silencio. Cómo se consumía el condenado.
Entonces se me ocurrieron mil historias. Como si el cielo fuera un lienzo de fondo azul. Era muy bonito aquello.

-A veces tengo tantas cosas que decir que no me salen las palabras.
-Ya.
-No me gusta nada sentirme así.
-¿Cómo es así?
-De necesitar algo o que me falte algo. Es muy pequeño el espacio de tiempo en el que me siento satisfecha con mi vida.
-Bueno, da gracias de que puedes sentirte satisfecha con tu vida a veces, hay quien nunca se ha sentido así.
-Ya bueno, pero eso no me consuela. Si al menos pudiese estirar ese momentito del día en el que me siento feliz.
-Pero estábamos hablando de sentirse satisfecha no de sentirse feliz.
-Bueno, una cosa lleva a la otra.
-Supongo.
-Que bobada.
-¿Y qué es lo que necesitarías? ¿Qué querrías estirar hasta sentirte feliz un ratito más?
-Qué estiraría y que cortaría.
-¿También necesitas cortar cosas?
-Odio los excesos y no hago más que excederme. Si me pasa lo que me pasa y pienso lo que pienso es porque soy una ansiosa y siempre quiero más. Me gustaría aprender a conformarme con lo que tengo.
-Ah, yo creía que tú eras bastante conformista.
-Sí, para las cosas que no debería serlo. Tú ya sabes… Me pongo de los nervios.
-¿Es esa chica?
-Son todas las chicas –nos reímos.
-¿Qué te pasa?
-Nada… no sé, me gustaría sentirme bien al lado de alguien y al mismo tiempo querría demostrarme a mí misma que no soy una de esas tipas que dependen de alguien para poder sentirse bien.
-En verdad todo el mundo, excepto alguna que otra persona, necesita de alguien para sentirse completo. Que sé que lo que te pasa es que te sientes un poco hueca ¿no?
-Sí y no me da la real gana.
-Bueno. Haz un casting.
-Toda loca.
-¿Qué pierdes? a lo mejor y todo te sorprende saber que hay gente por ahí a la que le interesas.
-No es por dármelas, pero me consta que le intereso a gente.
-¿Y ellas a ti?
-Pues en parte. Hay quien me interesa pero me da mucha pereza hacer algo porque pase tal cosa, y hay quien me interesa pero ya he gastado mis oportunidades.
-Mira, olvídate de esa de una vez.
-Ya… si sé que es lo que debería hacer y sé que intentarlo no es suficiente pero es que tú sabes como soy yo, una floja que de poquito que me den me ilusiono…
-Pues no seas así y ya está.
-Ah, ¡qué fácil!
-Ay… eres más boba, siempre te digo las cosas que sabes que son mejor para ti y nunca me haces caso.
-Sí yo sé que tienes razón… pero si tengo la oportunidad de echar un buen polvo…
-A veces parece que piensas con la polla, de verdad y lo peor de todo es que después de pensar con la polla fantasma, te da por pensar con el corazón. No tienes un punto medio, es verdad… Pobrecita…
-Gracias.
-Sí.

Nos quedamos calladas. El cielo azul. El lienzo de lo que querría hacer en mis ojos y en mis manos, las ganas de hacer lo que debo hacer. Si no existieran personas sería tan feliz.

-Ojalá esto fuera un puente en plan con el mar debajo ¿sabes?, sería genial.
-La verdad.
-Te quiero.

Terminó de fumarse el silencio que le quedaba y sonrió.

-Yo también, Ani. Yo también.

domingo, 21 de junio de 2009

We're jammin*

Me conformo con que hayamos coincidido
en cualquier punto de nuestras vidas
para conocernos primero
y hacerlo mejor, después.
Me conformo con verte de vez en cuando
y no cuando yo quiero.
Con que los abrazos no sean eternos
porque tú no quieres
y con que seas tan pequeñita,
también me conformo.

Del derecho, así con esa ropa tan divertida
y del revés
caminando por tus huellas.
Me conformo con que me pienses
y con el pensarte yo también.

Seguro que estamos coincidiendo,
a parte de en nuestras vidas,
en nuestros pensamientos.
Aunque yo prefiero los sentimientos.

Que no caben y lo sabemos,
que nos echamos de menos
y que no necesito nada más
porque nada más está de más.
Sobran palabra e instantes.
Yo me quiero quedar inmóvil
al mirarte
y quiero amarte a más que a nadie en este mundo
aunque lo justo sería otro tema,
yo, aquí, te pienso
y creo que tenías razón.

Estropear las cosas a sabiendas de ello
ya no resulta tan divertido, así que
me guardo las ganas
aunque tampoco me quepan en ningún lado
y me conformo contigo,
con quererte tal y como te quiero
sin más vueltas de hoja...
Viendo cómo llueve sobre mojado.

Creo que es un buen momento para
darle al
play
y…
I wanna jammin’ with you every days and every nights…

viernes, 19 de junio de 2009

A(i)lusiones.


Son muchas cosas, así que prepárate, primero, compréndeme, después:

La tela está en la ropa que te viste,
en la ropa que me viste,
en la ropa que viste a los tendederos
aunque muchos piensen que a éstos los viste el infinito.
No hay nadie más aquí.
Sigo.
Esa tela se rompe si yo quiero
y si yo quiero rompo todas mis promesas.
Dignidades a parte,
me jode ser una sin-dignidad.
Ya ves, yo sí que tengo un precio.

Un ciclo irrompible,
es lo que se me pasa por la mente
mientras recojo mi habitación.
Típicas cosas que son muy explícitas y por eso
no se rompen
porque no son nada.
¿Lo vas pillando?

El caso es que
las cosas imposibles me excitan
y por esa regla de tres…
tú…
Tú que a veces te pones tan guapa
me haces reflexionarme (a mí y no a ti)
a las dos de la madrugada.
Viendo tus fotos.
Vaya fallo.
Y luego te pones tan fea
que me dan ganas de salir corriendo
a ver si te encuentro,
en plan tropiezo tonto en la avenida
(y eso que aquí las avenidas, si no me las invento yo
serían de todo menos holliwodienses).

Ni saltar ni nada.
Aquí lo que pasa es que los peces
acaban muriendo por el anzuelo
y no por la boca
y yo, tan pez que soy,
me enamoro de metales
con gusanitos colgando
para luego morir por el anzuelo
con palabras aun en la boca.

No hagas caso a lo último,
yo tampoco lo haré.

Continúo:
Creo que estamos así porque nos gusta
y aparte de eso,
es muy bonito el hacer para luego deshacer
a sabiendas de que vamos a tener que rehacernos otra vez.
Sí.
Te estoy hablando de los mensajes secretos
y de esto luego.
Sé que me lees
y por eso te escribo.
No se puede describir mejor la situación.
Es un tirarme de la lengua
y yo que voy tirando de las manos
acabamos donde siempre.

Párame los pies
y luego párame simplemente.

Seguramente me da miedo arrancarte
de dónde quieras que estés
por las posibles hemorragias.
Confío en que si algún día sucede
la muerte sea dulce.

Desangrada y puesta de todo
iré a tu casa
aunque no estés mucho por allí
y te explicaré
que
a parte de a la cerveza
hay otra cosa a la que me volvería adicta
una y otra vez
hasta vomitar.

Y eso ha pasado.
Que entre noche y noche
me desperté una mañana vomitándote.
El nervio y los nudos entre las tripas.
Quieres hacerme un favor?
Tíñete el pelo de un color muy feo
y haz cosas malas que no me gusten nada
(vas por buen camino, todo hay de decirlo)
y entonces
cogeré mi pincel
y mis colores
para borrarte el pensamiento de ángel que tienes.

Pongamos entonces, en este punto del poema
que eres la manzana, la serpiente y el Dios.
Atribúyete tú sola cada cosa
en su lugar correspondiente
que el momento
te lo pongo yo.

Y ahora, al final
te exijo una respuesta
o un algo.
Pero te lo exijo, así que si hace falta
date por aludida.

Y ahora sí, esto es todo.

jueves, 18 de junio de 2009

Después del silencio*


Hay muchas palabras después del silencio,
y por ejemplo, yo no me soporto
cuando no soy yo quien acaba las conversaciones.
Entonces
todas esas palabras del después aparecen
reconciliando almas.
Es como si un peso enorme acabara a tu lado
y tuvieras ganas de abrazos
y ganas de perfecciones
sin réplicas.
No hay una igual,
y describes cosas que son imposibles de entender.
No se puede escribir el pestañeo del iris de su ojo
y hay golpes de aire que se convierten en suertes
y
destinos.

Tengo miedo muchas veces
porque me pierde la voz y no el voto
y cuento muchas más sonrisas de las que en realidad existen.
Ilusiones van ilusiones vienen
ojalá supiera más de esto, menos del resto.
Vueltas de hojas y escapar
cuando una explicación sí que te ha quedado clara.
Tranquila, no voy a convencer a nadie de lo contrario
pero amar
y amor
siempre van a estar en cada lengüetazo de rabia
por las palabras del antes del silencio
y por consiguiente,
por el silencio.

Nos podemos medir de muchas formas.
Yo a estas alturas mastico el aire
y sí que hay centímetros de versos apuñalándote la razón.
¿Quién gana y quién pierde?
Digamos que me gusta parecer la típica débil
que se las da de fuerte
y en realidad es una mezcla de muchas cosas a la vez.

El tiempo, el maestro y la experiencia.
Se me da muy bien no aprender de los errores
y sin embargo,
hubiera estropeado más de una amistad por las pasiones
y el miedo escénico a silencios
sin aplausos.

Plaf-plaf. Magnífico.
Y llegados a este punto,
empezaré por el principio:
La magia y los sitios donde todos nos ven
pero ninguna de las dos ve a nadie.
Cambiar de aires y de ambientes,
correr muy rápido durante escasos segundos para demostrarme
que aun sigo siendo una niña
y aun sigo teniendo miedo a las expectativas,
ya sean de resultado
ya sean de precipicios.
Una siempre sabe cómo irán las cosas
antes de que nadie diga nada
y por eso
nadie dijo nada.

Yo que buscaba una solución
tú que supuestamente me hiciste toparme con ella.
La realidad es otra:

Mis ganas se desembocan
y corren rumores
por mis venas.
Todo mis sentidos,
todos mis nervios, calmas y tempestades
estarían a tu entera disposición si quisieras
y aun así
hay muchas más palabras
de las que ni te puedes llegar a imaginar
detrás de cada silencio.
Por eso no me callo
e insisto.
Quiero siempre un poco más de lo que tengo
porque creo que después de esas palabras
y de ese silencio,
después de eso,
y según el maestro Benedetti,
estarás tú y nadie más que tú.

miércoles, 17 de junio de 2009

Diez premisas de iRRacionalidad.

Me hace gracia todo este rollo
de rituales de apareamiento
aparcando temores y circunstancias.
Tú tan lejos
yo con tantas ganas
me muevo y me remuevo,
haces que sí pero no y viceversa.
Todas las mujeres son iguales
y todas, normalmente quieren lo mismo
que
yo.

Claro, que hay formas y complicaciones
y mientras yo digo sí
ellas dicen que no pero sí
y luego que no saben y luego
que me dan igual pero no.
Algo así.
El pasar de todo,
que no necesito un perfume
para buscarme las cosquillas a mí misma
y aun así,
despliego todo mi armamento en busca
del posible encontronazo
a besos,
a locuras.
Enfermas.

Tú,
pervertida y dulce locura,
me tienes harta
y me tienes loca.
Te voy a quemar y te voy a destrozar
en el poético sentido de la palabra,
es decir,
empezaré por el cuello
y no querré acabar nunca.
Luego dirás o dirán
que lo hicimos mal,
que empezamos del revés
y acabamos al final
por el principio.
Despacio.

No me voy a entender en ninguno de mis versos
hoy.
Es la primera premisa que me escribo.
Rota la continuidad
y
la paciencia,
romperé también la concordancia.
Explicarte está de más
y darle sentido a lo que pudo haber pasado si…
y no.
Como pasa que soy una mujer,
aunque no lo parezca,
no y no.

La segunda será
desordenarlo todo
para tener una razón de peso
de tirarlo todo
por los pelos
por las ventanas
por la borda.

Así, mi casa no tendrá más tejados que el cielo
y el suelo estará distando
un par de centímetros de mis pies.
Volar es la tercera.

Liar y liar.
Enredar y recordar y volver a liarse en enredaderas
de palabras, pensamientos y creencias.
Agachar la cabeza
solo para ver por dónde se camina, la cuarta.
Hablar lo que se pueda
y comérselo todo,
que no estamos aquí para desperdiciar nada.

Yo me fumo el tiempo
y las cenizas, que por pura lógica
acabarán siendo la suma de restas
de horas a mis cosas por tus cosas.
Y no te entiendo, no sé por qué me sales con esas,
no quiero verte
y me vuelvo loca si sé
y tú no.
Que sí, que sí.

Querría haber nacido en la Vanguardia
y guardarte trozos del realismo mágico
al más puro estilo García Márquez,
después, claro.
Amontonar fechas
y flechas.
Es mentira, ninguna se dirigen a ti
pero estaría bien
si acaso, encontrarte por la calle
y acabar en mi cama.

Ya sabes…
Por el sin-compromiso
y la premisa, esta, será la quinta:
No nos importará el resto.
Somos libres y libres caminamos,
follamos,
comemos,
miramos,
volvemos a follarnos
y somos todo lo jipis que queramos.

Verano será la sexta.
Sexo.
Preveer y ver y advertir islas e islotes.
Ser pirata
y marcarte con cruces rojas
todo el cuerpo,
muñeca.

Que nunca cese la música,
la séptima
y por poder, que esté en todas las demás
tras un punto y coma.
Punto y aparte,
apartarte del peligro,
y meterte en otro peor.
Me reiría mucho y es más, lo hago
si algo malo nos pasase.
Algo malo en plan
tú me dices
yo te digo o mejor
yo me callo y tu repites.
Gracioso.
Enrabietarse
en el pelo de una princesa.
Apartarle la timidez para poder besarla mejor
y besarla mejor
que
nunca.
En la nuca.

La octava serán sus ingles.
Las esdrújulas fantasmas
y las agudas agonizando.
Las letras, el alcohol,
la sangre entre familias,
venganzas
y Romeos contras Julietas.
Nos salieron mal las jugadas.
Y ahora,
la novena será sinfonía.
Tus gemidos
y ya son cuatro las páginas.
Delirios y Sabinas cantando mis circunstancias.
Eso ya lo he vivido antes
porque tuve un sueño en el que nos hacíamos de todo.
Y luego desperté
y te lo decía todo
y quisimos, enserio que quisimos, hacérnoslo todo
pero sueño y no lo estoy,
como diría el maestro.

Te estoy terminando en soneto,
cuando aprenda lo que es
y te estoy terminando en partitura
cuando se me de la música.
Musicalidad supongo,
y llega la décima, la última,
el sueño y la realidad.
Hoy no distinguimos si estamos en mayo
y versos versándote las punta de la nariz
o estamos a mediados de junio
con calores y desesperos.

Yo estudio lo que puedo,
no es mi problema que se crucen en mi camino
andares con perfumes y recuerdos.
No es mi problema
vomitarte en poesía
para darme cuenta
de que no vales la pena
y aun así…

Me contoneo en plan ritual de apareamiento,
para aparcar rencores
y remover tripas con risas y desparpajos.
Ruido, rabia, retos, ritos, raro, ratos, reptar…
rrrrrrrrrrrrrrrrrr
que tiende a infinito,
a secarse
para estar guapo, para ti.
Y mientras, el universo que se empequeñece.
Deja de comernos.
No nos comas.
Quédate quieta y…
Punto y final.

martes, 16 de junio de 2009

De liar.

Primero, con delicadeza, te envolvería en papel de fumar, y pasaría mi lengua, cuando ya estuvieras lo suficientemente prensada, por tus pliegues. Te apoyaría entre mis labios y te prendería lentamente hasta que tus principios comenzaran a arder.
Te tragaría, humo, en días como los de hoy, de lluvia.
Entre el asfalto caliente y la lluvia, mi cigarro y los vapores de la tierra, haríamos bonita estampa.
Una y otra vez, mi saliva, en tu cuerpo, aspiraría sabores raros. Tú eres rara.
Al final de todo, acabarías en el suelo, con tus principios quemados y yo oliendo a ti. De eso se trata. De que me dejes tu olor por todos los rincones de mi piel, de mi ropa, y no volvamos a vernos. A fumarnos.
Allí donde estaba, tú, tabaco, me estabas consumiendo a mí. Con esos ojos. Esos espejos donde defecto tras defecto me intento demostrar que algo tiene que haber, alguna barrera, algún límite.
Volví a casa, pensando sobre lo mismo, y me pasé las manos por la cara. Estaba cansada y mis ojos querían ahogarse entre párpados y sueños, entonces me olió a ti.
Te fumé y mis manos estaban pintadas con tu olor. También se oían diferentes.
Que si no debí, que si no podía hacer otra cosa…
Me recosté en la cama, con las manos en la cara aun. No podía dejar de olérmelas.
Entonces, paso por paso, recreé en mi mente el momento de liarte.
Primero un filtro, por si acaso me quemo los labios, luego el papel, corto y luego tú.
Te saqué de la bolsa y me miraste. Ya sabías lo que iba a suceder y aun así, te dejaste liar.
Te coloqué en el papel y empecé a prensarte. Mis dedos te daban forma y apuesto lo que sea a que a ti te estaba gustando aquello.
Una vez prensada, di vuelta al papel y te pegué, saliva y lengua te recorrían pausadamente. Quizás te erizaste en ese momento, no estoy segura.
Luego… Humo.
El humo que ahora me impregna de recuerdos.
Me hablaste.
Al otro lado de la cama, a mis pies, me hablaste.
No fumes, joder.
Pero me resbalaste. No olvides que sigues siendo humo. Y te comí y hablé contigo en la boca. Menuda maleducada.
Recorrías mis pulmones, me infectabas de nicotina la sangre, dejabas mi cuarto oliendo a cenizas y a olvido.
No me fumes tú a mí, joder.
No me fumes.

Y sin embargo, ojalá hubieras sido tú aquel tabaco de liar, y ojalá mi lengua por tus pliegues te hubieran pegado pensamientos amontonados.
Sí, quemarte. Hacer del último, el único.
Llámame, prometo no fumar durante una semana si me llamas. Haré lo que tú me pidas, me dejaré pasear por el parque como un perro, seré el hombre de tu vida en este cuerpo de mujer. Comeré palabras, beberé palabras, respiraré palabras
pero por favor,
déjame fumarte.
Déjame que te explique el placer de la última calada.

lunes, 15 de junio de 2009

Sexo sueño.


Te las arrancaría. Sí. Esa minúscula pieza de ropa, ese trozo de tela que te cubre, te lo arrancaría a bocados.
Te encontraría por la calle, primero, que todo buen final tiene su principio.
Aun en medio de la multitud yo te vería igual de desnuda que siempre y tú no sabrías si saludarme o dejarme pasar, como un olvido.
Y ahora en pasado, te cogí por el brazo y me miraste.
Qué quieres que te diga, en ese momento también te veía desnuda, blanca y aterciopeladamente sensual.
Hacía sol aquella tarde y el verano nos cayó en sudores luego.
Ahora, continúo.
Querías un café, por hablar de nuestras vidas y yo te invité a un café y querías chocolate y te compré chocolate. Dices tener antojos y soledad y yo te miro a los ojos.
Ahora escúchame, te diría: en menos de una hora vas a estar desnuda en mi cama, y tú que nunca escuchas acabaste desnuda en mi cama a las cinco y media de la tarde.

El aire, en menos de dos minutos, se hacía irrespirable. Allí solo existían batallas labio a labio. Mi boca comía de la tuya más besos y tu cuello era la posada más cercana para mis mordiscos. No encuentro la manera de seguir besándote y abrir y cerrar puertas al mismo tiempo, así que las dejo abiertas todas. Todas.
Se respiraba sexo y verde. Verde sexo en las paredes de mi habitación escrito con tus gemidos. Y grita y déjate la voz si quieres. Aráñame y muérdeme.
Estás contra la pared de entrada a mi cuarto y esa camisa, botón a botón, ni se me resiste. ¿Cuánto tiempo llevamos deseándonos las pieles que hasta la ropa sabe más que nosotras?
Te guié a ciegas hasta la cama. Aunque a fuera hiciese sol, para mí, desde el momento en el que mi lengua rozó tu piel, se hizo de noche.
Una vez allí, mi cuerpo y tu cuerpo eran uno, y de vez en vez, me levantaba para cogerte el pulso, correr por tu sangre. Entonces, mis labios se despidieron de los tuyos y comenzaron los fuegos de artificio.

Te arqueaste un poco y mis manos te rodearon por la espalda. Te di la vuelta y empecé a escribir tu historia con mis labios. Sonetos raros, como diría la canción, y tu nuca gritándome secretos.
Yo también te he echado de menos aunque no se note. Aparté tus cabellos y te besé y re-besé. Te revisé todos los rincones por si me encontraba con alguno más.
Jadeabas.
Mis manos, aun de espalda, tocaban tus bragas. Húmedas.
Entiendes la posición ¿no? Tú al borde, a punto de caer y yo que no te quiero salvar. No te voy a salvar.

Te muerdo y te mato a cosquillas y cosquilleos. Seguimos sin mirarnos, es algo que nos costó bastante pero aun así te siento. Te estoy comiendo los pensamientos. Hoy juro y perjuro que no voy a temblar. Al menos yo no.
De pronto empieza a sonar música. En mi cabeza suena una canción y te lo hago saber, entonces, tú, en otra honda me sintonizas.
Cantamos luego el mismo estribillo.
Te das la vuelta y me pides que lo haga ya y yo lo hago ya.
Ya están mis dedos investigando, buscando, olfateando. Te diría, que te quiero hacer eso el resto de mis días. Que te quiero, comer, tenerte en mi estómago y olvidarme de la poesía. ¿Quién necesita poesía teniendo sudores y sexo?
Nadie.
Y aun así me permití el lujo de tatuarte, con mi lengua por tus ingles, que la poesía la hacías tú en cada gemido. Cada vez que te retuerces, ya sabes, de esas cosas que no se pueden explicar con palabras.
Llevémoslo a la práctica pues.
Bajo, aun con mis dedos escribiéndote placer, y me lanzo al vacío.
Joder, huele a sexo. Quiero más sexo.
El resto te lo vas a imaginar. Estamos por fin en un punto entre el bien y el mal, me da lo mismo que abras los ojos, que te acuerdes de todo, el no querer ni verme.
En aquel punto, la situación pedía un parón de a penas un par de segundos.
Me incorporo a tu lado, y con delicadeza, el toque maestro.
Ahora yo sonrío y tú aprietas los dientes entre grito y grito. Dios, como me gusta hacerte vibrar y que luego te retuerzas y ver como todos los músculos de tu cuerpo se ponen a mi disposición. Tensos primero, relajados luego.
Y todo eso cuando yo quiera.
Aun estás en el éxtasis y asfixias con tus manos a mis sábanas.
Sudamos ambas, me miras, sonríes. Yo solo te digo que te lo advertí.
Te lo advertí.
Abro los ojos. Ni ombligos ni terciopelos.
No hay nada mejor que soñarte, cariño, nada mejor…

domingo, 14 de junio de 2009

Agorafóbia

En verdad, yo soy la idiota
y tú me la juegas siempre como quieres.
Intentar, que no es conseguir
y darme cuenta de que no es suficiente.
No verte es lo justo
pero es que te tengo detrás de mis párpados,
y en cada cigarro que me fumo.
Tú, ella… qué más da.
Es que no puedo tener el alma libre
porque tengo agorafóbia de pensamiento
y necesito de cadenas
que me aten
y me molesten
y me hagan llorar.
Ahora sé, otra vez, lo que es sufrir
por lo que sea que fue.
Que si septiembre,
que si abril.
Todo, al final, se resume a meses
y no a besos
y por más que yo quiera,
en cada canción, me vas a doler
y en cada calle me vas a recordar
que no fue perfecto joder, pero fue,
y que el agua allí arriba, sigue su cauce
sin tenerme en cuenta.

Siete puertas en un solo castillo
y mil caminos que no me llevan a más lugares
que al estar sola,
porque me lo he buscado,
porque a veces,
me arrepiento
y me da vergüenza reconocerlo.

Que estoy aquí, deseando verte.
Lejos, muriéndome de celos por todo lo que no sé
pero intuyo,
muriéndome
porque seguramente
serán otros labios ya los que te emborrachen.
Y no lo puedo controlar:
Mi cordura sin tu locura
no puede vivir
y necesita de un poco más de tiempo,
un poco más de espacio
un te comprendo, joder, pero dame tiempo.
Un tengo sueño, pero me quedo.
Y me quedo.
Si hace falta, te traigo orgasmos ataditos de la mano
como ofrenda
y alcohol en forma de lágrimas.
Esta noche quise llorarte para ver
si a si te ibas
y no hubo manera.

Que te pienso,
y me das rabia
y me das soledad.
Que no sé cómo voy a hacer cuando te vuelva a ver
o cuando aprenda a volar.
Cómo voy a hacer si no tuviste tiempo para enseñarme,
si no te conté
que al principio
los principios siempre son asquerosamente
amargos,
indiscutiblemente apestosos
y me odio
y luego a ti.

Y bien. Ahora que sabes todo esto,
no hagas nada.
Tíralo todo a la basura,
como siempre y como nunca.

Que yo también se emborracharme
a sabiendas de que te voy a echar un poco más de menos
de lo normal.
A sabiendas de planes y planeos.
Yo soy avión, y me hundo.

Lo siento.

sábado, 13 de junio de 2009

Brotes psicótico-esquizoides.

El alcohólico margen entre el bien de todos y el malestar propio.
Es mi pulso, que quiere dejar de empuñar palabras de 9 milímetros contra tu boca. Mis sienes quieren sangrar en un intento de suicidio mental. Mis venas, en canal, navegan por tus sueños.
Aquí, al borde del iracundo bofetón de palabrejas. Soeces a parte, te partiría en dos, sin mitades, sin quereres.
Que ya no ha límites, no hay amistades ni cómplices de asesinato, porque ya nos hemos muerto hace rato.
Laberínticos versos en forma de comernos sin tener hambre y aun así engordar. Llegar y llevarte a la luna, pero no para vernos las estrellas, sino para tenerte lejos. Tenerte, pero lejos.
Autopistas de botellas de ron vacías navegando cielos para llegar hasta las azoteas de tus pensamientos y pedirte que sin permiso, me dejes entrar.
Así, en el rojo piel, rojo fricción, explicarte la de estribillos que te dibujan entre mis horas, la de pelos que me he encontrado desde entonces en mi almohada, la de pensamientos contradictorios que me han hecho querer estallar.
Artificios de juegos logarítmicos. A mi las matemáticas siempre se me dieron mal porque más allá del uno más uno no veía tres ni cuatro ni universos infinitos. Es el ahora o nunca, el ya mismo, en este instante. Es el día a día, el tú a tú.
Verte la cara, el cuerpo y comerte con las manos los pensamientos. Eso quiero.
Que me odies, pero cara a cara, a ver cómo nos sale.
Sí, sí, rojo piel, rojo fricción. Quiero verte enfadada yo y no una línea telefónica a media noche. Yo y no unas teclas.
Me pongo nerviosa, entonces mis mil caras se traducen en “voy a matar al primero que se me cruce”.
Y aquí donde me ves, sin verme, claro, sigo queriendo saber de qué se trata esto, por qué sigo sin seguir, por qué pienso sin pensar.

Desaparécete.
Tú y todas las demás.
Las musas celosas y una inspiración que no llega porque te la llevaste.

Te voy a contar un secreto:
Hoy volví a recordar el primer día, mientras fumaba. Ni me fijé en ti.
Hacía viento, mientras recordaba, pero aquel día, el primero, hacía un sol de justicia.
Ya se sabe que es lo que pasa con septiembres y octubres.
Supongo que si me hubiera tenido que quedar con algo, eso habría sido las distancia, hoy, o tu pelo, que era bastante bonito, así, al natural.
Después, en un salto de varias caladas, se me vino a la mente, el “ahora o nunca”, el parón nariz contra nariz y ya sabes, los temblores.
Después paré. ¿De qué me vale recordar tiempos no muy pasados, no muy mejores?
De nada supongo.
Así que cogí la última imagen de ti que tenía en mi mente, que lo siento, pero no es de las mejores que he tenido de alguien y apagué el cigarro.
Basta de descansos.
Basta de batallitas.
Basta ya.

Yo con mi lógica, tú con tu vida.


Basta ya.

viernes, 12 de junio de 2009

Infinitas.

Ando bastante perdida. Ya no tengo conciencia de si estamos viviendo en el mismo día o es que las horas pasan al ritmo que ellas quieren.
También me sale escribir, que quizás tú y yo vivamos en días distintos
y por eso nos es tan difícil ponernos de acuerdo.
El caso es que por la noche, antes, pensé que lo que había pasado esta mañana era de la mañana de ayer. ¿Por qué no habré pensado en la mañana del mañana?,
ya sabes, tener poderes.
Y después seguí pensando (aunque grosso modo parezca que no, yo aquí piénsote mucho) cómo era posible que no hubieras cogido el teléfono al instante o te hubieras sobresaltado de inmediato, lo que por desgracia o gracia me hizo reflexionar aun más.
Quizás no te importase que yo, aquí, pensara tanto en ti.

Entonces, cuando el día se me hace noche y ya no distingo viernes de lunes, me percato de que el olvido vino y arrasó lo que tenía que llevarse, hasta que te da, por remover mareas y salir a flote.

De veras que no mucha gente se ha dado cuenta de que detrás de mí, también sigo estando yo, con mis miedos y debilidades.
Que siempre escapo porque tengo prisa y me quedo cuando la guerra ya está perdida, para contemplar el desastre, supongo.
Y debería visitar más a menudo a mis abuelos y a mi bisabuela, que ya casi no me conoce y me da mucha pena.
Por deber, debería tratar mejor a los que me rodean y no darle importancia a minucias estúpidas, piedras minúsculamente molestas en los zapatos.
Eso es lo que pasa, que amo mucho y lo demuestro demasiado poco a los que de verdad me importan.

Ella que ya no está. Abuela, que se está yendo y yo que hoy me da por llorarle a la vida. Después de tanto tiempo sin sentir esta tristeza, me echo a llorar delante de un teclado que no tiene el pelo blanco como el de ella, ni huele a ella ni me recita cantares como ella.
Ella que poco a poco se va apagando, después de la terrible tormenta, rayos y más rayos la están envejeciendo, porque ella siempre fue la más joven de todas las sonrisas.
Y sus hijos, con sus nietos y demás. La gente de aquí, la de siempre.
Todo se resume al vídeo de su noventa y cinco cumpleaños por si acaso, ella se va y no vuelve jamás.
Por eso no la voy a visitar. Porque de alguna manera quiero que siga estando aquí, sin necesidad de ir a verla por si las moscas se va. Yo no quiero que se vaya, aunque fuera lo justo.
Lágrimas. Me pasó lo mismo con Tía. Me pegué semanas diciéndome a mí misma que no pasaba nada, hasta que pasó y desde entonces no dejo de arrepentirme.
Pero es que me parte el alma que ella, mi abuelita, la que me hacía la manzanilla más rica del mundo y me daba agua con azúcar cuando estaba cansada de jugar o la que me quitaba el sol rezándome, no se acuerde de quien soy.
Maldita la hora en la que desaparecí.
De aquí, de su vida, de su cabeza.

Por eso el mundo ya no tiene días ni distinciones.
Qué más da que sea de noche o que sea de día. Nadie me va a devolver el tiempo que yo misma he malgastado. Nadie más que yo me va a regalar un par de horas a su lado. Respirando su aire, consumiendo la sabiduría de sus arrugas. Guapa.
Que cuánto más viejita, más guapa eres.

Y te quiero.

Hay cosas que son bastante difíciles de explicar, pero ahora, aquí, te lloro, aunque no recuerdes muy bien quien soy, porque tengo el pelo corto, quizás o porque sin querer, no te he visitado lo suficiente, pensando que serías eterna.

Eterno el tiempo, el aire, tus ojos. Ahora, soy igual que tú, y me emociono cuando todos nos juntamos para decirte que te queremos y para que tú, entre tus olvidos y tus recuerdos, nos quieras a nosotros también.

Y bueno, que no quiero que te vayas. Que quiero que sigas en el patio.
Que tu hueco, ahora sí que no sé cómo voy a llenarlo, que esta noche es para estar triste y yo que no tengo quien me abrace.
Por eso de tener miedos y debilidades, por eso de no saber llorar delante del mundo, desnudando el alma, que es lo único que puedo ofrecer.

Lloré entonces, después de mucho tragar, y antes, sin decírselo a nadie, lloré como tú que ella se marchara y ahora, tú estarás con Tía y yo lloraré por las dos.

Esto deja mucho que desear, lo sé, que ya lo dije antes, tú y ella son infinitas, eternas, aunque te vayas marchitando, aunque nos la arrancaran de cuajo.

A mi Bisabuela, a mi Tía, a las mujeres de mi vida.


jueves, 11 de junio de 2009

Espumas


Tu cuerpo,
la rabia.
La espuma de mi boca
que te recorre en palabras
y más palabras.
Las ganas de que sepas
pero, ahora de verdad,
cientos de cosas.
Reconocernos los fallos,
uno a uno.
Solo te quise hacer reaccionar
por si acaso
no te habías dado cuenta,
por si habías perdido el rumbo.

Delicada como una burbuja,
caminé perseguida de deseo
por los cuatro costados de tu piel
y aun así me parecía poco.
Desorientada,
así quería amanecer
antes de darme cuenta
de que las locas con sus locuras
mejor lejos.

Y me molestas.
Léeme ahora que puedes
y no busques mensajes secretos,
eso solo son despedidas escondidas.
Aun no me lo creo.
Pisar tus huellas para saber por donde andas
y darme cuenta de que volar
viene mucho mejor a esto de las distancias.

Ojalá hubiera sido otra, digo yo.
Ojalá hubiera venido el amor de mi vida
a decirme, con calma,
la de meteduras de pata que hice,
pero entre excusas
le volveré a decir que se marche,
que no me hacen falta pieles para dormir
tranquila cada noche.

La reina,
la noche,
el todo.
Habría querido,
que por querer no nos vamos a morir,
o eso creo,
que no hubiera pasado de esta manera,
es más,
hubo un punto en la tarde
en la que habría deseado
que esto no hubiera pasado nunca,
pero aquí me ves.
Sin verme.

Por eso borraré tus fotos y todas las sonrisas
que a fuerza de horas
me taladraste en cada parte de mi.
Yo.
Que no me dejé atacar
para no tener pesares que olvidar,
ni borracheras que prometerme
para que te fueras del todo.
Que la cautela se me amarra a los tobillos
y entre temblores me defiendo como puedo.
Pero es que estoy tan harta de hablar de mí,
que quiero por un instante
que me llames o abras una ventanita
y me cuentes.
Empezando por el principio,
sin ataques
ni dedos índices.
Que te abras el alma delante de mí,
ver como te sangras.
Que me des motivos de verdad.

Pero como ni tú sabes acuchillarte
ni yo tengo el tiempo como para perderlo,
te olvido, teniéndote en frente,
hablando de mí y de ti
y de lo que fue
y
pena, penita, pena,
ya no es.

Y ahora, ¿quieres seguir sabiendo algo más?

martes, 9 de junio de 2009

Re-tiradas y/a des-tiempos

Analgésica-mente perfecta, eres,
entre todos tus defectos
más los míos.
Después de estar días recluida en habitaciones
minúsculas, ante libros y márgenes de tiempos
en libretas donde hace meses
estuviste desde el principio.
Son las tres y diez de la madrugada
y a pesar de todo,
acabas de arrancarme la mejor sonrisa del día.
Porque con tus medicamentos naturales y secretos
me curas
y yo te quiero.
El único precio que se debería poner a esto
es el amor.
Mediré los límites haciéndote cosquillas
y queriendo que sigas a mi lado,
despierta, dormida
leyéndome los labios,
callándote las manos.

Yo nunca creí en los flechazos
y en aquel tranvía, mientras me dejaba dormir
seguía sin comprender como en una noche
pude pactar de esa manera.
El tan te lo dejo a ti.
Supongo que me cogiste la mano sin querer
y yo que me dejé llevar
aunque no lo suelo hacer con desconocidas
y así me cosiste sonrisas a la cara
y en noches naranjas me hiciste respirar el verde beso,
el verde lluvia.

Ahora me doy cuenta de tantas cosas
que sé, que aunque valiese la pena
arrancarse espinitas,
no quiero imaginarme una vida sin ti.
Sin dormirnos amarraditas
por si la noche nos destapa,
el tener en mente conversaciones diferentes
con las mismas palabras.
Nos queremos.
Recíprocamente.

La perfección.
Enseñarte a besar para que me beses luego
y que me dieran igual mujeres que muñecas.
Yo a ti te sería fiel incluso en el infierno.
Yo a ti, siempre, siempre, siempre jamás
te empezaría en versos
para no acabarte nunca.

Compraría los sellos más caros si hiciera falta,
si millas nos separaran
para enviarte en botellas resistentes al devenir
que te echo de menos
en el momento en el que dejas de estar conmigo
y que te quiero tanto
que no caben momentos, ni cuerpos que soporten
latidos como estos.
Tus latidos en mi corazón.
Me lates (así mejor).

Yo, del revés y del derecho,
jugando con palabras,
jugando a ser palabras,
desde septiembre hasta junio, por ahora,
desde el principio hasta el horizonte.
Yo, aquí,
siendo esta persona que soy
y que a veces me maldigo
por no llamarme de otra forma,
ni ser normal como el resto de besos que te enamoraron.
Yo que te encontré de casualidad
y de casualidad me dio por darte una oportunidad
entre alcohol, el tuyo
y besos, los nuestros.
Yo que estaré ahí sea la hora que sea,
te duermas por donde te duermas
y con quien te duermas,
yo
te voy a querer como siempre,
como a nadie.

Y sí, supongo que no me lo pensaría
si me tuviera que re-tirar
a destiempo,
a tiempo,
a nuestro tiempo…
Eso si que no me importaría si,
y tirando de antigüedades,
al final de todo, estuvieses tú.

Y por se originales, a mi no me cabe el querer aquí,
que aunque seas pequeñita
hay almas que van más allá del infinito.

Te quiero.


lunes, 8 de junio de 2009

Sin treguas, batallas.


En días como los de hoyendía
me gustaría descubrir el cofre secreto
de la poesía
y marcar con cruces rojas
todas las tardes que no debí hacer noches
y marcar con una cruz
los labios,
que una vez besados,
debían ser anécdotas y no dolor.

Vivir como si ya supiera de qué va el rollo
y dármelas de todo
para pedirte luego los trozos
que yo misma y nadie más
dejé esparcidos por tus pupilas.
Cerrar los ojos para ver.
Creo que ya hemos hablado de este tema
muchas veces
pero a mí no me cansan las palabras.

De eso se trata, supongo,
de volver loco al mundo
en cuerdas y corduras de más de tres mil
kilómetros y pico de largo.
Deshacer los nudos de los que siempre hablo
y hago. Lo siento.
Se me van las ganas por los gatillos de mis sienes
y se me van los años
en cada despedida.

Tampoco puedo hacer más que en mensajes no tan secretos
decirte que las cosas pudieron ser diferentes.
Y eso ahora da igual, que es lo que más jode.
Es lo que más sé.
Esperar y ser pacientes,
darle tiempo al tiempo
y pedirle tregua al frío.
Ahora calor menos calor
puede que eche en falta
y puede que no me salgan más que desesperos
y melancolías,
pero corre el aire,
se oye lejos y estamos lejos.

Estropear lo roto
y desordenar para sacarte de quicio.
Eso quiero,
que te vuelvas loca y no puedas más.
Que te arranques la piel en folios de dos metros
y me los envíes por correo,
que sangres versos y seas mi tinta.
Quiero pintarte
y sacarte de dentro
para verte, obra de arte,
o simplemente obras.
Como des-coleccionar
momentos.
Estos para ti,
todos estos para ti.
No quiero volver a atragantarme en el desayuno
al descubrirme pensando en ellos.

En realidad,
el problema está
en que no quiero descubrirme
más.
Estoy mal así como estoy
pero por lo menos sé dónde y por qué.

Indudablemente,
porque soy imbécil.
Y tú, al otro lado del río,
y ahora más que nunca,
también.

Supongo que por eso
los diálogos de besugos se cansaron de nuestras batallitas
y guerra contra guerra
cada una defiende su bando como puede.
Está bien,
me retiro,
a destiempo como casi siempre
pero aquí hay cruces
de las que no recuerdo haber trazado yo.

Y es que lo siento…
No es que sea lo que tú dices que soy,
es que en todos tus campos de batallas
hay más minas
que treguas.
Más complicaciones
que versos.

viernes, 5 de junio de 2009

Des-casualidades.

Tú tenías que irte, yo quería quedarme, y así pasó que jamás nos conocimos como se conoce la gente normal, que camina por las calles normales, ve películas normales y escucha música normal.
Mi pelo que antes era largo y el tuyo que brillaba más cuando sonreías, hubiera estado genial, que se jugaran la vida en un amago de romperse, ellos mismo, todos nuestros huesos.
Aun así, aunque parezca mentira, tus cabellos siguen estando entre mis sábanas. Casualidades, supongo, el darnos cuenta de las pérdidas y no tener miedo a estar solos ante nosotros mismo.
Yo me moriría si tuviera que convivir conmigo durante mucho tiempo, pero parece ser que cuando tú venías, yo necesitaba fumarme un cigarro y jamás nos dio por coincidir.

Mi parcela de tiempo, la durabilidad de mis espacios, el silencio que se ríe. Si no lo hace el destino lo hago yo y normal que el mundo siga girando, si no fuera por mí, el suelo acabaría mareado de tanta gente. Acostumbrados, ambos, a que pisen duro y no dejen huellas. Son esos débiles pensamientos que se caen de árboles y se pudren para ser luego parte del olvido.
Me juego la muerte a que existe un castillo gigante para cada uno, donde se guarda todo lo que se nos olvida, para que nos pese más que los recuerdos.
Así mientras yo me encargaba de olvidarte, había besos que se estaban escribiendo en mi memoria. Dulces y resbaladizos.

Esta, que debía ser la mejor historia, ahora se ha convertido en una des-casualidad de castillos y horas muertas. Que si estoy aquí no es por otra cosa que la de conseguir que te enrolles en palabras y pienses contrariedades. No es más que el vómito de una mente cansada de sí misma pero sobre todo del resto, sobre todo de ti.
El intentar hacer las cosas y como consecuencia, hacerlo bien, pero no siempre las cosas dependen de una misma y por eso, por eso sigo en esquinas vendiendo versos a quien quiera decorar de sonrisas el universo.
Y mira que es pequeño.
Mira que pequeño este pañuelo. Supongo que es porque ya no me hace falta llorar por nadie. Supongo que las alergias del mundo ahora son muertes. Ya no te veo y si no te veo, no existes.

Tú tenías que irte y yo me quería quedar hasta que fuera innecesaria mi presencia, así que precoz y sin tristeza, yo también me quise ir, a tomar el aire, a fumarme el tiempo, a escribir que estudio mientras mido cómo podrá ser mi próxima estrategia.

Y sí, aquí donde me ves, estoy manipulando, uno a uno todos mis hilos, para crear mi futuro, esperando destrozar expectativas y haciendo, por ello, las cosas yo misma.
Ya mismo.

Tachones.

.Y que no se hable más.

.

[Hay que llamar a las cosas por su nombre

esto acabó en el momento en que empezó]


jueves, 4 de junio de 2009

Con A de paciencia.


Si me hubiera quedado contigo desde el principio, si hubiera insistido más, si te hubiera escrito cartas todas las semanas, sin remitente, vacías, da igual. Si lo hubiera hecho, nada de esto hubiera pasado (todo esto que ha pasado).
Si de algo puedo estar segura, es de que si se quiere que las cosas salgan bien, derechas, irrompibles, hace falta algo más que tiempo y espacio: paciencia.
Hacer como que te olvidas de que sus labios existen y no te besan a ti y empezar a convencerte a ti misma de que no te hacen falta sus besos, sino ella, y sus risas y etc.
Descubrir que se puede pertenecer a algo sin necesidad de poseerlo y aun así sentir, más que nunca, que serás la única que hará dibujos en esos lugares de su cuerpo.
La espalda, aclaremos.
Es tiempo, entonces, de vernos, querernos y quedarnos calladas hablando mucho, de muchas cosas, porque en realidad ya lo sabemos todo. Y aun así, sabiendo que lo sabes y todo, necesito poder encontrar alguna explicación y/o expresión que contenga lo que en realidad no tiene ni principio ni fin.
Y hacia atrás, en nuestra playa.
Contando lunas, que espero que sean incluso más de dos. Yendo de la mano porque nos queremos mucho, y si nos juntamos, multiplicamos el amor. Tu amor, mí amor.

Reciprocidades a parte, te quiero.

Así, por decir algo, por rellenar lo que no se puede rellenar.

Por salvarte de sapos disfrazados de príncipes (date cuenta que no llega ni a rana, eh), por darte la caña, el pescado y aun así regañarte porque debes aprender a decir(me) que no. Y no. No me voy a cansar nunca, o al menos ahora mismo, no me cansaría nunca de hacer fotos y más fotos y que fea y todo, salgas guapa.
No me cansaría de emborracharte y que cuando bebas sin mí, me parezca horroroso, jamás me cansaría de estar celosa de todos y todas y aun así comprenderte, porque eres joven y todo eso. No me cansaría de que me preocupe si no me das un toque por la noche, al llegar a tu casa después de estar juntas, juntándonos, por si acaso blablabla…no, jamás me cansaría.
De que estés de vuelta de muchas cosas y aun así siempre te quede una puertita pequeña por la que escapar (Tú, al contrario que Alicia en el país ese, de locos, no cambias de tamaño tan fácilmente). Me gusta ser tu salida de emergencia, a veces, creo.

Saberte y reírte y que me eches de la cama porque te gusta dormir cómoda y no dormir para incomodarme, pero jamás lo conseguirás… somos un puzzle, yo te lo dije una vez.
Y no me va a importar repetirte todo esto, cara a cara, ojo a ojo, lengua a lengua.
Baba a baba.
Amor a amor.
Alicia a Ana.

Te quiero.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.