viernes, 19 de junio de 2009

A(i)lusiones.


Son muchas cosas, así que prepárate, primero, compréndeme, después:

La tela está en la ropa que te viste,
en la ropa que me viste,
en la ropa que viste a los tendederos
aunque muchos piensen que a éstos los viste el infinito.
No hay nadie más aquí.
Sigo.
Esa tela se rompe si yo quiero
y si yo quiero rompo todas mis promesas.
Dignidades a parte,
me jode ser una sin-dignidad.
Ya ves, yo sí que tengo un precio.

Un ciclo irrompible,
es lo que se me pasa por la mente
mientras recojo mi habitación.
Típicas cosas que son muy explícitas y por eso
no se rompen
porque no son nada.
¿Lo vas pillando?

El caso es que
las cosas imposibles me excitan
y por esa regla de tres…
tú…
Tú que a veces te pones tan guapa
me haces reflexionarme (a mí y no a ti)
a las dos de la madrugada.
Viendo tus fotos.
Vaya fallo.
Y luego te pones tan fea
que me dan ganas de salir corriendo
a ver si te encuentro,
en plan tropiezo tonto en la avenida
(y eso que aquí las avenidas, si no me las invento yo
serían de todo menos holliwodienses).

Ni saltar ni nada.
Aquí lo que pasa es que los peces
acaban muriendo por el anzuelo
y no por la boca
y yo, tan pez que soy,
me enamoro de metales
con gusanitos colgando
para luego morir por el anzuelo
con palabras aun en la boca.

No hagas caso a lo último,
yo tampoco lo haré.

Continúo:
Creo que estamos así porque nos gusta
y aparte de eso,
es muy bonito el hacer para luego deshacer
a sabiendas de que vamos a tener que rehacernos otra vez.
Sí.
Te estoy hablando de los mensajes secretos
y de esto luego.
Sé que me lees
y por eso te escribo.
No se puede describir mejor la situación.
Es un tirarme de la lengua
y yo que voy tirando de las manos
acabamos donde siempre.

Párame los pies
y luego párame simplemente.

Seguramente me da miedo arrancarte
de dónde quieras que estés
por las posibles hemorragias.
Confío en que si algún día sucede
la muerte sea dulce.

Desangrada y puesta de todo
iré a tu casa
aunque no estés mucho por allí
y te explicaré
que
a parte de a la cerveza
hay otra cosa a la que me volvería adicta
una y otra vez
hasta vomitar.

Y eso ha pasado.
Que entre noche y noche
me desperté una mañana vomitándote.
El nervio y los nudos entre las tripas.
Quieres hacerme un favor?
Tíñete el pelo de un color muy feo
y haz cosas malas que no me gusten nada
(vas por buen camino, todo hay de decirlo)
y entonces
cogeré mi pincel
y mis colores
para borrarte el pensamiento de ángel que tienes.

Pongamos entonces, en este punto del poema
que eres la manzana, la serpiente y el Dios.
Atribúyete tú sola cada cosa
en su lugar correspondiente
que el momento
te lo pongo yo.

Y ahora, al final
te exijo una respuesta
o un algo.
Pero te lo exijo, así que si hace falta
date por aludida.

Y ahora sí, esto es todo.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.