viernes, 5 de junio de 2009

Des-casualidades.

Tú tenías que irte, yo quería quedarme, y así pasó que jamás nos conocimos como se conoce la gente normal, que camina por las calles normales, ve películas normales y escucha música normal.
Mi pelo que antes era largo y el tuyo que brillaba más cuando sonreías, hubiera estado genial, que se jugaran la vida en un amago de romperse, ellos mismo, todos nuestros huesos.
Aun así, aunque parezca mentira, tus cabellos siguen estando entre mis sábanas. Casualidades, supongo, el darnos cuenta de las pérdidas y no tener miedo a estar solos ante nosotros mismo.
Yo me moriría si tuviera que convivir conmigo durante mucho tiempo, pero parece ser que cuando tú venías, yo necesitaba fumarme un cigarro y jamás nos dio por coincidir.

Mi parcela de tiempo, la durabilidad de mis espacios, el silencio que se ríe. Si no lo hace el destino lo hago yo y normal que el mundo siga girando, si no fuera por mí, el suelo acabaría mareado de tanta gente. Acostumbrados, ambos, a que pisen duro y no dejen huellas. Son esos débiles pensamientos que se caen de árboles y se pudren para ser luego parte del olvido.
Me juego la muerte a que existe un castillo gigante para cada uno, donde se guarda todo lo que se nos olvida, para que nos pese más que los recuerdos.
Así mientras yo me encargaba de olvidarte, había besos que se estaban escribiendo en mi memoria. Dulces y resbaladizos.

Esta, que debía ser la mejor historia, ahora se ha convertido en una des-casualidad de castillos y horas muertas. Que si estoy aquí no es por otra cosa que la de conseguir que te enrolles en palabras y pienses contrariedades. No es más que el vómito de una mente cansada de sí misma pero sobre todo del resto, sobre todo de ti.
El intentar hacer las cosas y como consecuencia, hacerlo bien, pero no siempre las cosas dependen de una misma y por eso, por eso sigo en esquinas vendiendo versos a quien quiera decorar de sonrisas el universo.
Y mira que es pequeño.
Mira que pequeño este pañuelo. Supongo que es porque ya no me hace falta llorar por nadie. Supongo que las alergias del mundo ahora son muertes. Ya no te veo y si no te veo, no existes.

Tú tenías que irte y yo me quería quedar hasta que fuera innecesaria mi presencia, así que precoz y sin tristeza, yo también me quise ir, a tomar el aire, a fumarme el tiempo, a escribir que estudio mientras mido cómo podrá ser mi próxima estrategia.

Y sí, aquí donde me ves, estoy manipulando, uno a uno todos mis hilos, para crear mi futuro, esperando destrozar expectativas y haciendo, por ello, las cosas yo misma.
Ya mismo.

3 comentarios:

Ana dijo...

Hermoso blog...
Besos, tocaya...
Ana.

Anónimo dijo...

"Si las casualidades existieran
sería doblemente bonito ver nevar
para alguien que ha vivido toda su vida a las orillas de un océano".

Adivíname.

Ana! dijo...

"Si existiéramos en el mismo mundo
las casualidades,
amarraditas a los tobillos,
tropezarían unas con otras al caminar
y entonces entre el caos
y el ruido
otro barco más naufragaría."

No sé quien eres, pero el caso es que quizás esto no sea una casualidad, y quizás ami me guste repetir el nombre a las cosas que escribo...

de todos modos estaría bien saber quien es la persona que por casualidad descubrio esta redundante casualidad...


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.