martes, 30 de junio de 2009

Tinta china.



Hay errores que están escritos con tinta china.
Están ahí a simple vista,
delante de nosotros
para que nadie los vea.

Y los papeles de nuestra vida
siguen llenos de gotas invisibles
de una tinta china
de color azul marino
como la realidad.
El mar.

Mientras me disculpo conmigo misma
a base de excusas
intento no pensar mucho
qué es lo que ha sucedido
para que un pasado maravilloso
se emborrone con retazos de tales faltas de respeto.

La pasión y el desenfreno.
Llenarlo todo de magia.
Dónde quedó el romanticismo
y las ganas de llevarse al mundo por delante.

Tinta china marcando el camino equivocado.
Ya sabes algo más:
no vuelvas a pasar por aquí.
Y ya no sé si es pena o miedo
pero no quiero volver a verte.

Lo que antes era mi especie de Everest
ahora no es más que un montículo de tierra
entre miles más.
Cambios bruscos de perspectiva,
necesitar un cigarro,
fumárselo,
y creer que no ha sido él quien me ha fumado a mí.

Dejarse.
Me pregunto muchas cosas,
no solo sobre nosotras, eso ya te dije,
prefiero no pensarlo,
sino
el por qué de lo que soy
y lo que hago.
Qué hago.

Supongo que no vale la amistad
cuando se habla de meter la mano donde no se debe,
ni es lo mismo enseñarte un lunar
a enseñarte la constelación entera.

Que raro
(pienso en tu nombre).
Ya ni siquiera eso suena igual.
Desencantar, despertar,
arrancarle la magia al truco final.
He abierto los ojos
y no sé qué es lo peor,
si vivir engañada,
sintiendo e incluso creyendo en el amor verdadero
o enterarme de lo que realmente pasa
y confiar en que existan algo más que esperanzas
de futuro.

El presente.
Tinta china.
Destino y consecuencias.

Arrepentirse a medio camino
y a medio camino
retornar.

Lo siento, no es mi estilo, ya sabes… todo o nada.

Y ayer, sin querer, lo manché todo de tinta china.
No se salvó absolutamente nada.
Se manchó todo.

Que pena, de verdad.

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