sábado, 25 de julio de 2009

Serendipia.




No sé cómo lo hago.
Me explico, ella estaba allí y yo también, entonces todo salió perfecto para que nada fuera como yo quería que pasara.
Las complicaciones de última hora, meter la pata en el charco equivocado. Despacito no se va a ninguna parte y yo o todo o nada, pero juraría que anoche pensé que con un poquito me valía.
Sí, lo reconozco, soy cobarde por naturaleza. De las típicas que ocultan sus carencia haciendo ver que es al contrario y exaltándolas hasta tal punto que ya en el precipicio del ahora o nunca, o es nunca o es ahora, y a mí decir no… Lo llevo un poco mal, la verdad.
Entonces media yo se fue en su piel y otra media se quedó inmóvil, moviéndose. Serendipia de encontrarnos después de tanto tiempo y darnos cuenta de que tenemos ganas de besarnos y versarnos y morirnos de locura y desenfreno.
Con calma. A solas.
En realidad me había acostumbrado a que no pasara nada y entonces pasó todo de golpe. Estarme quietita, sin tocar nada, mirando con susurrantes roces de pupila.
Yo te hubiera comido entera, nena.
Te hubiera hecho ver y sentir. El cielo existe y está aquí mismo, en el suelo donde tú y yo pisamos en baldosas diferentes de la misma manzana.
El pecado, caer. Sí quiero.

Quiero quedarme contigo, no un rato más, sino todo el rato.
Quiero, enserio. Pero esta vez procuraré que no haya gente. Que nos besemos rodeadas de cuerpos sudorosos al ritmo. Al ritmo del desenfrenado mundo en el que yo te conocí después de tanto tiempo viéndonos las caras.

¿Has estado en silencio alguna vez mientras bajas una cremallera, despacio, muy despacio?
Sí… cómo los casi gemidos, la agitada respiración de dos hacen la melodía de una voz cantada por la desnudez. El sonido de la ropa cayendo, botones y cremalleras en la percusión. Tu respiración los instrumentos de viento.
Tu pelo las cuerdas de mis violines.

El sexo como sinfonía. La mejor, la novena y todas las que me gustaría crear cada noche, cada tarde, cada día…

Serendipia, ese es el secreto.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.