lunes, 31 de agosto de 2009

De pianos y desafinados.



Una mujer y su melodía.
Las teclas de sus costillas y mis dedos haciendo sinfonías de gemidos.
Suspiros.
Promover una rebelión de respiraciones
y por minutos perdidos
descuento de besos al marcador.

No se sabe cuándo se va a ir ese único motivo de existencia
y por tanto
exprimes una a una sus miradas
para ir cagándola lo más apresuradamente posible
y decirle adiós para siempre
sin pronunciar una sola palabra.

Hay cosas que siguen su curso natural
simplemente para joder un poco.
Estados de ánimo en repúblicas independientes del pensamiento.
Para mí, aquello,
fue todo eso
más esto.
Quizás mañana vuelva a cambiar
y me acabe de convencer de todo lo malo
que hará equilibrios en la balanza
y terminará por caerse
junto a mí.

Tus teclas. Mi música en tu costado,
mis mares entre tus piernas,
el octavo pecado capital
es pensar en infinitos
teniéndote al lado: inconsciencia.

Creer en Dios porque tú existes
y si yo soy yo
es porque así me has hecho.
A base de hilos
y recuerdos
una se va suicidando poco a poco la mente.
Matando los minutos
que no estoy cerca de ti
en todos los sentido.
Sea derecha o izquierda
yo jamás sabré hacia dónde me dirijo.

Yo también me intento comprender a veces
pero a veces soy incapaz de encontrarme
y vuelvo.
El volver al siempre jamás
al quizás
al me callo.
Quien calla otorga.

Salir de ti
para quedarme en ti
y hacer locuras sobre tu espalda.
Hacerme corta
entre tus brazos
y olvidar las medidas
del tiempo,
las medidas del espacio.

Comerme a la envidia en el desayuno
y almorzarte, hambre, porque solo quiero
vaciarme de ti.
Que no te encuentre, que no me busques
y sobre todo
que lo hagas por hacer, sin querer
y queriendo
me duelo.
De negro teñirme entera
para que te enteres
que a veces deseo que el deseo se muera,
que haya naufragios escondidos en tu ombligo
y no enterarme de ello.
Que no me lo cuenten
que no me llamen los celos
cuando el alcohol se me amarra a la lengua.

Porque eres una puta
y yo te compraría con todos los amores del mundo.
Hacer de ti un juego
y cantarte en el cuello
que tu cuerpo es música.
Quererte y no de otra manera,
saber cuán estúpida soy
y no saber cómo cambiar la respuesta.
Mi pregunta:
¿Cuánto más vas a prolongarte en el tiempo?

Eres un pensamiento obsesivo más
y como tal
desaparécete
pero no del todo
y así todo el rato.
Primero debajo
luego encima
y por último
mis manos en tus caderas.
Mis percusiones
haciéndote temblar en sueños
y delirios más
delirios menos
yo también me quise querer
tanto como al resto.

Pero sumo gilipolleces
a los márgenes
y dónde tú estás
ya no queda nadie.

Por eso
y a parte,
yo jamás supe tocar el piano.

Despertar en tu costado. Me vuelvo a dormir.
Normal que no me de cuenta
que las cosas se acaban
cuando lo decidimos ambas
y no cuando mi mente y mi alma
se calman.

Poesía de tus piernas,
marea de pestañas,
tus labios en canoa
van surcando mis páginas.
Las sábanas son prisioneras,
la oscuridad cómplice
y entre guerras y treguas,
matarte.

Perdóname por cortarme las cuerdas,
siempre fui una puta cobarde.

viernes, 28 de agosto de 2009

Después de todo, yo.



Que después de mí solo sigo estando yo.
Rodeada de tiempo y de espacio por todos lados,
naufragando adrede
en las islas de pieles que hagan falta
para olvidarme de que intento olvidar.
Para no darme cuenta
del tiempo que pierdo esforzándome en ello.

Que nadie va a venir a decirme si me duele,
si me pica,
si me escuece.
Nadie sobrevivirá conmigo, a mi lado
como lo haré yo.
Así que olvídate de mí
y yo me aplicaré el viceversa correspondiente.

De todo lo que pude decir antes,
de lo que sin querer puedo, quizás, seguir sintiendo,
de las ganas que te hubiera tenido
si no fueras tan tú la mayoría del tiempo…
Oh, forget about that because it's the past.
Las cosas son así
y así seguirán.
Por mucho que nos empeñemos en vivir
del romanticismo,
de tener ideales inamovibles,
de ver el tiempo pasar de largo
al lado de alguien
que quizás conozcamos
o quizás
sea el peor error de nuestras vidas.

En cualquier caso
soy yo quien va a morir cuando me muera,
seré yo quien me de las últimas palabras de aliento
cuando todo se haya desbaratado,
perdido.
Así que no entiendo como es que me quito tanta importancia
si soy yo misma la heroína de mi vida
y no un maldito fantasma
que me atormenta cuando le viene en gana.

Que después del tiempo y el espacio,
de las horas y el viento,
de los espejos y los reflejos,
después de todo
soy yo la que estaré
y no tú.

martes, 25 de agosto de 2009

Al límite de tus imposibles.



El límite siempre estuvo en las sombras de lo imposible,
entonces cojo aire y salto.
No me gusta decidir cómo quiero malgastar mis pensamientos
sobre la marcha.
El límite está en el miedo a que me acuchille con negativas
en silencio y con lentitud
mirarla con los ojos cerrados
yo en mi casa y ella en la suya.
Querer comprender por qué nacimos tan necios
y luego entender algo más de lo que sabíamos al principio.
Tú.
Estás lejos, aunque en esta isla las distancias sean relativas,
y cuánto más me quiero acercar
más me alejo.
Es la inercia.
El tiempo sabe mejor que nadie
que las heridas luego se harán cicatrices de guerra
y nos volveremos locos con nuestro pequeño Vietnam personal.

Sufrir que está de más en estos días
y no tener ni idea de por qué esta desorientación
y aun así saber qué camino (es)coger
y perder el tren.

El límite de lo común. Vuelvo al principio.
Amor y guerra,
reconciliación y dudas.
Nunca me cansaré de contradecirme
entre paredes y respiraciones
yo soy la que se queda fuera
esperando a que se lo pasen bien,
a que se lo monten de una vez
para continuar la noche.

Y amanece
que ahora sí que es poco
pero alivia saber que el mundo no se a muerto mientras
dormía.
Yo por mi parte
repartía calma en caladas
mientras me atormento
porque mi vida no se merece esto.

El límite del alcohol.
El vómito de todos tus recuerdos sobre la acera.
Mi piel
que ya no es de nadie,
tranquilizarme,
dormir para soñarte.

Supongo que me he cansado de hacerte el amor en sueños
y por eso
el límite está en lo imposible.
Que por mucho que yo quiera
ninguno de los mensajes secretos que te escribo servirán
para que vuelvas
o al menos, no te vayas del todo.

Terminar por convencerme de que
sí que estoy enganchada a la nicotina,
que soy como el resto
y como el resto
detesto al mundo.
Que mis días buenos cada vez son menos
y aun así
por ti guardaría la eternidad de mi felicidad
si me prometieses al menos una noche.

Empacharnos de juramentos sin legitimidad alguna,
el sexo por sexo
y aun así
sentir que me volvería a casi-enamorar de ti
como la primera vez.

Verte al cerrar los ojos,
tener lapsus momentáneos y sonreír.
Un minuto en mi mente es el límite.
Estás dentro
y
o yo no quiero sacarte
o no encuentro la manera de hacerlo.

Sea como sea
jamás podré entretener al resto
para que tú te despistes y mires al cielo.
Hoy he escrito con pupilas en el aire
que no me cansaría de quererte si te dejaras.
Y en parte lo hago
lanzando barcos de papel al aire
para que vuelen hasta tus puertos.

Yo sí que sería marea
y sería ola
y me aprendería todas tus canciones favoritas
para, simplemente, no cantártelas.
Besarte las comisuras de tu boca
con todos mis versos
y que te des cuenta de que el delirio
es el límite
entre cordura y desmesura.

Entonces nos atamos a la locura
porque somos libres
y encontrar mi intolerancia en tu pecho,
mi rabia en tu ombligo,
mi impaciencia entre tus piernas.
Mi muerte en ti.
Ser parte de todo lo que te rodea,
y que no me veas.
El límite es el aire,
lo imposible,
los saltos de los que siempre hablamos
y nunca damos.
Es el miedo a que me claves al suelo con un no
y sangrando y todo
pensar en sí.

Porque los corazones están más vivos
cuanto más los machacas contra el suelo.
Hasta que salen los primeros callos
y es entonces cuando
replantearse cada rincón secreto
no es más que el día a día.

Fallamos porque teníamos muy mala puntería
pero, temblorosa y todo
hubiera dejado que con tus flechas me destrozaras desde el primer momento
para no tener que estar muriendo lentamente
con el veneno de tus fotos,
de tus cosas,
de mis mierdas en general.

Y hay que joderse.
Que después de tanto tiempo
entienda que imposible no es más que un sinónimo
de
límite
y si nos cansamos de cazarnos fue porque ni tú ni yo
aprendimos a entendernos,
por eso de la impaciencia entre tus piernas
y el desorden de mis prioridades.

Primero lo imposible
y luego, si queda tiempo,
lo complicado.

martes, 18 de agosto de 2009

Mis lienzos, tus pinturas.



Algún día las dos entenderemos
por qué me apasionan tanto las cruces rojas
en cada parte de tu cuerpo
que la imaginación me deja ver.
Tú la viste volar por encima de cabezas
y suelos
y viste el cielo a través de mis ojos.
Hay espejos mucho más reales
en este par de pupilas
que todos los errores que te reconoces
en el baño.
También son ellos quienes nos construyen
de a poquito
trazando mapas piratas
para vidas formales.

Tu pintura luego será la mía.
La misma que mancha mi ropa,
mis labios,
será la que adorna tu desnudez
de matices.
Habrán pasado horas para cuando nos demos cuenta
de los cuentos que habríamos inventado
si no fuera por
esa estúpida manía de dejarlo todo limpio
antes de volver a ensuciarnos.

Cuanto más lejos estamos
más lento pasamos la una de la otra
y supongo que no levantaste la vista
cuando decidí pasar de largo
para siempre jamás.
Lentamente,
por si mirabas.

El mundo de tus caderas
seguirá girando entre vendavales
y naufragios
sin que nadie más que tú se de cuenta.
Yo estaré esperando a que se calmen las tormentas
para amarrar versos a pestañas
y explotar en cada pestañear
que me permita dar teniéndote,
lienzo,
en cada esquina de mi mente.

Obras de arte más,
recuerdos menos
no me voy a olvidar
por mucho que lo intentemos
de los rincones que me faltaron
por descubrirte
hasta a ti misma.

El alma,
el dolor de no tenerte
más el verte y no poderte.
La segunda persona en singular,
siempre.

y tus manías,
lo de tus manos entre las mías
y un segundo plano
que no termino de trazar
entre lágrima y lágrima.
Yo no lloro.
No lloré cuando debía hacerlo
y no lo haré ahora
que me doy cuenta de las cosas
que perdí durante el viaje
a nosédónde.

Seguramente tú lo sabrás menos
pero como aquí siempre tendíamos a más
hoy cogeré el sol con los dedos
y te pediré que nunca te cases conmigo
ni con nadie.
Que sean esos labios más míos que del resto
y aun así
vivir en recuerdos
hechos de recuerdos
que se tejen en párpados
que sueñan mientras recuerdan
cuando los sueños no eran tan feos
ni la vida
un poquito mía
pero siempre sin ti,
tan tuya.

Es lo que tiene la poesía.

Que sabe siempre a lejanía
para que se oiga siempre
hermosa.

Pero nadie te vio como lo hice yo.
Entre luces y verdes
tu piel era la más dulce.
Entre esquinas y rincones
siempre te descubrías lienzo
para ser mi pintura.
Y hasta que no me olvide
seguirás en todas mis partículas.
Borrándote poco a poco
para ser una sombra más,
un recuerdo menos.

Y tirar pa’lante
porque pa’tras ya no se puede.

Ni falta que hace.

sábado, 15 de agosto de 2009

El final del final.




Quizás el no respirar solo sea la respuesta
a todas las incógnitas que ya me sé de memoria
y aun así,
teniendo o no las respuestas
me sigue costando inflar pulmones y tirar pa'lante.

El meterme dentro de mi propio vacío
para protegerme
y decir,
necesitar
a alguien que no tenga ni idea
para encontrarme.

Quizás en los ojos distantes de la psicología
aplastante del ser humano,
quizás dejando de creer en todo lo que me falle
tarde o temprano.

Hace tiempo que no sonrío mirando al cielo.

Aun así,
Sigo queriendo que llegue el día
en el que el tiempo se acabe
y entre extinción y extinción
descubrirme esperándote.
No hay nada que haga mejor
que el idiota
y perder el tiempo siempre fue mi punto fuerte.

Quizás sean las horas o las ganas de mandar a la mierda
todas las excusas tras las que de día me escondo
o
haya hablado demasiado esta tarde
sin haber escuchado ni una sola palabra a nadie.
Necesito encontrarme
pero por mucho que chille aquí dentro
no voy a tropezarme con ninguna horma de mis zapatos.

Entré descalza para no hacer ruido
y ahora el silencio me está dejando completamente
sorda.

Entonces cierro los ojos y me imagino como sería
una vida
de la mano de semejante semejanza.
No puedo.
Un día que llegué con hambre a casa
me comí la imaginación que me quedaba.

Quizás me esté dando cuenta de las demás limitaciones
que no dependen de mí
o sí.
El no poder arreglar un mundo
que ante el pesimismo del resto
yo le pintaba sonrisas en los cielos.
Quizás me esté creyendo demasiado el papel
de tener una personalidad camaleónica
y sea todo lo que pinta mi piel
lo que soy en realidad.

Lo único que no dudo
es que me busco y no me encuentro.
Necesito un hueco en mi hueco
para ver el infinito
y poder consolarme al menos.

Quizás también me agobie de ti
y no sepa cómo hacer mi vida
al lado de otra vida
como la mía.
Odiar al mundo como un juego,
ponerle número a las personas
y deshumanizarlo todo
para no sufrir tanto.
Quizás eso solo fuera al principio.

Porque quizás antes no supiera cuál iba a ser el final.

jueves, 13 de agosto de 2009

Abismos



No es que nos guste la vida
y es por esa razón por la que intentamos parecer
los más fuertes e invencibles
cayendo siempre en el ridículo de la debilidad.
Estamos demasiados ceñidos a la evolución
como para tirar hacia otro lado.
Entre músicas y oscuridades,
siempre buscaremos lo que estamos deseando:
un polvo, sexo, un beso, alcohol, drogas.
Probar lo prohibido o decir no
por el miedo a caer y no volver a levantar de ese circulo vicioso
lleno de esquinas.

Somos las putas de nuestras propias vidas
condenados a tener un trabajo,
a limpiar la casa,
a ser felices haciendo a los demás felices.
El mérito está en la independencia del pensamiento.
Saber caer aunque no lo parezca
o
tener el miedo tan bien escondido que nadie se de cuenta.

Sí.
Que de mi boca a tus palabras solo haya respiraciones,
vibraciones por minutos.
Años luz en un par de centímetros.
Allá lejos, donde los griegos daban rienda suelta a sus pensamientos
también se esconden pedazos de historia que nadie quiso contar
porque no era un buen día para hacerlo,
porque todo era una mierda,
porque nadie nos comprendería
y tal y tal.

Y son esos trozos brillantes los que nos hacen reflexionar,
allí dándole la mano y dándole también el sentido
a por qué seguíamos en pie de guerra
aun estando sentadas.
Con la nariz pegada al cristal trasero del coche
deseado que la estela de alguna estrella fundiera para siempre
todo lo que habíamos sido.
Solo la vi yo.

Es una pena hacerse mayor
desanclando recuerdos del pasado
para tirarlos al mar haciendo hondas invisibles en el agua.
A mí nunca se me dieron bien las despedidas
ni las enfermedades
ni las relaciones
ya sean a distancia
ya sean sin distancias.
Aquí, en este momento, a primera vista
parece ser que soy un misterio andante
cuando lo único que pasa es que me cuesta empezar
a hablar de lo cansada que estoy de mí,
del mundo,
del resto de gente que deambula por ahí sin darse cuenta.

Encender luces en el camino
romper farolas para que nadie nos siga
mientras nos hacemos mayores
y ponernos nerviosas cuando esa maldita bombilla
no para de parpadear.

Olvidar siempre fue una buena opción
a pesar del miedo irrefrenable que tengo al descontrol de mis actos
y las ganas que tengo a veces de dejarme ser
entre mis cosas buenas y mis cosas malas.
Opino que soy el típico producto de la sociedad
amargada por intentar solucionar problemas
que no son nada,
simplemente la consecuencia de una vida correcta
contra las demás vidas
que no son tuyas
pero tocan contigo y ya es imposible dar marcha atrás.

Llevo meses pensando en el vacío que me produce pensar en mí misma.
La pena, la impotencia y el no saber cómo cambiarlo.
Porque a aparte de eso, todo lo demás está perfecto,
como nunca y como siempre,
y a pesar de todo,
aun gustándome el mismo sexo
estoy sujeta por las cuerdas de la evolución.
Una buena silueta que acariciar,
perder los sentidos por una sola razón,
no estar sola ni un momento
porque en todo momento
mis pensamientos persiguen a esa silueta de delicadas
curvas
y a cuanta más velocidad
más me atropellan esos pensamientos
de que algo malo ocurrirá y

PUM!!

de nuevo el abismo.
De donde salimos casi todos los que pensamos,
donde volvemos casi todos los que dejamos de hacerlo.

martes, 11 de agosto de 2009

La vida es verso.



La vida (hablando de profundeces) es lo que está delante,
lo que estamos pisando,
el horizonte que vemos mientras nos estamos marchando.
Luego, de las coincidencias de vientos que llegan
vientos que van
acabamos curtidos
unos por el salitre
otros por el humo de la gran ciudad,
otros, por los unos a los otros también
y los últimos vinimos a darnos cuenta de las cosas a través
de los rayos del sol.

Estar bien, sentirse bien
y necesitar siempre de sombras para autocastigarnos.
Pellizcarnos las heridas para darnos cuenta de que seguimos vivos.
Y tanto que seguimos vivos.

Ayer me pellizqué piel muerta.
Casi me echo a llorar.

La tristeza de reconocerse ante los espejos
con lo bueno y lo malo
y aun así no saber donde metiste todos aquellos recuerdos.
La melancolía, la nostalgia.
Estar fuera para darte cuenta que quieres estar dentro
y no.
Tampoco es eso.

Tener miedo de una misma.
Ser devorada por los mismos pensamientos que te comen siempre.
Mirar al horizonte pero sin marcharnos.
Sin mancharnos.
Temblar de nervios
pero jamás como lo hiciste la primera vez,
jugar a saber que eres Dios
y serlo.

No serlo sería una perdida de tiempo.

Oír infinito y resignarse a que las cosas son así y siempre lo fueron.
No puedo controlar la vida de nadie, por favor déjame al menos un trocito
para mí.
Para mis movidas, para mis cosas.
Para descontrolarme, si quieres, pero a mi modo.

Despacito pero rápido.
Quitarnos la ropa con los ojos
y no saber como acariciarle una mejilla.
Estar atrás en el tiempo, prediciendo el presente.
Baldosas más, baldosas menos
el camino siempre será el mismo.

Yo aquí, con mono de echar de menos
echando de más
y cualquier otra persona
al otro lado del río, siempre
desbordándome los versos
por todas mis orillas.

Que yo también busco eso,
yo también quiero eso,
yo también lo tuve y lo perdí.
Enserio que sí
pero ahora

no sé si es que he vivido demasiado
o que no tengo muchas ganas de seguir con lo mismo
pero
tengo ganas de callarme la boca
y romper el mundo a base de versos.

solamente versos. Que no exista otra cosa que no sean versos.
Por las venas,
por los ojos,
por mi boca

versos.

domingo, 2 de agosto de 2009

Estrellas fugaces.



La primera vez que vi una estrella fugaz tenía doce años.
No recuerdo si las había visto antes, solo recuerdo que mis padres nos llevaron a mis hermanos y a mí a un monte donde ya había más personas esperando turno para pedir sus deseos.
Sí, por aquel entonces yo le pedía deseos a estrellas fugaces aunque nunca me diese tiempo y también cerraba los ojos y tocaba el techo del coche cuando pasábamos por un túnel.
De aquella noche me acuerdo de una sola estrella fugaz. Ésta navegó por mis ojos durante escasos segundo. Escasas mitades de segundo. Era enorme y atravesó de lado a lado el trozo de cielo que los árboles nos permitían ver.
Con doce años no sabía nada de límites, no tenía ni idea de infinitos, no buscaba las respuestas a los porqués. Eso estaba de más.
Pero sí sabía amar de una manera desmedida. Con los brazos bien abiertos, con el corazón lleno de sonrisas. Sonará cursi, pero yo antes era diferente. Tenía doce años y aun creía en los milagros.
Estaba enamorada de mi profesora, por aquel entonces. Esa noche quise escribirle la mejor carta de toda mi vida y me quedé en blanco. Había visto algo más hermoso que ella y aun así solo pensaba en regalárselo.
El momento, el instante. Fotografiar mi alma. Demostrarle que todas las cosas bellas del mundo tenían que ver con ella.
Aquello supongo que era amor. Del platónico, del de verdad.
Hace varias semanas que me siento en blanco. No hay manera.
Vengo de fuera, a veces borracha, otras no tanto y me siento en el patio de casa a ver el cielo.
Me acuerdo de muchas cosas, pienso en muchas cosas pero nada ni nadie surcan mis pupilas dándome la idea de regalarle lo más bello del universo a alguien.
A veces pienso que me empeño demasiado en buscar la esencia de las cosas. Querer lo conocido por miedo a volverme a pringar de porquería. No sé.

Una vez, cuando era pequeña, fui con mi tía a ver no sé que cometa pasar. Estuve toda la noche pasando frío aunque habían preparado café con leche y chocolate en termos. Tampoco sé si estaba mi tía de verdad, prefiero pensar que sí. Que siempre estuvo.
El caso es que la echo de menos y hay vacíos que por mucho que des de lado no se van a llenar en la vida. Hay cosas que no hice porque era demasiado inconsciente, cosas que no dije porque aun no las sabía. Cosas.
Si la volviera a ver… En sueños está bien pero a veces un abrazo reconforta.
Es como cuando sabes que algo no va a suceder por mucho que tú lo quieras. Arrancarse la piel a cachos, subirse por las paredes, destrozar el suelo a patadas pero por dentro. Estar sentada esperando a que llegase alguien a decirte que todo era mentira.

La verdad es que no entiendo, ni siquiera ahora, por qué actué de esa manera. Por qué a veces me descontrolo de ese modo. Ahora mismo hay miles de galaxias llorando dentro de mí.
Lluvia de estrellas.

Tengo unas ganas extrañas de llorar. Ganas de soltar todo eso que a veces me atormenta un poco y aquí estoy, supongo. Dejándome caer.
Yo también quise ser la estrella fugaz de alguien.

Y a todo esto, llevo un buen rato aguantándome las ganas de escribir sobre ti, pero quizás me niegue, quizás me de rabia, quizás porque sé que será en vano. No quiero, aunque ya sea demasiado tarde.
Necesito reconciliarme conmigo misma.

La única conclusión a la que he llegado, por ahora, es que creo que de las pocas veces que vuelvo a tener doce años es cuando sentada en el patio de casa miro al cielo esperando a que llegue mediados de agosto para poder ver las estrellas fugaces de mi vida. Abrir la boca del asombro. Ser tan insignificante y aun así pretender que alguien tenga algo que sólo de esa manera puede ser mío.
Por ahora solo estoy un poco apenada con todo esto, pero cuando deje de mirar al cielo con la boca abierta y el corazón sonriendo, cuando eso suceda me asustaré mucho. Aunque puede que sea probable que no me de cuenta, que me de igual. Puede que termine creciendo del todo, obsesionada por la idea de no ser la inmadura que cree en los milagros y lo peor de todo, en las personas.

O puede que crezca tanto que consiga si no robarlas, cabalgar estrellas todos los agostos de mi vida.

La primera vez que vi una estrella fugaz tenía doce años.
No cambiaría nada ahora mismo. No querría volver a tener esa edad. No.
Lo maravilloso de esto es que aun lo recuerdo como si lo estuviese viviendo ahora mismo, con diecinueve años. Con pupilas de seis por seis. Tres por tres.
Hay momentos en la vida en los que una debe saber manejar sus pupilas. Cerrar los ojos bien fuerte y lanzarse. Al final de todo espero ser yo quien ilumine a algún que otro incrédulo.

Mira, los milagros sí existen. Estamos aquí, decidiendo encontrarnos y desencontrarnos.
Amarnos y desamarnos.
Atarnos y desatarnos.
Llegando tarde, llegando siempre.

Y a veces me pregunto quién será más fugaz.
¿Las estrellas o tú?

sábado, 1 de agosto de 2009

4500 años.



Lo peor de todo
es saber que cualquier constelación
se reduce a nada al lado de las tuyas,
y saber
que al otro lado del mundo
yo aun pienso en ti,
eso es lo peor de todo.

No va a haber ningún beso,
ninguna piel que iguale la tuya
y aun así, entre idas y venidas,
no pierdo la esperanza.

Esperaré 4500 años a que el sol explote
y descubrir que de toda la galaxia
las únicas estrellas que seguirán vivas
serán las de tu piel.

Es muy triste descubrirse a estas horas de la noche.
Decirle al resto del mundo que a veces mis labios echan
de más a los tuyos
y es entonces cuando tengo que ser
la hija de puta que soy
para olvidarte.
Te exalto, en realidad.
Nadie como tú. Nadie como yo.

Sé que es patético,
que hay mil labios que te besan y otros tantos
que te pretenden
y aun así no quiero perder la oportunidad
de llevarte por delante para
que entre infelicidad e infelicidad
comerte a besos de arriba abajo.
Hacerte de todos los favores que te haría el resto
más el amor que te tengo,
las ganas de dejar de echarte de menos,
querer contártelo todo.
Todo eso, ya sabes, estropear las cosas porque ahora me apetece.

Estar borracha,
olvidarme de la dignidad por un segundo
y recordarte sin barreras,
sin peajes.

Que alguien me pegue un tiro.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.